Mostrando entradas con la etiqueta Salsas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Salsas. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de abril de 2016

GRATÉN DE PATATAS, VERDURAS Y SALCHICHAS



Bueno, pues con mi señor "fotógrafo oficial" trabajando unos días fuera y, en consecuencia, a falta de fotos del viaje (buenas fotos, que con el móvil nos apañamos todos...), buena es una receta pos vacacional y de aprovechamiento, ¿No os parece?
Tal y como os contaba hace unos días, mi pareja y yo hicimos una escapada de 3 días a Valencia que nos dio mucho de si. Menos de medio día nos bastó para decidir de mutuo acuerdo que queríamos descubrir la ciudad a pie, a nuestro aire,  sin horarios, sin agobios, y yendo en todo momento donde nos apetecía, aunque tardáramos un poco más. Nos alojamos en un apartamento que estaba a dos pasos de Catedral de Valencia (más de la mitad del tiempo que estuvimos en el apartamento me lo pasé asomada al balcón contemplándola, porque es una auténtica belleza), así que la tomamos como punto de referencia y partida de todos nuestros recorridos: Que si primero nos vemos todo el Centro Histórico, que si ahora nos vamos a comer por la zona del Mercado Central y de paso vemos La Lonja, que si ahora vamos a merendar una buena horchata con fartons al Mercado de Colón y volvemos paseando tranquilamente por el Jardín del Túria... Vaya, que andamos todo lo que no hemos andado en nuestra vida junto y caíamos agotados en la cama por las noches... Eso sí, agotados pero satisfechos por haber visto y hecho todo lo que teníamos planeado.
Y tan cansados terminamos que el viaje de vuelta nos pareció el doble de largo que el de ida. Vale, lo sé, es algo que nos pasa a todos, pero esta vez se nos hizo mucho más tedioso de lo normal. Quizás fue por el calor, o por la cantidad de gente que iba en el autobús, o porque eran las 2 de la tarde, o porque estábamos todavía un poco cansados, o quizás por de todo un poco, que llegamos a Barcelona y salimos zumbando del autobús, sin darle las gracias al conductor ni nada (pobre hombre, con lo majo que era...), para meternos en el tren y plantarnos en casa lo antes posible.
Mi señor novio se fue directo al sofá y en menos de 15 minutos ya lo estaba oyendo roncar, a pesar de haberse ofrecido en un principio a ayudarme con las maletas.... En fin, y yo, más que tumbarme y no hacer nada, necesitaba relajarme y descansar. Si a esto le sumamos que lo que más me relaja y me gusta del mundo mundial es cocinar, que la hora de la cena estaba cada vez más cerca y que había dejado la nevera medio vacía para no encontrarme con nada "mutante" a la vuelta del viaje, me metí en la cocina y esto fue lo que terminé improvisando: un gratén de patatas con verduras y salchichas.
Un par de patatas hermosas, unas verduras que estaban ya un poco arrugaditas, una buena salsa de tomate, unas salchichas de pavo a punto de caducar y una cantidad generosa de queso emmental, fue todo lo que utilicé para preparar este plato que no me dio apenas trabajo y que quedó muy rico.
Normalmente suelo preparar este tipo de platos (los gratineslas lasañas y los pasteles de verdura) con algo de bechamel y es por eso que, en un principio, no tenía mucha confianza en el resultado. Pero todas mis dudas se disiparon al probarlo, pues no resulta ni seco ni soso en absoluto.
Finalmente resultó un plato único bastante completo y sabroso que nos solucionó la cena la mar de bien, y todo "tirando" de despensa :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 raciones hermosas):
- 2 patatas mona lisa grandes (unos 350-400 gramos)
- 1/2 zanahoria
- 1/2 cebolla
- 1/2 pimiento verde italiano
- 2 salchichas de pavo grandes tipo frankfurt
- 4 cucharadas soperas de salsa de tomate (casero o de buena calidad)
- 50 ml de vino blanco de cocina
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 4 cucharadas soperas de queso rallado para gratinar
- Sal, orégano, pimienta negra y ajo en polvo, al gusto

- Antes de empezar, cocemos las patatas en abundante agua hasta que estén tiernas y las dejamos templar para poderlas manipular.
- Pelamos y laminamos las patatas no demasiado finas, y limpiamos y troceamos la verdura en trozos pequeños. Troceamos también las salchichas y reservamos.
- En una sartén a fuego medio con el aceite, salteamos las verduras hasta que empiecen a tomar un poco de color (unos 5 minutos aprox.), y añadimos el vino blanco para que se evapore.
- Cuando el vino se haya evaporado del todo, añadimos las salchichas, salteamos 2-3 minutos más y añadimos también la salsa de tomate, mezclandola bien. Añadimos entonces las especias, rectificamos de sal si fuese necesario y lo retiramos del fuego.
- Encendemos el horno y lo precalentamos a 220ºC en función gratinador.
- En una fuente apta para horno, procedemos a montar el gratén: empezamos por una capa de patatas y repartimos por encima la mitad del sofrito de verduras y salchichas. Cubrimos con otra capa de patatas, seguida del resto del sofrito, y terminamos con otra capa de patatas y una cantidad generosa de queso rallado (debe cubrir todas las patatas).
- A continuación, introducimos la fuente en el horno precalentado durante unos 10-12 minutos, o hasta que el queso se haya dorado lo suficiente.
- Para terminar, apagamos el horno, sacamos el gratén, lo dejamos templar un poco y lo servimos en porciones de tamaño ración.




Notas:
- Obviamente, si preparamos este plato con patatas fritas queda mucho más rico, pero también resulta más calórico. Si no tenéis problemas con el peso y/o con la salud adelante, os lo recomiendo.
- No es necesario añadirle sal a las patatas, pues el queso y el sofrito de verduras y salchichas ya tiene potencia suficiente.
- Este gratén también queda de maravilla preparando el sofrito con restos de pollo asado, tacos de bacon, de jamón, de chorizo, con atún, sólo con verduras, etc. Para gustos, colores.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado la receta.
¡Gracias por seguir ahí, y felicísimo fin de semana!
Fotos: Marc RT Studios

jueves, 31 de marzo de 2016

JUDÍAS EN TOMATE CON PATATAS



Bueno, como siempre dice mi madre,"éramos pocos y parió la abuela"...Si ya voy un poco (por no decir BASTANTE) apurada con el blog últimamente, lo único que me faltaba es que blogger se pusiera a hacer de las suyas. Sí, caprichoso él, no sé qué diantres le habrá pasado últimamente, pero
me ha ido dejando leer los comentarios con cuentagotas y todavía sigue sin registrarme los +1. Sé que a algun@s de vosotr@s os han pasado antes cosas similares y que, según me comenta el personal del Servicio de Ayuda de Blogger, es algo momentáneo que están solucionando, pero yo me resisto a quedarme tranquila y paciente del todo. Quizás por ser la primera vez, o quizás por otras tantas cosas que me han hecho acumular más estrés últimamente, pero pienso seguir con la mosca detrás de la oreja hasta que esté solucionado del todo y pueda volver a leer, responder, comentar y compartir todo lo que se me antoje, como se me antoje y cuando se me antoje. Vaya, sólo faltaría eso, que empezara a fallarme aquello que más me ayuda a evadirme y desconectar... no, no y no.
Así que, con toda la la tozudez y cabezonería del mundo, hoy os traigo una de esas recetas a las que más cariño le tengo y que llevo queriendo publicar hace ya varios meses.
Cómo much@s ya sabréis, mi abuelo, que en paz descanse, era payés, y por eso tuve la gran suerte de crecer disfrutando de verduras "de verdad". Cuando digo "de verdad", me refiero a verduras y hortalizas totalmente ecológicas, criadas al sol, con mucho mimo y respetando sus tiempos; Tomates, pimientos, berenjenas, calabacines, lechugas y demás, que sabían y olían a lo que eran y no a lo que nos quieren vender ahora que son. Vaya, un auténtico lujo para la vista, el paladar y la salud.
Gracias a esto, en mi casa nunca necesitábamos comprar conservas de verduras, pues era mi abuela quien se encargaba de prepararlas usando los excedentes de verduras o aquellas que eran demasiado "feas" para la venta: tomate natural, tomate frito, pisto, etc. Raro era el año en el que la mujer no dejaba listos suficientes botes como para pasar todo el invierno. Ya sabéis, las abuelas y su manía de alimentar a regimientos enteros...
Usando únicamente uno de esos botes de tomate natural, judías cocidas, unas patatas (también del huerto, por supuesto) y cualquier otro ingrediente que se pudiera aprovechar (unos restos de carne a la plancha o de carne de cocido, por ejemplo), mi abuelo y mi abuela se turnaban para preparar este plato al que, hasta día de hoy, nunca le habíamos puesto nombre, pero que desde siempre nos ha gustado muchísimo a todos: Judías en tomate con patatas.
Como más me gustaba (y me gusta) a mi era con restos de carne del cocido, pero recuerdo disfrutar de lo lindo con ese "factor sorpresa", pues, como ya os he dicho, el ingrediente o ingredientes extra variaban en función de lo que tuvieran mis abuelos en la nevera y nunca sabía qué iba a ser ese día hasta que se servía en la mesa. Y ya me veíais a mi, tenedor y rebanada de pan en mano, sentada en mi sitio y esperando como si de un gran concierto se tratara... Preciosos recuerdos.
En fin, sin más preámbulos, os dejo con la receta básica de las judías con tomate y patatas de mi casa, un plato sencillo, barato, sano, completo y riquísimo que no os dejará indiferentes, os lo aseguro.
Si no, probadlo y me contáis ;)




Ingredientes (para 2 personas):
- 400 gramos de judías blancas cocidas (1 bote)
- 350 gramos de tomate triturado natural (1 bote aprox.)
- 1 cebolla mediana
- 2 patatas medianas (300 gramos aprox.)
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 100 ml de vino blanco de cocina
- 1 pizca de azúcar
- Sal, ajo en polvo, pimienta negra y perejil picado, al gusto.

- Empezamos escurriendo y lavando bien las judías. Las colocamos en una fuente grande y reservamos.
- Aparte, ponemos a cocer las patatas enteras, las dejamos enfriar, las pelamos y las troceamos a dados no muy grandes. Reservamos.
- Limpiamos y picamos muy menuda la cebolla y la sofreímos en una sartén a fuego medio con el aceite.
- Cuando la cebolla empiece a transparentar, añadimos el tomate, la pizca de azúcar, la sal y las especias, y cocinamos todo hasta que haya reducido casi a la mitad.
- Cuando la salsa haya reducido, le añadimos el vino y dejamos y dejamos que también se evapore.
- Seguidamente, añadimos los dados de patata y las judías, removemos y cocinamos bien todo junto durante 3-4 minutos, y retiramos del fuego.
- Para terminar, rectificamos de sal si fuese necesario y servimos templado, espolvoreado con un poco más de perejil si se desea.




Notas:
- Para ahorrar tiempo, siempre podéis recurrir a una salsa de tomate o pisto estilo casero ya cocinada. El resultado es también muy rico, sobretodo si la salsa es de calidad.
- Las judías se pueden sustituir perfectamente por otra legumbre a elección. Con garbanzos, por ejemplo, también queda de maravilla.
- Podemos freír las patatas en vez de cocerlas y/o rematar este plato con un huevo frito, unas salchichas, unas tiras de panceta bien dorada, etc. De este modo resulta un plato todavía más sabroso y completo, pero bastante más calórico. Eso si, os recomiendo no prescindir nunca del pan, puesto que la salsa lo requiere.
- Estas judías están ricas tanto frías como calientes y, si no os excedéis con la salsa, resulta un plato ideal para llevar el el táper.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado y que la vuelta a la rutina no se os esté haciendo muy cuesta arriba. Aunque, bueno, a las puertas del fin de semana, todo se ve con más optimismo, ¿Verdad?
¡Mil gracias por seguir ahí!

jueves, 3 de marzo de 2016

LOMO CON SALSA DE ZANAHORIA Y CEBOLLA AL VINO BLANCO



No soy vegetariana ni nada por el estilo, pero si es verdad que en los últimos 4-5 años he venido reduciendo mi consumo de carne de una manera bastante significativa. ¿Motivo? Ninguno en concreto y muchos en particular.
Cuando te gusta tanto cocinar y empiezas a indagar un poco más en cuanto a culturas gastronómicas, tendencias alimenticias, tipos de dieta y demás, empiezas casi sin querer a forjarte una opinión u opiniones al respecto y quedarte con ventajas de esto, desventajas de lo otro, evidencias de ambas cosas... En fin, en mi caso, tengo muy claro lo que me ha llevado a ello...
Comer carne en exceso (cosa que venimos haciendo sin control desde hace muchos años) es perjudicial tanto para nuestra salud como para la del planeta en general. Las granjas contaminan de manera exagerada y los animales que se crían en ellas necesitan cantidades desproporcionadas de agua y comida, cosa que sabemos que, a la larga, no es sostenible. Además, el consumo de carne resulta la excusa perfecta para justificar el sufrimiento de miles y millones de animales que son criados única y exclusivamente con antibióticos, conservantes, hormonas, y una larga lista de sustancias que, por supuesto, terminamos ingiriendo los humanos y que no nos hacen ningún bien.
A corte más personal, reducir la cantidad de carne que como me ha servido como excusa para descubrir nuevas y deliciosas recetas y blogs (por ejemplo, al gran Carlos y a mis queridísimas Pilar y Silvina, entre otros) que me han ayudado a que mi dieta sea lo más equilibrada y variada posible, es decir, disfrutando de lo que como y sin carencias de nutrientes.
Además, he de reconocer que siempre he sido más de pescado que de carne y que, cuando no como carne o como muy poca, me siento mucho más ligera y con más energía. ¿Coincidencia? No lo creo.
Si hablamos de carne ecológica (sin que ello sirva como excusa, claro está) el asunto cambia un poco. La carne de procedencia ecológica es bastante más cara que la industrial, ya que los procesos artesanales que conlleva aumentan los costes de producción, pero sus ventajas son incomparables: Animales criados de forma natural, una carne mucho más rica en nutrientes, un sabor mucho más auténtico y rico, y un consumo consciente de aquello que realmente somos capaces de producir y sustentar. Dicho así, consuela un poco, pero no del todo, al menos a mí...
Pero, como cambiar las costumbres de las personas de un día para otro es casi misión imposible (los míos siguen siendo muy carnívoros) y que de vez en cuando no es un pecado mortal caer en "las tentaciones de la carne", en casa siempre intento cocinarla de manera sencilla y ligera, y opto por acompañarla con otros alimentos que nos ayuden a la hora de digerirla y que conviertan el conjunto en un plato lo más sano y completo posible.
Tenía muchas ganas de probar la salsa de zanahoria y cebolla tan popular en la red para acompañar carnes y pescados, así que, teniendo unos filetes hermosos de cabeza de lomo y el resto de los ingredientes a mano, me lancé hará cosa de una semana con la receta, y este ha sido el resultado.
Una salsa muy sencilla y que está para chuparse los dedos y mojar mucho pan, y que pienso repetir en breve para acompañar un montón de cosas que tengo en mente. Sin duda, os la recomiendo.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 4 filetes de cabeza de lomo de cerdo medianos (unos 150 gramos cada uno)
- 1 cucharada sopera rasa de aceite de oliva
- Sal y pimienta, al gusto

Para la salsa:
- 2 zanahorias medianas (150 gramos aproximadamente)
- 1 cebolla mediana (100 gramos aproximadamente)
- 2 dientes de ajo
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
- 1/2 vaso de vino blanco de cocina (125 ml aproximadamente)
- 1/2 pastilla de caldo de carne
- Sal, perejil picado y pimienta, al gusto

- Antes de empezar, limpiamos bien la carne y le quitamos el exceso de grasa que pueda tener, salpimentamos y reservamos.
- En una plancha o sartén a fuego medio-alto con una cucharada de aceite, doramos la carne por ambos lados (3-4 minutos por lado) y la reservamos.
- Seguidamente, limpiamos y picamos muy menudo la zanahoria, la cebolla y el ajo.
- En una sartén a fuego medio y con una cucharada de aceite, doramos el ajo y añadimos también la cebolla y la zanahoria. Salteamos todo unos 5 minutos.
- Pasados los 5 minutos, añadimos el caldo de carne, el vino y las especias, bajamos el fuego y dejamos reducir hasta que el líquido se haya evaporado casi por completo (unos 10 minutos aproximadamente). Retiramos.
- Una vez las verduras estén templadas, las pasamos al vaso de la batidora y las batimos hasta que queden como un puré fino.
- Por último, colocamos la carne en una sartén a fuego muy bajo, añadimos inmediatamente la salsa y calentamos el conjunto unos instantes antes de servir. 




Notas:
- Si os gusta la salsa más fina, siempre podéis colarla y eliminar del todo los grumos, aunque apenas se notan.
- Ojo con añadir demasiada sal, pues el caldo de carne ya lleva bastante cantidad. Os recomiendo probar la salsa antes de hacerlo.
- En este caso, acompañamos el lomo con unas patatas baby enteras hechas en el horno y mojadas en la misma salsa de la carne, pero con una guarnición de arroz blanco o salteado con ingredientes vegetales, una pasta del mismo estilo o las mismas patatas especiadas al horno también resulta un plato equilibrado y riquísimo. Para gustos, colores.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado tanto como a nosotros.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz resto de semana!
Fotos: Marc RT Studios

lunes, 15 de febrero de 2016

MILHOJAS DE BERENJENA Y BOLOÑESA



Muchas veces, y sobretodo mientras cocino, no puedo evitar echar la vista atrás y preguntarme una y otra vez eso que todos los que amamos la cocina nos hemos preguntado alguna vez: Y a mi, ¿Por qué me gusta tanto cocinar? ¿Por qué la cocina, y no la pintura, el baile, la lectura...?
Muchos psicólogos afirman que muchas veces elegimos nuestros hobbies sin querer. Esto significa que, si una actividad logra alejarte de tus preocupaciones y del estrés y te relaja mucho más que otra, tu mente hará que te decantes por aquella que realmente le proporciona placer. Y eso resulta, amig@s míos, muy beneficioso para nosotros pues, en función de la actividad que realicemos, estaremos más sanos física y/o emocionalmente. Alucinante, ¿Verdad? La mente humana es maravillosa...
Pues sí, la cocina me recrea, me relaja, me ayuda a evadirme y a concentrarme y, en definitiva, me satisface muchísimo. Además, al haber crecido entre fogones (primero por obligación y enseguida por devoción), la cocina consigue trasladarme a esos momentos imborrables y tan felices de mi pasado alrededor de unos fogones o alrededor de una mesa, y eso hace que lo disfrute el doble.
Hace ya algún tiempo os explicaba que, cuando era pequeña y mi abuelo aún vivía, tenía un pequeño huerto a unos escasos tres kilómetros de casa al que siempre le sacaba el máximo provecho, pues no había estación en la que no plantara algo. Qué pimientos, qué tomates, qué berenjenas, qué lechugas... Eso sí que eran verduras de verdad. Jamás he vuelto a comer unas verduras con un sabor, un color y un aroma similar, ni de lejos, y que me disculpen el resto de payeses del mundo, pero es mi humilde y sincera opinión.
Por supuesto, cada fruta/verdura acabó teniendo un recopilatorio más o menos extenso de recetas donde era la protagonista y del que todavía echamos mano cuando nos faltan ideas.
Con las berenjenas, por ejemplo, mi abuela preparaba un pisto delicioso que lo mismo nos servía para preparar un plato de pasta que para comernoslo tal cual, acompañado de un huevo frito y mucho pan.
A mi abuelo, que en paz descanse, le encantaban las berenjenas cortadas bien finas, fritas y muy crujientes. ¿Habéis probado alguna vez el bocata de berenjenas fritas? Vale, ligero precisamente no es, pero es un auténtico manjar, aunque no lo parezca.
Mi madre, en cambio, siempre ha apostado por preparaciones más elaboradas y contundentes como los libritos de berenjenas, las berenjenas rebozadas y las clásicas berenjenas rellenas.
Y yo... Pues a mi me gusta investigar, coger ideas de aquí y de allá y de vez en cuando preparar platos con esa esencia tradicional, de toda la vida, pero adaptados a los tiempos que corren.
Hace mucho tiempo que vi estas milhojas de berenjenas en la sección de cocina de una revista local y tenía muchas ganas de prepararlas. Aunque la receta original era un poco más contundente, pues la berenjena iba frita y el relleno era a base de carne picada y bacon, la he adaptado un poco a nuestros gustos y he intentado reducir un poco la cantidad de grasa de la receta. Y, oye, no sé cómo sabrían las milhojas originales, pero os aseguro que estas están para relamerse, no son nada pesadas y, por si tenéis niños poco amantes de las verduras en casa, se pondrán las botas a berenjenas sin darse ni cuenta, os lo aseguro. Tenéis que probarlas.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 1 berenjena grande (300 gramos aproximadamente, unas 18 rodajas)
- 200 gramos de tomate frito de calidad
- 1/2 cebolla
- 2 salchichas de cerdo frescas
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 75 gramos de queso rallado especial para gratinar
- Sal, ajo en polvo, pimienta y perejil picado, al gusto

- Para empezar, cortamos la berenjena en rodajas no muy finas, las disponemos sobre un escurridor, añadimos bien de sal y las dejamos sudar unos 20 minutos. Pasado este tiempo, las lavamos para eliminar la sal.
- En una sartén a fuego medio-alto y con un poco de aceite de oliva, vamos haciendo las rodajas de berenjena hasta que estén tiernas y se hayan dorado un poco. Reservamos.
- Limpiamos y picamos la cebolla, y picamos también muy menudo la carne de las salchichas.
- En otra sartén a fuego medio con la otra cucharada de aceite, doramos la cebolla junto a la carne de salchichas, sin dejar de remover para que se desmenuce bien.
- Una vez lo tengamos listo, añadimos el tomate frito, el ajo y la pimienta, damos un par de vueltas y retiramos del fuego. Rectificamos de sal si fuese necesario.
- Antes de seguir, precalentamos el horno a 210ºC, en función gratinador.
- Ahora procederemos a montar las milhojas: En una bandeja de horno untada con un poco de aceite, colocamos una rodaja de berenjena como base, añadimos una cucharada hermosa de sofrito, otra rodaja de berenjena, otra cucharada de sofrito, otra rodaja de berenjena, y terminamos con el sofrito y una buena porción de queso rallado. Hacemos lo mismo hasta terminar con toda la berenjena y el sofrito.
- Gratinamos en el horno a 210ºC durante unos 10 minutos, o hasta que tenga el dorado deseado.
- Sacamos, dejamos templar unos minutos y servimos inmediatamente, espolvoreadas con un poco de perejil picado.




Notas:
- Si véis que las rodajas de berenjenas no os quedan muy tiernas al pasarlas por la plancha, podéis ayudaros añadiendo una cucharada de agua sobre las berenjenas mientras están en la sartén y dejando que se evapore.
- Para incluir todavía más cantidad de verdura en la receta, podéis optar por usar pisto en vez de tomate frito aunque, en este caso, si que os recomiendo que sea casero.
- Con carne picada, chorizo, restos de pollo, atún... Cualquier proteína que nos guste puede servir perfectamente como relleno de estas milhojas.


Nada más por ahora. Espero que os haya gustado.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz inicio de semana!
Fotos: Marc RT Studios

sábado, 16 de enero de 2016

SALTEADO DE GIGLI Y CHAMPIÑONES



Una buena compañera mía se va un tiempo a estudiar a Alemania y, cuando nos volvemos a ver, me trae unos caramelos típicos de la zona; Otra buenísima (la mejor, diría yo) amiga hace una escapada a Berlín, y me trae una caja de bombones y un bote de chucrut artesano que quitan el sentido; Mis padres se van de viaje de aniversario a las Islas Canarias, y me traen tres botes de mojo picón (suave, picante y de cilantro) que estaban para comérselos a cucharadas; Y mis suegros, cada vez que hacen una escapada a Italia, acostumbran a traerme dos bolsones de pasta artesana, de esa que incluso viene envasada en una bolsa de papel marrón y se cuece en un suspiro, y un bote de 1 kilo de Nutella.
Sí, no lo puedo remediar, me he convertido en una "guiri" gastronómica. Tanto si soy yo la que viajo como si son los demás los que se acuerdan de mi, los souvenirs que más me gustan no son aquellos que te pasas viendo el resto de tus días en el mueble del salón, o enganchados en la puerta de la nevera, o incluso colgados en la pared del salón. Para mi, la mejor manera de prolongar y recordar un viaje y sus sabores y compartirlo con nuestros seres queridos, es a través de la gastronomía. Si un viaje ha sido inolvidable, qué mejor que continuarlo en nuestra propia cocina llenando la maleta de souvenirs gastronómicos auténticos, de esos que se escapan de la afluencia turística y que son pequeñas joyas autóctonas difíciles de encontrar fuera del destino... Un lujo. Sin duda, los souvenirs con sabor son los mejores.
Bueno, a lo que iba, que me enrollo más que una persiana.
Desde que conozco a mis suegros, han debido visitar Italia unas 6 o 7 veces, tirando por lo bajo. Es un país que les encanta y que casi siempre les coge de escala en todas las escapadas por Europa que hacen, así que lo visitan con relativa frecuencia y lo conocen bastante bien. Mi suegra, una mujer que disfruta de lo lindo comprando souvenirs para ella y para los suyos, siempre se acuerda de mi y me compra algún (o algunos, que no es ella de racanear) producto típico del lugar. La última vez visitaron Génova y Savona, y se presentó en casa con dos bolsones de pasta ecológica artesana, unos Gigli y unos Mafalde Lunghe que han sido, hasta la fecha, la mejor pasta que he comido nunca. Me han regalado pasta artesana en otras ocasiones, pero ninguna como esta. Qué aroma al abrir la bolsa, qué color, qué rapidez de cocción, qué textura tan perfecta, y qué sabor más rico... Deliciosa.
Ah, y también le regalaron a mi catador un bote enorme de Nutella, pero eso ya es de rigor, prácticamente...
Tenía tantas ganas de probar mi "souvenir" que al día siguiente preparé este plato de pasta con lo que tenía por la nevera: una bandeja de champiñones, un poco de tomate natural, una cebolla, ajo y perejil, y poco más. resultando un salteado sencillo que nos solucionó la comida y que me sirvió para quitarme el antojo y conseguir precisamente lo que quería, que ese sabor tan auténtico de la pasta no pasara a un segundo plano a causa de una mala elección del acompañante.  Acerté, y estoy encantadísima de enseñaros el resultado.
Espero que os guste.




Ingredientes (para 2 personas):
- 180 gramos de Gigli (pasta corta típica de Génova)
- 150 gramos de champiñones laminados
- 100 gramos de tomate natural triturado
- 1/2 cebolla
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave.
- 1 chorrito de vino blanco de cocina (50 ml aprox.)
- Una pizca de azúcar
- Sal, ajo y perejil picados, al gusto

- Comenzamos cociendo la pasta según las instrucciones del fabricante. En este caso, con 5 minutos es más que suficiente. Escurrimos y reservamos.
- Limpiamos y picamos la cebolla, y la salteamos un poco en una sartén con el aceite a fuego medio. Cuando empiece a transparentar, añadimos también los champis y dejamos que suelten todo su agua.
- Cuando el agua de los champis se haya evaporado casi por completo, añadimos el tomate, el azúcar y el vino. Salamos, añadimos las especias y dejamos reducir unos 6-8 minutos a fuego medio, moviéndolo cada minuto.
- Pasado este tiempo, añadimos la pasta que habíamos reservado a la sartén, retiramos del fuego, salteamos unos instantes y servimos inmediatamente, tal cual o espolvoreado con perejil picado o con queso rallado.




Notas:
- Para conseguir un plato de pasta todavía más sabroso y completo,podemos añadirle unos tacos de bacon, de jamón york, atún, salchichas... Para gustos, colores.
- Aunque de un día para otro también está rico, es mejor degustar este plato de pasta recién hecho, pues la pasta artesana pierde sabor y textura con relativa rapidez.


¡Millones de gracias por seguir ahí, y feliz fin de semana!

martes, 1 de diciembre de 2015

MACARRONES A LA BOLOÑESA DE SALCHICHAS



Si de nuestra última escapada por tierras francesas volvíamos con las pilas totalmente recargadas y el optimismo por las nubes, esta vez, y muy a nuestro pesar, no podemos decir lo mismo. Han sido... como decirlo... unas vacaciones intensas, o más bien agotadoras, o más bien complicadas o, en ciertos momentos, todo a la vez. Por varios motivos que ya no vienen al caso, no hemos podido disfrutar de la familia y del lugar ni la mitad de lo que nos hubiera gustado, y eso ha hecho que volvamos a la rutina con la sensación de haber disfrutado poco, de no haber descansado e incluso con cierta sensación de desilusión... En fin, como siempre, intentaremos quedarnos con lo bueno, con esos desayunos a base de café y churros con la familia, los paseos por la playa, el tapeo tardío en las terracitas de invierno y las cenas a base de pan con manteca colorá... Ya habrán otros años, otras circunstancias y los mismos rincones llenos de encanto esperando a que volvamos para descubrirlos y disfrutarlos. Y digo esto porque el tiempo que pudimos dedicar a "turistear" un poco, lo aprovechamos al máximo y nos dejamos caer por lugares como Cádiz, El Puerto de Santa María, Tarifa, las Playas de Bolonia, etc. Una ruta por los pueblos con más encanto de la costa gaditana que os recomiendo que hagáis por lo menos una vez en la vida, si tenéis la oportunidad. Sus paisajes, su clima, su arquitectura, sus gentes, su gastronomía... Lugares que enamoran por éstas y por mil razones más, doy fe.
En fin, como veis, el que no se consuela es porque no quiere.
Habiendo aterrizado en Barcelona a las tantas de la tarde del día anterior, con la nevera medio vacía debido a nuestra ausencia y con todavía con bastante cansancio encima, tenía claro que ese domingo comeríamos pasta. Pensándolo bien, ¿quién no ha recurrido a un plato sencillo a base de pasta cuando no se tiene tiempo, o ganas de cocinar, o ambas cosas a la vez? Yo no soy de las que levantaría la mano precisamente. Además, suelo incluir por costumbre una receta de pasta de manera semanal en nuestro menú, y la semana pasada, a fecha de domingo, todavía no lo había hecho. Para rematar, vivo con una auténtica máquina de devorar pasta, plato tras plato, sin piedad, y sea como sea que esté cocinada, "pero con mucho queso" como me pide siempre el señor. Y como me encanta verlo comer y disfrutar haciéndolo, sus deseos son órdenes para mi.
Esta vez recurrí a una receta tan clásica y tan rica como son los macarrones a la boloñesa, pero con un toque distinto que nos gustó mucho, diría que incluso más que la receta original. En vez de carne picada, la última vez que estuve en mi carnicería de confianza compré una especie de preparado cárnico que se suele emplear como relleno para elaborar salchichas frescas. Es una picada de aspecto muy similar a la carne picada tradicional, pero que se envasa ligeramente condimentada, es un pelín más grasa y mucho más compacta. Esto hace que, a la hora de cocinarla, requiera más "meneo" para evitar que quede una boloñesa muy grumosa y con exceso de grasa, pero el resultado es una salsa deliciosa, nada complicada y que, acompañando a la pasta, resulta un plato la mar de completo. Y con un poco de queso en polvo por encima, ya ni os cuento... Se me hace la boca agua.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 180-200 gramos de macarrones
- 200 gramos de preparado de carne para salchichas frescas
- Media cebolla
- Media zanahoria
- 1 pimiento verde italiano pequeño
- 200 gramos de tomate frito de calidad
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- Un chorro de vino blanco
- Ajo en polvo, orégano, pimienta y sal, al gusto

- Comenzaremos cociendo los macarrones según las instrucciones del fabricante. Reservamos.
- Limpiamos y picamos muy menudo la cebolla, la zanahoria y el pimiento.
- En una sartén a fuego medio, calentamos las dos cucharadas de aceite y sofreímos la cebolla hasta que transparente. Añadimos entonces el pimiento y la zanahoria y pochamos unos 5 minutos más.
- Pasado este tiempo, añadimos la carne de salchichas y vamos removiendo sin parar, deshaciendo bien la carne para que quede similar a la carne picada.
- Una vez la carne haya cogido color, añadimos las especias y el vino y dejamos reducir casi por completo. Añadimos entonces el tomate frito, lo mezclamos bien durante un par de minutos y retiramos del fuego.
- Para servir, repartimos la pasta en dos platos hondos, añadimos la salsa por encima y espolvoreamos con queso rallado a nuestra elección.




Notas:
- Si os gusta la pasta gratinada, os recomiendo colocar los macarrones en una bandeja de horno, cubrirlos con la salsa y una buena cantidad de queso rallado y gratinarlos en el horno unos 5 minutos a máxima potencia (240-250ºC). 
- Si acompañáis este plato de pasta con una ensalada de hoja verde, unas verduras a la plancha, un puré de verduras, etc., disfrutaréis de una comida todavía más completa y deliciosa.

Nada más por ahora, espero que os haya gustado.
¡Mil gracias por seguir ahí!

martes, 17 de noviembre de 2015

ROPA VIEJA CON MENESTRA




"Si hay algo que me gusta de la pizza es que siempre hay mucha gente en casa, estamos juntos y me lo paso super bien. Eso es lo que más me gusta de la pizza... Como en casa, en ningún sitio."

Así termina el nuevo anuncio de una conocidísima marca de pizzas frescas y charcutería de nuestro país. Una niña, guapísima por cierto, y que no debe tener más de 10-12 años, afirma darle más importancia al hecho de compartir una pizza con los suyos que a comerse la pizza en si. Vale, todos estamos de acuerdo que detrás de este tipo de campañas hay muchísimo márketing y, por consiguiente, muchas ganas de vendernos la moto, pero si lo que pretendían con el dichoso anuncio era tocarnos la fibra sensible, conmigo lo han conseguido (un poco, sin exagerar...). Y lo ha hecho porque me he visto reflejada en él.
Seguro que no soy la única persona en el mundo que disfruta más comiendo unos platos que otros, todo por el simple y maravilloso hecho de estar ligados a algún buen recuerdo, o a varios, o a que todavía seguimos compartiendo y disfrutando en familia.
Que si el lunes toca lentejas, que si el martes toca pasta, que si el miércoles toca estofado... Escenas de familias enteras alrededor de una mesa disfrutando del plato del día, que algunos pueden haber estado esperando con ansias toda la semana y otros todo lo contrario, pero siempre haciéndolo con los nuestros, hablando, comiendo, compartiendo y disfrutando. Ay, si fuéramos realmente conscientes de la importancia y los beneficios que tiene comer el familia (forjar relaciones, aprender valores, tener hábitos alimenticios más saludables...), intentaríamos buscar un hueco más a menudo para hacerlo.
Por eso, en mi familia, cada vez que coincidimos en horarios y tenemos la oportunidad de comer juntos, no nos lo pensamos dos veces. La mayoría de veces lo hacemos en casa de mi abuela, una mujer que siempre ha disfrutado muchísimo cocinando para todos nosotros y viéndonos disfrutar alrededor de su mesa.
La última vez que nos reunimos fue la semana pasada, nada más y nada menos que para zamparnos un buen cocido andaluz, y... ¡madre de dios bendito! ¿Habéis escuchado alguna vez ese mito de que, a las abuelas, por mucho que coman sus nietos, nunca les parece suficiente? Pues en mi caso se cumple a rajatabla. Qué rico estaba, con sus verduras, sus patatas, sus garbanzos y su pringá, pero cómo llegamos a comer, una auténtica barbaridad... Por suerte, es algo que sólo repetimos muy de vez en cuando, sinó a estas alturas ya no caminaríamos, nos desplazaríamos rodando, doy fe...
Pues aún así, después de todo el festín de caldo y de pringá, sobró "comida de puchero". Si hay una regla que se sigue al pie de la letra en mi casa, esa es la de no tirar la comida que se pueda aprovechar, y una buena muestra de ello es la cantidad de recetas de aprovechamiento que os he ido enseñando desde que empecé mi andadura por el mundo blogger. Puede parecer una tontería, pero disfruto como una cría abriendo la nevera, reuniendo todos los restos de alimentos que encuentre, y haciendo con ellos un plato "reciclado" pero rico.
Con el caldo, mi abuela hizo botes para congelar y poder usar en otros muchos platos. La carne la repartimos a ojo de buen cubero, y yo terminé llevándome a casa unos buenos trozos de gallina y de tocino.
¿Y cuál es la receta de aprovechamiento más emblemática, tradicional y deliciosa del puchero? Sin duda alguna, la ropa vieja. Con sofrito, con salsa de tomate, con verduras, con más patatas o menos, con garbanzos o sin ellos... Por supuesto, no hay dos recetas iguales de ropa vieja, y es que todo depende del gusto de los comensales y, sobretodo, de los ingredientes que sobren. Por eso, merece la pena preparar cocido en cantidad para que sobre y poder "rellenar" el menú del día siguiente.
En este caso, yo combine la carne y las patatas con unos restos de menestra de verduras que no daban para mucho más y una base de cebollita y salsa de tomate, para que fuera un plato más completo y sabroso. Y lo fue, tanto que nos pusimos mano a mano mi catador y yo, rebanadas de pan en mano, y no sobró nada. La verdad es que quedó riquísimo.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 200 gramos de resto de carne de puchero (gallina, pollo, ternera, tocino...)
- 250 gramos de menestra de verduras
- 1 patata grande del puchero
- 200 gramos de tomate frito casero
- Media cebolla
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- Un chorrito de vino blanco
- Sal, ajo en polvo, perejil picado y pimentón, al gusto

- Para empezar, cocemos la menestra de verduras 10 minutos en agua hirviendo. Retiramos, escurrimos y reservamos.
- En un bol, limpiamos y desmenuzamos la carne de cocido. Añadimos también la patata picada y reservamos.
- Picamos la cebolla muy menuda y la sofreímos 3-4 minutos en una sartén a fuego medio-alto con el aceite. Seguidamente, añadimos el tomate frito y le damos unas vueltas.
- Añadimos entonces la carne con la patata picada, la menestra y el chorrito de vino blanco. Añadimos también la sal y las especias al gusto, y dejamos reducir a fuego suave unos 4-5 minutos.
- Apagamos el fuego, dejamos reposar unos minutos y servimos la ropa vieja todavía caliente.




-Notas:
- El encanto de la ropa vieja reside en prepararla con los ingredientes que son típicos del cocido de cada lugar. Por ejemplo, la ropa vieja canaria se suele preparar con mucha más cantidad de patata, la madrileña con repollo y carne de morcillo, la andaluza con garbanzos, etc.
- Por supuesto, los restos de cocido también pueden emplearse para preparar otras deliciosas recetas como croquetas, relleno para sandwiches, pasteles salados... Imaginación al poder.


Espero que os haya gustado.
Mil gracias por seguir ahí, y feliz ecuador de la semana :)

lunes, 21 de septiembre de 2015

CALAMARES EN SALSA CON ARROZ



¡Qué bonita es la cocina de circunstancia!
Un buen día te levantas, de mejor o peor humor y, después de medio asearte, de recoger un poco la casa y de tomarte un café tan fuerte que te hace el mismo efecto que si te lo hubieran inyectado en vena, vas a la cocina, te pones el delantal, abres la nevera y te dispones a preparar algo decente para la comida: Un yogur por aquí, algo de embutido por allá, un pimiento solitario, media cebolla pelada, dos tomates, un culín de leche... Si, podrías preparar alguna de esas recetas de aprovechamiento que tanto te gustan y que de tantos apuros te han sacado, pero hoy tu imaginación no está para tirar cohetes y tampoco tienes ganas de complicarte demasiado. Así que, después de varios intentos fallidos, despiertas a tu catador, os vestís y os vais a la compra.
-"Pues a mi el cuerpo me pide algo de pescado...".
-"Pues venga señor, tira para la pescadería, que ya somos dos. A ver... ¡Mira, los calamares de oferta! ¿Te apetecen?"
-"No era lo que tenía en mente, pero con lo ricos que los haces, con su salsita y su arroz, no te diría que no...".
...
Y así fue como, por esas cosas del destino caprichoso, comimos calamares en salsa hace ahora tres días. Una receta muy tradicional, pero también muy sencilla de elaborar y que gusta a (casi) todos, especialmente a los más pequeños de la casa. Doy fe de ello, porque cuando era un enana me zampaba los calamares en salsa de mi madre la mar de a gusto e incluso repetía si se podía, así que ya os podéis imaginar.
Es cierto que no siempre tenemos la oportunidad de conseguir calamares frescos y de buena calidad. La mayoría de veces son, o bien descongelados o, en el peor de los casos, anillas o rabas ya cortadas y limpias. Sea cual sea el tipo de calamar que empleemos, la receta merece la pena, porque quizá el calamar no resulte tan tierno y sabroso si no es fresco, pero igualmente os quedará un plato para mojar pan. Y si además lo acompañamos de un arroz blanco bien preparado, suelto y en su punto, tendremos lista una comida deliciosa y la mar de completa en muy poco tiempo y con muy poco trabajo.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 350 gramos de calamares limpios y troceados
- Media cebolla
- 2 cabezas de ajo
- 1 pimiento italiano pequeño
- 2 cucharadas soperas de tomate triturado
- Medio vaso de vino blanco
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- Sal, pimienta negra y romero, al gusto

Para acompañar:
- 80-90 gramos (en seco) de arroz basmati cocido por persona.

- Primero, limpiamos y troceamos los calamares, aunque podemos pedirle al pescadero que nos lo haga y así ahorrarnos trabajo.
- Limpiamos y troceamos la cebolla, el ajo y el pimiento, y reservamos.
- En una sartén a fuego medio con el aceite, añadimos el ajo, damos unas vuelas y añadimos también la cebolla y el pimiento. Saltemos durante 4-5 minutos y añadimos también el tomate y los calamares.
- Cuando los calamares hayan perdido la mitad de su agua, añadimos el vino, la sal y las especias, y dejamos reducir unos 10 minutos aproximadamente.
- Ahora, podemos preparar el arroz cocido como acostumbremos a hacerlo, aunque ya podemos tenerlo listo de antemano.
- Una vez la salsa haya reducido a la mitad, apagamos el fuego, retiramos los calamares y los servimos inmediatamente sobre el arroz cocido.




Notas:
- Si tenéis oportunidad, pedidle a vuestro pescadero de confianza que os limpie los calamares y os los trocee, así os ahorraréis una parte considerable de trabajo.
- Para esta receta también se pueden utilizar chipirones e incluso sepia y resulta un plato igual de sabroso.
- El acompañamiento clásico para los calamares en salsa suele ser el arroz, porque resulta muy suave y no le quita protagonismo al calamar. Aun así, también podéis acompañarlos de patatas fritas, al horno, puré de patata, cous-cous, etc. Para gustos, colores.

Espero que os haya gustado mi propuesta de hoy y que hayáis tenido un buenísimo inicio de semana.
¡Millones de gracias por seguir ahí!

jueves, 13 de agosto de 2015

ENSALADA DE PASTA, LA REINA DEL TUPPER

 


La reina del tupper y del verano, por supuesto. Y es que la ensalada de pasta es una comida ideal para un día de campo o playa, cuando va llegando el calor y el cuerpo nos pide salir a disfrutar del buen tiempo, de nuestro entorno, y si es en buena compañía, mejor que mejor.
A mi, la ensalada de pasta me trae muy buenos recuerdos. Cuando era pequeña y nos juntábamos toda la familia para ir a pasar el día en la playa o en la piscina, mi madre se dedicaba la noche anterior a preparar comida para un regimiento: indispensables la tortilla de patatas, los filetes empanados, los pimientos fritos y, por supuesto, la ensalada de pasta. Para que os hagáis una idea, nos hartábamos de comer ese día, sobraba para la cena e incluso para la comida del día siguiente, y no sólo la nuestra, si no también la de mis abuelos y mis tíos. Se nota que mi madre es andaluza, vamos que si se nota... una exagerada para todo.
Para mi disgusto, ensalada de pasta no solía sobrar en cantidad, pues es un plato tan fresco y ligero que nos lo comíamos sin darnos cuenta y nos apetecía mucho más que un filete o cualquier otra fritura. Pero ahí estaba siempre yo, pendiente de que mi madre se pusiera a vaciar la nevera y fregar los cacharos y confiscarle el tupper de la ensalada de pasta para cenar esa misma noche o comer al día siguiente. Ais, qué buenos tiempos aquellos, con lo fácil que era juntarnos a todos y lo difícil que se ha vuelto...
Existen infinidad de recetas de ensalada de pasta, desde las más clásicas y sencillas con atún y huevo, o con tacos de pollo y un poco de queso, a algunas más elaboradas y gourmet con ahumados, algún tipo de marisco, frutos secos e incluso una salsa o aliño un poco más elaborado. En fin, infinitas posibilidades para todos los gustos, despensas y bolsillos.
La variante que yo más preparo en casa se puede considerar una receta clásica, pues es una ensalada donde los ingredientes estrella son, casi siempre, el huevo, el atún y la pasta, tal cual la preparaba mi madre y como más nos gusta. Lo único que me chifla añadirle de más es pimiento rojo crudo troceado, que le aporta un toque muy fresco y que os recomiendo encarecidamente, y lechuga picada muy menuda. A partir de ahí, como digo siempre, para gustos colores, e imaginación al poder. Con apenas unos pocos ingredientes que tengamos a mano nos puede salir una ensalada de pasta deliciosa, doy fe de ello.




Ingredientes (para dos raciones hermosas):
- 150 gramos de pasta (espirales, macarrones, lazos...)
- 1 tomate mediano
- Medio pimiento rojo de asar
- Lechuga picada, al gusto
- 1 envase de tacos de fiambre de pavo
- 1 huevo cocido tamaño M
- 4 palitos de surimi
- Queso fresco, olivas, maíz, zanahoria rallada, brotes de soja, etc., opcional y al gusto.

Para el aliño:
- 2 cucharadas soperas de aceite
- 1 cucharada sopera de salsa de soja
- Una pizca de vinagre

- Para empezar, cocemos la pasta según las instrucciones del fabricante, la dejamos enfriar, la salamos un poco y la colocamos en un bol grande.
- En otra cacerola y a la misma vez, coceremos un huevo y lo dejaremos enfriar completamente antes de pelarlo.
- A parte, troceamos el pimiento y la lechuga y se lo añadimos a la pasta. Hacemos lo mismo con los tomates, el queso fresco y el huevo.
- Añadimos también el atún muy escurrido y el resto de ingredientes a nuestra elección (olivas, maíz, zanahoria...).
- Para preparar el aliño mezclamos el aceite con la salsa de soja y el vinagre.
- Por último, aliñamos, mezclamos bien todos los ingredientes y la metemos en el frigorífico 1 hora como mínimo. Servimos fresquita.




Notas:
- Si nos vamos a llevar la ensalada en un tupper, es mucho mejor aliñarla justo antes de comerla, pues así ayudaremos a que todos los ingredientes conserven su color, aroma y sabor original.
- En este caso yo usé espaguetis que me habían sobrado de una preparación anterior, pero para este plato recomiendo emplear pasta corta y, a poder ser, de colores, pues es mucho más fácil de comer y la presentación mejora mucho.
- En cualquier plato de pasta es importante cocinarla al dente, pero para este todavía lo es más. Si la pasta esta muy blanda quedará un engrudo difícil de comer.
- Si la preparamos bien siguiendo estos cuatro consejos básicos, podremos conservar nuestra ensalada en un tupper en la nevera hasta 3 días sin que se resienta demasiado.

Nada mas por ahora, espero que lo disfrutéis y que sigáis teniendo un buen verano.
¡Millones de gracias por seguir ahí!

jueves, 30 de julio de 2015

TORTITAS DE BACALAO CON PIPAS



Si hay un pescado que sea el protagonista por excelencia de nuestra gastronomía, ese es el bacalao.
Hay un dicho que reza: "En Cataluña, el bacalao se guisa; en el norte, se salsa; y en el sur, se fríe", haciendo referencia al hecho de que está presente en todas las cocinas regionales de nuestro país. No en vano, es protagonista de platos tan conocidos como el bacalao al pil pil, a la vizcaína, con pisto o chanfaina, al ajoarriero, en potajes de vigilia, etc. También es un pescado muy consumido durante la Cuaresma y que, hoy en día, gracias a las diferentes técnicas de conservación (congelación, salazón, refrigeración...) podemos comprar y consumir todo el año.
El bacalao es un pescado blanco bajo en grasa, rico en grasas saludables, proteínas y vitaminas del grupo B, fósforo y selenio, por lo que se trata de un alimento muy nutritivo.
A pesar de haber nacido y crecido en Cataluña, mi familia es, en su gran mayoría, del sur: Mis yayos maternos son de Tarifa, mis yayos paternos de Algeciras, y algunos más repartidos por la provincia de Cádiz y Málaga.
En mi familia, el dicho con el que he empezado la entrada se aplica totalmente: Mi yaya prepara las mejores pavías y tortitas fritas de bacalao que jamás he probado, y mi madre es experta en preparar bacalao a la romana y albóndigas de bacalao. Por eso, no es de extrañar que el bacalao no falte nunca en sus neveras, a la espera de que el resto tengamos antojo de alguno de sus deliciosos platos.
Hará cosa de una semana, mi madre apareció por casa con, lo que según ella y ante mi refunfuño, era "un trozo normalito" de bacalao en salazón que había comprado a mitad de precio en la pescadería de confianza. Una vez desalado y limpio, el "trocito" en cuestión pesaba nada más y nada menos que 600 gramos, y menos mal que "no te cogí el más grande, porque te conozco...". Madres, cantidades desproporcionadas de comida, tráfico tuppers, recetas escritas a mano... En fin, el típico círculo vicioso alrededor de la comida de toda relación materno-filial, que os voy a contar...
Investigando un poco por Internet y sobretodo por la blogosfera, haciendo un mix de esta y de aquella receta y adaptándome al tiempo y a los ingredientes que tenía a mano, he aquí el resultado. Una receta en homenaje a mi madre, pues casi se puede decir que la masa es idéntica a la de sus albóndigas y, a la vez, en homenaje a mi yaya, pues a pesar de no estar fritas, no dejan de ser unas tortitas: Tortitas de bacalao y pipas. Muy sencillas, ligeras, increíblemente melosas y jugosas (a medida que las iba haciendo tenía la impresión de que quedarían secas) y con mucho mucho sabor a mar, estas tortitas se pueden comer tanto frías como calientes, por lo que resultan ideales para el tupper y, acompañadas de un poco de ensalada, unas patatas al horno o un arroz sencillo con verduras, nos solucionan una comida o una cena ligera.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para unas 15 tortitas aprox.):
- 350 gramos de bacalao desalado
- 1 huevo
- 3 cucharadas soperas de pan rallado
- 1 cucharada sopera de leche + un poco más si fuera necesario
- 15-20 gramos de pipas peladas sin sal
- Media cebolla
- Ajo en polvo, cominos, perejil picado y sal, al gusto
- Aceite de oliva, para engrasar la sartén.

- Para acompañar: arroz salteado, patatas rústicas, salsa de cebolla y soja, salsa de tomate casera, ensalada, etc.

- Desalamos el bacalao como lo hagamos normalmente, o lo compramos ya desalado.
- En un bol grande, desmigajamos el bacalao limpio junto a las especias y lo trituramos todo lo que podamos con las manos.
- Añadimos el huevo, el pan, la leche, la cebolla picada menuda y las pipas, y mezclamos todo bien hasta que tome la consistencia adecuada para poder hacer las tortitas (podemos añadir un poco más de leche si la masa queda muy seca). Rectificamos de sal si fuese necesario.
- Tomamos porciones de masa del mismo tamaño y le damos forma, intentando que queden todas más o menos iguales.
- Ponemos una sartén a calentar a fuego medio-alto untada con un poco de aceite y vamos cocinando las tortitas, unos 3-4 minutos por cada lado. Untamos la sartén de aceite cada vez que lo necesitemos.
- Dejamos templar y servimos nuestras tortitas, espolvoreadas con un poco de perejil picado y acompañadas de lo que más nos guste.




Notas:
- El pan rallado se puede substituir por una rebanada gruesa de pan de molde mojada en leche. En este caso, también habrá que suprimir la leche de la receta. También se puede emplear patata machacada, con una unidad mediana (120-140 gramos) tendremos de sobras.
- Es importante hacer las tortitas a fuego medio-alto, pues de este modo quedaran doradas por fuera y jugosas por dentro
- La cantidad de gelatina que contiene el bacalao lo hacen ideal para esta receta, pues quedan unos bocados muy jugosos y melosos. Aun así, también podemos emplear merluza, atún, panga, etc.
- Podemos añadirle cualquier especia y fruto seco que nos guste: curry, hierbas provenzales, romero, piñones, almendra picada... Imaginación al poder.

Espero que os guste tanto como a nosotros.
¡Gracias por seguir ahí!

domingo, 21 de junio de 2015

LOS MEJORES HIGADITOS DE POLLO ENCEBOLLADOS DEL MUNDO



Ala, pues para qué añadir nada más, si ya queda todo dicho...
Vale, habrá que dar motivos para afirmar porque estos higaditos de pollo son, desde mi punto de vista, los mejores que he comido nunca y porque son mi plato favorito.
Cuando era pequeña, mi padre tenía la "manía", por así decirlo, de pasarse días enteros haciendo vídeos caseros de los que yo, una bebé tan traviesa como adorable (¿Lo dudabais? jeje) era la protagonista: que si ahora te grabo jugando con los peluches, que si ahora lo hago mientras gateas, que si ahora mientras vacías la despensa a la espera de que mamá te regañe, que si ahora mientras comes o mientras te duchas... Bueno, la verdad es que a veces se le iba de las manos y terminaban por registrarse imágenes de lo más incómodas. Lo mejor era ver la cara de aburrimiento de sus amigos cuando venían a casa y él, entusiasmado hasta más no poder, se pasaba horas enseñándoles lo mona que era su hija... La verdad es que nunca llegaré a entender ese vínculo tan diferente y tan especial que hemos tenido siempre mi padre y yo.
A lo que iba, que me pierdo. Siempre he sido una niña de muy buen comer y que, a pesar de los problemas digestivos que he venido arrastrando desde que nací, nunca perdía en hambre y comía de todo aquello que podía comer, teniendo a mis padres encantados de la vida.
Mientras dedicaba una sesión golfa a ver algunos de estos vídeos, me resultó curioso darme cuenta que, en aquellos que salía comiendo, casi siempre lo hacía con un plato de higaditos de pollo por delante. Y no, no es que en casa se comiera siempre lo mismo, es que mi padre libraba el mismo día que solía tocar higaditos en salsa, o eso dice mi madre, porque también me cuenta que era un plato que yo le pedía muchísimo (imaginaos, apenas sabes hablar pero si sabes qué te gusta comer) y que por eso casi siempre tenía que preparármelo un par de veces por semana.
Mi madre lo preparaba de tal manera que le quedaban muy jugositos y con una salsita muy espesa de la que luego dábamos buena cuenta con un buen trozo de pan. Ah, y siempre acompañados de unas buenas patatas fritas caseras y un pimiento al lado. Se me está haciendo la boca agua sólo de pensarlo... Lo sé, hay mucha gente que detesta el hígado y la casquería en general, pero como veis, no es mi caso. Quizás sea por mi predisposición nata a probar y comer de todo o porque mi madre lo hacía tan rico que era casi imposible resistirse, vete a saber. El caso es que, junto con el hígado de ternera a la plancha y la sangre encebollada, esta fue una de las primeras recetas que aprendí a preparar, que me trae unos recuerdos preciosos y que nunca he dejado ni pienso dejar de hacer, pues en casa nos sigue gustando igual o incluso más que antes.
El hígado de pollo en concreto es una alimento muy rico en hierro, ideal para aquellas personas que sufran o tengan tendencia a sufrir anemia. Además, es rico en vitaminas A y B, así como en proteínas, y bajo en grasa. Si a esto le sumamos que es un alimento muy asequible y fácil de encontrar, no tenemos excusa para no darle una oportunidad.
Añadir que se trata de una receta típica de las tierras del sur que poco a poco se ha dado a conocer en el resto de España, aunque hoy en día, al menos en Cataluña, me sigue costando bastante encontrar este plato en los restaurantes... una pena.
Yo la preparo tal cual mi madre me enseñó, pero obviamente en cada casa le dan su toque personal y delicioso.
Os dejo con los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para dos personas):
- 400 gramos de higaditos de pollo limpios
- 1 cebolla entera
- 3 dientes de ajo
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva
- Perejil picado, un puñado
- Pimentón picante, al gusto
- 1/2 vaso de vino blanco
- 1/2 vaso de agua
- Sal, al gusto.

Para acompañar: arroz cocido, patatas fritas, puré de patatas, etc.

- Empezamos limpiando los higaditos, si no es que ya vienen limpios.
- Limpiamos y picamos la cebolla, el ajo y el perejil, y reservamos.
-  En una cazuela lo suficientemente grande para que quepa todo el hígado, calentamos el aceite y, a fuego medio, cocinamos el ajo, la cebolla y el perejil con el pimentón durante unos 5 minutos.
- Pasado este tiempo, añadimos los higaditos y continuamos salteando unos 5 minutos más. 
- Seguidamente, salamos al gusto, añadimos el vino y el agua y dejamos reducir, moviendo de vez en cuando.
- Una vez la salsa haya espesado, retiramos del fuego y dejamos templar los higaditos en la misma cazuela.
- Servimos los higaditos acompañados de arroz blanco o patatas fritas.




Notas:
- En casa siempre suelo hacer un par de raciones más de higaditos de pollo, las guardo en fiambreras y las congelo. Así, si un día no me apetece o no tengo tiempo de cocinar, recurro a una de las fiambreras.
- El arroz blanco es el acompañamiento más apropiado para este plato, pues con la salsa queda delicioso y permite aprovecharla toda, incluso sin usar pan.
- Si no deseamos que queden los tropezones de ajo en la salsa, antes de añadir los higaditos, podemos retirarlos o incluso usar ajo en polvo, pues el resultado es igual de bueno.

PD: Las fotografías dejan mucho que desear, lo sé, pero mi fotógrafo personal (novio, en su defecto jeje) últimamente trabaja mucho y por no darle más faena me apaño con lo que puedo hacer yo.

Mil gracias por seguir ahí, y feliz inicio de semana.

jueves, 14 de mayo de 2015

ENSALADILLA A MI MANERA



Calor, calor, calor, ya ha llegado el calor... ¡Por fin! No debería cantar victoria todavía, lo sé, "hasta el 40 de mayo no te quites el sayo", pero es que me gusta tan poco el invierno que apenas noto que las temperaturas suben un poco me pongo eufórica. Esperemos que la primavera se siga haciendo de notar como hasta ahora, que una ya anda un poco harta de no saber si el día que tenías pensado salir a comer a la montaña lloverá o no, si te llevas chaqueta al trabajo o no, o si preparas un cocido como dios manda o mejor un gazpachito...
El cuerpo siempre agradece que le demos lo que pide según la época del año y el tiempo que haga. En mi casa, la traducción de esto siempre ha sido algo así como "cocidos y potajes para el invierno, y tortilla de patatas, carne rebozada y ensaladas varias para el verano (a modo de ejemplo, no siempre comemos lo mismo, eh)", una costumbre que me parece de lo más acertada y que no he dejado de poner en práctica.
Hoy en el trabajo se me presentaba un día bastante liado: que si excursión con unos alemanes a tal hora, que si posible excursión adicional a tal otra... En fin, otra vez a comer de tupper y a las tantas. Con más razón, sabía que me apetecería algo ligero, fresco y completo, así que viendo que tenia todos los ingredientes necesarios, me preparé esta ensaladilla que estoy segura que os va a encantar.
Siempre suelo hacerla así, pues es la combinación de sabores que más me gusta, pero en esto de las ensaladillas ya se sabe, cada maestrillo tiene su librillo y se pueden combinar mil y un ingredientes distintos e igual de buenos.
El resultado ha sido un plato muy completo, muy ligero, muy fresco y muy sencillo de hacer, ideal para cuando no tenemos mucho tiempo para cocinar pero nos apetece comer rico y equilibrado.
Ahí va, espero que os guste.




Ingredientes (para dos personas):
300 gramos de patatas para cocer
250 gramos de menestra de verduras congelada
1 huevo
1 lata de atún en aceite
4 palitos de surimi
1 mandarina
2 cucharadas soperas de maíz dulce cocido (opcional)
4-5 olivas negras sin hueso (opcional)
Para la salsa: 2 cucharadas soperas de mayonesa ligera y 1 cucharada sopera de tomate triturado natural.

- Para empezar, ponemos a cocer las patatas, el huevo y el preparado para menestra unos 12-15 minutos, retiramos, escurrimos bien y dejamos enfriar.
- Una vez frías, pelamos las patatas y las troceamos en dados más bien pequeños. Hacemos lo mismo con el huevo y la mandarina, y troceamos también el surimi.
- Mezclamos las verduras de menestra con el huevo, el surimi, la mandarina, el atún escurrido, el maíz dulce, las olivas y el surimi, y salamos al gusto.
- Ahora preparamos la salsa: en un bol, mezclamos bien la salsa de mayonesa ligera con el tomate hasta conseguir una mezcla homogénea.
- Para terminar, añadimos la salsa a la ensalada, mezclamos bien, dejamos enfriar en la nevera por lo menos una hora y servimos fría.



Notas:
- Esta ensaladilla es ideal acompañada de colines de pan o reganás, pero sobretodo recomiendo comerla en compañía de una cerveza bien fresca.
- Al llevar mayonesa, si vamos a llevarnos la comida en un tupper, deberemos tener cuidado, pues la mayonesa puede echarse a perder y ser muy perjudicial si se ingiere, sobretodo si hace calor. Yo suelo aliñar esta ensalada solo con aceite, vinagre y sal cuando la preparo para llevar.
- Otra idea deliciosa para la salsa sería la mezcla resultante de mayonesa y salsa de soja. Es una salsa suave pero con mucha potencia de sabor.

¡A disfrutar del buen tiempo y del fin de semana! :) Y gracias de nuevo por invertir un ratito de vuestro tiempo en leerme, lo valoro muchísimo.