viernes, 25 de marzo de 2016

BUDÍN O PUDÍN DE SOJA Y GALLETAS SPECULOOS PARA EL #RETOALFABETODULCE



Vuelve a ser 25 y, como cada mes, llega el momento de participar en el #RetoAlfabetoDulce.
Es 24 por la noche y aquí me tenéis de nuevo, dejándolo todo bonito y apurando el tiempo para llegar a participar, después de dos meses sin hacerlo, con algo medio decente. Ya que una lo hace, pues lo hace bien, o al menos yo soy de las personas que piensan así. Además, después de la pena que me dió no poder participar en el reto del mes pasado, siendo una chocolatera empedernida y sin haber faltado a una sola cita desde que me animé a participar, vuelvo con más ganas y muy contenta tanto con el ingrediente elegido como con el resultado de la receta que he elaborado con él.
¿Os suenan las galletas speculoos? Seguramente os habréis topado con ellas en multitud de cafeterías, pues suelen servirse para acompañar el café o incluso el té, o habréis pasado por delante de ellas en el supermercado miles de veces, pues las de la marca Lotus son muy conocidas y consumidas en nuestro país. Se trata de unas galletas típicas de países como Bélgica, Holanda y el norte de Alemania que no suelen faltar en las sobremesas navideñas. Lo que hace especiales a estas galletas y las diferencia del resto es la particular mezcla de especias que se usa para elaborarlas: Canela, clavo, nuez moscada, jengibre, cardamomo y pimienta blanca.
Su gran aroma y su sabor acaramelado hace que sean unas galletas deliciosas, de esas que te comes una y necesariamente necesitas otra, y otra, y otra más... ¡Pero como me gustan las galletas speculoos!
En fin, os cuento todo esto porque Bea, del blog Sweet Cookies by Bea ha sido la encargada de elegir el ingrediente con el que nos ha tocado cocinar este mes y no ha sido otro que las susodichas galletitas. La verdad es que sigo a Bea desde hace muy poquito, pero ya me he enamorado de su rinconcito dulce y no quisiera dejar pasar la oportunidad de darle las gracias por su elección, pues gracias a ella hemos podido disfrutar de uno de los postres más sencillos y más ricos que he preparado en mucho tiempo, y ya es decir, porque a nosotros nos encanta "darle al dulce"....
Digo que es un postre sencillo, porque no tardé más de 20 minutos en tenerlo preparado y en el horno. Y digo rico, porque si un pudín ya queda bien con restos de pan y/o bollería, con estas galletas os lo podéis imaginar... Una auténtica delicia.
Sabía de sobras, por un postre similar que preparé hace unos meses con turrón, que el resultado sería bicapa y que quedaría, por un lado, con una textura similar a la del flan y, por otro,  con una capa de galletas que harían de base y le aportarían mucho dulzor, sabor y, en este caso, mucho aroma.
Y ese ha sido exactamente el resultado, y así nos ha encantado.
Así que, aunque este pudín se puede preparar con cualquier tipo de galletas, os recomiendo hacerlo con speculoos, al menos para probarlo una vez. Veréis como termináis repitiendo.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 4 pudines como el de la foto):
- 2 huevos medianos
- 300 ml de leche de soja natural
- 1 rama de canela
- 7-8 galletas speculoos Lotus
-  2 cucharadas soperas de azúcar
- Caramelo para untar los moldes y/o para decorar

- Antes de empezar, precalentamos el horno a 190ºC, calor arriba y abajo.
- En un cazo a fuego medio, ponemos la leche de soja, la rama de canela y el azúcar, y lo llevamos a ebullición. Retiramos del fuego, sacamos la rama de canela y dejamos templar.
- En el vaso de la batidora, batimos los huevos con las galletas hasta que quede una especie de crema espesa. Añadimos entonces la leche templada y seguimos batiendo hasta que esté todo integrado.
- Seguidamente, untamos bien los moldes de caramelo y los rellenamos con la crema.
- Colocamos los moldes dentro de una fuente honda para horno, la rellenamos de agua hasta que cubra los recipientes a media altura, y horneamos a 190ºC durante 30-35 minutos, o hasta que los pudines hayan cuajado.
- Sacamos del horno, dejamos enfriar por completo, desmoldamos y servimos nuestros pudines acompañados de más caramelo y/o galletas de speculoos.




Notas:
- Yo usé leche de soja porque es la que solemos beber en casa últimamente. La verdad es que se disimula bastante su sabor, pero podéis sustituirla por leche normal sin ningún problema. Eso si, a no ser que debáis controlar a rajatabla las calorías de vuestra dieta, os recomiendo que sea leche entera, pues hace que el pudin resulte más cremoso y consistente.
- Este tipo de pudines también se pueden preparar perfectamente en el microondas. Bastará con hacerlo en un molde suficientemente grande para que quepa toda la mezcla y que esté bien cubierto de caramelo, y cocerlo a 700-800 vatios durante 7-9 minutos, dependiendo del microondas.
- Si sois muy fanáticos del sabor a speculoos, podéis quitar una cucharada de azúcar de la receta, y añadirle otra de crema de speculoos para untar. Puestos a pecar, pecamos bien... :P


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado mi aportación de este mes.
Disfrutad de la Semana Santa, y muchas gracias por seguir ahí.
¡Abrazos!
Fotos: Marc RT Studios

domingo, 20 de marzo de 2016

HAMBURGUESAS VEGETARIANAS DE PATATA Y ZANAHORIA



Lo bueno que tienen las tormentas es que, tarde o temprano y a largo o corto plazo, siempre dan paso a la calma. Este es, en mi opinión, uno de los refranes más ciertos de nuestro extenso refranero popular, y menos mal, porque si no no sé cómo podríamos lidiar con la cantidad de, llamémoslos "imprevistos", que la vida nos pone en nuestro camino cada vez que se le antoja.
Después de 15 días la mar de complicados y, sobretodo, agotadores, hoy el día ha amanecido diferente, de otro color, no sé como explicarlo, pero el ambiente que se respira en casa es distinto y no es precisamente porque haya empezado la primavera...
Es domingo, tengo fiesta y justamente se ha puesto a llover a mares. Pero, porque siempre hay un pero y esta vez es de los buenos, mi chico está apunto de llegar de visitar a su familia, mi padre ya está en casa recuperándose de su operación de vesícula, mi abuela mejora por días y la sensación de agobio y tensión que ha estado presente todos estos días parece que nos ha dado tregua.
Y bueno, ahora sólo queda tirar para adelante, cuidarse y cruzar los dedos porque todo marche bien. Qué triste resulta que, la mayoría de veces, sólo valoremos nuestra salud cuando la vemos realmente en peligro. ¿Y los humanos somos los animales más inteligentes de la faz de la Tierra?
En fin, que me estoy yendo por los Cerros de Úbeda, para variar, y tampoco quiero daros la charla...
Tal y como os comentaba hace un par de semanas, durante los últimos años he intentado reducir mi consumo de carne considerablemente, y motivos que me alienten a mantenerme firme en mi decisión no me han faltado. Además, esta decisión me ha servido como excusa para ponerme a investigar un poco y descubrir nuevas y deliciosas recetas y blogs que se han terminado convirtiendo en imprescindibles y que me han ayudado a que esa llamada "nostalgia de carne" no aparezca.
Me resulta curioso comprobar que, cuando me meto en la cocina a preparar algo que no lleve carne pero que a la vez esté rico y sea lo más sano y completo posible, casi nunca trato de "imitarla", porque, sinceramente, no es mi intención, y mucho menos teniendo a mano tantísimas y tan ricas alternativas. Este es el caso de las hamburguesas vegetarianas.
Y es que ¿Quién dijo que las hamburguesas sólo pueden ser de carne? Nada más lejos de la realidad, y para muestra la receta que os traigo hoy.
Las hamburguesas siempre han sido de esos alimentos que han tenido y tienen muchísimo tirón.
Existen todo tipo de propuestas y recetas diferentes, y, por supuesto, esto también se aplica a las versiones vegetarianas: Con verduras, hortalizas, cereales, legumbres, harinas, leches vegetales, etc. Existen mil y una opciones donde elegir en función de nuestros gustos, del tiempo y de los ingrediente de los que dispongamos, de nuestra dieta, etc.
Y precisamente echándole un vistazo a los ingredientes que nos gustan, que tenía a mano en ese momento y que creía que podían funcionar bien en una hamburguesa, y cogiendo algunas ideas de aquí y de allá gracias a San Google (Lo dije y lo repito: ¡Qué bonita es la cocina de circunstancia!), este fue el resultado.
La verdad es que estas hamburguesas me han sorprendido gratamente, tanto que ya las he cocinado 2 veces más desde que las hice por primera vez. He optado por no incluir ni harinas ni avena entre sus ingredientes, y aún así su textura es ideal, no resultan nada pesadas ni empalagosas, se dejan cocinar a la plancha sin ningún problema y están muy buenas.
Si tenéis patatas, zanahorias y especias, os recomiendo que le dediquéis media hora a prepararlas, pues no tienen ninguna complicación y el resultado merece mucho la pena. Además, siempre podéis "tunearlas" a vuestro gusto y disfrutar de unas hamburguesas sanas y deliciosas cada vez: con queso rallado, con curry, con salsa de soja... En fin, imaginación al poder.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 5-6 hamburguesas):
- 2 patatas medianas (400 gramos aprox.)
- 1 zanahoria grande (120 gramos aprox.)
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva + un poco más para la plancha
- 2 cucharadas soperas de pan rallado
- Sal, ajo en polvo, perejil y pimienta, al gusto
- 2 cucharadas soperas de queso rallado, opcional

- Para empezar, pelamos y cortamos las patatas y la zanahoria en dados medianos y las ponemos a cocer en una olla a fuego alto hasta que estén muy tiernas. Las retiramos y las dejamos enfriar por completo.
- Una vez frías, las colocamos en un plato hondo grande.añadimos la sal, las especias y una cucharada rasa de aceite de oliva, y machacamos muy bien con la ayuda de un tenedor. Con paciencia, debemos obtener una pasta compacta y manejable que no se pegue a las manos.
- Una vez tengamos la masa, la dividimos en 5 o 6 bolitas más o menos iguales y las pasamos por pan rallado mientras las chafamos y les damos forma de hamburguesa. 
- A continuación, ponemos una sartén-plancha a fuego medio-alto con un chorrito de aceite y, una vez caliente, vamos friendo las hamburguesas en tandas de 2 o 3, unos 3-4 minutos por cada lado o hasta que estén doradas.
- Dejamos templar un poco y servimos nuestras hamburguesas acompañadas de una ensalada completa, algún salteado sencillo que incluya legumbres, a modo de aperitivo con alguna salsa a nuestro gusto, etc.




Notas:
- Si tenéis un aro metálico, os será mucho más fácil darle forma a las hamburguesas. Eso sí, hay que pasarlas bien por pan rallado de todas formas para evitar que se rompan al cocinarlas a la plancha. 
- Para preparar esta receta es muy importante pelar bien las verduras y cocerlas un poco más de lo habitual, pues si están muy tiernas y limpias serán mucho más fácil de machacar y mezclar.
- Estas hamburguesas están igual de ricas calientes que frías, por lo que se pueden preparar con antelación y resultan ideales para llevar.
- Podéis variar las verduras a vuestro gusto y también añadirle otros ingredientes. A modo de ejemplo, con queso rallado y orégano y acompañadas de salsa de tomate (como en las fotos) también quedan muy ricas. Para gustos, colores.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado la receta y os animéis a probarla en casa.
Mucas gracias por todo el cariño y las muestras de apoyo que me habéis hecho llegar con motivo de mi primer cumpleblog y por la situación complicadilla que hemos tenido en casa estos días. Siempre me animáis un montón y hacéis que seguir con esto valga mil veces más la pena :) ¡GRACIAS!
¡Feliz domingo y feliz inicio de semana!
Fotos: Marc RT Studios

martes, 15 de marzo de 2016

CELEBRANDO MI PRIMER CUMPLEBLOG: ¡¡365 MILLONES DE GRACIAS POR ESTE AÑO!!



Hoy, día 15 de marzo de 2016, hace exactamente un año que publiqué mi primera entrada en "Hay un recuerdo en mi plato", y anda que no han cambiado las cosas desde entonces, madre mía...
No, no puedo llamar vergüenza a lo que siento cuando leo y releo esa receta de caballa al horno que tanto le gustaba a mi abuelo y que fue la encargada de darle el pistoletazo de salida al blog. Pero, oye, como he dicho un par de líneas más arriba, las cosas han cambiado mucho, y menos mal, porque de no haber sido así, ni dos telediarios hubiera durado esta locura (Nota mental: Nunca volveré a subir fotos con hechas con el móvil y de noche, NUNCA).
Una locura que empecé con muy poquitas expectativas (mi tercer apellido es "Mujer de poca fe"), pensando que nadie, a parte de mis conocidos y de los pocos bloguer@s que yo había ido siguiendo personalmente, se molestaría en echarle un vistazo a mis recetas y mucho menos a las historias que acompañan cada una de ellas (Lo sé, a veces no hay quien se lea mis tostones, de hecho, ni yo misma lo vuelvo a hacer...).
Un año después, no termino de creerme hasta donde ha llegado todo esto. Vale, vale, ni que me hubieran nombrado bloguera del año, ya lo sé,  pero es que tengo esa mala costumbre de emocionarme cuando algo en lo que apenas tenía esperanza termina por salir medio bien o incluso bien del todo... ¿Verdad que no soy la única a la que le pasa? Sobretodo si ese algo termina por convertirse en una parte tan importante de tu vida y te da tantas satisfacciones y alegrías.
Supongo que much@s de vosotr@s os sentís identificad@s con lo que estoy diciendo, y sabéis de mucha mejor mano que yo la inversión en tiempo y esfuerzo que requiere crear y mantener un blog, sobretodo de cocina, pero si seguimos aquí es porque nos compensa, y con creces.
Por lo menos en mi caso, a día de hoy, no me planteo un sólo día en el que no me deje caer por estos mundos, ya sea para visitar y disfrutar del resto de blogs amigos, descubrir otros nuevos, o para dedicarme única y exclusivamente a "poner guapo" al mío, cuando tengo algo interesante que contar... Qué más da, sea para lo que sea y aunque sea breve, siempre saco un ratito en algún momento del día para hacerlo, y eso me hace sentir de maravilla.
Confieso que hubo un momento, allá por el ecuador de vida del blog, en el que llegué a sentirme un poco agobiada, incluso abrumada. En las primeras entradas del blog me dediqué única y exclusivamente a tantear un poco el terreno, a compartir con las poquísimas personas que me leían (la mayoría de ellas familiares y amigos, o aquellas a las que empecé a visitar con mi nueva identidad virtual para hacerles saber de mi existencia) la cocina de mi casa, es decir, platos de toda la vida, sencillos y tradicionales que justificaban a la perfección el nombre del blog. Pero yo, culo inquieto por naturaleza, empecé a querer compartir más, a dedicarle un poquito más de mi cada día y a mejorar y aprender lo máximo posible. Y así fue como me lancé a la piscina y empecé a participar en todos esos retos, iniciativas, concursos y demás que te encuentras por la red en algún momento determinado de tu andadura bloguera, los ves y piensas "¡Qué chulo! En cuanto tenga tiempo para participar, lo haré", pero siempre terminas por posponerlo hasta el fin de los tiempos... "¡Fuera excusas y a por ello!", eso fue lo que me dije y todavía lo mantengo en la medida de lo posible. El primero fue mi queridisimo Reto Alfabeto Dulce y, al poco tiempo después y casi por casualidad, le siguió el Reto Typical Spanish, la red social de cocina Cookpad, Facebook y sus comunidades, las comunidades de Google+ y todos aquellos concursos, colaboraciones y opiniones de restaurantes que tenía, milagrosamente, tiempo de preparar. Por supuesto, y tal y como era de esperar, había momentos en los que no podía con todo y terminaba agotada. En algunos momentos incluso me enfadaba conmigo misma por no llegar a tiempo, o por no tener ganas de sentarme a escribir después de un día de trabajo agotador, o por comerme unas simples patatas fritas y no hacerles una foto para subirlas al blog... ¿Os lo podéis creer? Al final terminé cortando por lo sano y ahora prefiero ir haciendo sobre la marcha, sin agobios, sin pausa pero sin prisa, y a lo que salga y buenamente pueda llegar. Intento tener siempre presente que esto lo hago por pasión, como mi hobby,  y no por obligación, así que estrés cero.
Por último, me quiero dirigir directamente a vosotr@s , a tod@s l@s que dedicáis un ratito de vuestro tiempo a pasaros por mi rinconcito y ver qué se ha estado cociendo por aquí. De mi familia y de mi chico, que también me han apoyado lo suyo, ya me encargaré personalmente :)
En fin, qué puedo deciros que no os haya dicho a estas alturas... Cada "me gusta", cada receta compartida, cada comentario e incluso cada visita hacen que esto valga la pena, que saque fuerzas de donde a veces ni las hay para seguir adelante, que cada día tenga más ilusión y más confianza en mí misma... En definitiva, hacéis que esto siga siendo posible y que me haga inmensamente feliz, y eso no tiene precio.
A un@s he tenido la oportunidad de conoceros un poco más allá de la cocina, y he de darle gracias a la vida por poner en mi camino a personas tan bellas. Otr@s, en cambio, seguís formando parte de mi mundo virtual, pero no por ello os resto importancia. De tod@s y con tod@s he aprendido y disfrutado muchísimo, tod@s tenemos en común nuestra pasión por la cocina y por lo que hacemos, y compartir eso es lo que nos une y espero que nos siga uniendo durante mucho, muchísimo tiempo más.
De corazón, GRACIAS, MIL GRACIAS por seguir ahí después de estos meses, y que sigan siendo muchísimos más, GRACIAS por aparecer en mi cocina y en mi vida y GRACIAS por dejar que me quede en las vuestras. A modo de ejemplo, GRACIAS por:
- 29.366 visitas repartidas en las 97 entradas publicadas en el blog;
- 1123 comentarios repartidos también en esas entradas;
- 476 seguidores de mi persona, y otros 83 del blog;
- 109 blogs a los que soy asidua, y otros tantos con los que me topo cada día y me encantan;
- 99.924 visitas en 35 recetas y 40 seguidores en Cookpad;
- 220 seguidores en Facebook y un alcance de publicación que crece día tras día...
Y a todo esto hay que sumarle las tantísimas muestras de cariño y apoyo que he recibido de manera más privada a través de un e-mail, mensaje de Facebook o Whatsapp, etc.
Madre mía, sigo sin creérmelo...¡Sois increíbles!
Para agradeceroslo todavía más, me hubiera encantado prepararos alguna sorpresa tipo concurso, sorteo o iniciativa, pero estos días he tenido que dedicarme en cuerpo y alma a mi familia y no he ido sobrada de tiempo precisamente. Mi padre está  bastante fastidiado de la vesícula y mi abuela ha empezado a padecer serios problemas de huesos, así que ya os podéis imaginar cuan complicada es la situación ahora mismo en casa... En fin, todos tenemos nuestros problemas y no os voy a aburrir con los míos, tan sólo quiero pediros disculpas por ello y prometeros que en los próximos días le daré vueltas al tema y os prepararé alguna sorpresa que espero sea de vuestro gusto y que os anime a participar.
Hasta entonces, sólo espero seguir compartiendo, aprendiendo y disfrutando con lo que hagáis vosotr@s, y volver a cogerle el ritmo a lo mío cuando las cosas vuelvan un poco a la normalidad.
De nuevo, por última vez y sin cansarme de decirlo,
¡¡MIL GRACIAS POR SEGUIR AHÍ!!
Un abrazo enorme.

miércoles, 9 de marzo de 2016

"EMPEDRAT" O ENSALADA CATALANA DE ALUBIAS PARA EL RETO #LEGUMBREANDOTS



Pues nada, entre una cosa y otra y casi sin darnos cuenta, nos hemos plantado en marzo y ya se nos ha ido casi la mitad del mes...
Motivos familiares me han mantenido un poco alejada de estos mundos durante la última semana, y os pido mil disculpas por ello. Como siempre, en cuanto la situación vuelva un poco a la normalidad y tenga un poco más de tiempo, me dejaré caer por vuestros blogs y estoy segura de que disfrutaré un montón haciéndolo.
Como cada mes, marzo viene cargado de propuestas de lo más interesantes y variadas en cuanto a retos, iniciativas y demás que circulan por la blogosfera culinaria. Son tantas y tan chulas que me gustaría poder llegar a participar en todas, pero sé que por mucho que lo intente, no va a ser así. Por eso, prefiero ir haciendo sobre la marcha, sin agobios, sin pausa pero sin prisa, y a lo que salga y buenamente pueda llegar. A veces me olvido de que esto lo hago por pasión, como mi hobby,  y no por obligación, así que, a partir de ahora, estrés cero patatero :)
Si hace unos días os explicaba mi postura respecto al consumo excesivo de carne y lo bien que nos ha sentado en casa reducir la ingesta de este tipo de alimentos, y otras tantísimas veces antes ya os había hablado de la "guerra" que mi sistema digestivo me ha venido dando desde que nací y sobre cómo he tenido que adaptar mi dieta y mis hábitos de vida en general a lo largo de los años para ir tirando, la propuesta de este mes para el reto de La Cocina Typical Spanish no puede llegar en mejor momento ni con un mejor ingrediente protagonista.
Mar, la fantástica cocinera y mejor persona que hay detrás del blog Mar entre fogones y quien fue una de las capitanas del reto por equipos #CampanaSobreCampanaTS (el mejor equipo, por supuesto jeje) en el que participé en Navidad, ha sido la encargada de escoger el ingrediente de este mes, y todavía much@s seguimos dándole las gracias por su elección, pues motivos no nos faltan. Se trata de un ingrediente (o ingredientes, depende de como se mire) básico e indispensable en cualquier dieta sana y equilibrada, pues aporta cantidades importantes de vitaminas, minerales, almidones, proteínas y, sobretodo, mucha, mucha fibra. Es, además, un ingrediente pobre en grasas, muy versátil, que está muy presente en la gastronomía mediterránea en general y en la española en particular y que, qué leches, no puede estar más rico.
¡Qué haría yo sin mis amadas legumbres! (Supongo que a estas alturas ya habíais adivinado de qué se trataba... ¿No?). Para mí, son una de las mejores cosas que podemos llevarnos a la boca y un auténtico regalo para nuestro organismo, por todas las razones que os he dado y por muchas más.
En casa siempre se han comido legumbres, sobretodo en forma de potajes, así que se podría decir que la cultura del "cuchareo" es algo que prácticamente llevo en la sangre. Pero llega el momento en el que una se hace mayor, se independiza, empieza a trabajar y empieza a tener que romperse la sesera para no llenar siempre el tupper de arroz o pasta o, todavía peor, acabar tirando de bocadillos, sándwiches, hamburguesas y demás. Y, sí, aunque no lo parezca, legumbres y tuppers pueden hacer muy, pero que muy buenas migas: Ensaladas, patés a base de legumbres, salteados... Un montón de opciones ricas, sanas, equilibradas y, lo más importante, ideales para llevar.
Pues bien, la receta que yo he escogido para este mes cumple con todos estos requisitos y es, además, una de esas recetas a las que le tengo un cariño especial, pues desde que mi suegra volvió a preparármela y a recordarme lo mucho que me gusta, se ha vuelto un imprescindible de mis almuerzos semanales. Os hablo del "Empedrat" o ensalada de alubias con bacalao.
El Empedrat es un plato típico y muy popular de mi tierra, Cataluña, que suele llevar como ingredientes principales alubias blancas, tiras de bacalao desalado y huevo duro. Como acompañantes, suele llevar tomate, pimiento, aceitunas, cebolla, etc., todo ello aliñado con un buen aceite de oliva y un chorrito de vinagre. Eso si, dependiendo de la zona donde se prepare, se puede prescindir de los pimientos o añadírselos en forma de escalibada, cambiar las judías por otras legumbres como los garbanzos o las lentejas, e incluso se prepara substituyendo el bacalao por atún, caballa o bonito. Sea como sea que se prepare, el éxito de una receta tan simple reside, sin duda alguna, en la calidad de los ingredientes que elijamos para prepararla. Por ello, yo siempre uso y recomiendo usar unas buenas legumbres al peso, una buena conserva de pescado o bacalao desalado y, sobretodo, unas verduras frescas. Sólo así disfrutaremos al 100% de toda la esencia de este plato catalán tan sencillo, económico, rico, nutritivo y delicioso.
Sé que en muchas zonas de España el invierno está golpeando con fuerza y que much@s de mis compis de reto se han decantado y/o se van a decantar por preparar las legumbres a modo de "cuchareo", pues en esa situación, lógicamente apetece más un plato calentito y contundente que una ensalada templada y ligera.
Pero, de verdad, os recomiendo que guardéis la receta de "Empedrat" en vuestra lista de pendientes y le deis salida en cuanto tengáis oportunidad, pues estoy segura de que os va a encantar. Y si no, ya lo habéis visto, a hacer todos los cambios que consideréis oportunos y a prepararla a vuestro gusto. Imaginación al poder.
Así es como la hago yo en casa y como más me gusta:




Ingredientes (para 2 personas):
- 400 gramos de alubias blancas cocidas (1 bote)
- 1 pimiento italiano mediano
- 1 tomate grande de ensaladas
- 1/2 cebolla
- 1 huevo cocido tamaño L
- 1 lata de atún grande (90-100 gramos escurrido)
- Unas aceitunas y unos frutos secos, al gusto
- Sal, vinagre, y perejil picado, al gusto

- Empezamos escurriendo y lavando bien las judías. Las colocamos en una fuente grande y reservamos.
- Aparte, limpiamos, pelamos y picamos muy menudo el pimiento, el tomate, la cebolla, las olivas y el huevo (previamente cocido), y lo añadimos todo a la fuente de judías.
- Escurrimos bien el atún, reservando un par de cucharadas soperas de su aceite, y lo desmenuzamos muy bien sobre las judías y la verdura.
- Para hacer el aliño, mezclamos bien el aceite del atún con un poco de vinagre (de vino en este caso) y lo mezclamos bien con la ensalada.
- Para terminar, añadimos sal al gusto, unos frutos secos picados y un poco de perejil picado. Servimos inmediatamente.




Notas:
- Para sacar las judías cocidas del bote fácilmente y sin romperlas, os recomiendo sumergir el bote en agua caliente durante unos minutos. Mano de santo.
- Si os gustan tanto loa frutos secos en las ensaladas como a mi, y vais a optar por añadírselos al "Empedrat", siempre es mejor hacerlo en el último momento, a la vez que el aliño, para que conserven toda su textura y sabor. 
- Otras recetas de ensaladas con legumbres que ya os he enseñado son, por ejemplo, esta ensalada variada de garbanzos o esta otra ensalada de garbanzos, fruta y pavo, ambas muy ricas.




Nada más por ahora. Espero que os haya gustado mi aportación al reto de este mes.
Aprovecho para animaros a visitar las demás aportaciones de mis compañer@s de reto. Como cada mes, se lo han currado muchísimo y el resultado merece mucho la pena.
¡Feliz jueves!

jueves, 3 de marzo de 2016

LOMO CON SALSA DE ZANAHORIA Y CEBOLLA AL VINO BLANCO



No soy vegetariana ni nada por el estilo, pero si es verdad que en los últimos 4-5 años he venido reduciendo mi consumo de carne de una manera bastante significativa. ¿Motivo? Ninguno en concreto y muchos en particular.
Cuando te gusta tanto cocinar y empiezas a indagar un poco más en cuanto a culturas gastronómicas, tendencias alimenticias, tipos de dieta y demás, empiezas casi sin querer a forjarte una opinión u opiniones al respecto y quedarte con ventajas de esto, desventajas de lo otro, evidencias de ambas cosas... En fin, en mi caso, tengo muy claro lo que me ha llevado a ello...
Comer carne en exceso (cosa que venimos haciendo sin control desde hace muchos años) es perjudicial tanto para nuestra salud como para la del planeta en general. Las granjas contaminan de manera exagerada y los animales que se crían en ellas necesitan cantidades desproporcionadas de agua y comida, cosa que sabemos que, a la larga, no es sostenible. Además, el consumo de carne resulta la excusa perfecta para justificar el sufrimiento de miles y millones de animales que son criados única y exclusivamente con antibióticos, conservantes, hormonas, y una larga lista de sustancias que, por supuesto, terminamos ingiriendo los humanos y que no nos hacen ningún bien.
A corte más personal, reducir la cantidad de carne que como me ha servido como excusa para descubrir nuevas y deliciosas recetas y blogs (por ejemplo, al gran Carlos y a mis queridísimas Pilar y Silvina, entre otros) que me han ayudado a que mi dieta sea lo más equilibrada y variada posible, es decir, disfrutando de lo que como y sin carencias de nutrientes.
Además, he de reconocer que siempre he sido más de pescado que de carne y que, cuando no como carne o como muy poca, me siento mucho más ligera y con más energía. ¿Coincidencia? No lo creo.
Si hablamos de carne ecológica (sin que ello sirva como excusa, claro está) el asunto cambia un poco. La carne de procedencia ecológica es bastante más cara que la industrial, ya que los procesos artesanales que conlleva aumentan los costes de producción, pero sus ventajas son incomparables: Animales criados de forma natural, una carne mucho más rica en nutrientes, un sabor mucho más auténtico y rico, y un consumo consciente de aquello que realmente somos capaces de producir y sustentar. Dicho así, consuela un poco, pero no del todo, al menos a mí...
Pero, como cambiar las costumbres de las personas de un día para otro es casi misión imposible (los míos siguen siendo muy carnívoros) y que de vez en cuando no es un pecado mortal caer en "las tentaciones de la carne", en casa siempre intento cocinarla de manera sencilla y ligera, y opto por acompañarla con otros alimentos que nos ayuden a la hora de digerirla y que conviertan el conjunto en un plato lo más sano y completo posible.
Tenía muchas ganas de probar la salsa de zanahoria y cebolla tan popular en la red para acompañar carnes y pescados, así que, teniendo unos filetes hermosos de cabeza de lomo y el resto de los ingredientes a mano, me lancé hará cosa de una semana con la receta, y este ha sido el resultado.
Una salsa muy sencilla y que está para chuparse los dedos y mojar mucho pan, y que pienso repetir en breve para acompañar un montón de cosas que tengo en mente. Sin duda, os la recomiendo.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 4 filetes de cabeza de lomo de cerdo medianos (unos 150 gramos cada uno)
- 1 cucharada sopera rasa de aceite de oliva
- Sal y pimienta, al gusto

Para la salsa:
- 2 zanahorias medianas (150 gramos aproximadamente)
- 1 cebolla mediana (100 gramos aproximadamente)
- 2 dientes de ajo
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
- 1/2 vaso de vino blanco de cocina (125 ml aproximadamente)
- 1/2 pastilla de caldo de carne
- Sal, perejil picado y pimienta, al gusto

- Antes de empezar, limpiamos bien la carne y le quitamos el exceso de grasa que pueda tener, salpimentamos y reservamos.
- En una plancha o sartén a fuego medio-alto con una cucharada de aceite, doramos la carne por ambos lados (3-4 minutos por lado) y la reservamos.
- Seguidamente, limpiamos y picamos muy menudo la zanahoria, la cebolla y el ajo.
- En una sartén a fuego medio y con una cucharada de aceite, doramos el ajo y añadimos también la cebolla y la zanahoria. Salteamos todo unos 5 minutos.
- Pasados los 5 minutos, añadimos el caldo de carne, el vino y las especias, bajamos el fuego y dejamos reducir hasta que el líquido se haya evaporado casi por completo (unos 10 minutos aproximadamente). Retiramos.
- Una vez las verduras estén templadas, las pasamos al vaso de la batidora y las batimos hasta que queden como un puré fino.
- Por último, colocamos la carne en una sartén a fuego muy bajo, añadimos inmediatamente la salsa y calentamos el conjunto unos instantes antes de servir. 




Notas:
- Si os gusta la salsa más fina, siempre podéis colarla y eliminar del todo los grumos, aunque apenas se notan.
- Ojo con añadir demasiada sal, pues el caldo de carne ya lleva bastante cantidad. Os recomiendo probar la salsa antes de hacerlo.
- En este caso, acompañamos el lomo con unas patatas baby enteras hechas en el horno y mojadas en la misma salsa de la carne, pero con una guarnición de arroz blanco o salteado con ingredientes vegetales, una pasta del mismo estilo o las mismas patatas especiadas al horno también resulta un plato equilibrado y riquísimo. Para gustos, colores.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado tanto como a nosotros.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz resto de semana!
Fotos: Marc RT Studios

sábado, 27 de febrero de 2016

MAGDALENAS DE COCO Y PIÑA



Bueno, pues aquí estamos, disfrutando de nuevo del fin de semana... ¡Y lo que se ha hecho de rogar, el muy puñetero!
Muy a mi disgusto y a mi pesar, no he podido dejarme caer por aquí ni un sólo día para publicar esa segunda receta semanal que tanto me gusta compartir con vosotros, y mucho menos para pasarme por vuestros blogs y disfrutar con todas las cosas ricas que habéis estado cocinando en mi ausencia pues, tal y como os explicaba el sábado pasado, he estado trabajando en la Feria MWC por segundo año consecutivo. De estos días, aparte de quedarme con unas ojeras y unas agujetas de mil demonios, me quedo con lo mucho que he aprendido, con los buenos ratos con mis compañeros y, en definitiva, con la buenísima experiencia y la satisfacción del trabajo bien hecho. Porque para mi, llegar a casa a las tantas y agotada no tiene demasiada importancia si me voy a dormir con una sonrisa de oreja a oreja por haber hecho las cosas bien y haber rendido en mi día de trabajo. Así de tonta soy, y a día de hoy todavía no he vivido ninguna situación que me haga cambiar mi forma de ser y de ver la vida.
De todos los días que duró la feria, el último fue quizás el más complicado de todos: Metros, trenes y autobuses de huelga parcial y llenos de gente con equipaje que volvían a sus casas ese mismo día, un frío que te dejaba las orejas y la nariz como el Reno Rudolf en apenas 10 minutos de paseo, muchos menos visitantes y expositores que hicieron que hubiera mucho menos trabajo, y todo el cansancio acumulado de la semana, consiguieron que no parase de mirar el reloj cada 10 minutos y que me pasara el día desesperada por lo lento que pasaba el tiempo. Ya se sabe, mientras estamos entretenidos parece que el tiempo pasa más rápido y nos cunde mucho más que si no lo estamos, cosa que a mi personalmente termina por desesperarme, y no sólo por no hacer nada, si no por lo poco útil que te sientes...
En fin, como nada es eterno y no todo iba a ser negativo, mi hora de plegar terminó llegando y gracias a ese día he podido preparar y enseñaros la receta de hoy.
A última hora de la tarde, aunque no fuera mi trabajo y por dejar de sentirme un rato como una planta, me puse a ayudar a mis compañeros del restaurante de al lado a limpiar las neveras donde habían estado vendiendo las ensaladas, los sándwiches, los zumos y demás. Ya lo sabía de otras ocasiones, pero no por ello ha dejado de enrabietarme: Toda esa comida envasada, aunque no esté ni caducada ni mucho menos en mal estado (por favor, que los zumos caducaban en abril...), termina en la basura, y así evento tras evento, feria tras feria. Será por Bancos de Alimentos y Asociaciones Benéficas en Barcelona donde donarlos, ¿Verdad?. En fin, sin comentarios... Me dio tanta pena que incluso le pedí una ensalada de fruta a mi compañera para el viaje de vuelta a casa (1 hora larga de viaje da mucha hambre, os lo aseguro) y ella, ni corta ni perezosa, terminó dándome 3 y hasta varios yogures y también se preparó otra bolsa para ella. Vale, así no evitamos ni de lejos el gran despilfarro de comida y dinero de siempre, pero nos quitamos un poco esa espinita de haber cumplido las órdenes de los jefes y haber sido partícipes de ello.
Y con uno de esos envases de fruta cortada y uno de esos yogures que había en la bolsa, y un par de cosillas más que tenía por casa, preparé estas magdalenas para el desayuno del fin de semana.
Como ya sabréis, la mayoría de bizcochos y magdalenas que comemos en casa los hago yo, y mientras pueda, así seguirá siendo.  Además, a mediados de semana, algunos de mis compañeros bloggers se volvieron a dar cita un mes más con motivo del Reto Alfabeto Dulce al que, ni de lejos y con todo el dolor de mi corazón, llegué a participar, pero que me dejó un antojo de dulce tremendismo. Así que tirando no sólo de despensa, si no también de recetario del blog, y apostando por una combinación de sabores de esas tan clásicas pero que tanto gustan (ya sabéis, como la de plátano y chocolate, o chocolate y naranja, o...), salieron estas magdalenas tan ricas. Mucho más jugosas y esponjosas que las magdalenas de toda la vida gracias a la humedad que le aporta la piña natural, y con un sabor a coco muy intenso y delicioso, tenía previsto que duraran hasta el desayuno de mañana y justo ahora me estoy merendando la última con una buena taza de té caliente, con eso os lo digo todo. Una de las mejores magdalenas que he hecho en mucho tiempo, os lo aseguro.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para unas 12-14 magdalenas):
- 2 huevos tamaño M
- 4 cucharadas soperas de azúcar blanquilla
- 2 cucharadas soperas de aceite de girasol
- 1 yogur de coco grande (150 gramos)
- 6 cucharadas soperas rasas de harina leudante (harina con levadura)
- 2 cucharadas soperas de coco rallado
- 100 gramos de tacos de piña limpios

- Antes de empezar, encendemos el horno y lo precalentamos a 190ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande, batimos los huevos con el azúcar, el aceite y el coco rallado hasta que la mezcla blanquee un poco. Añadimos entonces el yogur y seguimos batiendo.
- Seguidamente, añadimos la harina leudante por tandas y con un tamiz, y mezclamos bien.
- Colocamos los moldes de las magdalenas en la bandeja del horno y las rellenamos de masa hasta la mitad, más o menos.
- Aparte, limpiamos y cortamos la piña a dados pequeños y ponemos 3-4 dados encima de cada magdalena.
- Introducimos las magdalenas en el horno durante 25-30 minutos a 190ºC, o hasta que las veamos doradas.
- Las sacamos del horno, las dejamos enfriar y ya las podremos degustar.




Notas:
- Recordad: En el momento de hornear las magdalenas, el horno debe estar bien caliente para que cojan aire y suban mejor y nunca debemos abrir la puerta antes de los primeros 15 minutos.
- La piña le aporta jugosidad y dulzor a las magdalenas, por eso también permite reducir un poco la cantidad de azúcar. Si sois muy dulceros, os recomiendo añadirle una cucharada más.
- Con unos dados de melocotón, manzana, plátano, pera, etc., seguro que también quedan unas magdalenas de rechupete.


Nada más por ahora.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz fin de semana!

sábado, 20 de febrero de 2016

GALLETAS CLÁSICAS DE AVENA Y PASAS



Se avecinan unos días intensos en la ciudad condal...
Con motivo de la feria MWC, Barcelona está empezando a llenarse de expositores, congresistas, curiosos, turistas y demás, y la previsión para la semana que viene es que esté todo a reventar. Eso significa que toca volver a las carreras para coger asiento y no tener que pasarme una hora de viaje en tren de pie, ir en el metro como sardinas en lata "disfrutando" del aroma a humanidad, hacer cola para comprarme un bocadillo en el bareto de toda la vida, llegar a casa a las tantas...  En fin, trabajar, sobretodo trabajar mucho. Menos mal que tan solo van a ser 5 días, que tengo la grandísima suerte de ejercer un trabajo que me gusta y que de todo se aprende. Vaya, que aquí el que no se consuela es porque no quiere...
Y las despedidas,(lo sé, nada de dramas, que es muy poco tiempo), dejan mucho mejor sabor de boca si se hacen con algo dulce, ¿No?
Como ya os he comentado en más de una ocasión, en casa siempre hemos tenido la costumbre de preparar la mayoría de postres y dulces que comemos. Mi abuela le metió el gusanillo a mi madre y esta hizo lo mismo conmigo, tanto que ahora me niego a perder esta costumbre familiar tan rica y sana y intento predicar con el ejemplo todo lo que puedo: Gelatinasnatillasmagdalenas... y todo lo que se me ocurra para disfrutar de estos "placeres culpables" en casa, de una manera muchísimo más rica, sana y natural.
Y otra vez le ha vuelto a tocar el turno a las galletas. Hace relativamente poco tiempo que preparo galletas en casa y es algo que cada vez me tiene más enganchada. Y es que hornear tus propias galletas es una actividad tan relajante, tan reconfortante y tan gratificante que es imposible no dejarse llevar y experimentar con diferentes recetas, ingredientes, tipos, formatos, etc., una vez que has empezado. Y ese olor tan delicioso que se extiende por toda la casa mientras se hornean, y qué difícil es dejarlas enfriar por completo antes de zamparnos un par... Un auténtico placer.
Estas galletas de avena y pasas son de las más sencillas y ricas que he preparado hasta la fecha. Cada vez que las hago (y ya van 9 o 10, por lo menos) duran un suspiro y me sorprendo más de lo bien que quedan con apenas unos pocos ingredientes básicos y en un tiempo récord. Se trata, sin duda alguna, de una de esas recetas sencillas pero de resultado sublime que la hacen digna de incluir en cualquier recetario casero.
Sin más, os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 10-12 galletas)
- 1 cucharada sopera de mantequilla 100%, a temperatura ambiente
- 2 cucharadas soperas de azúcar
- 2 cucharadas soperas de harina de trigo común
- 1 cucharada sopera de leche
- 3 cucharadas soperas de copos de avena
- Pasas picadas y canela en polvo, al gusto

- Para empezar, colocamos la mantequilla y el azúcar en un bol, y batimos hasta que se integre bien.
- Seguidamente, añadimos la harina, la leche, los copos de avena y la canela, e integramos todo bien hasta formar una pasta mucho más compacta y manipulable.
. Añadimos entonces las pasas secas y las integramos a la masa, que dejaremos reposar en la nevera media hora.
- Antes de continuar, encendemos el horno y lo precalentamos a 190ºC, calor arriba y abajo.
- Con la ayuda de una cuchara de postre, vamos tomando porciones de la masa, le damos forma de galleta y las colocamos sobre una bandeja de horno forrada con papel vegetal, suficientemente separadas entre ellas.
- Una vez tengamos todas las galletas en la bandeja, las horneamos a 190ºC unos 15 minutos más o menos, o hasta que veamos que se han dorado.
- Sacamos las galletas del horno, las dejamos enfriar y...¡A comer!




Notas:
- Estas galletas se mantienen crujientes hasta 3-4 días, siempre y cuando las guardemos en un recipiente adecuado, libre de humedad y calor.
- Podemos substituir el azúcar por miel y la leche por alguna bebida vegetal sin ningún problema, quedarán igualmente unas galletas deliciosas.
- Con pasas, con chips de chocolate, con coco, con dátiles, con orejones... Podemos ir variando los añadidos para disfrutar de unas galletas caseras distintas y muy ricas cada vez que las preparemos. Imaginación al poder.


Nada más por ahora. Espero que os haya gustado la receta, y muchísimas gracias por seguir ahí.
¡Nos vemos en unos días! :)
Fotos: Marc RT Studios

lunes, 15 de febrero de 2016

MILHOJAS DE BERENJENA Y BOLOÑESA



Muchas veces, y sobretodo mientras cocino, no puedo evitar echar la vista atrás y preguntarme una y otra vez eso que todos los que amamos la cocina nos hemos preguntado alguna vez: Y a mi, ¿Por qué me gusta tanto cocinar? ¿Por qué la cocina, y no la pintura, el baile, la lectura...?
Muchos psicólogos afirman que muchas veces elegimos nuestros hobbies sin querer. Esto significa que, si una actividad logra alejarte de tus preocupaciones y del estrés y te relaja mucho más que otra, tu mente hará que te decantes por aquella que realmente le proporciona placer. Y eso resulta, amig@s míos, muy beneficioso para nosotros pues, en función de la actividad que realicemos, estaremos más sanos física y/o emocionalmente. Alucinante, ¿Verdad? La mente humana es maravillosa...
Pues sí, la cocina me recrea, me relaja, me ayuda a evadirme y a concentrarme y, en definitiva, me satisface muchísimo. Además, al haber crecido entre fogones (primero por obligación y enseguida por devoción), la cocina consigue trasladarme a esos momentos imborrables y tan felices de mi pasado alrededor de unos fogones o alrededor de una mesa, y eso hace que lo disfrute el doble.
Hace ya algún tiempo os explicaba que, cuando era pequeña y mi abuelo aún vivía, tenía un pequeño huerto a unos escasos tres kilómetros de casa al que siempre le sacaba el máximo provecho, pues no había estación en la que no plantara algo. Qué pimientos, qué tomates, qué berenjenas, qué lechugas... Eso sí que eran verduras de verdad. Jamás he vuelto a comer unas verduras con un sabor, un color y un aroma similar, ni de lejos, y que me disculpen el resto de payeses del mundo, pero es mi humilde y sincera opinión.
Por supuesto, cada fruta/verdura acabó teniendo un recopilatorio más o menos extenso de recetas donde era la protagonista y del que todavía echamos mano cuando nos faltan ideas.
Con las berenjenas, por ejemplo, mi abuela preparaba un pisto delicioso que lo mismo nos servía para preparar un plato de pasta que para comernoslo tal cual, acompañado de un huevo frito y mucho pan.
A mi abuelo, que en paz descanse, le encantaban las berenjenas cortadas bien finas, fritas y muy crujientes. ¿Habéis probado alguna vez el bocata de berenjenas fritas? Vale, ligero precisamente no es, pero es un auténtico manjar, aunque no lo parezca.
Mi madre, en cambio, siempre ha apostado por preparaciones más elaboradas y contundentes como los libritos de berenjenas, las berenjenas rebozadas y las clásicas berenjenas rellenas.
Y yo... Pues a mi me gusta investigar, coger ideas de aquí y de allá y de vez en cuando preparar platos con esa esencia tradicional, de toda la vida, pero adaptados a los tiempos que corren.
Hace mucho tiempo que vi estas milhojas de berenjenas en la sección de cocina de una revista local y tenía muchas ganas de prepararlas. Aunque la receta original era un poco más contundente, pues la berenjena iba frita y el relleno era a base de carne picada y bacon, la he adaptado un poco a nuestros gustos y he intentado reducir un poco la cantidad de grasa de la receta. Y, oye, no sé cómo sabrían las milhojas originales, pero os aseguro que estas están para relamerse, no son nada pesadas y, por si tenéis niños poco amantes de las verduras en casa, se pondrán las botas a berenjenas sin darse ni cuenta, os lo aseguro. Tenéis que probarlas.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 1 berenjena grande (300 gramos aproximadamente, unas 18 rodajas)
- 200 gramos de tomate frito de calidad
- 1/2 cebolla
- 2 salchichas de cerdo frescas
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 75 gramos de queso rallado especial para gratinar
- Sal, ajo en polvo, pimienta y perejil picado, al gusto

- Para empezar, cortamos la berenjena en rodajas no muy finas, las disponemos sobre un escurridor, añadimos bien de sal y las dejamos sudar unos 20 minutos. Pasado este tiempo, las lavamos para eliminar la sal.
- En una sartén a fuego medio-alto y con un poco de aceite de oliva, vamos haciendo las rodajas de berenjena hasta que estén tiernas y se hayan dorado un poco. Reservamos.
- Limpiamos y picamos la cebolla, y picamos también muy menudo la carne de las salchichas.
- En otra sartén a fuego medio con la otra cucharada de aceite, doramos la cebolla junto a la carne de salchichas, sin dejar de remover para que se desmenuce bien.
- Una vez lo tengamos listo, añadimos el tomate frito, el ajo y la pimienta, damos un par de vueltas y retiramos del fuego. Rectificamos de sal si fuese necesario.
- Antes de seguir, precalentamos el horno a 210ºC, en función gratinador.
- Ahora procederemos a montar las milhojas: En una bandeja de horno untada con un poco de aceite, colocamos una rodaja de berenjena como base, añadimos una cucharada hermosa de sofrito, otra rodaja de berenjena, otra cucharada de sofrito, otra rodaja de berenjena, y terminamos con el sofrito y una buena porción de queso rallado. Hacemos lo mismo hasta terminar con toda la berenjena y el sofrito.
- Gratinamos en el horno a 210ºC durante unos 10 minutos, o hasta que tenga el dorado deseado.
- Sacamos, dejamos templar unos minutos y servimos inmediatamente, espolvoreadas con un poco de perejil picado.




Notas:
- Si véis que las rodajas de berenjenas no os quedan muy tiernas al pasarlas por la plancha, podéis ayudaros añadiendo una cucharada de agua sobre las berenjenas mientras están en la sartén y dejando que se evapore.
- Para incluir todavía más cantidad de verdura en la receta, podéis optar por usar pisto en vez de tomate frito aunque, en este caso, si que os recomiendo que sea casero.
- Con carne picada, chorizo, restos de pollo, atún... Cualquier proteína que nos guste puede servir perfectamente como relleno de estas milhojas.


Nada más por ahora. Espero que os haya gustado.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz inicio de semana!
Fotos: Marc RT Studios

miércoles, 10 de febrero de 2016

LA CENA DE "A TRES METROS SOBRE EL CIELO" PARA EL RETO #COCINADECINETS



Como quien no quiere la cosa, se nos ha ido otro mes de las manos y ya estamos metidos de lleno en febrero, ni más ni menos... Recuerdo que, cuando era pequeña e incluso siendo ya adolescente, y venía del parque, del cole o del instituto habiendo aprendido un montón de cosas y/o habiendo pasado un rato divertido, mi madre siempre me decía: "Ay, cariño, aprovecha al máximo esta etapa, diviértete, haz amigos y, sobretodo, aprende mucho porque, a medida que vayas cumpliendo años y sumando cifras, especialmente delante, te parecerá que el tiempo vuela...". ¿Por qué será que las madres tienen siempre razón? En este caso me hubiera gustado especialmente que no fuera así pero, investigando un poco con la ayuda del señor Google, he descubierto que incluso hay teorías científicas que intentan explicar este fenómeno. Cuando somos niños, nuestro cerebro está constantemente aprendiendo y descubriendo cosas nuevas, y eso nos crea la sensación de que el tiempo pasa más lento. Pero a medida que nos hacemos mayores nos da la impresión de que los días vuelan, y eso se debe a que nada de lo que vivimos o aprendemos es "nuevo". Casa-familia-estudios-trabajo, fin de semana, y vuelta a empezar... Nuestro cerebro necesita aprender constantemente, y la mayoría de veces, nuestra rutina no nos ayuda a "enseñarle". Así que, no nos queda otra: Si empezamos a sentir que el tiempo pasa muy deprisa, deberíamos revisar nuestro modo de vida. No necesitamos cambiar de trabajo, de amistades o de residencia, simplemente necesitamos APRENDER, y eso lo podemos hacer dónde, cuándo, cómo y con quién queramos.
En fin, vamos a lo que vamos, que siempre acabo yéndome por los cerros de Úbeda, para variar...
Cuando recibí la propuesta de este mes para el reto de La Cocina Typical Spanish, he de reconocer que no terminó de convencerme del todo. Se trataba de elegir nuestra película favorita y cocinar algo que apareciera en ella. Hasta aquí todo bien. Ahora, las condiciones que terminaban de definir la propuesta han sido, por decirlo de alguna manera, mi talón de Aquiles: Película romántica o de amor, receta pensada para enamorar a esa persona especial, y adaptada, en la medida de lo posible, a la cocina típica de nuestro país.
¿¡Película romántica!? Madre mía, madre mía... Soy bastante cinéfila, y mucho más desde que comparto mi vida con una persona que está metida en el mundillo. Disfruto pasando tardes enteras en casa o en el cine viendo una buena película con mi pareja o mis amig@s y charlando luego sobre los aspectos técnicos, el argumento, el trabajo de los actores, etc., Pero las películas de amor no son lo mío precisamente. Disfruto mil millones de veces más con las películas de terror, sobretodo las de terror psicológico, y con los thrillers. Me encanta pasar miedo y hacer pasar miedo, o pasarme la película entera con el suspense metido en el cuerpo(sí, lo sé, soy un poco masoca y me encanta). Por el contrario, no me despierta demasiado interés ver una película y acabar "ñoña" perdida porque una historia de amor (casi) imposible ha terminado en boda, o porque ambos protagonistas han perdido la vida por amor... No, no es lo mío, qué le vamos a hacer... Para gustos, colores.
Aún así, y muy a mi pesar, yo también he sido una adolescente y he tenido muchos, pero que muchos, pajaritos en la cabeza. Yo también he vivido esas "tardes de chicas" con mis amigas, en las que quedábamos básicamente para hacer algunos deberes, hablar sobre chicos y, de vez en cuando, ver alguna peli romántica, por supuesto. La edad del pavo no perdona a nadie.
Una de esas películas que vimos fue "A tres metros sobre el cielo", en su versión española y protagonizada por Mario Casas y María Valverde. En pocas palabras, se trata de un dramazo romántico-adolescente que narra la historia de Hugo, un chico rebelde, impulsivo y aficionado al peligro, y de Babi, la típica niña rica educada en la inocencia y bajo un montón de normas, es decir, dos jóvenes que pertenecen a mundos opuestos y que terminan viviendo lo que, en un principio, parecía una historia de amor imposible (topicazos van, topicazos vienen). 
Por aquel entonces, Federico Moccia se había convertido en el escritor de moda gracias a esta y a sus otras dos novelas de la saga ("Tengo ganas de ti" y "Perdona si te llamo amor"), y Mario Casas... Bueno, Mario Casas nos traía locas a todas, y no precisamente por sus dotes interpretativas (que las tiene, ojo, no pretendo juzgar su trabajo).
En fin, por A o por B, quise ver la película (¡Tenía 17 años, madre mía! Definitivamente, el tiempo vuela) y he de reconocer, muy a mi pesar, que la maldita me llegó a la "patata". Pensándolo bien, ¿Qué chica de 17 años no ha fantaseado alguna vez con una historia de amor similar? Pues eso...
En un momento determinado de la película, Hugo le prepara a Babi una cenita romántica en su casa para pedirle disculpas por un lío en el que ambos se ven metidos días atrás, pero el asunto no termina nada bien y Hugo se queda compuesto, a mesa puesta (y comida fría) y sin novia.
Investigando un poco y viendo la dificultad de las recetas (el chico no se estruja la sesera precisamente, pero el detalle es lo que cuenta al fin y al cabo, ¿No?), al final decidí preparar todos los platos que aparecían en la escena, pero adaptándolas un poco a nuestros gustos y contrastando los platos que aparecen en la película española que. obviamente, son ligeramente distintos a los del libro y la película italiana. Ni carpaccios caros y difíciles de encontrar, ni tampoco una simple carne a la plancha con unas fresas de postre. 
Al final, el resultado ha sido una cena muy del día a día, completa, sencilla y rica, sin más. A ver qué os parece.





Ingredientes (para 2 personas):

Ensalada mixta con aguacate y frutos secos:
- 1/2 lechuga iceberg
- 1/2 cebolla pequeña
- 1 zanahoria pequeña
- 1 tomate mediano
- 1 aguacate pequeño
- Un bote pequeño de olivas rellenas de anchoas
- Un puñado de cóctel de frutos secos

Para el aliño:
- 1 cucharada sopera de zumo de limón
- 1 cucharada sopera de salsa de soja
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave

- Limpiamos y troceamos a nuestro gusto la lechuga, la cebolla, la zanahoria y el tomate, y los ponemos en una ensaladera.
- Pelamos y cortamos en láminas el aguacate, y lo colocamos encima del resto de verduras. Añadimos también un puñado de frutos secos y unas olivas para completar la ensalada.
- Para el aliño, mezclamos en un bol una cucharada sopera de zumo de limón, otra de salsa de soja y otra de aceite.
- Llevamos a la mesa la ensalada y el aliño por separado, y aliñamos justo en el momento de servir.




Solomillos de pollo a la plancha con finas hierbas, miel y limón:
- 350 gramos de solomillos de pollo limpios (4 trozos)
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
- 1 cucharada sopera de zumo de limón
- 1 cucharada de postre de miel de flores
- 1 sobre individual de preparado de finas hierbas para pollo
- Ajo en polvo, perejil picado y sal, al gusto

- En un bol grande, mezclamos el zumo de limón con la miel, el aceite, las finas hierbas, el ajo en polvo y la sal.
- Seguidamente, introducimos los solomillos de pollo en el bol, los impregnamos bien de la mezcla.
- En una sartén a fuego medio, hacemos los solomillos a la plancha con todo el jugo del bol, unos 2-3 minutos por cada lado.
- Servimos calientes, espolvoreados con un poco de perejil picado.




Macedonia de frutas con crema:
- 1 plátano mediano
- 1 manzana reineta mediana
- 1 naranja mediana

Para la crema:
- 250 ml de leche
- 1/2 sobre de preparado de crema catalana (o natillas en su defecto)
- 2 cucharadas soperas de azúcar
- Canela, al gusto

- Para empezar, preparamos la crema tal y como os explicaba en esta entrada
- Una vez la crema se haya enfriado, pelamos y troceamos las frutas, y las repartimos en dos recipientes de postre.
- Cubrimos bien las frutas con la crema y servimos al momento, espolvoreado con un poco de canela.




Y con esto y un bizcocho, me despido por hoy.
Espero que os haya gustado mi aportación de este mes, ha sido todo un reto para mi pero al final he terminado disfrutándolo mucho.
Aprovecho el tirón para invitaros a que le echéis un ojo al resto de aportaciones de mis compis. Como siempre, son todas estupendas y os vendrá de maravilla tener ideas de este tipo si sois de celebrar San Valentín también en la mesa :)
¡Mil gracias por seguir ahí!

jueves, 4 de febrero de 2016

BOLLOS RELLENOS DE MORCILLA Y QUESO



Que de los errores se aprende, está claro. Y que es de sabios rectificar, también.
Como os explicaba hace unos días (¿Ya ha pasado casi un mes? El tiempo vuela...), para la última propuesta del reto mensual de La Cocina Typical Spanish, para el cual se nos propuso cocinar una masa salada, cometí el error de leerme las condiciones muy muy muy por encima y, en un alarde de inspiración y con mucho mono "panarra", terminé preparando unos bollos rellenos. Mira que existen recetas de masas saladas típicas de nuestra gastronomía (cocas, empanadas, empanadillas, tartas...) y voy y preparo unos bollos, cuando la única condición que se nos exigía era que no fueran ni panes ni masas por el estilo... Lo dije y lo digo, olé yo.
En fin, después de levantarme a las 8 de la mañana, preparar y dejar levar la masa de pan, dividirla en bolas, rellenarlas de queso y morcilla y ponerme manos a la obra con las fotos y la redacción de la entrada, tuve que dejarla en la penumbra y volver a ponerme manos a la obra (o a la masa), volver a encender el horno, volver a sacar la cámara, volver a redactar... En fin, que el mes pasado tuve que trabajar por dos... Bueno, como dice mi madre, "sarna con gusto no pica" y no tengo excusa, fue culpa mía.
Juro ante las responsables del reto, todas las demás personas que dedicáis unos minutos de vuestro tiempo a leerme e incluso ante las mismísimas autoridades de blogspot (vale, se me va a pinza...) que, a partir de ahora, deberes hechos y newsletters bien leídas antes de entrar en faena, que bastante justitos me llegan los días como para apretarlos más todavía...
Y como comer hay que comer todos los días, pues terminamos dando muy buena cuenta de los bollos, pues, aunque eran la prueba definitiva de mi metedura de pata, quedaron riquísimos. Igual que los que le preparé a mi abuela hace un tiempo, la masa levó perfectamente y quedó un poco más húmeda y jugosa gracias a la grasita de la morcilla y al queso fundido.
Un par de bollos de estos y una ensalada completa fueron nuestro almuerzo de ese día, y la verdad es que comimos la mar de completo y rico.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para unos 4-5 bollos):
- 120 gramos de harina de trigo integral
- 75 ml de agua 
- 1 gramo de sal
- 5 gramos de levadura fresca de panadería
- 1/2 morcilla de arroz
- Tacos de queso emmental

- Para empezar, ponemos la harina en un bol grande con la levadura desmenuzada y añadimos la sal y el agua. Mezclamos a mano unos 5 minutos hasta que la masa empiece a formarse.
- Pasamos la masa a una superfície de trabajo y la amasamos durante unos minutos, estirándola y levantándola para que coja aire, hasta que esté firme y manejable. 
- En forma de bola, colocamos la masa en un bol untado de aceite y la dejamos reposar una hora más o menos en un lugar cálido.
- Pasado el tiempo, volvemos a amasar para desgasificar la masa.
- Antes de continuar, precalentamos el horno a 210ºC, sin aire.
- Seguidamente, cortamos la masa en 4 porciones y le damos forma de pequeñas bolas.
- Ahora cogemos 2 bolitas, la aplastamos un poco y ponemos una porción generosa de morcilla dentro, arremetiendo los bordes para formar el bollito. Hacemos lo mismo con las otras dos bolitas y los tacos de queso emmental.
- Colocamos los bollitos en una bandeja de horno con suficiente espacio entre ellos, los dejamos reposar unos 5 minutos y los introducimos en el horno durante 20 minutos más o menos.
- Apagamos el horno, retiramos los bollitos y los dejamos enfriar completamente encima de una rejilla antes de consumir.




Notas: 
- La receta original propone pintar los bollitos con leche y sal antes de hornearlos para que queden más dorados. Yo no lo hice, pero el resultado fue bueno igual.
- Tuve que aumentar un poco la cantidad de agua que utilicé porque la harina integral absorbe más líquido que la convencional.
- No conviene rellenar los bollos en exceso, especialmente en el caso del queso, pues crecen bastante durante el horneado y es fácil que termine saliéndose.
- Si queréis que los bollos os queden todavía más jugosos, podéis usar morcilla de cebolla en vez de arroz.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado la receta.
¡Feliz jueves!