Tal y como os contaba hace unos días, mi pareja y yo hicimos una escapada de 3 días a Valencia que nos dio mucho de si. Menos de medio día nos bastó para decidir de mutuo acuerdo que queríamos descubrir la ciudad a pie, a nuestro aire, sin horarios, sin agobios, y yendo en todo momento donde nos apetecía, aunque tardáramos un poco más. Nos alojamos en un apartamento que estaba a dos pasos de Catedral de Valencia (más de la mitad del tiempo que estuvimos en el apartamento me lo pasé asomada al balcón contemplándola, porque es una auténtica belleza), así que la tomamos como punto de referencia y partida de todos nuestros recorridos: Que si primero nos vemos todo el Centro Histórico, que si ahora nos vamos a comer por la zona del Mercado Central y de paso vemos La Lonja, que si ahora vamos a merendar una buena horchata con fartons al Mercado de Colón y volvemos paseando tranquilamente por el Jardín del Túria... Vaya, que andamos todo lo que no hemos andado en nuestra vida junto y caíamos agotados en la cama por las noches... Eso sí, agotados pero satisfechos por haber visto y hecho todo lo que teníamos planeado.
Y tan cansados terminamos que el viaje de vuelta nos pareció el doble de largo que el de ida. Vale, lo sé, es algo que nos pasa a todos, pero esta vez se nos hizo mucho más tedioso de lo normal. Quizás fue por el calor, o por la cantidad de gente que iba en el autobús, o porque eran las 2 de la tarde, o porque estábamos todavía un poco cansados, o quizás por de todo un poco, que llegamos a Barcelona y salimos zumbando del autobús, sin darle las gracias al conductor ni nada (pobre hombre, con lo majo que era...), para meternos en el tren y plantarnos en casa lo antes posible.
Mi señor novio se fue directo al sofá y en menos de 15 minutos ya lo estaba oyendo roncar, a pesar de haberse ofrecido en un principio a ayudarme con las maletas.... En fin, y yo, más que tumbarme y no hacer nada, necesitaba relajarme y descansar. Si a esto le sumamos que lo que más me relaja y me gusta del mundo mundial es cocinar, que la hora de la cena estaba cada vez más cerca y que había dejado la nevera medio vacía para no encontrarme con nada "mutante" a la vuelta del viaje, me metí en la cocina y esto fue lo que terminé improvisando: un gratén de patatas con verduras y salchichas.
Un par de patatas hermosas, unas verduras que estaban ya un poco arrugaditas, una buena salsa de tomate, unas salchichas de pavo a punto de caducar y una cantidad generosa de queso emmental, fue todo lo que utilicé para preparar este plato que no me dio apenas trabajo y que quedó muy rico.
Normalmente suelo preparar este tipo de platos (los gratines, las lasañas y los pasteles de verdura) con algo de bechamel y es por eso que, en un principio, no tenía mucha confianza en el resultado. Pero todas mis dudas se disiparon al probarlo, pues no resulta ni seco ni soso en absoluto.
Finalmente resultó un plato único bastante completo y sabroso que nos solucionó la cena la mar de bien, y todo "tirando" de despensa :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:
Ingredientes (para 2 raciones hermosas):
- 2 patatas mona lisa grandes (unos 350-400 gramos)
- 1/2 zanahoria
- 1/2 cebolla
- 1/2 pimiento verde italiano
- 2 salchichas de pavo grandes tipo frankfurt
- 4 cucharadas soperas de salsa de tomate (casero o de buena calidad)
- 50 ml de vino blanco de cocina
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 4 cucharadas soperas de queso rallado para gratinar
- Sal, orégano, pimienta negra y ajo en polvo, al gusto
- Antes de empezar, cocemos las patatas en abundante agua hasta que estén tiernas y las dejamos templar para poderlas manipular.
- Pelamos y laminamos las patatas no demasiado finas, y limpiamos y troceamos la verdura en trozos pequeños. Troceamos también las salchichas y reservamos.
- En una sartén a fuego medio con el aceite, salteamos las verduras hasta que empiecen a tomar un poco de color (unos 5 minutos aprox.), y añadimos el vino blanco para que se evapore.
- Cuando el vino se haya evaporado del todo, añadimos las salchichas, salteamos 2-3 minutos más y añadimos también la salsa de tomate, mezclandola bien. Añadimos entonces las especias, rectificamos de sal si fuese necesario y lo retiramos del fuego.
- Encendemos el horno y lo precalentamos a 220ºC en función gratinador.
- En una fuente apta para horno, procedemos a montar el gratén: empezamos por una capa de patatas y repartimos por encima la mitad del sofrito de verduras y salchichas. Cubrimos con otra capa de patatas, seguida del resto del sofrito, y terminamos con otra capa de patatas y una cantidad generosa de queso rallado (debe cubrir todas las patatas).
- A continuación, introducimos la fuente en el horno precalentado durante unos 10-12 minutos, o hasta que el queso se haya dorado lo suficiente.
- Para terminar, apagamos el horno, sacamos el gratén, lo dejamos templar un poco y lo servimos en porciones de tamaño ración.
Notas:
- Obviamente, si preparamos este plato con patatas fritas queda mucho más rico, pero también resulta más calórico. Si no tenéis problemas con el peso y/o con la salud adelante, os lo recomiendo.
- No es necesario añadirle sal a las patatas, pues el queso y el sofrito de verduras y salchichas ya tiene potencia suficiente.
- Este gratén también queda de maravilla preparando el sofrito con restos de pollo asado, tacos de bacon, de jamón, de chorizo, con atún, sólo con verduras, etc. Para gustos, colores.
Nada más por ahora, espero que os haya gustado la receta.
¡Gracias por seguir ahí, y felicísimo fin de semana!
Fotos: Marc RT Studios

























