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sábado, 4 de junio de 2016

ENSALADA DE ARROZ A MI MANERA



Con lo mucho que tardo en llegar el día (o eso nos pareció a nosotros), y tantísimo tiempo y esfuerzo que le dedicamos a que todo saliera bien, y lo rápido que se ha pasado... Al habla una "mujercita" casada, y muy felizmente casada, pero también muy muy nostálgica porque todo este "sarao" haya acabado ya... ¡Quiero que vuelva a ser 28 de mayo, jolines!
Lo prometido es deuda y en cuanto tenga material suficiente pienso enseñaros en detalle cómo fue nuestro gran día (ya se sabe, una imagen vale más que mil palabras), pero os puedo adelantar que superó todas nuestras expectativas, y para bien, por supuesto :)
No faltó nadie, así como tampoco faltaron los nervios, las prisas, las risas, los llantos, las dedicatorias, los besos, los abrazos y los buenos deseos. Por supuesto, tampoco faltó una buena comida y mucha, mucha diversión en un lugar que a Marc y a mí nos enamoró desde el primer momento. Si a todo esto le sumamos que el tiempo estuvo a nuestro favor, que estábamos cumpliendo uno de nuestros sueños y que los asistentes también se fueron a casa con un buenísimo sabor de boca, la verdad es que no podemos pedir más. Fue un día agotador pero inolvidable, feliz hasta más no poder.
Después de una semana, escribo y pienso en ello sin poder evitar que se me erice la piel, e intuyo que va a ser así durante mucho tiempo... Eso sí, después de la entrada "buena" prometo no daros más la lata (al menos no mucho más) con el tema de la boda, que parece que soy la única que se ha casado por aquí, y no... Es que todavía sigo un poco en las nubes, y no sé si es normal o no, pero quiero quedarme aquí arriba un poquitín más, que se está muy a gusto :) El día a día de la vida en pareja ya se encargará, tarde o temprano, de hacerme bajar, ¿Verdad?
Y volviendo (o empezando) a la receta de hoy...
En un abrir y cerrar de ojos nos hemos plantado en junio y el calor está haciendo cada vez más acto de presencia, al menos por Barcelona y alrededores.
El día de nuestra boda, Marc y yo quisimos probarlo todo y terminamos comiendo muchísimo. Si a esto le sumamos lo cansados que estábamos y el calor húmedo que hizo al día siguiente, el cuerpo nos pedía algo ligero y fresco para el almuerzo. En estos casos, casi siempre recurro a las ensaladas, pues ya sean de legumbres, de pasta, de arroz o de hojas verdes, suelen ser platos muy sencillos de preparar y que resultan la mar de completos y sabrosos si elegimos bien los ingredientes. Para esto de las ensaladas ya se sabe, cada maestrillo tiene su librillo y se pueden combinar mil y un ingredientes distintos para obtener resultados igual de buenos.
En este caso, y como en casa siempre triunfan los contrastes dulce-salado, he optado por preparar una ensalada de arroz bastante básica, pero con el toque dulzón de las pasas y la manzana.
El resultado ha sido un plato muy completo y equilibrado, ideal para el táper como plato único, muy fresco, bastante ligero y sencillo a rabiar. 
Espero que os guste tanto como a nosotros.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 raciones grandes):
- 180 gramos de arroz (pesado en seco)
- 1 tomate grande para ensaladas
- 1/4 de cebolla
- 1 lata de atún en aceite de oliva
- 1/2 manzana golden
- 15-20 pasas sultanas
- 2 cucharadas soperas de queso emmental (rallado o a dados)
- Perejil picado, al gusto

Para aliñar:
- 1/2 del aceite del atún
- 1 cucharada de salsa de soja
- Sal, al gusto

- Empezamos cociendo el arroz como acostumbremos a hacerlo. Lo dejamos enfriar, lo lavamos para quitarle el exceso de almidón y lo colocamos en un bol grande.
- Por otro lado, limpiamos y picamos muy menudo el tomate, la cebolla y la manzana, y se lo añadimos todo al arroz. Le añadimos también las pasas y el queso.
- Sobre un plato hondo, escurrimos muy bien el atún, reservando la mitad de su aceite, y se lo añadimos también al arroz. Mezclamos todo bien hasta que los ingredientes queden bien repartidos.
- Para el aliño, mezclamos el aceite del atún con una cucharada sopera de salsa de soja y lo incorporamos a la ensalada, dándole unas vueltas de nuevo.
- Por último, probamos y rectificamos de sal y servimos nuestra ensalada con un poco de perejil picado fresco por encima.




Notas:
- Para preparar ensaladas de arroz, yo siempre opto por el arroz basmati, pues queda mucho más suelto y aguanta mejor de un día para otro. Eso va a gustos y todo el mundo tiene sus trucos para que el arroz le quede suelto y en su punto.
- Cada vez que uso atún, bonito, caballa o sardinas para preparar alguna ensalada, reservo parte de su aceite (siempre de oliva) para preparar el aliño, pues en casa nos gusta mucho el toque que de da. En el caso de la ensalada de arroz, también queda deliciosa con una vinagreta sencilla, salsa rosa, salsa de yogur, etc.
- Como siempre os digo, podéis añadir y quitar ingredientes al gusto: Olivas, frutos secos, anchoas, pimientos del piquillo, maíz, diferentes tipos de queso... Imaginación al poder.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado la receta y que tengáis un estupendo fin de semana.
¡Millones de gracias por tantísimas felicitaciones y buenos deseos!
Fotos: Marc RT Studios

miércoles, 10 de febrero de 2016

LA CENA DE "A TRES METROS SOBRE EL CIELO" PARA EL RETO #COCINADECINETS



Como quien no quiere la cosa, se nos ha ido otro mes de las manos y ya estamos metidos de lleno en febrero, ni más ni menos... Recuerdo que, cuando era pequeña e incluso siendo ya adolescente, y venía del parque, del cole o del instituto habiendo aprendido un montón de cosas y/o habiendo pasado un rato divertido, mi madre siempre me decía: "Ay, cariño, aprovecha al máximo esta etapa, diviértete, haz amigos y, sobretodo, aprende mucho porque, a medida que vayas cumpliendo años y sumando cifras, especialmente delante, te parecerá que el tiempo vuela...". ¿Por qué será que las madres tienen siempre razón? En este caso me hubiera gustado especialmente que no fuera así pero, investigando un poco con la ayuda del señor Google, he descubierto que incluso hay teorías científicas que intentan explicar este fenómeno. Cuando somos niños, nuestro cerebro está constantemente aprendiendo y descubriendo cosas nuevas, y eso nos crea la sensación de que el tiempo pasa más lento. Pero a medida que nos hacemos mayores nos da la impresión de que los días vuelan, y eso se debe a que nada de lo que vivimos o aprendemos es "nuevo". Casa-familia-estudios-trabajo, fin de semana, y vuelta a empezar... Nuestro cerebro necesita aprender constantemente, y la mayoría de veces, nuestra rutina no nos ayuda a "enseñarle". Así que, no nos queda otra: Si empezamos a sentir que el tiempo pasa muy deprisa, deberíamos revisar nuestro modo de vida. No necesitamos cambiar de trabajo, de amistades o de residencia, simplemente necesitamos APRENDER, y eso lo podemos hacer dónde, cuándo, cómo y con quién queramos.
En fin, vamos a lo que vamos, que siempre acabo yéndome por los cerros de Úbeda, para variar...
Cuando recibí la propuesta de este mes para el reto de La Cocina Typical Spanish, he de reconocer que no terminó de convencerme del todo. Se trataba de elegir nuestra película favorita y cocinar algo que apareciera en ella. Hasta aquí todo bien. Ahora, las condiciones que terminaban de definir la propuesta han sido, por decirlo de alguna manera, mi talón de Aquiles: Película romántica o de amor, receta pensada para enamorar a esa persona especial, y adaptada, en la medida de lo posible, a la cocina típica de nuestro país.
¿¡Película romántica!? Madre mía, madre mía... Soy bastante cinéfila, y mucho más desde que comparto mi vida con una persona que está metida en el mundillo. Disfruto pasando tardes enteras en casa o en el cine viendo una buena película con mi pareja o mis amig@s y charlando luego sobre los aspectos técnicos, el argumento, el trabajo de los actores, etc., Pero las películas de amor no son lo mío precisamente. Disfruto mil millones de veces más con las películas de terror, sobretodo las de terror psicológico, y con los thrillers. Me encanta pasar miedo y hacer pasar miedo, o pasarme la película entera con el suspense metido en el cuerpo(sí, lo sé, soy un poco masoca y me encanta). Por el contrario, no me despierta demasiado interés ver una película y acabar "ñoña" perdida porque una historia de amor (casi) imposible ha terminado en boda, o porque ambos protagonistas han perdido la vida por amor... No, no es lo mío, qué le vamos a hacer... Para gustos, colores.
Aún así, y muy a mi pesar, yo también he sido una adolescente y he tenido muchos, pero que muchos, pajaritos en la cabeza. Yo también he vivido esas "tardes de chicas" con mis amigas, en las que quedábamos básicamente para hacer algunos deberes, hablar sobre chicos y, de vez en cuando, ver alguna peli romántica, por supuesto. La edad del pavo no perdona a nadie.
Una de esas películas que vimos fue "A tres metros sobre el cielo", en su versión española y protagonizada por Mario Casas y María Valverde. En pocas palabras, se trata de un dramazo romántico-adolescente que narra la historia de Hugo, un chico rebelde, impulsivo y aficionado al peligro, y de Babi, la típica niña rica educada en la inocencia y bajo un montón de normas, es decir, dos jóvenes que pertenecen a mundos opuestos y que terminan viviendo lo que, en un principio, parecía una historia de amor imposible (topicazos van, topicazos vienen). 
Por aquel entonces, Federico Moccia se había convertido en el escritor de moda gracias a esta y a sus otras dos novelas de la saga ("Tengo ganas de ti" y "Perdona si te llamo amor"), y Mario Casas... Bueno, Mario Casas nos traía locas a todas, y no precisamente por sus dotes interpretativas (que las tiene, ojo, no pretendo juzgar su trabajo).
En fin, por A o por B, quise ver la película (¡Tenía 17 años, madre mía! Definitivamente, el tiempo vuela) y he de reconocer, muy a mi pesar, que la maldita me llegó a la "patata". Pensándolo bien, ¿Qué chica de 17 años no ha fantaseado alguna vez con una historia de amor similar? Pues eso...
En un momento determinado de la película, Hugo le prepara a Babi una cenita romántica en su casa para pedirle disculpas por un lío en el que ambos se ven metidos días atrás, pero el asunto no termina nada bien y Hugo se queda compuesto, a mesa puesta (y comida fría) y sin novia.
Investigando un poco y viendo la dificultad de las recetas (el chico no se estruja la sesera precisamente, pero el detalle es lo que cuenta al fin y al cabo, ¿No?), al final decidí preparar todos los platos que aparecían en la escena, pero adaptándolas un poco a nuestros gustos y contrastando los platos que aparecen en la película española que. obviamente, son ligeramente distintos a los del libro y la película italiana. Ni carpaccios caros y difíciles de encontrar, ni tampoco una simple carne a la plancha con unas fresas de postre. 
Al final, el resultado ha sido una cena muy del día a día, completa, sencilla y rica, sin más. A ver qué os parece.





Ingredientes (para 2 personas):

Ensalada mixta con aguacate y frutos secos:
- 1/2 lechuga iceberg
- 1/2 cebolla pequeña
- 1 zanahoria pequeña
- 1 tomate mediano
- 1 aguacate pequeño
- Un bote pequeño de olivas rellenas de anchoas
- Un puñado de cóctel de frutos secos

Para el aliño:
- 1 cucharada sopera de zumo de limón
- 1 cucharada sopera de salsa de soja
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave

- Limpiamos y troceamos a nuestro gusto la lechuga, la cebolla, la zanahoria y el tomate, y los ponemos en una ensaladera.
- Pelamos y cortamos en láminas el aguacate, y lo colocamos encima del resto de verduras. Añadimos también un puñado de frutos secos y unas olivas para completar la ensalada.
- Para el aliño, mezclamos en un bol una cucharada sopera de zumo de limón, otra de salsa de soja y otra de aceite.
- Llevamos a la mesa la ensalada y el aliño por separado, y aliñamos justo en el momento de servir.




Solomillos de pollo a la plancha con finas hierbas, miel y limón:
- 350 gramos de solomillos de pollo limpios (4 trozos)
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
- 1 cucharada sopera de zumo de limón
- 1 cucharada de postre de miel de flores
- 1 sobre individual de preparado de finas hierbas para pollo
- Ajo en polvo, perejil picado y sal, al gusto

- En un bol grande, mezclamos el zumo de limón con la miel, el aceite, las finas hierbas, el ajo en polvo y la sal.
- Seguidamente, introducimos los solomillos de pollo en el bol, los impregnamos bien de la mezcla.
- En una sartén a fuego medio, hacemos los solomillos a la plancha con todo el jugo del bol, unos 2-3 minutos por cada lado.
- Servimos calientes, espolvoreados con un poco de perejil picado.




Macedonia de frutas con crema:
- 1 plátano mediano
- 1 manzana reineta mediana
- 1 naranja mediana

Para la crema:
- 250 ml de leche
- 1/2 sobre de preparado de crema catalana (o natillas en su defecto)
- 2 cucharadas soperas de azúcar
- Canela, al gusto

- Para empezar, preparamos la crema tal y como os explicaba en esta entrada
- Una vez la crema se haya enfriado, pelamos y troceamos las frutas, y las repartimos en dos recipientes de postre.
- Cubrimos bien las frutas con la crema y servimos al momento, espolvoreado con un poco de canela.




Y con esto y un bizcocho, me despido por hoy.
Espero que os haya gustado mi aportación de este mes, ha sido todo un reto para mi pero al final he terminado disfrutándolo mucho.
Aprovecho el tirón para invitaros a que le echéis un ojo al resto de aportaciones de mis compis. Como siempre, son todas estupendas y os vendrá de maravilla tener ideas de este tipo si sois de celebrar San Valentín también en la mesa :)
¡Mil gracias por seguir ahí!

sábado, 27 de junio de 2015

PATATAS AL WOK



Una de las primeras cosas que hice cuando volé del nido y me encontré ante el gran reto de equipar una cocina prácticamente desde cero, fue comprarme un wok. Eso si, armándome de paciencia, esperé a las rebajas y acabé topándome con una oferta tan buena que, sumado a que llevaba ya muuuuuucho tiempo deseando tener uno, me acabó de convencer del todo. Y es que, teniendo en cuenta que un wok medianamente decente ronda los 20-30 euros, por 5 euros hubiera sido un pecado dejarlo escapar... (PD: ¡Vivan las rebajas!). Lo encontré Casa Shops y fue una de las mejores compras que he hecho en años.
Me encantan los woks, entre otras cosas, porque reúnen las cualidades de las sartenes y las cacerolas en un mismo utensilio y permiten cocinar de forma sencilla, rápida y saludable, ya que necesitan muy poca grasa, las cocciones son mucho más rápidas y los ingredientes, sobretodo los vegetales, siempre quedan al dente (siempre que se use de manera adecuada, claro está). Los woks son típicos de la cocina oriental, pero actualmente están muy de moda en Occidente, y motivos no le faltan. No hay más que ver la cantidad de restaurantes que adoptan este término para atraer clientela con ganas de probar cosas nuevas.
Las primeras veces que usé el wok preparé platos tan típicos que en su mayoría incluían algún tipo de pasta u arroz, verduras y algo de proteína en forma de carne o pescado. Pero poco a poco, y viendo que el resultado era bueno, fui experimentando con otros ingredientes que también me funcionaron muy bien.
La receta que hoy os presento surgió de la pereza, de la falta de tiempo y de ganas, de no saber qué comer al día siguiente, víspera de fin de semana, y de haberme propuesto acabar definitivamente con las sobras de esto y aquello que llevas viendo en la nevera toda la semana. Aunque la podría haber preparado perfectamente en una sartén, empleando el wok me ahorré muchísimo tiempo, usé muy poco aceite y las verduras y las patatas quedaron al dente, conservando todo su sabor.
Merece la pena degustarlo recién hecho, pero tanto frío como caliente, resultó un plato muy rico y ligero a la par que completo, con aires orientales y que admite multitud de ingredientes según los gustos de cada uno. Como casi siempre, una solución más que aceptable para el tupper del siguiente día.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
400 gramos de patatas mona lisa
1 cebolla
1 pimiento verde
1 zanahoria pequeña
3 cucharadas soperas de maíz dulce
Tacos de jamón de pavo, al gusto
1 cucharada sopera de aceite de oliva
1 cucharada sopera de salsa de soja
Pimienta y hierbas provenzales, al gusto
Semillas de sésamo, al gusto
Sal, opcional

- Antes de empezar, cocemos las patatas hasta que estén al dente y las dejamos enfriar.
- Limpiamos y troceamos a dados las patatas, el pimiento, la cebolla y la zanahoria.
- Ponemos en wok al fuego a una potencia alta y añadimos el aceite, repartiéndolo bien por toda la superficie. Cuando esté caliente, añadimos la cebolla, la zanahoria y el pimiento. Salteamos unos 2-3 minutos.
- Pasado este tiempo, añadimos también el maíz, el jamón, las patatas y las semillas de sésamo, y hacemos lo mismo.
- Por último, especiamos el salteado y añadimos la salsa de soja, dándole unas vueltas. Retiramos y apagamos el fuego.
- Servimos nuestro salteado inmediatamente, tal cual o espolvoreado con perejil picado o más semillas de sésamo.




Notas:
- Para esta receta es importante el punto de cocción de las patatas, pues si están muy pasadas y se deshacen, el salteado adquirirá una textura pastosa.
- El cocinado en wok es muy rápido, por lo que es fundamental tener todos los ingredientes ya preparados, en trozos pequeños y del mismo tamaño para que los alimentos no se quemen por fuera antes de hacerse por dentro.
-  Al acabar, os recomiendo que limpiéis el wok, todavía en el fuego, con agua y un cepillo suave,  secándolo con un papel de cocina y untándolo con un poco de aceite. De este modo alargaréis su vida útil.

Espero que os guste mi invento, y gracias por seguir ahí :) ¡Feliz fin de semana!

miércoles, 6 de mayo de 2015

ALITAS DE POLLO ESPECIADAS CON SALSA DE SOJA Y MIEL



Las alitas de pollo son un alimento que me trae muchísimos y muy buenos recuerdos. Cuando era niña y se acercaba el buen tiempo, no había mes en el que no íbamos una, dos o incluso tres veces al campo, a hacer barbacoa, o incluso nos quedábamos en patio de mis abuelos, donde mi abuelo había hecho una barbacoa de obra que hacía muy buen apaño. Las alitas de pollo nunca faltaban, hechas a la leña y muy muy crujientes, y tampoco sobraban. Podían sobrar chorizos, costillas, panceta.. pero muy raramente alitas.
Cuando yo ya era un poco más mayor, mis padres decidieron alquilar un local y llevarlo como un bar de tapas, y cada día había un especial: que si un día pan con jamón, que si otro día boquerones fritos, o tortilla de patatas, o ensaladilla, o salpicón... pero lo que más triunfaba era, con diferencia, las alitas de pollo al ajillo de mi madre. Ese día era un no parar de tapita por aquí, tapita por allá, y repetimos. La verdad es que era razonable, las alitas de pollo de mi madre son todo un manjar.
Hará un par de días vi en el supermercado las alitas de pollo en oferta, y no pude resistirme. Tengo varias maneras de cocinar las alitas a parte de en salsa con ajo, y esta que os presento hoy es una de ellas. La receta original la vi hará cosa de un año en Directo al Paladar, y no pude resistirme a probarla. A día de hoy, siempre recurro a ella para tener listo en poco tiempo y con poco trabajo, un picoteo o un tupper delicioso y sano.
Las alitas de pollo cocinadas al horno con esta salsa quedan muy jugosas y no necesitan de más grasa añadida. Aunque tengan poca carne, si se acompañan de un arroz blanco o un buen puré de patatas, el plato resulta bastante completo.
Espero que os guste.




Ingredientes (para dos personas):
500 gramos de alitas de pollo limpias
2 cucharadas soperas de salsa de soja
1 cucharada sopera de miel
1 cucharada sopera de aceite de oliva
1 cucharada sopera de agua
1 cucharadita de café de zumo de limón
Sal, ajo en polvo y perejil picado, al gusto

- Limpiamos bien las alitas y las colocamos en una fuente para horno con espacio suficiente para poder darles vueltas.
- Para preparar la salsa, en un bol añadimos la salsa de soja, el aceite, la miel, el agua, el ajo en polvo, el zumo de limón y el perejil picado, y mezclamos muy bien.
- Ahora, echamos la salsa por encima de las alitas, salamos al gusto, y dejamos macerar una hora.
- Pasado ese tiempo, le damos un par de vueltas a las alitas para que se reparta bien la salsa e introducimos en el horno, previamente calentado a 200 gramos, durante unos 40 minutos. Movemos las alitas de vez en cuando.
- Para terminar, sacamos del horno, dejamos enfriar unos minutos y servimos como tapa o con una guarnición de arroz o patatas.




Notas:
- Las alitas de pollo tienden a secarse enseguida, por eso recomiendo controlar bastante el horno mientras se estén haciendo. Aún así, con esta salsa es difícil que esto suceda.
- A veces no he tenido miel a mano y he usado azúcar. El dulzor es distinto pero el resultado es rico igual.

¡Feliz ecuador de la semana a tod@s! Cada día somos más, no sé de que manera daros ya las gracias.

miércoles, 25 de marzo de 2015

TINTORERA CON SALSA DE CEBOLLA Y SOJA




Continuamos la semana en Barcelona con mucha lluvia y más frío, donde vivo yo no ha parado de llover desde el domingo, ni un momento oye, y tengo ya dos lavadoras atrasadas por tender.. la primavera es lo que tiene, y ya se sabe, casi empezando abril con sus "aguas mil". En fin, como tampoco apetece salir demasiado pero el apetito no nos lo quita nadie, quiero enseñaros la que fue nuestra comida del lunes.
En casa siempre hemos sido mucho de pescado azul, al menos una vez a la semana comíamos atún con tomate, salmón a la plancha, o como el plato de hoy, tintorera, un pescado azul un  poquito menos graso de lo habitual de la familia del tiburón que, en mi opinión, está rico incluso vuelta y vuelta a la plancha con un poco de ajo y perejil, y es ideal para los que deben controlar las calorías de la dieta, sea por el motivo que sea.
Esta vez "salseamos" la tintorera con una salsa de cebolla y soja que le va de maravilla, la debí leer en alguna web o revista de cocina que no recuerdo hace mucho tiempo y ha pasado a formar parte de mi recetario de salsas por su sabor y por lo fácil que es. A mis padres no les acabó de gustar nunca, ellos son más de sofritos tradicionales, pero yo no dejé nunca de intentar que probaran este tipo de recetas, "tu y tus inventos" me decían...

Ahí va, espero que os guste

Ingredientes(para dos personas):

400-450 gramos de tintorera en dos rodajas grandes
Sal y pimienta
Una cucharada sopera de aceite de oliva

Para la salsa de cebolla y soja:
Media cebolla de las grandes
150 ml de cerveza
1 cucharada sopera de salsa de soja
Media cucharadita de azúcar
Una cucharada sopera de aceite de oliva
Sal, tomillo y pimienta, al gusto.

Elaboración:
- Primero de todo, si las rodajas de tintorera conservan la piel, debemos quitársela y limpiar bien el pescado.
- Salpimentamos las rodajas por ambos lados.
- En una sartén a fuego fuerte, hacemos la tintorera unos 4-5 minutos por lado y la reservamos.
- En otra sartén a fuego medio, calentamos la cucharada de aceite y añadimos la cebolla picada fina.
- Una vez la cebolla empiece a tomar color, añadiremos el azúcar, la salsa de soja y por último la cerveza, las especias y la sal.
- Dejamos reducir la mezcla unos 15-20 minutos, o hasta que el líquido se haya reducido a la mitad, más o menos.
- Pasados los 20 minutos apartamos del fuego y lo vertemos en un vaso de batidora para triturarlo todo bien.
- Finalmente, colocamos las rodajas de tintorera en un plato y salseamos al gusto. La salsa sobrante la serviremos en una salsera por si algún comensal quiere añadirle más.




Notas:
- En casa nos gusta muchísimo la cebolla y por eso no solemos pasar por la batidora esta salsa. Eso va a gustos, el sabor es rico igual.
- Es importante que la sartén donde vayamos a hacer la tintorera esté bien caliente, pues se trata de un pescado que contiene mucha agua y la deja ir enseguida. De este modo lo evitaríamos y no se nos secaría.
- Nosotros lo acompañamos en este caso con aros de cebolla hechos en el horno de La Sirena, los más crujientes y sabrosos que hemos probado hasta ahora, pero con unas verduras a la plancha o unas patatas al horno (pronto escribiré la receta de como las hago yo) también es un plato delicioso.

Espero que lo disfrutéis.
Buen miércoles.