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jueves, 31 de marzo de 2016

JUDÍAS EN TOMATE CON PATATAS



Bueno, como siempre dice mi madre,"éramos pocos y parió la abuela"...Si ya voy un poco (por no decir BASTANTE) apurada con el blog últimamente, lo único que me faltaba es que blogger se pusiera a hacer de las suyas. Sí, caprichoso él, no sé qué diantres le habrá pasado últimamente, pero
me ha ido dejando leer los comentarios con cuentagotas y todavía sigue sin registrarme los +1. Sé que a algun@s de vosotr@s os han pasado antes cosas similares y que, según me comenta el personal del Servicio de Ayuda de Blogger, es algo momentáneo que están solucionando, pero yo me resisto a quedarme tranquila y paciente del todo. Quizás por ser la primera vez, o quizás por otras tantas cosas que me han hecho acumular más estrés últimamente, pero pienso seguir con la mosca detrás de la oreja hasta que esté solucionado del todo y pueda volver a leer, responder, comentar y compartir todo lo que se me antoje, como se me antoje y cuando se me antoje. Vaya, sólo faltaría eso, que empezara a fallarme aquello que más me ayuda a evadirme y desconectar... no, no y no.
Así que, con toda la la tozudez y cabezonería del mundo, hoy os traigo una de esas recetas a las que más cariño le tengo y que llevo queriendo publicar hace ya varios meses.
Cómo much@s ya sabréis, mi abuelo, que en paz descanse, era payés, y por eso tuve la gran suerte de crecer disfrutando de verduras "de verdad". Cuando digo "de verdad", me refiero a verduras y hortalizas totalmente ecológicas, criadas al sol, con mucho mimo y respetando sus tiempos; Tomates, pimientos, berenjenas, calabacines, lechugas y demás, que sabían y olían a lo que eran y no a lo que nos quieren vender ahora que son. Vaya, un auténtico lujo para la vista, el paladar y la salud.
Gracias a esto, en mi casa nunca necesitábamos comprar conservas de verduras, pues era mi abuela quien se encargaba de prepararlas usando los excedentes de verduras o aquellas que eran demasiado "feas" para la venta: tomate natural, tomate frito, pisto, etc. Raro era el año en el que la mujer no dejaba listos suficientes botes como para pasar todo el invierno. Ya sabéis, las abuelas y su manía de alimentar a regimientos enteros...
Usando únicamente uno de esos botes de tomate natural, judías cocidas, unas patatas (también del huerto, por supuesto) y cualquier otro ingrediente que se pudiera aprovechar (unos restos de carne a la plancha o de carne de cocido, por ejemplo), mi abuelo y mi abuela se turnaban para preparar este plato al que, hasta día de hoy, nunca le habíamos puesto nombre, pero que desde siempre nos ha gustado muchísimo a todos: Judías en tomate con patatas.
Como más me gustaba (y me gusta) a mi era con restos de carne del cocido, pero recuerdo disfrutar de lo lindo con ese "factor sorpresa", pues, como ya os he dicho, el ingrediente o ingredientes extra variaban en función de lo que tuvieran mis abuelos en la nevera y nunca sabía qué iba a ser ese día hasta que se servía en la mesa. Y ya me veíais a mi, tenedor y rebanada de pan en mano, sentada en mi sitio y esperando como si de un gran concierto se tratara... Preciosos recuerdos.
En fin, sin más preámbulos, os dejo con la receta básica de las judías con tomate y patatas de mi casa, un plato sencillo, barato, sano, completo y riquísimo que no os dejará indiferentes, os lo aseguro.
Si no, probadlo y me contáis ;)




Ingredientes (para 2 personas):
- 400 gramos de judías blancas cocidas (1 bote)
- 350 gramos de tomate triturado natural (1 bote aprox.)
- 1 cebolla mediana
- 2 patatas medianas (300 gramos aprox.)
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 100 ml de vino blanco de cocina
- 1 pizca de azúcar
- Sal, ajo en polvo, pimienta negra y perejil picado, al gusto.

- Empezamos escurriendo y lavando bien las judías. Las colocamos en una fuente grande y reservamos.
- Aparte, ponemos a cocer las patatas enteras, las dejamos enfriar, las pelamos y las troceamos a dados no muy grandes. Reservamos.
- Limpiamos y picamos muy menuda la cebolla y la sofreímos en una sartén a fuego medio con el aceite.
- Cuando la cebolla empiece a transparentar, añadimos el tomate, la pizca de azúcar, la sal y las especias, y cocinamos todo hasta que haya reducido casi a la mitad.
- Cuando la salsa haya reducido, le añadimos el vino y dejamos y dejamos que también se evapore.
- Seguidamente, añadimos los dados de patata y las judías, removemos y cocinamos bien todo junto durante 3-4 minutos, y retiramos del fuego.
- Para terminar, rectificamos de sal si fuese necesario y servimos templado, espolvoreado con un poco más de perejil si se desea.




Notas:
- Para ahorrar tiempo, siempre podéis recurrir a una salsa de tomate o pisto estilo casero ya cocinada. El resultado es también muy rico, sobretodo si la salsa es de calidad.
- Las judías se pueden sustituir perfectamente por otra legumbre a elección. Con garbanzos, por ejemplo, también queda de maravilla.
- Podemos freír las patatas en vez de cocerlas y/o rematar este plato con un huevo frito, unas salchichas, unas tiras de panceta bien dorada, etc. De este modo resulta un plato todavía más sabroso y completo, pero bastante más calórico. Eso si, os recomiendo no prescindir nunca del pan, puesto que la salsa lo requiere.
- Estas judías están ricas tanto frías como calientes y, si no os excedéis con la salsa, resulta un plato ideal para llevar el el táper.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado y que la vuelta a la rutina no se os esté haciendo muy cuesta arriba. Aunque, bueno, a las puertas del fin de semana, todo se ve con más optimismo, ¿Verdad?
¡Mil gracias por seguir ahí!

lunes, 3 de agosto de 2015

ENSALADA DE GARBANZOS CON FRUTAS Y PAVO



Qué poquit@s vamos quedando ya por estos mundos, y qué envidia nos dais a los que, por un motivo o por otro, seguimos aquí, al pie del cañón, porque eso significa que las vacaciones, de momento, tendrán que esperar un poco más... snif, snif.
En mi caso, sigo teniendo que dejar la comida preparada el día anterior, levantarme a las claras de la mañana para ir a trabajar y, como no, llevarme un tupper para comer.
Hace ya unas semanas, os enseñaba una receta de ensalada de garbanzos que suele ser mi comida fija por lo menos una vez a la semana, tanto por lo rica que está, como por lo completa, versátil y sencilla de preparar que resulta. Por si fuera poco, también se trata de un plato muy rico en fibra, rápido, sano, completo. ¿Alguien da más? :)
Yo recurro a las ensaladas de legumbres para dar salida a todos esos restos de carnes cocinadas, verduras, embutidos, etc., que van sobrando y que voy guardando en la nevera, pues si sois habituales de mi blog sabréis de sobras que detesto desperdiciar comida.
Mi consejo es que, dado lo fácil y rápido que resulta de preparar, le deis un toque mucho más personal a este plato preparando algún aliño a vuestro gusto, así lo disfrutaréis el doble.
En este caso, yo opté por una vinagreta clásica de mostaza, y el contraste de la mostaza con las frutas me encantó.
Os dejo la preparación y los ingredientes:




Ingredientes (para 2 personas):
- 400 gramos de garbanzos cocidos (1 bote)
- 1 tomate mediano
- 1 zanahoria mediana
- Piña y kiwi, a dados, al gusto
- Restos de pavo al horno, limpios y sin piel, al gusto
- Restos de frutos secos (pipas, cacahuetes, almendras...), al gusto

- Para el aliño: 1 cucharada de mostaza, 1/2 de cucharada de vinagre, 2 cucharadas de aceite de oliva, sal y pimienta al gusto.

- Cocemos los garbanzos como solemos hacerlo habitualmente y los dejamos enfriar por completo o, si vamos a usar garbanzos en bote, los lavamos y escurrimos bien.
- Troceamos el tomate, la fruta, el pavo, rallamos la zanahoria y lo ponemos todo en una fuente grande. Añadimos también los garbanzos y los frutos secos.
- Dejamos enfriar en la nevera un rato antes de consumir. 
- Para la vinagreta, batimos en un bol la mostaza, el vinagre, el aceite, la sal y la pimienta hasta que quede una mezcla homogénea.
- Servimos la ensalada y la aliñamos con la vinagreta.




Notas:
- La ensalada de garbanzos también combina muy bien con cebolleta, calabacín u otras verduras crudas, así como con atún, salmón ahumado, huevo cocido... imaginación al poder, sobretodo en el caso de los aliños.
- Si nos llevamos la ensalada en un tupper, no debemos aliñarla hasta el momento en que nos la vayamos a comer, así que os recomiendo llevar la vinagreta aparte. 
- Si os sobra ensalada, en un bol tapada con papel film y en la nevera, se conserva perfecta durante 3-4 días.

Espero que os guste mi propuesta.
¡Feliz inicio de semana y felices vacaciones!

viernes, 10 de julio de 2015

LAS LENTEJAS DE LA RECONCILIACIÓN



Si, con unas temperaturas que superan los 35 grados la mayoría de los días, sin separarnos de la botella de agua ni del ventilador, y durmiendo poco por las noches por culpa del bochorno, llega el fin de semana y... ¿Qué nos apetece comer? Si señor, un potaje de lentejas, a lo loco. El asunto tiene tela... Pero este no es, ni mucho menos, uno de esos guisos contundentes con chorizo, morcilla, costillas y un largo etcétera que nuestras madres y abuelas hacen tan ricos, porque lo son, pero para salir del paso nos suele apetecer algo más suave y ligero, sobretodo durante esta época del año.
Durante años me encantaron las lentejas, de hecho, era una de las pocas niñas que se las comía en el comedor del colegio, y ya es decir, porque éramos ciento y la madre. Y en casa, más de lo mismo: mi madre las hacía con costillas y chorizo, y mi abuela con muchas más verduras e incluso algo de arroz, ambas versiones exquisitas. Pero cuando me vi obligada a empezar la dieta para bajar de peso, acabé por tener que enfrentarme una vez en semana a un "guiso" (por llamarlo de alguna manera) de lentejas insípido, sin apenas nada más que unas cuantas zanahorias y un poco de tomate, y tan líquido que se podía tomar a sorbos en vez de con cuchara. Vaya, un auténtica pena de plato. Y, por supuesto, no es que los guisos más ligeros y humildes no estén ricos, es que mi madre se empeñó en aligerarlo tanto, todo por mi bien claro está, que se le fue de las manos. Esto me hizo llegar al punto de renegar de las lentejas en todas sus versiones, no a odiarlas, pero si a cogerles una especie de "manía", no sé si me explico, pero pasaron de encantarme a sentarme fatal. De la noche a la mañana dejé de comerlas y, aunque intentaba autoconvencerme de que debía hacerlo apelando a sus propiedades saludables y sus múltiples beneficios para el organismo, no me he visto con corazón (y estómago) de hacerlo hasta hace poco más de año y medio.
No es que mi manera de comer haya cambiado considerablemente a lo largo de los años, pero dependiendo la época, me apetece mucho más comer ciertas cosas que otras. En uno de esos períodos de antojo descontrolado, y de legumbres, me animé a darles otra oportunidad a las lentejas y, la verdad, menos mal que lo hice, porque les he vuelto a coger el gusto, mi cuerpo me lo agradece mucho y, sin ser mi alimento favorito, ha pasado a ocupar un lugar permanente en mi despensa. Lo sé, a la vejez viruela, he sido durante mucho tiempo una "niña" mayor que no come (comía) lentejas, hasta vergüenza me da. Bueno, nunca es tarde, o eso dicen. De ahí viene lo de "lentejas de la reconciliación"...
A mi pareja le encanta el guiso de lentejas, tanto que es él quien me lo pide cuando le apetece, sea la época del año que sea. A base de prepararlo una y otra vez, de añadirle unas cosas y quitarle otras que no nos gustan tanto, he conseguido fijar una receta base del guiso y, a partir de ahí, voy jugando y probando con lo que tenga en la despensa y en la nevera en ese momento: que si un día con patatas, que si un día con arroz, que si otro día solas con un poco de chorizo, que si otro con unos tacos de cerdo para guisar... En fin, intento aprovechar esta versatilidad para preparar guisos de lentejas muy nutritivos, equilibrados y, en la medida de lo que puedo, ligeros.
El que hoy os traigo lleva verduras, arroz y un solo trozo de morcilla, por lo que es muy ligero pero no por eso menos saciante, nutritivo, equilibrado y delicioso. Vaya, un plato ideal para aprovechar al máximo las propiedades beneficiosas de las lentejas (ricas en hierro, zinc, calcio, fibra, reguladoras del colesterol..) sin renunciar a la línea y al sabor.
Además, la preparación es muy sencilla y los ingredientes que he escogido suelen ser habituales en todas las cocinas.


  

 
Ingredientes (para 3 personas):
- 200 gramos de lentejas pardinas
- Un trozo de morcilla de arroz para guisar
- 1 pimiento verde italiano
- 1 zanahoria grande
- 1 tomate mediano maduro
- 1 puñado de vainas de judías verdes
- 1 cebolla pequeña
- 2 puñados de arroz bomba
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 1 litro de agua
- Sal, comino, ajo en polvo y pimentón dulce, al gusto

 - Empezamos lavando las lentejas, pero no es necesario tenerlas en remojo la noche anterior.
- Por otra parte, picamos en trozos menudos la cebolla, la zanahoria, el pimiento verde, las vainas y el tomate, y reservamos.
- En una olla a fuego medio ponemos tres cucharadas de aceite de oliva a calentar y añadimos las verduras, excepto el tomate, y las sofreímos ligeramente, salándolas un poco.
- Añadimos el tomate y las especias y dejamos cocer 2-3 minutos más.
- Seguidamente añadimos las lentejas, removemos bien durante 2 minutos y cubrimos con el agua, reservando unos 200ml. Salamos y dejamos cocer durante 40 minutos a fuego medio y con la olla tapada.
- Cuando hayan pasado los 40 minutos, añadimos el arroz y la morcilla y cubrimos con el agua restante. Dejamos cocer 10 minutos más con la olla tapada.
- Apagamos y retiramos del fuego, dejamos reposar 20-25 minutos, y servimos caliente.




Nota: No tengo mucho más que añadir esta vez, sólo animaros a rescatar y/o seguir preparando este plato tan tradicional y exquisito y adaptarlo a vuestros gustos. Se le puede añadir laurel, patatas, ajo en láminas, costillas de cerdo, trocitos de panceta, pescado, curry... Imaginación al poder.

¡Feliz fin de semana!

jueves, 18 de junio de 2015

ENSALADA VERANIEGA DE GARBANZOS #PONUNAENSALADA

 


La ensalada de garbanzos es un plato al que le tengo especial cariño y que, como no podía ser de otra manera, me trae muchos recuerdos.
Antes de conocer a mi pareja y, de pasada, a mis suegros, pocas veces había comido legumbres de alguna otra forma que no fueran en guisos. Mi madre cocina maravillosamente, pero su cocina es muy tradicional, esas cocinas de diario, deliciosa por supuesto, pero que no te anima a variar y a experimentar con nuevas recetas y preparaciones porque las que haces ya funcionan bien.
La tercera o cuarta vez que fui a comer a casa de mi pareja, mi suegra preparó una ensalada de garbanzos que recuerdo como un plato exquisito, quizás porque, aparte que lo había comido dos veces contadas en toda mi vida, estaba delicioso y era muy completo: tomate, maíz, huevo, atún, lechuga... madre mía, ese día comí tantísima ensalada que no me hizo falta nada más, como mucho un trozo de pan para mojar en el aliño...
No me explico como no había publicado esta receta todavía, pues es mi comida fija por lo menos una vez a la semana, aunque he de confesar que preparo más cantidad para que me sobre y poder repetir en la cena o al día siguiente, porque está tan rica... salivando me hallo.
Las ensalada de garbanzos y las ensaladas de legumbres en general son muy agradecidas, ya que admiten mucha variedad de ingredientes. Dependerá mucho del gusto y las preferencias de cada uno y, por supuesto, de lo que tengáis por la nevera, pues este tipo de platos ayudan muchísimo a dar salida a los restos de verduras, embutidos, aliños, etc. Por si fuera poco, se trata de un plato muy rico en fibra, rápido, sano, completo e ideal para llevar en el tupper. Vaya, que motivos para que os animéis a prepararla os he dado de sobras jeje.
Os aconsejo que, teniendo en cuenta que se trata de un plato muy fácil y rápido de preparar, le deis un toque mucho más personal preparando el aliño que más os guste, así la disfrutaréis aún más.
Os dejo la preparación y los ingredientes:




Ingredientes (para 2 personas):
- 400 gramos de garbanzos cocidos (1 bote)
- 5 tomates cherry
- 2 hojas grandes de lechuga
- 2 cucharadas soperas de maíz
- 100 gramos de tacos de jamón york
- Zanahoria rallada, al gusto
- Col lombarda rallada, al gusto
- Brotes de soja en conserva, al gusto
- Lo que más os guste: huevo cocido, atún, olivas...

Para el aliño:
-Aceite, vinagre, sal y salsa de soja

- Cocemos los garbanzos como solemos hacerlo habitualmente y los dejamos enfriar por completo o, si vamos a usar garbanzos en bote, los lavamos y escurrimos bien.
- Troceamos los tomates y la lechuga y los ponemos en una fuente grande. Añadimos también los garbanzos, el maíz, el jamón, la zanahoria, la col y los brotes, y le damos unas vueltas.
- Dejamos enfriar en la nevera un rato antes de consumir. 
- Para la vinagreta, batimos en un bol el aceite, el vinagre, una pizca de sal y la salsa de soja hasta que quede más o menos homogéneo.
- Servimos la ensalada y la aliñamos con la vinagreta.




Notas:
- La ensalada de garbanzos también combina muy bien con cebolleta, calabacín u otras verduras crudas, así como con atún, salmón ahumado, huevo cocido... imaginación al poder, sobretodo en el caso de los aliños.
- Si os sobra ensalada, en un bol tapada con papel film y en la nevera, se conserva perfecta durante 3-4 días.

Con esta receta me he animado a compartir mi propuesta para en recopilatorio Pon una ensalada en tu verano que organiza Rosilet en su blog Sugg-r and some salt, un rinconcito que conocí hará un par de años y que me enganchó desde el primer momento.
#Ponunaensalada es una campaña anual que se celebra desde 2012 en la búsqueda de una alimentación sana y variada, poniendo en nuestras mesas de verano una gran variedad de vistosas y sabrosas ensaladas. Hechadle un ojo al recopilatorio, ¡No tiene desperdicio!.

¡Feliz ecuador de la semana! Y millones de gracias por estar ahí.

viernes, 5 de junio de 2015

SALTEADO DE GARBANZOS, SEPIA Y BERENJENA



Los que soléis dedicar unos minutos de vuestro tiempo en ver y leer lo que cocino (mil gracias, de verdad) ya sabréis que soy muy muy muy pero que muy fan de las legumbres, tanto por su sabor como por los tropecientos beneficios que nos aportan,  y que las preparo de diferentes maneras, ya sea en un buen guiso como salteadas o integradas dentro de otra receta. Así huyo de la monotonía y las adapto a cualquier presupuesto, época del año y sobretodo paladar, pues no son santo de devoción de todo el mundo (y lo que me sigue costando entender eso, con lo ricas que están...).
Desde que he vuelto a la rutina del trabajo, me he visto obligada a adaptar para la fiambrera muchos de los platos que comía en casa sentada tranquilamente en la mesa, con su caldito, su salsita o lo que fuera, muy rico para mojar pan y comerlo con tranquilidad, pero muy poco práctico para llevar en el tupper y arriesgarte a que acabe toda la bolsa llena de salsa de tomate, caldo de pollo, o de ambos, por poner un ejemplo. Y en este proceso de adaptación, he encontrado en las legumbres cocidas un gran aliado, pues me es de gran ayuda tenerlas siempre a mano para preparar ensaladas o hacer salteados que no me suelen llevar más de 15 minutos y que muchas veces me sirven para aprovechar las sobras de verduras, carnes, pescados y demás que tengo por la nevera. Ahora siempre dedico una tarde a la semana a cocer legumbres en grandes cantidades para tenerlas a mano cuando las necesite o, de no poder hacerlo, al menos siempre tengo en la despensa un par de botes listos para lavar y cocinar. De este modo no hay excusa que valga.
Un par de días después de preparar el guiso de sepia con patatas que nos gusto tanto, seguían rondando por mi nevera unos tacos de sepia que amenazaban con echarse a perder en muy poco tiempo. Teniendo eso, unas berenjenas (muchas, casi dos quilos...), un poco de cebolla, un poco de tomate y, sobretodo, pocas ganas de cocinar (hacía muuuucha calor, y tenía muuucho trabajo), acabé por improvisar este salteado que, sin duda, prepararé más veces, pues el agua de la sepia hizo que las verduras, una vez pochadas, tomaran un sabor a mar delicioso que combina de maravilla con el de los garbanzo y que nos gustó mucho.
Y, para seguir en mi línea, sólo añadir que este plato es muy fácil de hacer y muy adecuado para llevar en la fiambrera, pues se puede consumir frío o caliente. Una buena ración de salteado, un buen trozo de pan y una fruta o un yogur, y comida muy bien solucionada.
Os dejo la receta, espero que os guste.




Ingredientes (para dos personas):
400 gramos de garbanzos cocidos (o un bote)
200 gramos de potas de sepia a tacos
1 berenjena mediana (200 gramos aprox.)
Media cebolla
3 cucharadas soperas de tomate natural triturado
2 cucharadas soperas de aceite de oliva
Media pastilla de caldo de pescado
Un poco de agua (si es necesario)
Sal, pimienta negra, ajo y perejil, al gusto

- Antes de empezar, cocemos los garbanzos como solemos hacerlo habitualmente y los dejamos enfriar por completo o, si vamos a usar garbanzos en bote, los lavamos y escurrimos bien.
- Seguidamente, limpiamos y troceamos a dados pequeños la berenjena, la cebolla y la sepia, aunque esta última la hacemos trozos un poco más grandes.
- En una sartén a fuego medio-alto, añadimos el aceite y, una vez caliente, hacemos lo mismo con la cebolla y la berenjena. Dejamos cocinar unos 5-7 minutos, dándole unas vueltas.
- Pasado este tiempo, añadimos el tomate triturado y el caldo de pescado, damos un par de vueltas y añadimos también la sepia. Dejamos cocinar hasta que la sepia haya soltado toda su agua (si las verduras están un poco crudas podemos añadir un poco más de agua) y se haya evaporado casi por completo. Yo tardé unos 10 minutos, más o menos.
 - Por último, añadimos los garbanzos, salamos y especiamos al gusto, damos unas vueltas y retiramos del fuego. 
- Dejamos templar un par de minutos y servimos el salteado espolvoreado con perejil picado.




- Notas:
- No es conveniente cocinar demasiado la sepia, pues corremos el riesgo que quede seca y/o dura. Con dejar que suelte su caldo será suficiente y le proporcionará a las verduras ese inconfundible saborcillo a mar.
- Esta manera de preparar garbanzos también queda muy rica si se emplean gambas, calamares, pulpo, mejillones... imaginación al poder.
- Ojo con la sal que le pongáis, pues la sepia ya le aporta un toque. Probarlo antes de añadirle.

Nada más por hoy, vamos a seguir trabajando un rato.
!Feliz viernes y feliz fin de semana!

viernes, 1 de mayo de 2015

SALTEADO DE GARBANZOS Y CECINA



Como ya he comentado más de una vez, en mi casa son de comer platos muy típicos, los de toda la vida, y es realmente muy muy difícil que alguna receta que se salga de estos esquemas triunfe y pase a formar parte del recetario habitual. Quizás es por eso que me gusta tanto la cocina tradicional, el cuchareo, el tapeo, el reposteo y demás, pero también es el motivo por el que me empeñaba y me empeño en probar e introducir recetas nuevas, distintas, variantes de las que ya sabemos que triunfan y evitar caer así en el aborrecimiento y la rutina a la hora de cocinar y comer. Con la cantidad de buenas ideas que tenemos hoy en día a nuestro alcance, sería una pena no echarles mano.
Los garbanzos son algo que yo solía tener asociado a un plato de cuchara contundente e incluso algo pesado, pues en casa de mis padres solo se comían y se comen en forma de potaje o con callos. Muy ricos, si, pero a veces tienes el antojo de legumbres y el estómago te pide algo más ligero.
Y llegó el día en el que conocí a mi suegra, a quien prácticamente le debo la idea y el mérito de este plato. Su estilo de cocina es totalmente distinto (ni mejor ni peor, ojo) al de mi madre: echar mucha mano del horno, de la plancha, de los salteados, de las ensaladas y, de cuando en cuando, toca paellita o guisito. Uno de los platos que más cocina mi suegra son los garbanzos con cebolla y bacon, que no es más que garbanzos refritos con cebollita pochada y tacos de bacon pero que, oye, está realmente delicioso. Otro de sus platos estrella es la tortilla de calabacín, pero a eso tendré que dedicarle otra entrada, porque es un plato que lo merece, madre mía si lo merece...
Yo he versionado los garbanzos de mi suegra de muchísimas maneras: con jamón serrano, con tacos de pechuga de pavo, con salchichas, con chorizo... Y hoy toca hacerlo con cecina. Vi la cecina a tacos en oferta en el supermercado y casi en el acto decidí que la usaría para saltearla con garbanzos.
El resultado ha sido un plato que no requiere más de 15 minutos de preparación, muy equilibrado, con un sabor delicioso y 100% recomendado para llevar en el tupper, pues se puede comer tanto frío como caliente.
Os dejo la receta, espero que os guste. Y suegra, si estás leyendo esto, espero que no pienses que quiero hacerte la competencia copiando tus platos, ya me conoces, no puedo parar de coger ideas de aquí y de allá y de ir probando, no tengo remedio :P




Ingredientes (para dos personas):
400 gramos de garbanzos cocidos (1 bote)
Media cebolla grande
4 cucharadas soperas de tomate triturado
1 vaso de chupito de vino blanco
150 gramos de cecina a tacos
2 cucharadas soperas de aceite de oliva
Un pellizco de azúcar.
Ajo y perejil picados, al gusto


 - Antes de empezar, lavamos los garbanzos debajo del grifo usando un colador para que escurran bien.
- A continuación, ponemos una sartén a fuego medio con el aceite.
- Picamos la cebolla y los ajos y los añadimos a la sartén, le vamos dando vueltas y los dejamos cocinar hasta que la cebolla empiece a transparentar.
- Añadimos entonces el tomate, el vino blanco, la pizca de azúcar y dejamos reducir un par de minutos.
- Pasado este tiempo, añadimos la cecina, le damos un par de vueltas y añadimos también los garbanzos, moviendo bien y dejando al fuego unos 5 minutos para que se integren todos los sabores.
- Por último, retiramos del fuego y servimos decorado con perejil picado.




Notas:
- Al usar garbanzos de bote, el tiempo empleado en hacer esta receta se reduce muchísimo. Para los que prefiráis garbanzos secos, será suficiente prepararlos con antelación como tengáis costumbre.
- A veces también le añado a este salteado berenjena y/o pimiento a tacos y la verdad es que le va de maravilla. Podéis usar cualquier verdura que os guste.
- La cecina tiene una potencia de sal muy fuerte, por eso recomiendo no añadirle más.

Millones de gracias de nuevo, por la acogida y por los comentarios, sigo tan ilusionada o más que el primer día.
¡Feliz fin de semana largo, y feliz día del trabajador!

viernes, 17 de abril de 2015

POTAJE LIGERO DE ALUBIAS Y LA OPERACIÓN PRE-BIQUINI


 
Los seres humanos somos de lo que no hay. Llega el invierno y nos pasamos las tardes apalancados en casa delante del sofá, después de habernos zampado un plato de fabada porque, oye, hace frío y apetece, y merendando chocolate caliente con sus bizcochos, porque hace frío y también apetece, mucho más que una fruta o un yogur. Y si ya nos ponemos a hablar de las Navidades, Reyes y demás... En fin, ahora que empieza a hacer un tiempo bastante bueno, las revistas, Internet y la publicidad nos empiezan a bombardear con la denominada "operación biquini", que suele ser sinónimo de prisas y de querer ver resultados rápidos.Y eso, cuando hablamos de salud, no tiene cabida. En mi opinión, estar sano en verano es resultado de haber llevado un estilo de vida saludable en invierno, no de una dieta de un mes y de unas cuantas clases de spinning.
Hay miles de cosas que podemos hacer día a día para sentirnos y vernos mejor por dentro y por fuera sin tener que acudir a las dietas milagro y a las pastillas quema-grasas, y creo que no es necesario enumerarlas. Yo no soy una experta en el tema ni mucho menos, pero desde bien pequeñita he estado relacionada con el mundo de la nutrición y la cocina, y se trata simplemente de saber darle a tu cuerpo lo que necesita y cuando lo necesita, ni más ni menos, y de tener unas pautas saludables y seguirlas, siempre en la medida de lo posible y sin obsesionarse, pues todos tenemos y necesitamos de esos pequeños placeres de la vida. Yo, por ejemplo, no voy a renunciar a comerme unas natillas de chocolate de cuando en cuando ni a un buen bocata de atún para cenar un viernes. Y sí, estoy delgada y podría zamparme una hamburguesa con patatas para comer cada día, pero me importa muchísimo mi salud y no voy a hacerlo.
En casa también intento aplicar esta filosofía, y al menos un par de veces por semana preparo platos de cuchara de los de toda la vida, a veces más ligeros y a veces más contundentes, depende del día.
Si ya lo decía mi abuelo: "Yo cuando tenía tu edad comía casi todos los días potaje, y nunca estaba gordo ni pisaba un hospital...”. Cuánta razón, y cuánto lo echo de menos... ais.
El potaje de hoy es muy muy fácil de hacer, está delicioso y es muy reconfortante. Además, nos podemos comer un buen plato e incluso repetir, porque a pesar de ser alto en nutrientes, no lo es en calorías.
He visto por la blogosfera que much@s si os habéis apuntado a la famosa dieta veraniega, que, bueno, no está de más si se sabe llevar con cabeza, ojo, cada cual sabe lo que le conviene y lo que no. Espero entonces que mi plato os sea útil para cuando tengáis antojo de legumbres. Y para los que no seáis de regímenes estrictos, como yo, para cuando os apetezca disfrutar de un plato completo, sano y rico, que no necesita nada más que un buen trozo de pan para ser un almuerzo de lujo. 




Espero que os guste

Ingredientes (para dos personas):
160- 180 gramos de alubias blancas
Un trozo (100 gramos aprox) de chorizo de pavo de guisar
1 zanahoria mediana
Media cebolla
1 tomate mediano
1 pimiento italiano mediano
1 pastilla de caldo de carne
1 cucharada sopera de aceite de oliva
750 ml de agua, o la que necesite
Sal, ajo en polvo, pimentón dulce y comino, al gusto

- La noche anterior deberemos poner las alubias en remojo, para evitar que se nos queden duras al hacer el potaje. Se recomienda tenerlas en agua unas 10 horas.
- Al día siguiente, escurrimos las alubias y las colocamos en la olla donde vayamos a guisarlas, las cubrimos de agua y las ponemos a hervir.
- Cuando rompan a hervir, quitamos la espuma que hayan soltado, escurrimos y volvemos a colocar las alubias en la olla con agua fría, dos dedos por encima de las alubias más o menos.
- Seguidamente lavamos y picamos las verduras y las introducimos en la olla con el chorizo, el pimentón, el comino, el aceite de oliva y el caldo de carne, y salamos si fuese necesario.
- Tapamos la olla y dejamos que empiece a hervir para poder "asustar" a las alubias. Para ello sólo hace falta añadir un vasito de agua fría y romper el hervor.
- Ahora dejamos la olla tapada cociendo el tiempo que sea necesario para que la alubia quede tierna, removiendo de vez en cuando para que espese mejor y con cuidado para no romper las alubias. En mi caso lo dejé 1 hora y 15 minutos.
- Finalmente, retiramos el potaje del fuego y lo dejamos reposar unos 20 minutos.
- Servimos las alubias con las verduras y el trozo de chorizo en un mismo plato.




 Notas:
- El tiempo de cocción de la alubia dependerá de la dureza del agua que se utilice, aunque suele oscilar entre 1 hora y 15 minutos y 1 hora y 45 minutos.
- Hay quien, unos minutos antes de terminar la cocción, aparta las verduras del potaje, las pasa por la batidora y las vuelve a añadir al guiso. Es una buena opción para los peques que se resisten a comer verdura.
- Si tenéis olla rápida merece la pena usarla para preparar este potaje, pues el tiempo de cocción de la alubia se reduce hasta quedar en unos 15-20 minutos.

¡Qué tengáis un buen fin de semana! Y muchas gracias por vuestras palabras de apoyo.