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martes, 18 de octubre de 2016

MIS RECETAS EN COOKPAD (II)



Bueno, bueno, bueno, dos entradas nuevas en el blog con apenas una semana de diferencia entre la una y la otra, esto si que es algo insólito... ¡Pedid un deseo, rápido! Yo acabo de decidir así, a lo loco, que mañana a primerísima hora me planto en la Administración de Loterías que tengo al lado de casa para hacer unas cuantas apuestas a La Primitiva del jueves, vaya a ser que suene la campana...
Vale, bromas aparte y después de la parrafada que os solté como acompañante de las tortas de aceite y anís para intentar medio justificarme, me acabo de dar cuenta de que me olvidé mencionaros otro de los motivos (y de los más importantes, vaya) por el que no puedo publicar tantas recetas ni participar en todos los eventos, retos, iniciativas, etc., en los que me gustaría: Mi chico (todavía no me acostumbro a llamarle "marido", dadme tiempo...) también está hasta arriba de trabajo últimamente, y las pocas veces que coincidimos un día entero los dos en casa, o a él no le apetece pasarse una hora cámara en mano haciéndole fotos a unas croquetas, o yo ya he preparado los tápers para el día siguiente y los tengo bien guardaditos en su bolsa térmica o, simplemente, nos apetece disfrutar de nuestra compañía mutua y pasarnos la tarde tirados en el sofá, viendo una peli y poniéndonos finos a palomitas... Vaya, a lo que se le llama descansar un poco y, ya que nos ponemos, hacer algo de vida en pareja, que nunca está de más.
Como ya os he comentado en multitud de ocasiones, mi chico es fotógrafo y, aunque se le dan mejor los exteriores, no ha parado de sorprenderme con sus fotos de mis recetas desde que empecé con el blog. Yo, en cambio, no me llevo tan bien con la cámara como me gustaría e intento hacer uso de ella lo menos posible y sólo cuando no tengo más remedio (o por pura cabezonería, la verdad sea dicha).
Y aquí estoy, sin fotógrafo "oficial" hasta nuevo aviso, liada con mis 14 monstruitos "bilingües", intentando seguir con el ritmo de estudios y, para rematar, arrastrando un pedazo de constipado desde hace una semana. Eso sí, la "mala costumbre" de comer no nos la quita nadie y cocinar he tenido que cocinar igual... Por lo menos ha habido testigos de ello y, por supuesto, por estos lares no ibais a ser menos.
Hacía mediados de mayo os comentaba que empecé a participar en Cookpad España hará ahora 1 año y medio más o menos y que, lo que realmente hace que quiera seguir formando parte activa de esta comunidad, es el hecho de que se trata de una plataforma donde la gente realmente disfruta cocinando, compartiendo y aprendiendo, y eso se nota. Lo mismo puedes encontrarte con recetas muy elaboradas con unas fotografías espectaculares, como con otras mucho más humildes y sencillas, cocinadas, fotografiadas y editadas casi al momento, como ha sido el caso de la mayoría que servidora ha ido publicando últimamente y que me dispongo a enseñaros hoy.
Sin más, aquí tenéis algunas de ellas que espero os ayuden a diseñar un menú adaptado a vuestros gustos y/o necesidades, pues hay un poco de todo (guarniciones, platos de carne, platos de pasta, cenas ligeras...):


- Este arroz salteado con verduras y frutos secos constituye una guarnición mucho más ligera que las clásicas patatas fritas y resulta ideal para acompañar y completar nuestros platos de carne y/o pescado, aunque también lo podemos disfrutar tal cual a modo de entrante o cena ligera. En cualquier caso se trata de una receta muy sencilla, aromática y nutritiva.



- La escalivada es uno de los platos vegetales más básicos del recetario catalán y resulta ideal para preparar esta receta de torradas "a la catalana", una cena muy sencilla y muy rica. La palabra "escalivada" viene del verbo "escalivar", que en catalán significa “asar al rescoldo”, y suelen emplearse verduras como el pimiento rojo, la berenjena, la cebolla, etc.



- Y de la verdura pasamos directamente a la carne, y lo hacemos con estas albóndigas ligeras de pollo con verduras. Las albóndigas son de esos platos que no faltan en ninguna casa y que, acompañadas de una buena salsa a base de verduras y un poco de arroz cocido, patatas, pasta, etc., se convierten en un plato completo y delicioso, pero también bastante calórico. Por eso, con esta receta os enseño como las preparo yo en casa para que resulte un plato más ligero pero no por ello menos rico.



- Y ahora le llega el turno a la pasta con estos macarrones con salsa de tomate y queso crema, una receta que sorprende por su sencillez y sabor y perfecta para el táper a modo de plato único.



- Aunque estemos ya con el estómago lleno, nadie le dice que no a un dulce final, ¿Verdad?
Para ello, os propongo este pudin de pan y chocolate que, aparte de ser delicioso, nos permite dar salida a los restos de pan/bollería que se nos hayan quedado duros.



Y bien, esto es todo por ahora. Como podéis comprobar, ni son recetas excesivamente elaboradas y las fotos distan mucho de estar a la altura de las que suelo enseñaros aquí, pero todo ello es el reflejo de la cocina de mi casa, una cocina "de batalla", a la que no dejo de dedicarle muchos ratos y a la que siempre le pongo mucho cariño.
Antes de despedirme hasta la próxima (y, muy a mi pesar, nunca sé cuándo caerá exactamente...), aprovecho para volver a recomendaros Cookpad, pues entre retos, días temáticos, tardes de cocina en directo y demás, tendréis la oportunidad de aprender mucho, de conocer a gente muy maja y con muy buena mano en la cocina y, sobretodo y más importante, de pasarlo muy muy bien. Tened por seguro que el equipo de Cookpad España (en mi caso fueron Irene y María, dos chicas que son un amor) os recibirá con los brazos abiertos.

¡Muchas gracias por seguir ahí, y feliz semana!

domingo, 17 de abril de 2016

BUDÍN DE CHOCOLATE Y HORCHATA (DE LA AUTÉNTICA)



Nada más y nada menos que una semana ha pasado desde la última receta que compartí con vosotros... ¡Y vaya semana!
Y claro, como siempre, llega el domingo por la tarde y una se pone a repasar mentalmente todo lo que ha hecho a lo largo de estos 7 días y se termina diciendo a si misma: "¡Pero como no vas a estar cansada, hija mía!"... Aunque bueno, esta vez es una de esas "sarnas con gusto que no pican" pues, a pocas horas de empezar la penúltima semana de abril, me siento mucho más relajada y contenta de lo que me he sentido en estos últimos dos meses, cosa que mi cuerpo ya me estaba pidiendo a grito pelado.
El fin de semana pasado lo dediqué casi por completo a ayudar a mi madre en todo lo que necesitase, a dejar mi casa limpia de arriba a abajo y a estudiar todo lo que tenía planificado estudiar a lo largo de la semana. Como os podréis imaginar, fueron casi 3 días de mucho trajín, de estar en todo momento haciendo algo y de caer rendida en el sofá después de cenar... Pero, como todo en esta vida, lo hice por un motivo: El martes pasado, a las claras de la mañana y con un sueño de mil demonios, mi pareja y yo cogimos un autobús rumbo a Valencia, donde hemos pasado 3 días de desconexión y relax que nos han sentado de maravilla. Tanto él como yo necesitábamos cambiar un poco de aires y recargar las pilas, pues se nos avecinan días de bastante ajetreo, y esta vez ha sido la capital de la Comunidad Valenciana la que nos ha ayudado a hacerlo.
Nuestro primer día en la ciudad decidimos investigar un poco la zona donde nos alojamos (el Barrio del Carmen, una zona muy auténtica) y enseguida nos dimos cuenta de que podíamos llegar perfectamente a pie a todos los lugares que queríamos visitar (acostumbrados a Barcelona, las distancias son bastante más cortas), así que, guía en mano y con un calzado cómodo, decidimos descubrir la ciudad por nuestra cuenta.
Y qué bonita es Valencia... Con razón la llaman "La ciudad de las flores, de la luz y del amor", y siendo primavera la hemos podido disfrutar mucho más de lo que esperábamos.
En la entrada siguiente tengo previsto profundizar un poco más acerca de nuestra escapada, pero en líneas generales, Valencia nos pareció una ciudad preciosa con muchísimas cosas que ofrecer a todo aquel que la visita: Artesanía en cada esquina, monumentos de gran valor histórico que conviven con edificios más modernos, zonas verdes y playas tan bonitas que invitan a recorrerlas de punta a punta, gente amable y acogedora, y una gastronomía marcadamente mediterránea caracterizada por elaboraciones tradicionales, sencillas y sanas que, a pesar de guardar muchas similitudes con la gastronomía de mi región (soy catalana), invita a descubrir esos matices que la hacen única y especial. Y yo, "guiri gastronómica" empedernida, he dedicado una buena parte del viaje a hacerlo.
Por recomendación de una conocida valenciana que tengo, decidí no irme de Valencia sin probar una Paella, una Agua de Valencia (yo no puedo beber alcohol, así que no la probé) unos Fartons y una Horchata de Chufa de los de verdad, de los que te venden, recomiendan y consumen los propios valencianos.
¿Y que mejor lugar para hacerlo, que el Mercado Central de la ciudad? ¡Qué sitio más espectacular! Volvería a Valencia sólo por pasar otra mañana más en el mercado, disfrutando de todos esos aromas, colores y sabores, haciéndole fotos a todo, degustando todo lo que los paradistas me dieran a probar, mezclándome con los lugareños y comprando en las paradas que ellos mismos te recomiendan.
Especias para paella, frutos secos, panes, fresas, naranjas... En fin, compré tantas cosas que, al volver, la maleta pesaba el doble que cuando llegamos, y ya es decir, porque también venía llena de comida para el apartamento...


En la entrada de Mercado Central


Por supuesto, uno de los "souvenirs" que me traje fueron un par de litros de horchata artesana, también comprada en el mercado, en La Horchatería Central. Lo que todavía me pregunto, 4 días después de nuestro viaje, es cómo llegó a Barcelona la mitad de una de las botellas, si no paramos de darle tragos en todo el viaje... Qué bebida más rica y más dulce, y qué sabor tan tan tan intenso y tan tan tan delicioso a chufa... Una de esas cosas que, cuando una prueba, se da cuenta de que lo que le venden en el supermercado, a no ser que sea de muy buena calidad, no es más que un "sucedáneo de" que dista mucho de saber como el producto original y que no debería ni llamarse así. Pero bueno, cosas de la globalización y del marketing, supongo...
Pues bien, al haber llegado a casa con todavía media botella de horchata, con sólo un par de yogures para postre en la nevera y media barra de pan que se me había olvidado en la panera la noche previa a nuestro viaje, decidí echar mano del recetario del blog y preparar una versión distinta del clásico budín de pan.
Si hay algo que me gusta de este tipo de budines es que nunca te queda uno igual al anterior, básicamente porque nunca te sobran las mismas cosas ni usas los mismos ingredientes básicos. El anterior llevaba leche, azúcar y canela, y esta vez horchata y chocolate, y tan ricamente. Esa es precisamente la esencia del aprovechamiento y creo que este postre lo refleja a las mil maravillas.
Si sois muy puristas, estaréis pensado que la mejor manera de disfrutar de la horchata es sola y bien fría, y os doy la razón. Pero, oye, durante los tres días que estuvimos en Valencia, vimos a más de un nene pedir horchata con Cola-Cao en las cafeterías, y algunos padres la pedían para acompañar el café, en lugar de hacerlo con leche. Es más, incluso vimos bizcochos y magdalenas elaborados con horchata en las vitrinas de muchas pastelerías, así que con eso me excuso :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 120 gramos de pan duro y/o restos de bollería (100 gramos de pan y 3 bizcochos de soletilla en este caso)
- 2 cucharadas soperas rasas de cacao puro en polvo
- 250 ml de horchata
- 2 huevos tamaño M
- Caramelo para el molde, al gusto

- Antes de empezar, dejamos precalentando el horno a 180º.
- En un bol, desmigamos el pan y la bollería y añadimos la horchata y el cacao en polvo, mezclándolo todo bien.
- En otro bol aparte, batimos ligeramente los huevos y los añadimos a la mezcla anterior hasta que queden completamente integrados.
- En el fondo del molde donde vayamos a hornear el budín, colocamos una buena cantidad de caramelo líquido.
- Vertemos la mezcla del pudin en el molde e introducimos en el horno a 180ºC durante 35-40 minutos aproximadamente, o hasta que la superficie empiece a dorarse y el budín esté cocido.
- Sacamos del horno y dejamos enfriar por completo antes de desmoldar y servir, cortado en porciones tamaño ración.




Notas:
- Al llevar horchata, chocolate y caramelo, no le añadí más azúcar, pues ya queda un budín bastante dulce. Si sois muy dulceros o usáis solamente pan, con una cucharada sopera bastará.
- En casa nunca hemos tenido la costumbre de hacer el budín de pan al baño maría, pues nos gusta que quede un poco más seco. Si lo preferís más jugoso, no dudéis en hornearlo al baño maría.
- Este budín combina muy bien con un poco de nata montada, algún helado de sabor suave como el de nata o vainilla o, por supuesto, con un vaso de horchata bien fría.


Nada más por ahora. 
Espero que os haya gustado la receta y que os animéis a prepararla en casa, pues es rica y sencilla a más no poder.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz inicio de semana!

miércoles, 20 de enero de 2016

MAGDALENAS DE PLÁTANO Y TURRÓN DE CHOCOLATE



Hoy hace justo una semana que me tocó soplar una vela más del pastel. Sí, fue mi cumpleaños. Y lo de la vela y el pastel es una forma de hablar, porque no hubo ninguna de las dos cosas. Yo no soy de ese estilo, qué le vamos a hacer...
Fue un día entre semana como otro cualquiera, nada de celebraciones ni superfiestas, pero lleno de esos pequeños detalles que marcan la diferencia. A juzgar por las felicitaciones y los regalos que recibí (precisamente los que quería y de quien yo realmente quería, cosa que me hizo sentir el doble de especial), debí portarme muy bien durante todo el año pasado: Dinero de mis padres, unas manoletinas (que necesitaba con urgencia, la verdad) de parte de mis suegros, un bolso y un vestido precioso de parte de mi cuñada y, la gran sorpresa del día, una pedazo de yogurtera de la marca Clatronic a la que ya le tenía echado el ojo hace mucho y que ansiaba tener en mi cocina. Por un problema con la empresa de mensajería, llegó a casa antes de tiempo, pero saco de regalo y dedicación incluida, todo de parte de mi chico. No os podéis imaginar hasta qué grado me puse eufórica cuando la vi... Una euforia que creció todavía más al comprobar que que funciona de maravilla y que hace unos yogures brutales, riquísimos. Ais, como no voy a estar enamorada de una persona como Marc, si es un hombre de los que no quedan... De nuevo y de corazón, gracias amor, por este y por todos los días que llevas a mi lado. Haces que todos y cada uno de ellos sea especial.
Esa misma tarde, con la excusa de aprovechar que mi padre tenía el día libre y que yo me hago cada vez más vieja, decidí invitar a mi familia a merendar. No os imaginéis a una familia entera de 20 personas alrededor de una mesa tomando café, porque ni de lejos. En casa somos pocos, muy pocos, pero bien avenidos. Y entre que mi yaya no puede apenas salir de casa y mis tíos tampoco es que sean muy dados a este tipo de reuniones familiares, terminamos merendando con mis padres, y la mar de a gusto. Una merienda que, por supuesto, me encargué yo de preparar.
Tirando de recetario del blog y, como no, de despensa, termine "inventándome" estas magdalenas de plátano y chocolate en formato individual que, a juzgar por lo que duraron en la mesa, gustaron mucho a todos. Modestia aparte, salieron muy ricas. Unos bocados muy esponjosos, densos, húmedos y con ese sabor tan característico del plátano que casa de maravilla con el chocolate. Y, además, me sirvió para deshacerme de unos restos de turrón de chocolate que tenía dando vueltas en la despensa y que ya ninguno de los dos nos queríamos comer (imaginaos el empacho pos-navideño que teníamos...), así que estupendo.
Unas tazas de café recién hecho, estas magdalenas en el centro de la mesa y buena compañía, hicieron que fuera una tarde de cumpleaños estupenda :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 10 moldes):
- 2 huevos tamaño M
- 5 cucharadas soperas de azúcar blanquilla
- 5 cucharadas soperas de harina (de castañas en este caso)
- 2 cucharadas soperas de aceite de girasol
- 1/2 sobre de levadura en polvo
- 1 plátano maduro
- 1 buen trozo de turrón de chocolate crujiente
- Canela en polvo, al gusto

- Antes de comenzar, encendemos el horno y lo dejamos precalentar a 190ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande, batimos los huevos con el azúcar, el aceite y la canela hasta que blanqueen un poco.
- Seguidamente, añadimos la harina y la levadura en polvo por tandas y con un tamiz, y mezclamos bien hasta que esté todo integrado y no tenga grumos.
- Colocamos los moldes de las magdalenas en la bandeja del horno y las rellenamos de masa hasta la mitad, más o menos.
- Aparte, limpiamos y cortamos el plátano a dados, y picamos el turrón en trozos pequeños.
- Ponemos unos dados de plátano y unos trozos de turrón encima de cada magdalena y presionamos un poco para que se hundan en la masa.
- Introducimos las magdalenas en el horno durante 25-30 minutos a 190ºC, o hasta que las veamos doradas.
- Las sacamos del horno, las dejamos enfriar y ya las podremos degustar.



Notas: 
- Yo he usado harina de castañas que tenía de una receta de galletas anterior, pero estas magdalenas salen también bien con harina de trigo común.
- El plátano y el chocolate le aportan bastante dulzor a la receta, así que, si no sois muy de dulce, podéis reducir la cantidad de azúcar.
- Es importante que, a la hora de hornear las magdalenas, el horno esté bien caliente, pues esto hará que cojan aire y que suban mejor.

Nada más por ahora, espero que os haya gustado la receta.
¡Gracias por seguir ahí, y feliz miércoles!
Fotos: Marc RT Studios

lunes, 21 de diciembre de 2015

COQUITOS (O COCADAS) DE SABORES



¿Alguna vez os habéis parado a pensar a qué sabe la Navidad?
Sin distinciones, y sobretodo en nuestro caso, la Navidad se celebra en la mesa, y con la familia, o con los amigos, o íntimamente con tu pareja, porque compartir es lo que realmente importa.
Porque la Navidad nos puede saber (y oler, por supuesto) a aquella pierna de cordero que tu abuela borda y que prepara únicamente para estas fechas, o a aquella zarzuela de pescado que tu madre te invita a comer a su casa todos los años, o a aquellos canapés con huevo hilado que nadie termina por comerse, o a una tarde en familia preparando polvorones, o mantecados, o mazapán, o las tres cosas a la vez... Lo que si está claro es que todos y cada uno de nosotros asociamos estas fechas con un sabor o una receta en especial  que nos gusta rememorar año tras año, pues lo hemos terminado convirtiendo en una tradición inquebrantable y, si no lo hiciéramos, nuestras fiestas navideñas estarían incompletas.
En mi casa, la Navidad sabe y ha sabido siempre a dulce. Apenas empiezan a aparecer los primeros turrones, polvorones, mantecados y demás en los supermercados, empezamos a hacer apuestas sobre quién terminará cayendo primero en la tentación. Mis padres cambian su postre habitual por un trocito de turrón, mi abuela empieza a cenar un par de mantecados con un vaso de leche y nosotros nos inflamos a turrón y roscos de vino para merendar. Vale, no llegaremos a Navidad en la mejor forma posible precisamente, pero lo disfrutamos de lo lindo y tampoco es que nos pase mucha factura. Ya se sabe, en el equilibrio está la clave y se puede comer de todo con moderación.
Hay ciertas recetas que, a pesar de que podamos (y lo hacemos) prepararlas durante todo el año, cobran un protagonismo especial y se disfrutan mucho más en estas fechas. Este es el caso de lo coquitos. Los coquitos o cocadas no son más que unas bolitas horneadas hechas a base de coco y huevo y, aunque se consideran un dulce típico de Navidad, nunca faltan en casa, pues a todos nos encantan. Llevan muy pocos ingredientes y son sencillos y muy rápidos de preparar, por lo que también son ideales para preparar con los peques de la casa durante las vacaciones. Además, si le añadimos a la masa original ingredientes como la ralladura de naranja, el aroma de vainilla, chocolate negro, etc., podemos preparar unos coquitos muy originales y del sabor que más nos guste.
Sin más, os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para unos 18-20 coquitos):
- 125 gramos de coco rallado
- 125 gramos de azúcar
- 1 huevo tamaño L
- Ralladura de limón o naranja, esencia de vainilla y cacao puro en polvo, al gusto.

- Antes de empezar, precalentamos el horno a 190ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande, mezclamos el coco con el azúcar.
- Aparte, batimos el huevo, se lo añadimos a la mezcla anterior y lo mezclamos todo bien.
- En este punto, si queremos preparar coquitos de sabores, añadimos también los ingredientes que hayamos escogido. En mi caso, dividí la masa en 3 partes más o menos iguales y a una de ellas le añadí ralladura de naranja, a otra esencia de vainilla y a otra cacao puro en polvo. Mezclamos bien.
- Ayudándonos de una cuchara de postre, vamos tomando porciones no muy grandes de masa y le damos forma de bolita con las manos. Seguidamente, las colocamos sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear.
- Horneamos nuestras bolitas a 190ºC durante unos 15 minutos aproximadamente, o hasta que las veamos doradas.
- Las dejamos enfriar por completo antes de comer.




Notas:
- Es una receta tan sencilla que poco más se puede añadir. Eso si, os aconsejo que controléis el tiempo y la temperatura del horno en todo momento, pues las bolitas se doran bastante rápido.


Nada más por ahora. Espero que os haya gustado y que estéis teniendo unas felices fiestas.
!Muchas gracias por seguir ahí! :)

lunes, 9 de noviembre de 2015

MAGDALENAS DE CHOCOLATE Y CASTAÑAS




Domingo, ay domingo...
Domingo, un día de esos para reflexionar, para prepararse y afrontar mejor la semana que comienza en unas horas; Un día para descansar de la rutina, disfrutar de la tranquilidad y del ambiente familiar: Un día para quitarse todo el estrés posible dando un largo paseo, sea por donde sea, o pasar la jornada en el campo, con los amigos, con la familia, o con ambos; Un día de esos que no queremos que terminen nunca, el mejor día de la semana para vivir y darnos un respiro...
No soy católica ni nada por el estilo, pero más de una vez he oído eso de "Dios hizo el mundo en seis días y el séptimo descansó", así que nosotros, insignificantes humanos, no somos quien para ir en contra de este hecho, tanto si creemos en ello como si no, ¿No os parece?. A veces es interesante y conveniente conocer cuál fue el origen y significado de los días de la semana y darle la importancia y el valor que realmente se merecen... o que nos sirva como excusa, qué más da, porque dedicar un día entero a pasarlo en familia, a sentarnos alrededor de una mesa y compartir desayuno, comida,merienda o cena, a CONVERSAR (si, irónicamente en la era de las tecnologías y de la información, nos hace más falta que nunca), a recordar buenos momentos y hasta a hacer planes de futuro... Si se tiene la oportunidad, los domingos son para disfrutarlos.
Desde que empecé a trabajar más establemente, mis fines de semana han brillado por su ausencia. Literalmente, no he podido considerar el día de la semana que era para tener que prepararme el táper la noche anterior, levantarme a las claras de la mañana con el tiempo justo y pasarme la mitad del día corriendo de arriba para abajo. Por eso, ahora valoro y aprovecho mucho más mis días libres, especialmente si caen en fin de semana, pues eso significa que puedo compartirlos con algunas de las personas que más quiero y que siguen teniendo horarios "normales" con sus días libres "normales" y sus planes de domingo "normales": Dormir hasta tarde, desayunar tarde pero contundente, salir a pasear, comer en algún restaurante quizás, tarde de peli y sofá, o de consola...
Este domingo he tenido el día libre y he podido disfrutar de él. Si, limpié el polvo, puse una lavadora, hice la cama, barrí.. Pero también dormí un rato más, me dí un baño relajante, me pasé la tarde tirada en el sofá a base de tele y libro... y cociné. Me encanta meterme en la cocina sin prisas, sin preocuparme por si comemos un poco más tarde o no, sin una idea fija y muchas otras en mente sobre lo que voy a preparar, y disfrutando de los aromas y sabores mientras lo hago.




Empecé por el desayuno, que me apetecía hacerle honores al término "desayuno de domingo"... Tirando de recetario básico (nada de experimentos y nada de sustos, que teníamos mucha hambre), y de despensa (ya sabéis lo que me gusta a mi el otoño y su cesta de la compra), salieron estas magdalenas de chocolate y castañas. Son unas magdalenas igual de dulces, jugosas y esponjosas que las originales, pero con un aroma y sabor a chocolate muy potente y un regusto a castañas que nos gustó mucho, tanto que para la próxima aumentaré la cantidad de castañas que le añadí a la masa.
Con dos tazas de café con leche recién hecho, disfrutamos de un desayuno en pareja, sin prisas y muy muy rico.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 6-8 magdalenas):
- 1 huevo tamaño XL
- 60 gramos de harina integral
- 60 gramos de castañas cocidas y limpias + 3-4 unidades más
- 60 gramos de azúcar común
- 20 gramos de cacao puro el polvo
- 50 ml de leche semidesnatada
- 20 ml de aceite de girasol
- Medio sobre de levadura química

- Antes de empezar, precalentamos el horno a 190ºC, con calor arriba y abajo.
- Para empezar, le hacemos una muesca con un cuchillo a las castañas y las cocemos en una olla con agua unos 10 minutos. Las dejamos enfriar y las pelamos bien. 
- Ponemos las castañas (menos 3 unidades) en el vaso de la picadora y las picamos hasta que tenga una textura semejante a la harina.
- En un bol aparte, batimos el huevo con el azúcar, el aceite y la leche. Añadimos seguidamente el cacao y las castañas molidas y mezclamos bien.
- Sobre la misma mezcla del bol, tamizamos la harina con la levadura y mezclamos bien hasta que hayan desaparecido todos los grumos. 
- Picamos las castañas que habíamos reservado con la ayuda de un cuchillo y se las añadimos a la masa, mezclándolo todo bien.
- Colocamos los moldes para magdalenas sobre una bandeja de horno, los rellenamos con la masa hasta un poco más de la mitad, y metemos en el horno a 190ºC durante 25-30 minutos más o menos.
- Una vez hechas las magdalenas, apagamos el horno, las sacamos y las dejamos enfriar por completo antes de comernoslas.




Notas:
- Le he añadido a la mezcla unas cuantas castañas picadas a modo de "tropezones" e intensificar así su sabor, pero es algo totalmente opcional.
- Es importante que, a la hora de hornear las magdalenas, el horno esté bien caliente, pues esto hará que cojan aire y que suban mejor.
- Evitad abrir la puerta del horno al menos durante los primeros 15 minutos, pues esto puede hacer que las magdalenas bajen o que suban menos.


Espero que os haya gustado.
Aprovecho esta receta para participar en el concurso "Recetas de otoño" organizado por Corner GP a través de su comunidad de Google+. Desde aquí, muchas gracias por invitarme a participar, y felicidades a todo el equipo por una comunidad que gana adeptos día a día y por una tienda online la mar de completa y a muy buen precio.


http://www.cornergp.com/


¡Feliz inicio de semana!
Fotos: Marc RT Studios

lunes, 5 de octubre de 2015

BIZCOCHO ESPECIADO DE CALABAZA CON CHOCOLATE BLANCO


¡Ya es otoño!
Pues si, y lo rápido que ha llegado... La verdad es que a muchos les (nos) da el clásico bajón cuando empezamos a notar que cada vez hace más fresco, que los días son más cortos y los amaneceres se hacen esperar un poco más, que tenemos muchas más obligaciones pero la energía física y mental va nimbando... Pero (porque siempre hay un pero) qué bonito resulta darse cuenta de que los parques empiezan a teñirse de colores cálidos, que las hojas caídas crujen bajo nuestros pies al pasear, que disfrutamos mucho más de una tarde de película o lectura, que podemos volver a taparnos con un edredón y zamparnos un enorme bol de sopa sin morir en en intento,.. El que no se consuela es porque no quiere.
En otoño también empiezan a aparecer en las fruterías las primeras castañas, mandarinas, naranjas y batatas, y los higos, qué me decís de los primeros higos de la temporada... un manjar.
Pero si hay una hortaliza que represente a la perfección el otoño, esa es la calabaza. Es verlas de nuevo en el mostrador de mi frutería y entrarme la "morriña", por decirlo así...
Es cierto que hay calabazas de otoño y calabazas de invierno, por lo que no acostumbra a faltar en casa y la uso para preparar deliciosas y reconfortantes cremas y sopas, a veces algún guisito y poco más. Pero si hay un momento idóneo para comprar, comer y disfrutar al máximo del sabor y las propiedades de la calabaza, es en otoño. Ya sabéis, las frutas y verduras de temporada son más nutritivas, más sabrosas, más sanas y más económicas. La madre naturaleza es muy sabia.
Además de los deliciosos purés y guisos que podemos preparar con calabaza, también resulta un ingrediente ideal para muchas preparaciones reposteras. Al igual que la zanahoria y el boniato, la calabaza funciona muy bien como edulcorante natural y aporta mucha jugosidad y consistencia a cualquier masa.
Con la excusa de que mis padres nos habían invitado a comer y que, como de costumbre, me tocaba a mi llevar el postre, decidí emplear una calabaza hermosa que tenía en el frutero para preparar este bizcocho especiado de calabaza o "spiced pumpkin pie". Se trata de una receta de origen inglés que cada vez se conoce más en el resto del mundo, y no es para menos, pues resulta un bizcocho contundente, jugosísisisisisimo, muy aromático y con una combinación de especias muy potente pero equilibrada.
Si os gustan más los bizcochos suaves y ligeros, de esos que cogen mucho aire y son ideales para mojar, este no es vuestro dulce. En cambio, si sois de los que disfrutáis comiéndoos un buen trozo de bizcocho con mucho cuerpo, contundente, húmedo y tan especiado que os persista el sabor de las especias en boca bastante rato, este es vuestro bizcocho.
Bah, sea como sea, merece la pena darle una oportunidad. Al menos en casa pasó la prueba de cata madre-padre-abuela-novio, y con nota, así que os animo a que lo probéis.
Os dejo los ingredientes y la preparación:



Ingredientes (para 4 personas, a 2 trozos por persona):
- 100 gramos de harina integral
- 125 gramos de puré de calabaza
- 80 gramos de azúcar moreno
- 1 huevo tamaño XL
- 50 ml de aceite de oliva suave
- 1 cucharadita de canela
- 1 cucharadita de jengibre
- 1 cucharadita de nuez moscada
- 1/2 cucharadita de bicarbonato
- 3 gramos de levadura química
- Una pizca de sal
- Virutas de chocolate blanco (opcional)

-Antes de empezar, precalentamos el horno a 180ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande tamizamos la harina, el bicarbonato, la levadura y las especias, y reservamos.
- Seguidamente, mezclamos el azúcar moreno con el puré de calabaza (calabaza asada y machacada, sin más) hasta que no tenga grumos. Añadimos también el aceite y el huevo y volvemos a mezclar.
- Seguidamente, añadimos los ingredientes secos en dos veces y mezclamos hasta que estén integrados.
- En un molde previamente engrasado, colocamos la masa y la repartimos bien dándole unos golpecitos. Si nos gusta, espolvoreamos unas virutas de chocolate blanco por encima.
- Introducimos en el horno y horneamos durante 25-30 minutos o hasta que veamos que el bizcocho ha subido y esta dorado.
- Apagamos el horno, retiramos el bizcocho y dejamos enfriar unos 20 minutos. 
- Pasado ese tiempo, desmoldamos nuestro bizcocho y lo dejamos enfriar por completo antes de cortarlo y servirlo.




Notas:
- El truco casero más sencillo para saber si un bizcocho está cocido es pinchándolo con un palillo. Si este sale limpio, el bizcocho ya estaría listo.
- Es recomendable preparar este bizcocho de un día para otro, así la miga tiene tiempo de asentarse y resulta mucho más rico.
- El acompañamiento más habitual y delicioso para este bizcocho es el frosting de queso o el helado de vainilla y/o nata. A mi, por ejemplo, me gusta añadirle algún tipo de chocolate. Para gustos, colores.

Espero que os haya gustado y que tengáis un estupendo inicio de semana.
¡Millones de gracias por seguir ahí!
Fotos: Marc RT Studios

lunes, 27 de julio de 2015

BOCADITOS INTEGRALES DE CHOCOLATE (PARA HORNO Y MICROONDAS)



Lunes otra vez, día libre, y sola en casa hasta pasadas las 2. Esta semana se me ha ocurrido hacer limpieza de papeleo para entretenerme, porque a pesar de hacer una calor de mil demonios, ha empezado a llover, así que de playa nada, y de sacar de paseo al bichito, menos...
¡Madre mía! Entre nóminas, contratos, recetas, citas médicas y demás, he encontrado apuntes hasta del instituto. Y casi todos de literatura.
Cuando era adolescente, perderme entre las páginas de un buen libro o escribir cualquier gilipollez que se me viniera a la cabeza era para mi una terapia mucho más efectiva que medio año de psicólogos, y doy fe de ello, pues nunca he sido una niña difícil pero si he tenido algún que otro tropiezo...
Quiero compartir con vosotros algo que escribí cuando tenía 16 años y estaba a punto de terminar la ESO. No recuerdo muy bien cómo ni por qué lo hice, pero sinceramente, después de leerlo no me importa demasiado:

"Gracias a la experiencia, he conseguido mirar atrás y recrear mis días pasados; he podido enfrentarme a lo que un día decidí ser, a lo que fui, y a las causas y consecuencias de ello. He sopesado, he madurado, he sabido seguir y he sabido ignorar.. Y ahora se que lamentarse no es sinónimo de mejorar. Como ser humano que soy, yo también necesité equivocarme para rectificar y aprender.
Hoy por hoy, me regalo flores y me canto canciones; gasto más en mí que en nadie, hablo conmigo y me lo cuento todo; me escucho e intento comprenderme para poder aconsejarme después; hablo y escribo sin querer en primera persona; cocino para mí, y me pongo la música que más me gusta e identifica; ordeno mis pensamientos y mis maneras, y cuando las cosas me salen mal, me castigo y me ofendo, e incluso me ignoro durante un buen rato, para que me acabe dando rabia mi indiferencia.
Me acicalo sólo para verme bien; acomodo mi cuarto como a mi me gusta y lo desordeno adrede para recogerlo 'cuando tenga tiempo'. Si, soy mía, sin más.
A veces le temo a la locura, y temo darme cuenta cuando ya sea tarde. Aunque tampoco es muy importante, no mientras me siga llevando tan bien conmigo misma.
Sé que no soy una persona ejemplar, pero también sé que no hay nadie igual que yo en todo el universo, y eso me hace sentir increíblemente bien.
Por suerte, todo es real, así es mi situación. Qué más da, todo lo demás irá llegando a su debido momento. Ahora soy mi amiga y, mientras tanto, me disfruto."

A día de hoy, sigo necesitando mis momentos de soledad, no lo puedo evitar. Me gusta leer sola, desayunar sola y escuchar música sola. Me gusta pasearme sola por casa. Estar sola me da tiempo para pensar y liberar mi mente. Pero cuando veo a mi madre y me da un abrazo, o mi catador llega de trabajar y me roba unos cuantos besos, o alguna amiga me llama para tomar un café y ponernos al día, me doy cuenta que, a pesar de que me gusta estar sola. no quiero sentirme sola. No hay nada más triste que sentir la soledad.
Por supuesto, hoy desayuno sola. Tengo antojo de chocolate, de mucho chocolate, y no me apetece pasarme media mañana en la cocina, hoy toca descansar. Estaría muy bien algo de bizcocho, para mojar en un tazón de leche fresquita, o con un poco de café recién hecho quizás... Pero encender el horno con esta calor sería un suicidio.
Pues nada, toca experimentar... ¡A por el microondas! Por lo menos el resultado ha sido más que decente :)




Ingredientes (para 4 bollos):
- 40 gramos de harina de trigo todo uso
- 15 gramos de salvado de avena
- 15 gramos de cacao en polvo con alto porcentaje de cacao
- 1 huevo M
- 2 cucharadas soperas de leche
- 2 y 1/2 cucharadas soperas de azúcar moreno
- Una cucharadita de café de levadura en polvo
- Un poco de aceite de girasol, opcional.

- Si usamos el horno, lo pre calentamos a 190ºC.
- En un bol, mezclamos la harina con el salvado, el cacao y la levadura.
- En otro bol, batimos muy bien el huevo con el azúcar. Añadimos la leche y el aceite y batimos un poco más, hasta conseguir una mezcla homogénea. 
- Poco a poco vamos añadiendo la mezcla de sólidos a la de líquidos y mezclamos bien, vigilando que no queden grumos (yo lo hice en tres tandas).
- Rellenamos los moldes de silicona con la mezcla resultante e introducimos en el microondas a máxima potencia (750 w en mi caso) durante 2 minutos. Comprobamos y cocinamos 30 segundos más si fuese necesario.
- Si usamos el horno, los horneamos a 190º C durante unos 20 minutos. 
- Apagamos el horno y dejamos los bizcochitos dentro un par de minutos más.
- Dejamos templar un poco, desmoldamos y a desayunar.




Notas:
- Si empleamos el microondas para elaborar estos bocaditos nos ahorraremos mucho tiempo, pero tendremos que comérnoslos casi inmediatamente porque se endurecen rápido.
- Con la cantidad de azúcar que utilicé no queda una masa especialmente dulce, pero así se aprecia mucho más el sabor del cacao. La cantidad de azúcar se podría aumentar sin problema.
- Se le puede añadir plátano, frutos secos picados, pepitas de chocolate, etc.

Espero que os haya gustado.
¡Feliz inicio de semana!

viernes, 3 de julio de 2015

PASTELITOS DE CHOCOLATE CON NARANJA Y MUCHO, MUCHO AMOR

  


Muchas veces, damos por sentado que nuestra pareja sabe de sobras cuánto le queremos. Esto es, hasta cierto punto, bastante lógico, pues si no hubiera amor tampoco habría relación o sería, como menos, tormentosa. Nos autoafirmamos que " él/ella sabe que le quiero" y, craso error, nos olvidamos de que nunca, nunca, nunca viene mal valorar a nuestra pareja, hacerle saber el lugar tan importante que ocupa en nuestra vida e incluso el por qué queremos que siga formando parte de ella. Para eso, no es necesario desvivirnos hablándole de nuestro amor, pues no estamos tratando de convencerle sino de demostrarle y, por muy bonitas y tiernas que sean nuestras palabras, al fin y al cabo son sólo eso.
Desde que comparto mi vida con Marc he aprendido, entre muchas otras cosas, que, a veces, el amor no es tan evidente como creemos, y cualquier otro aspecto de nuestra vida (trabajo, amigos, familia...) puede hacer que lo descuidemos todavía más, sobretodo cuando no marcha precisamente a las mil maravillas.
Reconozco que, aún siendo consciente de ello, la mitad de las veces no lo aplico. Mal, muy mal por mi parte, lo sé... Siempre he sido de ese tipo de personas mucho más distantes, más frías, menos cariñosas quizás, a las que les cuesta sacar a la luz sus sentimientos, en especial los buenos. Por suerte, también existen personas que no escatiman en demostrar lo que sienten, que cuidan lo que aman y demuestran día a día que lo hacen y por qué. Y yo tengo la gran suerte de compartir mi vida con una de esas personas.
Marc no se rige por ninguna fecha "especial", ni espera a que yo esté con los ánimos por los suelos o a que me suceda algo que me haga necesitarle mucho más. Marc me demuestra lo que siente hacia mí cuándo quiere, cómo quiere y dónde quiere, y eso ha sido así desde el minuto cero que empezamos a compartir nuestras vidas. Despertarme y verle mirándome y sonriendo, encontrarme dedicatorias suyas al lado del desayuno, recogerme al salir del trabajo con unas cuantas flores, hacerme un masaje cuando todavía ni he dicho que me duele la espalda, o cortar una discusión absurda con un beso robado... Esos detalles que hacen que, aún odiando muchas otras cosas de él, lo ame con locura.
¿Su última sorpresa? Tenerme preparados estos pastelitos de chocolate y naranja para cuando volviera de trabajar. Fue a lo seguro, pues él sabe de sobras lo mucho que me gusta el chocolate, podríamos llamarlo incluso adicción... La merienda es el único rato que podemos pasar juntos entre semana y, como veis, a Marc le gusta aprovecharlo.
Así que hoy me toca a mi catar y no cocinar, y encantadísima. La verdad sea dicha, la cocina no es su fuerte, pero me sorprende lo rápido que ha ido aprendiendo y mejorando, y para muestra un botón.
Unos bocaditos tan lujuriosos como deliciosos, densos y con muuuuuucho chocolate, sin llegar a ser empalagosos ni dulces en exceso, y con un toque muy sutil de naranja que le va estupendamente. Un capricho que, de vez en cuando, merece la pena darse, sobretodo si sois tan fanáticos del chocolate como yo.
Marc me ha dicho que se basó en una receta de la gran Eva Arguiñano, pero he optado por preguntarle a él directamente cómo lo hizo y las cantidades que utilizó porque, a parte que no recuerda dónde vio la receta, así todo queda en casa :)

Cariño, gracias, de corazón.




Ingredientes (para 8 pastelitos):
- 150 gramos de chocolate negro para postres
- 50 gramos de mantequilla
- 3 huevos medianos
- 80 gramos de azúcar
- 1 cucharada de harina
- La ralladura de media naranja

- Antes de empezar, pre calentamos el horno a 200º C.
- Fundimos el chocolate con la mantequilla en el microondas, mezclamos bien y reservamos.
- En otro bol, montamos un poco los huevos con el azúcar hasta que doblen el volumen y agregamos la harina tamizada y la ralladura de naranja.
- Añadimos la mezcla de chocolate y mantequilla al bol y mezclamos bien, con movimientos envolventes, sin batir.
- Rellenamos los moldes hasta 1/3 parte y horneamos unos 10-12 minutos a media altura.
- Una vez templados, desmoldamos nuestros pastelitos y los servimos espolvoreados con azúcar glass.



Notas:
- Los moldes que tengo en casa son casi todos de silicona, pero si se emplean moldes normales, bastará con untarles un poco de mantequilla antes de rellenarlos.
- Estos pastelitos se comen mejor templados, pues el chocolate queda un poco semilíquido y es una auténtica delicia.
- Con mermelada de naranja, tanto amarga como dulce, resulta un bocado exquisito.

¡Feliz fin de semana a tod@s!

martes, 28 de abril de 2015

NATILLAS DE CHOCOLATE Y HIERBABUENA SIN HUEVO



Cuando me puse a preparar la receta para el Reto Alfabeto Dulce que os presentaba el pasado día 25, me gustó tanto el resultado que me animé y me dió por seguir experimentando con la hierbabuena.
Fueron varias las personas que para el reto se decantaron por la combinación de hierbabuena y chocolate, cosa que me pareció una idea genial y que finalmene yo también he llevado a la práctica.
Como ya comenté en la entrada de la cuajada con coulis de fresa, la mayoría de postres que comemos en casa son caseros, porque nos gusta muchísimo más el sabor y porque son mucho más sanos.
Mi pareja es un adicto total al chocolate y lo come de todas las maneras posibles habidas y por haber: con leche en el desayuno, en crema para sandwiches, en galletas rellenas, a la taza para merendar... En fin, visto esto, decidí empezar a buscar recetas con chocolate para hacer en casa y, ya que no puedo evitar que se lo zampe, al menos que lo haga de una forma más sana y mucho más rica.
De momento, lo que más ha triunfado ha sido el bizcocho de chocolate y estas natillas de chocolate de las que ahora yo tampoco puedo prescindir, y tengo motivos para ello: son muy muy muy fáciles de hacer, muy ligeras, muy económicas y están de vicio. Además, al no llevar huevo entre sus ingredientes, son un capricho ideal para aquellas personas intolerantes a este alimento y que sean amantes del chocolate.
Como ya he comentado y para variar un poco, esta vez le añadí a la receta unas hojas de hierbabuena, simplemente para darle un toque de aroma y sabor, y resultó ser una combinación muy acertada.
Espero que os guste.




Ingredientes (para 3 raciones generosas):
450 ml de leche semidesnatada
40 gramos de azúcar
45- 50 gramos de cacao en polvo estandar
30 gramos de harina de maíz
5 o 6 hojas de hierbabuena fresca

- En un cazo a fuego medio, calentamos 350 ml de leche con el azúcar y la hierbabuena, sin dejar de remover.
- En un bol aparte, mezclamos los 100 ml de leche restantes con la maicena y lo diluimos bien.
- Cuando la leche del cazo esté a punto de hervir, retiramos las hojas de menta y le añadimos el chocolate, sin parar de remover.
- Una vez el chocolate se haya disuelto por completo, añadimos la leche con la maicena y dejamos hervir unos 5 minutos, sin dejar de remover, hasta que haya espesado lo suficiente.
- Para terminar, retiramos del fuego, repartimos en los recipientes que hayamos escogido y dejamos enfriar en la nevera unas dos horas.




Notas:
- Yo suelo usar cacao en polvo azucarado, pero si empleáis cacao sin azúcar bastará con añadirle 20 gramos más de azúcar a la leche.
- En este caso he acompañado las natillas con galletas maría de las de toda la vida, aunque también resultan deliciosas acompañadas de frutos secos picados, bizcochos de soletilla, cereales de arroz inflado... en fin, lo que se os ocurra.

¡Espero que hayáis tenido un buen inicio de semana! Aún sigo alucinando con la buena acogida que han tenido mis dos últimas recetas y la cantidad de gente que me ha hecho una "visita", así que muchas muchas muchas gracias, de corazón, tengo los ánimos por las nubes :)