viernes, 22 de abril de 2016

GRATÉN DE PATATAS, VERDURAS Y SALCHICHAS



Bueno, pues con mi señor "fotógrafo oficial" trabajando unos días fuera y, en consecuencia, a falta de fotos del viaje (buenas fotos, que con el móvil nos apañamos todos...), buena es una receta pos vacacional y de aprovechamiento, ¿No os parece?
Tal y como os contaba hace unos días, mi pareja y yo hicimos una escapada de 3 días a Valencia que nos dio mucho de si. Menos de medio día nos bastó para decidir de mutuo acuerdo que queríamos descubrir la ciudad a pie, a nuestro aire,  sin horarios, sin agobios, y yendo en todo momento donde nos apetecía, aunque tardáramos un poco más. Nos alojamos en un apartamento que estaba a dos pasos de Catedral de Valencia (más de la mitad del tiempo que estuvimos en el apartamento me lo pasé asomada al balcón contemplándola, porque es una auténtica belleza), así que la tomamos como punto de referencia y partida de todos nuestros recorridos: Que si primero nos vemos todo el Centro Histórico, que si ahora nos vamos a comer por la zona del Mercado Central y de paso vemos La Lonja, que si ahora vamos a merendar una buena horchata con fartons al Mercado de Colón y volvemos paseando tranquilamente por el Jardín del Túria... Vaya, que andamos todo lo que no hemos andado en nuestra vida junto y caíamos agotados en la cama por las noches... Eso sí, agotados pero satisfechos por haber visto y hecho todo lo que teníamos planeado.
Y tan cansados terminamos que el viaje de vuelta nos pareció el doble de largo que el de ida. Vale, lo sé, es algo que nos pasa a todos, pero esta vez se nos hizo mucho más tedioso de lo normal. Quizás fue por el calor, o por la cantidad de gente que iba en el autobús, o porque eran las 2 de la tarde, o porque estábamos todavía un poco cansados, o quizás por de todo un poco, que llegamos a Barcelona y salimos zumbando del autobús, sin darle las gracias al conductor ni nada (pobre hombre, con lo majo que era...), para meternos en el tren y plantarnos en casa lo antes posible.
Mi señor novio se fue directo al sofá y en menos de 15 minutos ya lo estaba oyendo roncar, a pesar de haberse ofrecido en un principio a ayudarme con las maletas.... En fin, y yo, más que tumbarme y no hacer nada, necesitaba relajarme y descansar. Si a esto le sumamos que lo que más me relaja y me gusta del mundo mundial es cocinar, que la hora de la cena estaba cada vez más cerca y que había dejado la nevera medio vacía para no encontrarme con nada "mutante" a la vuelta del viaje, me metí en la cocina y esto fue lo que terminé improvisando: un gratén de patatas con verduras y salchichas.
Un par de patatas hermosas, unas verduras que estaban ya un poco arrugaditas, una buena salsa de tomate, unas salchichas de pavo a punto de caducar y una cantidad generosa de queso emmental, fue todo lo que utilicé para preparar este plato que no me dio apenas trabajo y que quedó muy rico.
Normalmente suelo preparar este tipo de platos (los gratineslas lasañas y los pasteles de verdura) con algo de bechamel y es por eso que, en un principio, no tenía mucha confianza en el resultado. Pero todas mis dudas se disiparon al probarlo, pues no resulta ni seco ni soso en absoluto.
Finalmente resultó un plato único bastante completo y sabroso que nos solucionó la cena la mar de bien, y todo "tirando" de despensa :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 raciones hermosas):
- 2 patatas mona lisa grandes (unos 350-400 gramos)
- 1/2 zanahoria
- 1/2 cebolla
- 1/2 pimiento verde italiano
- 2 salchichas de pavo grandes tipo frankfurt
- 4 cucharadas soperas de salsa de tomate (casero o de buena calidad)
- 50 ml de vino blanco de cocina
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 4 cucharadas soperas de queso rallado para gratinar
- Sal, orégano, pimienta negra y ajo en polvo, al gusto

- Antes de empezar, cocemos las patatas en abundante agua hasta que estén tiernas y las dejamos templar para poderlas manipular.
- Pelamos y laminamos las patatas no demasiado finas, y limpiamos y troceamos la verdura en trozos pequeños. Troceamos también las salchichas y reservamos.
- En una sartén a fuego medio con el aceite, salteamos las verduras hasta que empiecen a tomar un poco de color (unos 5 minutos aprox.), y añadimos el vino blanco para que se evapore.
- Cuando el vino se haya evaporado del todo, añadimos las salchichas, salteamos 2-3 minutos más y añadimos también la salsa de tomate, mezclandola bien. Añadimos entonces las especias, rectificamos de sal si fuese necesario y lo retiramos del fuego.
- Encendemos el horno y lo precalentamos a 220ºC en función gratinador.
- En una fuente apta para horno, procedemos a montar el gratén: empezamos por una capa de patatas y repartimos por encima la mitad del sofrito de verduras y salchichas. Cubrimos con otra capa de patatas, seguida del resto del sofrito, y terminamos con otra capa de patatas y una cantidad generosa de queso rallado (debe cubrir todas las patatas).
- A continuación, introducimos la fuente en el horno precalentado durante unos 10-12 minutos, o hasta que el queso se haya dorado lo suficiente.
- Para terminar, apagamos el horno, sacamos el gratén, lo dejamos templar un poco y lo servimos en porciones de tamaño ración.




Notas:
- Obviamente, si preparamos este plato con patatas fritas queda mucho más rico, pero también resulta más calórico. Si no tenéis problemas con el peso y/o con la salud adelante, os lo recomiendo.
- No es necesario añadirle sal a las patatas, pues el queso y el sofrito de verduras y salchichas ya tiene potencia suficiente.
- Este gratén también queda de maravilla preparando el sofrito con restos de pollo asado, tacos de bacon, de jamón, de chorizo, con atún, sólo con verduras, etc. Para gustos, colores.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado la receta.
¡Gracias por seguir ahí, y felicísimo fin de semana!
Fotos: Marc RT Studios

domingo, 17 de abril de 2016

BUDÍN DE CHOCOLATE Y HORCHATA (DE LA AUTÉNTICA)



Nada más y nada menos que una semana ha pasado desde la última receta que compartí con vosotros... ¡Y vaya semana!
Y claro, como siempre, llega el domingo por la tarde y una se pone a repasar mentalmente todo lo que ha hecho a lo largo de estos 7 días y se termina diciendo a si misma: "¡Pero como no vas a estar cansada, hija mía!"... Aunque bueno, esta vez es una de esas "sarnas con gusto que no pican" pues, a pocas horas de empezar la penúltima semana de abril, me siento mucho más relajada y contenta de lo que me he sentido en estos últimos dos meses, cosa que mi cuerpo ya me estaba pidiendo a grito pelado.
El fin de semana pasado lo dediqué casi por completo a ayudar a mi madre en todo lo que necesitase, a dejar mi casa limpia de arriba a abajo y a estudiar todo lo que tenía planificado estudiar a lo largo de la semana. Como os podréis imaginar, fueron casi 3 días de mucho trajín, de estar en todo momento haciendo algo y de caer rendida en el sofá después de cenar... Pero, como todo en esta vida, lo hice por un motivo: El martes pasado, a las claras de la mañana y con un sueño de mil demonios, mi pareja y yo cogimos un autobús rumbo a Valencia, donde hemos pasado 3 días de desconexión y relax que nos han sentado de maravilla. Tanto él como yo necesitábamos cambiar un poco de aires y recargar las pilas, pues se nos avecinan días de bastante ajetreo, y esta vez ha sido la capital de la Comunidad Valenciana la que nos ha ayudado a hacerlo.
Nuestro primer día en la ciudad decidimos investigar un poco la zona donde nos alojamos (el Barrio del Carmen, una zona muy auténtica) y enseguida nos dimos cuenta de que podíamos llegar perfectamente a pie a todos los lugares que queríamos visitar (acostumbrados a Barcelona, las distancias son bastante más cortas), así que, guía en mano y con un calzado cómodo, decidimos descubrir la ciudad por nuestra cuenta.
Y qué bonita es Valencia... Con razón la llaman "La ciudad de las flores, de la luz y del amor", y siendo primavera la hemos podido disfrutar mucho más de lo que esperábamos.
En la entrada siguiente tengo previsto profundizar un poco más acerca de nuestra escapada, pero en líneas generales, Valencia nos pareció una ciudad preciosa con muchísimas cosas que ofrecer a todo aquel que la visita: Artesanía en cada esquina, monumentos de gran valor histórico que conviven con edificios más modernos, zonas verdes y playas tan bonitas que invitan a recorrerlas de punta a punta, gente amable y acogedora, y una gastronomía marcadamente mediterránea caracterizada por elaboraciones tradicionales, sencillas y sanas que, a pesar de guardar muchas similitudes con la gastronomía de mi región (soy catalana), invita a descubrir esos matices que la hacen única y especial. Y yo, "guiri gastronómica" empedernida, he dedicado una buena parte del viaje a hacerlo.
Por recomendación de una conocida valenciana que tengo, decidí no irme de Valencia sin probar una Paella, una Agua de Valencia (yo no puedo beber alcohol, así que no la probé) unos Fartons y una Horchata de Chufa de los de verdad, de los que te venden, recomiendan y consumen los propios valencianos.
¿Y que mejor lugar para hacerlo, que el Mercado Central de la ciudad? ¡Qué sitio más espectacular! Volvería a Valencia sólo por pasar otra mañana más en el mercado, disfrutando de todos esos aromas, colores y sabores, haciéndole fotos a todo, degustando todo lo que los paradistas me dieran a probar, mezclándome con los lugareños y comprando en las paradas que ellos mismos te recomiendan.
Especias para paella, frutos secos, panes, fresas, naranjas... En fin, compré tantas cosas que, al volver, la maleta pesaba el doble que cuando llegamos, y ya es decir, porque también venía llena de comida para el apartamento...


En la entrada de Mercado Central


Por supuesto, uno de los "souvenirs" que me traje fueron un par de litros de horchata artesana, también comprada en el mercado, en La Horchatería Central. Lo que todavía me pregunto, 4 días después de nuestro viaje, es cómo llegó a Barcelona la mitad de una de las botellas, si no paramos de darle tragos en todo el viaje... Qué bebida más rica y más dulce, y qué sabor tan tan tan intenso y tan tan tan delicioso a chufa... Una de esas cosas que, cuando una prueba, se da cuenta de que lo que le venden en el supermercado, a no ser que sea de muy buena calidad, no es más que un "sucedáneo de" que dista mucho de saber como el producto original y que no debería ni llamarse así. Pero bueno, cosas de la globalización y del marketing, supongo...
Pues bien, al haber llegado a casa con todavía media botella de horchata, con sólo un par de yogures para postre en la nevera y media barra de pan que se me había olvidado en la panera la noche previa a nuestro viaje, decidí echar mano del recetario del blog y preparar una versión distinta del clásico budín de pan.
Si hay algo que me gusta de este tipo de budines es que nunca te queda uno igual al anterior, básicamente porque nunca te sobran las mismas cosas ni usas los mismos ingredientes básicos. El anterior llevaba leche, azúcar y canela, y esta vez horchata y chocolate, y tan ricamente. Esa es precisamente la esencia del aprovechamiento y creo que este postre lo refleja a las mil maravillas.
Si sois muy puristas, estaréis pensado que la mejor manera de disfrutar de la horchata es sola y bien fría, y os doy la razón. Pero, oye, durante los tres días que estuvimos en Valencia, vimos a más de un nene pedir horchata con Cola-Cao en las cafeterías, y algunos padres la pedían para acompañar el café, en lugar de hacerlo con leche. Es más, incluso vimos bizcochos y magdalenas elaborados con horchata en las vitrinas de muchas pastelerías, así que con eso me excuso :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 120 gramos de pan duro y/o restos de bollería (100 gramos de pan y 3 bizcochos de soletilla en este caso)
- 2 cucharadas soperas rasas de cacao puro en polvo
- 250 ml de horchata
- 2 huevos tamaño M
- Caramelo para el molde, al gusto

- Antes de empezar, dejamos precalentando el horno a 180º.
- En un bol, desmigamos el pan y la bollería y añadimos la horchata y el cacao en polvo, mezclándolo todo bien.
- En otro bol aparte, batimos ligeramente los huevos y los añadimos a la mezcla anterior hasta que queden completamente integrados.
- En el fondo del molde donde vayamos a hornear el budín, colocamos una buena cantidad de caramelo líquido.
- Vertemos la mezcla del pudin en el molde e introducimos en el horno a 180ºC durante 35-40 minutos aproximadamente, o hasta que la superficie empiece a dorarse y el budín esté cocido.
- Sacamos del horno y dejamos enfriar por completo antes de desmoldar y servir, cortado en porciones tamaño ración.




Notas:
- Al llevar horchata, chocolate y caramelo, no le añadí más azúcar, pues ya queda un budín bastante dulce. Si sois muy dulceros o usáis solamente pan, con una cucharada sopera bastará.
- En casa nunca hemos tenido la costumbre de hacer el budín de pan al baño maría, pues nos gusta que quede un poco más seco. Si lo preferís más jugoso, no dudéis en hornearlo al baño maría.
- Este budín combina muy bien con un poco de nata montada, algún helado de sabor suave como el de nata o vainilla o, por supuesto, con un vaso de horchata bien fría.


Nada más por ahora. 
Espero que os haya gustado la receta y que os animéis a prepararla en casa, pues es rica y sencilla a más no poder.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz inicio de semana!

domingo, 10 de abril de 2016

ARROZ CREMOSO CON ZANAHORIAS Y QUESO CURADO PARA EL RETO #ENTRELIBROSANDAELGUISOTS



¡Riiiiiing! ¡Suena en despertador! 10 de la mañana, del día 10 de abril... ¿Y eso qué significa? Pues que ya ha pasado otro mes (madre mía, el tiempo cada vez pasa más rápido...) y que toca participar en una nueva iniciativa para el reto de La Cocina Typical Spanish.
En esta ocasión, y adelantándonos a la celebración del Día del Libro del próximo día 23, las organizadoras del reto nos han animado a fusionar cocina y literatura preparando alguna receta que aparezca en algún libro que hayamos leído.
Uff, me confieso totalmente adicta a la cocina y a la (buena) literatura, son mis dos pasiones y la idea de fusionarlas me ha parecido la mejor iniciativa de todas las que he participado hasta la fecha... ¡Pero menudo trabajito me ha dado! Por un lado, sabía de sobras que no iba a tener tiempo de releer ninguna novela y que tendría que ir a lo seguro, a por alguna historia que me hubiera marcado y/o de la que me acordara al detalle; Por otro lado, casualidad o no, por más novelas que se me venían a la cabeza, menos cocina encontraba en ellas... ¿Pero qué diantres les pasa a algunos autores, con la dichosa manía de no "darles de comer" a sus protagonistas en toda la obra? Alguna cerveza, algún café y, a lo sumo, una porción de tarta en alguna cafetería de la zona, nada más... Vaya, vaya.
Como ya sabréis a estas alturas, de lo que se trata precisamente esta iniciativa es de disfrutar y difundir mes a mes la gastronomía popular de nuestro país, esas recetas tan ricas de nuestras madres y abuelas, y evitar así que caigan en el olvido. Bien, pues este ha sido precisamente otro de los grandes problemas con los que me he encontrado. Prometo no haberlo hecho aposta y soy una firme y fiel defensora de la literatura de nuestro país, porque está claro que hay mucha y muy buena, pero, sea por el motivo que sea, a lo largo de mi vida he leído muchas más novelas extranjeras que españolas.
Bueno, realmente es pura casualidad, pues nunca me he regido por un título o un género concreto. Aunque sí es verdad que siento especial predilección por la novela negra, basta que elija una obra al azar de un autor al azar (bueno, quien dice azar dice por recomendación de un/a amigo/a, un/a familiar, o del bibliotecario tan majo que tenemos en mi pueblo...), me guste y termine por devorar toda la vida y obra de ese autor en concreto. Hace 5 o 6 años me pasó con Carlos Ruíz Zafón, poco después con Stieg Larsson, seguido de Douglas Kennedy... Y el último ha sido (está siendo, de hecho) John Green.
Puede que por el nombre much@s no sepáis quién es John Green, pero si os doy el título de Bajo la misma estrella, la cosa cambia un poco, ¿Verdad? Si es que hoy en día, lo que no haga la literatura por si sola lo hace el cine poco después, sea para bien o para mal...
Pues bien, John Green es uno de los escritores y youtubers estadounidenses más populares en la actualidad. sobretodo a raíz de la publicación de su novela Bajo la misma estrella. Personalmente, lo que más me gusta de Green es que, a pesar de estar considerado un autor de literatura juvenil, siempre basa sus historias en hechos reales, cotidianos, muy duros incluso, pero reales, nada de fantasías con vampiritos, hombres lobo y demás como protagonistas. Para mi, esto lo convierte en un autor perfectamente leíble por todos.
En cuanto a Bajo la misma estrella, he de confesar que ha sido uno de los libros que más me han marcado hasta la fecha. Por desgracia, el cáncer ha sido y sigue siendo una enfermedad que me toca muy de cerca y obras como esta te ayudan a verla de un modo radicalmente distinto.
Lo que más me gustó de Bajo la misma estrella es que se trata de un libro sobre el cáncer sin ser un libro sobre cáncer. Es decir, no cae en los tópicos propios del género. Es una historia con la que se ríe más que se llora, que te hace reflexionar más sobre la vida que sobre la muerte, que no idealiza la enfermedad, que no ahonda en los malos momentos y a la vez resulta conmovedor.
John Green acierta de pleno con una narración muy ingeniosa, llena de sarcasmos y comentarios políticamente incorrectos. Green no "endulza" la realidad de los protagonistas para complacernos, y la franqueza con la que trata el cáncer es su mayor acierto. En definitiva, un claro ejemplo de que todavía existe buena literatura para jóvenes (y no tan jóvenes) y una historia que relees con mucho gusto.
En la adaptación cinematográfica, Shailene Woodley y Ansel Elgort se convierten en Hazel Grace Lancaster y Augustus Waters. Augustus es un payaso ("edad del pavo" lo llamamos aquí), y Hazel ha leído una y otra vez el mismo libro: An Imperial Affliction (Un Dolor Imperial). Ella logra interesar a Augustus en la novela en cuestión y esto los acaba por llevar a Ámsterdam para conocer al autor.
Aunque ninguno de los dos la tiene fácil, por una noche tienen derecho a una cita de ensueño: el autor en cuestión les reserva una mesa en el Oranjee, uno de los restaurantes más elegantes de la ciudad, donde piden la selección del chef: Risotto de zanahoria.
Y yo, busca que te busca y "typicaliza" que "typicaliza", he preparado mi versión de este risotto, a la que le de dado el nombre de Arroz cremoso con zanahorias y queso curado. Mucho más nuestro, dónde va a parar...
La verdad, no sé si mi arroz estaría tan bueno como para que Augustus, tal y como dijo acerca del risotto del Oranjee, "quisiera que se convirtiera en una persona para poder llevarlo a Las Vegas y casarse con él", pero a nosotros nos encantó. Quedó tan suave, tan cremoso y tan rico, que os puedo asegurar que es el mejor risotto que he preparado hasta la fecha.
Sin más, os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 130 gramos de arroz bomba
- 1 zanahoria grande (uno 80-90 gramos)
- 1/2 cebolla (unos 50 gramos)
- 400 ml de caldo de pollo (2 vasos)
- 200 ml de vino blanco de cocina (1 vaso)
- 2 cucharadas de mantequilla
- 1 cucharada de aceite de oliva suave
- 3 cucharadas soperas de queso curado rallado Gran Capitán + un poco más para servir
- Sal, pimienta negra molida y perejil picado, al gusto

- Antes de empezar, ponemos a calentar el caldo de pollo y lo conservamos al calor.
- Derretimos una de las cucharadas de mantequilla en una sartén a fuego medio y salteamos en ella el arroz para que absorba la mantequilla, pero sin que se dore.
- Seguidamente, agregamos el vino, removemos bien y, cuando suelte el hervor, le añadimos uno de los vasos de caldo de pollo. Tapamos la sartén y dejamos que se vaya cociendo.
- Limpiamos y picamos bien la cebolla y rallamos la zanahoria y el queso.
- En otra sartén a fuego medio con el aceite de oliva y el resto de la mantequilla, doramos las verduras con un poco de pimienta y perejil durante unos 4-5 minutos.
- Una vez tengamos doradas las verduras, las agregamos al arroz junto al resto de caldo de pollo. Lo dejamos cocinar a fuego bajo durante unos 10 minutos
 - Pasado este tiempo, agregamos el queso rallado, lo removemos todo bien para que funda y rectificamos de sal si fuese necesario.
 - Para terminar, retiramos del fuego y servimos muy caliente, espolvoreado con un poco de perejil picado y/o más queso rallado.




Notas:
- Sobra decir que se trata de un plato que se debe servir y comer justo después de prepararlo, pues a la misma vez que se va enfriando, va perdiendo cremosidad y queda más seco.
- La receta original propone utilizar 4 cucharadas de mantequilla y 2 de aceite, pero consideré que era una cantidad excesiva. Usando sólo las cantidades que os he indicado, queda también un arroz cremoso y muy sabroso.
- Al llevar queso curado y caldo de pollo entre sus ingredientes, os recomiendo no añadirle sal o probarlo antes de hacerlo, pues para mi gusto no la necesita.
- Por supuesto, y siendo fieles a la novela, este arroz marida a la perfección con champagne, aunque un vino blanco también le va de maravilla.


Espero que os haya gustado mi aportación de este mes.
Os dejo el enlace al recopilatorio para que también podáis disfrutar del resto de aportaciones de mis compañer@s.
Como novedad, este mes se sortearán 10 libros de cocina de diferentes temáticas entre tod@s l@s que participemos, así que deseadme suerte :)




¡Feliz domingo y feliz inicio de semana!
Fotos: Marc RT Studios

miércoles, 6 de abril de 2016

SALTEADO DE POLLO Y VERDURAS AL WOK CON PURÉ DE PATATAS



Si bien es verdad que en casa solemos comer más platos a base de legumbres, verduras, pescados y/o pastas (por los motivos que os explicaba hará cosa de un mes, y porque vivo con una auténtica máquina de devorar pasta y arroz), de vez en cuando también caemos en "las tentaciones de la carne" y nos gusta disfrutar de un buen plato a base de carne. Eso si, todo en su justa medida, (casi) siempre evitando las preparaciones copiosas y complicadas y optando por aquellas más sencillas, equilibradas y sabrosas. Os puede parecer una tontería, pero teniendo en cuenta que la carne necesita bastante más tiempo que otros alimentos para que nuestro cuerpo la procese, nuestro sistema digestivo nos lo agradecerá si le echamos una mano optando por aquellas carnes menos grasas, bien cocinadas y acompañadas de otros alimentos que conviertan el conjunto en un plato lo más sano y completo posible.
Por todas estas razones y, aunque en mi casa también eran y son muy habituales los platos tradicionales de más contundencia (como los guisos con lentejas, con alubias o con patatas, los arroces de domingo y los exquisitos dulces de sartén), en cuanto a carnes, el pollo ha sido y es el protagonista por excelencia.
En este hecho tuvo mucho que ver mi abuelo que, durante años, se dedicó a criar sus propios pollos y gallinas en un pequeño corral que él mismo se hizo y que se instaló en el huerto de donde también salían la mayoría de verduras, hortalizas y frutas que comíamos por aquel entonces. Como os podréis imaginar, el sabor de la carne de aquellos pollos, criados en libertad y alimentados de manera totalmente natural, sin antibióticos ni cosas raras, no tenía ni punto de comparación con la carne de pollo que solemos comprar en el supermercado e incluso en algunas carnicerías. Y si tenemos en cuenta el favor que le hacemos a nuestra salud al consumir una carne más rica en nutrientes y libre de hormonas, antibióticos y demás, motivos no nos faltan para ir en busca de un payés, una tiendecita de barrio, una cooperativa, una parada de mercadillo, lo que queráis, pero donde podáis comprar carne de pollo que sea sólo eso, pollo. 
Ideas para disfrutar de esta carne, teniendo en cuenta lo versátil, saludable, económica, sabrosa y fácil de encontrar que resulta, os he dado ya unas cuantas, y a cual más rica: Contramuslos de pollo al hornoalitas de pollo maceradas, los famosos higaditos de pollo en salsa de mi madre y hasta un sencillo solomillo de pollo a la plancha con especias, miel y limón
Y hoy toca salteado, pero no un salteado cualquiera, sino uno preparado en ese gran invento oriental que es el Wok y que, desde que me hice con él, se ha vuelto imprescindible para mi, pues me ahorra muchísimo tiempo en la cocina y me permite disfrutar de todo el sabor y las propiedades de los alimentos que cocino en él.
Una pechuga de pollo hermosa, unas verduras que tenía en la nevera y unas especias elegidas y combinadas a nuestro gusto, acompañado por un sencillo pero riquísimo puré de patatas (casero, eso sí), nos solucionaron la mar de bien el almuerzo de hace justo hoy una semana, pues nos dejó bien satisfechos como plato único.
Sin más, os dejo los ingredientes y la preparación:





Ingredientes (para 2 personas):
Para el pollo:
- 1 pechuga de pollo amarillo catalán (la mía pesaba 350 gramos)
- 1 pimiento italiano pequeño
- 1/2 cebolla
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
- 1 cucharadita de salsa de soja
- 1 cucharadita de vino blanco de cocina
- Sal, comino, pimienta molida y pimentón dulce, al gusto

Para el puré de patatas:
- 2 patatas hermosas (450 gramos aprox.)
- 40 ml de leche 
- Zanahoria rallada, perejil y ajo en polvo, sal, al gusto
- 30 gr de mantequilla y/o queso rallado (opcional)

- Antes de empezar con la carne, pondremos las patatas a cocer a fuego alto hasta que estén bien tiernas (unos 20-30 minutos, dependiendo del tamaño). Retiramos, escurrimos y dejamos enfriar.
- Limpiamos y troceamos muy menudo la cebolla y el pimiento. Hacemos lo mismo con la pechuga de pollo, troceándola en dados medianos.
- Ponemos el wok a fuego medio-alto, añadimos el aceite y salteamos las verduras unos 4-5 minutos. Pasado este tiempo, añadimos el pollo y lo salteamos unos 4-5  minutos más.
- Una vez el pollo empiece a dorarse, añadimos la salsa de soja, el vino, las especias y la sal, y salteamos durante 2-3 minutos más. Retiramos y reservamos.
- Para hacer el puré de patatas, pelamos y limpiamos bien las patatas cocidas y las colocamos en un plato hondo.
- Condimentamos las patatas al gusto (zanahoria rallada, especias, sal...), les añadimos la leche y las chafamos con la ayuda de un tenedor hasta que quede un puré uniforme, consistente y cremoso.
- Servimos el pollo salteado acompañado del puré de patatas, todo templado.




Notas:
- Siempre podemos recurrir a los preparados de purés de patata instantáneos que venden el el supermercado y personalizarlos con los ingredientes que más nos gusten (queso, mantequilla, especias...), pero el puré de patatas casero siempre resultará más sabroso.
- Con el wok, es importante cocinar en tiempos cortos y a fuego más bien alto para que las verduras queden "al dente" y las carnes no pierdan su jugo. Así podremos disfrutar de todas sus propiedades y su sabor.
- El puré de patatas puede substituirse perfectamente por un arroz sencillo, unas patatas al horno o fritas, un poco de cous-cous con verduras... En fin, por lo que más os guste.


Nada más por ahora. Espero que os haya gustado la receta de hoy.
Millones de gracias por seguir ahí, a pesar de mis ausencias temporales. A veces, una no da para más... ¡Un abrazo enorme!

jueves, 31 de marzo de 2016

JUDÍAS EN TOMATE CON PATATAS



Bueno, como siempre dice mi madre,"éramos pocos y parió la abuela"...Si ya voy un poco (por no decir BASTANTE) apurada con el blog últimamente, lo único que me faltaba es que blogger se pusiera a hacer de las suyas. Sí, caprichoso él, no sé qué diantres le habrá pasado últimamente, pero
me ha ido dejando leer los comentarios con cuentagotas y todavía sigue sin registrarme los +1. Sé que a algun@s de vosotr@s os han pasado antes cosas similares y que, según me comenta el personal del Servicio de Ayuda de Blogger, es algo momentáneo que están solucionando, pero yo me resisto a quedarme tranquila y paciente del todo. Quizás por ser la primera vez, o quizás por otras tantas cosas que me han hecho acumular más estrés últimamente, pero pienso seguir con la mosca detrás de la oreja hasta que esté solucionado del todo y pueda volver a leer, responder, comentar y compartir todo lo que se me antoje, como se me antoje y cuando se me antoje. Vaya, sólo faltaría eso, que empezara a fallarme aquello que más me ayuda a evadirme y desconectar... no, no y no.
Así que, con toda la la tozudez y cabezonería del mundo, hoy os traigo una de esas recetas a las que más cariño le tengo y que llevo queriendo publicar hace ya varios meses.
Cómo much@s ya sabréis, mi abuelo, que en paz descanse, era payés, y por eso tuve la gran suerte de crecer disfrutando de verduras "de verdad". Cuando digo "de verdad", me refiero a verduras y hortalizas totalmente ecológicas, criadas al sol, con mucho mimo y respetando sus tiempos; Tomates, pimientos, berenjenas, calabacines, lechugas y demás, que sabían y olían a lo que eran y no a lo que nos quieren vender ahora que son. Vaya, un auténtico lujo para la vista, el paladar y la salud.
Gracias a esto, en mi casa nunca necesitábamos comprar conservas de verduras, pues era mi abuela quien se encargaba de prepararlas usando los excedentes de verduras o aquellas que eran demasiado "feas" para la venta: tomate natural, tomate frito, pisto, etc. Raro era el año en el que la mujer no dejaba listos suficientes botes como para pasar todo el invierno. Ya sabéis, las abuelas y su manía de alimentar a regimientos enteros...
Usando únicamente uno de esos botes de tomate natural, judías cocidas, unas patatas (también del huerto, por supuesto) y cualquier otro ingrediente que se pudiera aprovechar (unos restos de carne a la plancha o de carne de cocido, por ejemplo), mi abuelo y mi abuela se turnaban para preparar este plato al que, hasta día de hoy, nunca le habíamos puesto nombre, pero que desde siempre nos ha gustado muchísimo a todos: Judías en tomate con patatas.
Como más me gustaba (y me gusta) a mi era con restos de carne del cocido, pero recuerdo disfrutar de lo lindo con ese "factor sorpresa", pues, como ya os he dicho, el ingrediente o ingredientes extra variaban en función de lo que tuvieran mis abuelos en la nevera y nunca sabía qué iba a ser ese día hasta que se servía en la mesa. Y ya me veíais a mi, tenedor y rebanada de pan en mano, sentada en mi sitio y esperando como si de un gran concierto se tratara... Preciosos recuerdos.
En fin, sin más preámbulos, os dejo con la receta básica de las judías con tomate y patatas de mi casa, un plato sencillo, barato, sano, completo y riquísimo que no os dejará indiferentes, os lo aseguro.
Si no, probadlo y me contáis ;)




Ingredientes (para 2 personas):
- 400 gramos de judías blancas cocidas (1 bote)
- 350 gramos de tomate triturado natural (1 bote aprox.)
- 1 cebolla mediana
- 2 patatas medianas (300 gramos aprox.)
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 100 ml de vino blanco de cocina
- 1 pizca de azúcar
- Sal, ajo en polvo, pimienta negra y perejil picado, al gusto.

- Empezamos escurriendo y lavando bien las judías. Las colocamos en una fuente grande y reservamos.
- Aparte, ponemos a cocer las patatas enteras, las dejamos enfriar, las pelamos y las troceamos a dados no muy grandes. Reservamos.
- Limpiamos y picamos muy menuda la cebolla y la sofreímos en una sartén a fuego medio con el aceite.
- Cuando la cebolla empiece a transparentar, añadimos el tomate, la pizca de azúcar, la sal y las especias, y cocinamos todo hasta que haya reducido casi a la mitad.
- Cuando la salsa haya reducido, le añadimos el vino y dejamos y dejamos que también se evapore.
- Seguidamente, añadimos los dados de patata y las judías, removemos y cocinamos bien todo junto durante 3-4 minutos, y retiramos del fuego.
- Para terminar, rectificamos de sal si fuese necesario y servimos templado, espolvoreado con un poco más de perejil si se desea.




Notas:
- Para ahorrar tiempo, siempre podéis recurrir a una salsa de tomate o pisto estilo casero ya cocinada. El resultado es también muy rico, sobretodo si la salsa es de calidad.
- Las judías se pueden sustituir perfectamente por otra legumbre a elección. Con garbanzos, por ejemplo, también queda de maravilla.
- Podemos freír las patatas en vez de cocerlas y/o rematar este plato con un huevo frito, unas salchichas, unas tiras de panceta bien dorada, etc. De este modo resulta un plato todavía más sabroso y completo, pero bastante más calórico. Eso si, os recomiendo no prescindir nunca del pan, puesto que la salsa lo requiere.
- Estas judías están ricas tanto frías como calientes y, si no os excedéis con la salsa, resulta un plato ideal para llevar el el táper.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado y que la vuelta a la rutina no se os esté haciendo muy cuesta arriba. Aunque, bueno, a las puertas del fin de semana, todo se ve con más optimismo, ¿Verdad?
¡Mil gracias por seguir ahí!

viernes, 25 de marzo de 2016

BUDÍN O PUDÍN DE SOJA Y GALLETAS SPECULOOS PARA EL #RETOALFABETODULCE



Vuelve a ser 25 y, como cada mes, llega el momento de participar en el #RetoAlfabetoDulce.
Es 24 por la noche y aquí me tenéis de nuevo, dejándolo todo bonito y apurando el tiempo para llegar a participar, después de dos meses sin hacerlo, con algo medio decente. Ya que una lo hace, pues lo hace bien, o al menos yo soy de las personas que piensan así. Además, después de la pena que me dió no poder participar en el reto del mes pasado, siendo una chocolatera empedernida y sin haber faltado a una sola cita desde que me animé a participar, vuelvo con más ganas y muy contenta tanto con el ingrediente elegido como con el resultado de la receta que he elaborado con él.
¿Os suenan las galletas speculoos? Seguramente os habréis topado con ellas en multitud de cafeterías, pues suelen servirse para acompañar el café o incluso el té, o habréis pasado por delante de ellas en el supermercado miles de veces, pues las de la marca Lotus son muy conocidas y consumidas en nuestro país. Se trata de unas galletas típicas de países como Bélgica, Holanda y el norte de Alemania que no suelen faltar en las sobremesas navideñas. Lo que hace especiales a estas galletas y las diferencia del resto es la particular mezcla de especias que se usa para elaborarlas: Canela, clavo, nuez moscada, jengibre, cardamomo y pimienta blanca.
Su gran aroma y su sabor acaramelado hace que sean unas galletas deliciosas, de esas que te comes una y necesariamente necesitas otra, y otra, y otra más... ¡Pero como me gustan las galletas speculoos!
En fin, os cuento todo esto porque Bea, del blog Sweet Cookies by Bea ha sido la encargada de elegir el ingrediente con el que nos ha tocado cocinar este mes y no ha sido otro que las susodichas galletitas. La verdad es que sigo a Bea desde hace muy poquito, pero ya me he enamorado de su rinconcito dulce y no quisiera dejar pasar la oportunidad de darle las gracias por su elección, pues gracias a ella hemos podido disfrutar de uno de los postres más sencillos y más ricos que he preparado en mucho tiempo, y ya es decir, porque a nosotros nos encanta "darle al dulce"....
Digo que es un postre sencillo, porque no tardé más de 20 minutos en tenerlo preparado y en el horno. Y digo rico, porque si un pudín ya queda bien con restos de pan y/o bollería, con estas galletas os lo podéis imaginar... Una auténtica delicia.
Sabía de sobras, por un postre similar que preparé hace unos meses con turrón, que el resultado sería bicapa y que quedaría, por un lado, con una textura similar a la del flan y, por otro,  con una capa de galletas que harían de base y le aportarían mucho dulzor, sabor y, en este caso, mucho aroma.
Y ese ha sido exactamente el resultado, y así nos ha encantado.
Así que, aunque este pudín se puede preparar con cualquier tipo de galletas, os recomiendo hacerlo con speculoos, al menos para probarlo una vez. Veréis como termináis repitiendo.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 4 pudines como el de la foto):
- 2 huevos medianos
- 300 ml de leche de soja natural
- 1 rama de canela
- 7-8 galletas speculoos Lotus
-  2 cucharadas soperas de azúcar
- Caramelo para untar los moldes y/o para decorar

- Antes de empezar, precalentamos el horno a 190ºC, calor arriba y abajo.
- En un cazo a fuego medio, ponemos la leche de soja, la rama de canela y el azúcar, y lo llevamos a ebullición. Retiramos del fuego, sacamos la rama de canela y dejamos templar.
- En el vaso de la batidora, batimos los huevos con las galletas hasta que quede una especie de crema espesa. Añadimos entonces la leche templada y seguimos batiendo hasta que esté todo integrado.
- Seguidamente, untamos bien los moldes de caramelo y los rellenamos con la crema.
- Colocamos los moldes dentro de una fuente honda para horno, la rellenamos de agua hasta que cubra los recipientes a media altura, y horneamos a 190ºC durante 30-35 minutos, o hasta que los pudines hayan cuajado.
- Sacamos del horno, dejamos enfriar por completo, desmoldamos y servimos nuestros pudines acompañados de más caramelo y/o galletas de speculoos.




Notas:
- Yo usé leche de soja porque es la que solemos beber en casa últimamente. La verdad es que se disimula bastante su sabor, pero podéis sustituirla por leche normal sin ningún problema. Eso si, a no ser que debáis controlar a rajatabla las calorías de vuestra dieta, os recomiendo que sea leche entera, pues hace que el pudin resulte más cremoso y consistente.
- Este tipo de pudines también se pueden preparar perfectamente en el microondas. Bastará con hacerlo en un molde suficientemente grande para que quepa toda la mezcla y que esté bien cubierto de caramelo, y cocerlo a 700-800 vatios durante 7-9 minutos, dependiendo del microondas.
- Si sois muy fanáticos del sabor a speculoos, podéis quitar una cucharada de azúcar de la receta, y añadirle otra de crema de speculoos para untar. Puestos a pecar, pecamos bien... :P


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado mi aportación de este mes.
Disfrutad de la Semana Santa, y muchas gracias por seguir ahí.
¡Abrazos!
Fotos: Marc RT Studios

domingo, 20 de marzo de 2016

HAMBURGUESAS VEGETARIANAS DE PATATA Y ZANAHORIA



Lo bueno que tienen las tormentas es que, tarde o temprano y a largo o corto plazo, siempre dan paso a la calma. Este es, en mi opinión, uno de los refranes más ciertos de nuestro extenso refranero popular, y menos mal, porque si no no sé cómo podríamos lidiar con la cantidad de, llamémoslos "imprevistos", que la vida nos pone en nuestro camino cada vez que se le antoja.
Después de 15 días la mar de complicados y, sobretodo, agotadores, hoy el día ha amanecido diferente, de otro color, no sé como explicarlo, pero el ambiente que se respira en casa es distinto y no es precisamente porque haya empezado la primavera...
Es domingo, tengo fiesta y justamente se ha puesto a llover a mares. Pero, porque siempre hay un pero y esta vez es de los buenos, mi chico está apunto de llegar de visitar a su familia, mi padre ya está en casa recuperándose de su operación de vesícula, mi abuela mejora por días y la sensación de agobio y tensión que ha estado presente todos estos días parece que nos ha dado tregua.
Y bueno, ahora sólo queda tirar para adelante, cuidarse y cruzar los dedos porque todo marche bien. Qué triste resulta que, la mayoría de veces, sólo valoremos nuestra salud cuando la vemos realmente en peligro. ¿Y los humanos somos los animales más inteligentes de la faz de la Tierra?
En fin, que me estoy yendo por los Cerros de Úbeda, para variar, y tampoco quiero daros la charla...
Tal y como os comentaba hace un par de semanas, durante los últimos años he intentado reducir mi consumo de carne considerablemente, y motivos que me alienten a mantenerme firme en mi decisión no me han faltado. Además, esta decisión me ha servido como excusa para ponerme a investigar un poco y descubrir nuevas y deliciosas recetas y blogs que se han terminado convirtiendo en imprescindibles y que me han ayudado a que esa llamada "nostalgia de carne" no aparezca.
Me resulta curioso comprobar que, cuando me meto en la cocina a preparar algo que no lleve carne pero que a la vez esté rico y sea lo más sano y completo posible, casi nunca trato de "imitarla", porque, sinceramente, no es mi intención, y mucho menos teniendo a mano tantísimas y tan ricas alternativas. Este es el caso de las hamburguesas vegetarianas.
Y es que ¿Quién dijo que las hamburguesas sólo pueden ser de carne? Nada más lejos de la realidad, y para muestra la receta que os traigo hoy.
Las hamburguesas siempre han sido de esos alimentos que han tenido y tienen muchísimo tirón.
Existen todo tipo de propuestas y recetas diferentes, y, por supuesto, esto también se aplica a las versiones vegetarianas: Con verduras, hortalizas, cereales, legumbres, harinas, leches vegetales, etc. Existen mil y una opciones donde elegir en función de nuestros gustos, del tiempo y de los ingrediente de los que dispongamos, de nuestra dieta, etc.
Y precisamente echándole un vistazo a los ingredientes que nos gustan, que tenía a mano en ese momento y que creía que podían funcionar bien en una hamburguesa, y cogiendo algunas ideas de aquí y de allá gracias a San Google (Lo dije y lo repito: ¡Qué bonita es la cocina de circunstancia!), este fue el resultado.
La verdad es que estas hamburguesas me han sorprendido gratamente, tanto que ya las he cocinado 2 veces más desde que las hice por primera vez. He optado por no incluir ni harinas ni avena entre sus ingredientes, y aún así su textura es ideal, no resultan nada pesadas ni empalagosas, se dejan cocinar a la plancha sin ningún problema y están muy buenas.
Si tenéis patatas, zanahorias y especias, os recomiendo que le dediquéis media hora a prepararlas, pues no tienen ninguna complicación y el resultado merece mucho la pena. Además, siempre podéis "tunearlas" a vuestro gusto y disfrutar de unas hamburguesas sanas y deliciosas cada vez: con queso rallado, con curry, con salsa de soja... En fin, imaginación al poder.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 5-6 hamburguesas):
- 2 patatas medianas (400 gramos aprox.)
- 1 zanahoria grande (120 gramos aprox.)
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva + un poco más para la plancha
- 2 cucharadas soperas de pan rallado
- Sal, ajo en polvo, perejil y pimienta, al gusto
- 2 cucharadas soperas de queso rallado, opcional

- Para empezar, pelamos y cortamos las patatas y la zanahoria en dados medianos y las ponemos a cocer en una olla a fuego alto hasta que estén muy tiernas. Las retiramos y las dejamos enfriar por completo.
- Una vez frías, las colocamos en un plato hondo grande.añadimos la sal, las especias y una cucharada rasa de aceite de oliva, y machacamos muy bien con la ayuda de un tenedor. Con paciencia, debemos obtener una pasta compacta y manejable que no se pegue a las manos.
- Una vez tengamos la masa, la dividimos en 5 o 6 bolitas más o menos iguales y las pasamos por pan rallado mientras las chafamos y les damos forma de hamburguesa. 
- A continuación, ponemos una sartén-plancha a fuego medio-alto con un chorrito de aceite y, una vez caliente, vamos friendo las hamburguesas en tandas de 2 o 3, unos 3-4 minutos por cada lado o hasta que estén doradas.
- Dejamos templar un poco y servimos nuestras hamburguesas acompañadas de una ensalada completa, algún salteado sencillo que incluya legumbres, a modo de aperitivo con alguna salsa a nuestro gusto, etc.




Notas:
- Si tenéis un aro metálico, os será mucho más fácil darle forma a las hamburguesas. Eso sí, hay que pasarlas bien por pan rallado de todas formas para evitar que se rompan al cocinarlas a la plancha. 
- Para preparar esta receta es muy importante pelar bien las verduras y cocerlas un poco más de lo habitual, pues si están muy tiernas y limpias serán mucho más fácil de machacar y mezclar.
- Estas hamburguesas están igual de ricas calientes que frías, por lo que se pueden preparar con antelación y resultan ideales para llevar.
- Podéis variar las verduras a vuestro gusto y también añadirle otros ingredientes. A modo de ejemplo, con queso rallado y orégano y acompañadas de salsa de tomate (como en las fotos) también quedan muy ricas. Para gustos, colores.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado la receta y os animéis a probarla en casa.
Mucas gracias por todo el cariño y las muestras de apoyo que me habéis hecho llegar con motivo de mi primer cumpleblog y por la situación complicadilla que hemos tenido en casa estos días. Siempre me animáis un montón y hacéis que seguir con esto valga mil veces más la pena :) ¡GRACIAS!
¡Feliz domingo y feliz inicio de semana!
Fotos: Marc RT Studios

martes, 15 de marzo de 2016

CELEBRANDO MI PRIMER CUMPLEBLOG: ¡¡365 MILLONES DE GRACIAS POR ESTE AÑO!!



Hoy, día 15 de marzo de 2016, hace exactamente un año que publiqué mi primera entrada en "Hay un recuerdo en mi plato", y anda que no han cambiado las cosas desde entonces, madre mía...
No, no puedo llamar vergüenza a lo que siento cuando leo y releo esa receta de caballa al horno que tanto le gustaba a mi abuelo y que fue la encargada de darle el pistoletazo de salida al blog. Pero, oye, como he dicho un par de líneas más arriba, las cosas han cambiado mucho, y menos mal, porque de no haber sido así, ni dos telediarios hubiera durado esta locura (Nota mental: Nunca volveré a subir fotos con hechas con el móvil y de noche, NUNCA).
Una locura que empecé con muy poquitas expectativas (mi tercer apellido es "Mujer de poca fe"), pensando que nadie, a parte de mis conocidos y de los pocos bloguer@s que yo había ido siguiendo personalmente, se molestaría en echarle un vistazo a mis recetas y mucho menos a las historias que acompañan cada una de ellas (Lo sé, a veces no hay quien se lea mis tostones, de hecho, ni yo misma lo vuelvo a hacer...).
Un año después, no termino de creerme hasta donde ha llegado todo esto. Vale, vale, ni que me hubieran nombrado bloguera del año, ya lo sé,  pero es que tengo esa mala costumbre de emocionarme cuando algo en lo que apenas tenía esperanza termina por salir medio bien o incluso bien del todo... ¿Verdad que no soy la única a la que le pasa? Sobretodo si ese algo termina por convertirse en una parte tan importante de tu vida y te da tantas satisfacciones y alegrías.
Supongo que much@s de vosotr@s os sentís identificad@s con lo que estoy diciendo, y sabéis de mucha mejor mano que yo la inversión en tiempo y esfuerzo que requiere crear y mantener un blog, sobretodo de cocina, pero si seguimos aquí es porque nos compensa, y con creces.
Por lo menos en mi caso, a día de hoy, no me planteo un sólo día en el que no me deje caer por estos mundos, ya sea para visitar y disfrutar del resto de blogs amigos, descubrir otros nuevos, o para dedicarme única y exclusivamente a "poner guapo" al mío, cuando tengo algo interesante que contar... Qué más da, sea para lo que sea y aunque sea breve, siempre saco un ratito en algún momento del día para hacerlo, y eso me hace sentir de maravilla.
Confieso que hubo un momento, allá por el ecuador de vida del blog, en el que llegué a sentirme un poco agobiada, incluso abrumada. En las primeras entradas del blog me dediqué única y exclusivamente a tantear un poco el terreno, a compartir con las poquísimas personas que me leían (la mayoría de ellas familiares y amigos, o aquellas a las que empecé a visitar con mi nueva identidad virtual para hacerles saber de mi existencia) la cocina de mi casa, es decir, platos de toda la vida, sencillos y tradicionales que justificaban a la perfección el nombre del blog. Pero yo, culo inquieto por naturaleza, empecé a querer compartir más, a dedicarle un poquito más de mi cada día y a mejorar y aprender lo máximo posible. Y así fue como me lancé a la piscina y empecé a participar en todos esos retos, iniciativas, concursos y demás que te encuentras por la red en algún momento determinado de tu andadura bloguera, los ves y piensas "¡Qué chulo! En cuanto tenga tiempo para participar, lo haré", pero siempre terminas por posponerlo hasta el fin de los tiempos... "¡Fuera excusas y a por ello!", eso fue lo que me dije y todavía lo mantengo en la medida de lo posible. El primero fue mi queridisimo Reto Alfabeto Dulce y, al poco tiempo después y casi por casualidad, le siguió el Reto Typical Spanish, la red social de cocina Cookpad, Facebook y sus comunidades, las comunidades de Google+ y todos aquellos concursos, colaboraciones y opiniones de restaurantes que tenía, milagrosamente, tiempo de preparar. Por supuesto, y tal y como era de esperar, había momentos en los que no podía con todo y terminaba agotada. En algunos momentos incluso me enfadaba conmigo misma por no llegar a tiempo, o por no tener ganas de sentarme a escribir después de un día de trabajo agotador, o por comerme unas simples patatas fritas y no hacerles una foto para subirlas al blog... ¿Os lo podéis creer? Al final terminé cortando por lo sano y ahora prefiero ir haciendo sobre la marcha, sin agobios, sin pausa pero sin prisa, y a lo que salga y buenamente pueda llegar. Intento tener siempre presente que esto lo hago por pasión, como mi hobby,  y no por obligación, así que estrés cero.
Por último, me quiero dirigir directamente a vosotr@s , a tod@s l@s que dedicáis un ratito de vuestro tiempo a pasaros por mi rinconcito y ver qué se ha estado cociendo por aquí. De mi familia y de mi chico, que también me han apoyado lo suyo, ya me encargaré personalmente :)
En fin, qué puedo deciros que no os haya dicho a estas alturas... Cada "me gusta", cada receta compartida, cada comentario e incluso cada visita hacen que esto valga la pena, que saque fuerzas de donde a veces ni las hay para seguir adelante, que cada día tenga más ilusión y más confianza en mí misma... En definitiva, hacéis que esto siga siendo posible y que me haga inmensamente feliz, y eso no tiene precio.
A un@s he tenido la oportunidad de conoceros un poco más allá de la cocina, y he de darle gracias a la vida por poner en mi camino a personas tan bellas. Otr@s, en cambio, seguís formando parte de mi mundo virtual, pero no por ello os resto importancia. De tod@s y con tod@s he aprendido y disfrutado muchísimo, tod@s tenemos en común nuestra pasión por la cocina y por lo que hacemos, y compartir eso es lo que nos une y espero que nos siga uniendo durante mucho, muchísimo tiempo más.
De corazón, GRACIAS, MIL GRACIAS por seguir ahí después de estos meses, y que sigan siendo muchísimos más, GRACIAS por aparecer en mi cocina y en mi vida y GRACIAS por dejar que me quede en las vuestras. A modo de ejemplo, GRACIAS por:
- 29.366 visitas repartidas en las 97 entradas publicadas en el blog;
- 1123 comentarios repartidos también en esas entradas;
- 476 seguidores de mi persona, y otros 83 del blog;
- 109 blogs a los que soy asidua, y otros tantos con los que me topo cada día y me encantan;
- 99.924 visitas en 35 recetas y 40 seguidores en Cookpad;
- 220 seguidores en Facebook y un alcance de publicación que crece día tras día...
Y a todo esto hay que sumarle las tantísimas muestras de cariño y apoyo que he recibido de manera más privada a través de un e-mail, mensaje de Facebook o Whatsapp, etc.
Madre mía, sigo sin creérmelo...¡Sois increíbles!
Para agradeceroslo todavía más, me hubiera encantado prepararos alguna sorpresa tipo concurso, sorteo o iniciativa, pero estos días he tenido que dedicarme en cuerpo y alma a mi familia y no he ido sobrada de tiempo precisamente. Mi padre está  bastante fastidiado de la vesícula y mi abuela ha empezado a padecer serios problemas de huesos, así que ya os podéis imaginar cuan complicada es la situación ahora mismo en casa... En fin, todos tenemos nuestros problemas y no os voy a aburrir con los míos, tan sólo quiero pediros disculpas por ello y prometeros que en los próximos días le daré vueltas al tema y os prepararé alguna sorpresa que espero sea de vuestro gusto y que os anime a participar.
Hasta entonces, sólo espero seguir compartiendo, aprendiendo y disfrutando con lo que hagáis vosotr@s, y volver a cogerle el ritmo a lo mío cuando las cosas vuelvan un poco a la normalidad.
De nuevo, por última vez y sin cansarme de decirlo,
¡¡MIL GRACIAS POR SEGUIR AHÍ!!
Un abrazo enorme.

miércoles, 9 de marzo de 2016

"EMPEDRAT" O ENSALADA CATALANA DE ALUBIAS PARA EL RETO #LEGUMBREANDOTS



Pues nada, entre una cosa y otra y casi sin darnos cuenta, nos hemos plantado en marzo y ya se nos ha ido casi la mitad del mes...
Motivos familiares me han mantenido un poco alejada de estos mundos durante la última semana, y os pido mil disculpas por ello. Como siempre, en cuanto la situación vuelva un poco a la normalidad y tenga un poco más de tiempo, me dejaré caer por vuestros blogs y estoy segura de que disfrutaré un montón haciéndolo.
Como cada mes, marzo viene cargado de propuestas de lo más interesantes y variadas en cuanto a retos, iniciativas y demás que circulan por la blogosfera culinaria. Son tantas y tan chulas que me gustaría poder llegar a participar en todas, pero sé que por mucho que lo intente, no va a ser así. Por eso, prefiero ir haciendo sobre la marcha, sin agobios, sin pausa pero sin prisa, y a lo que salga y buenamente pueda llegar. A veces me olvido de que esto lo hago por pasión, como mi hobby,  y no por obligación, así que, a partir de ahora, estrés cero patatero :)
Si hace unos días os explicaba mi postura respecto al consumo excesivo de carne y lo bien que nos ha sentado en casa reducir la ingesta de este tipo de alimentos, y otras tantísimas veces antes ya os había hablado de la "guerra" que mi sistema digestivo me ha venido dando desde que nací y sobre cómo he tenido que adaptar mi dieta y mis hábitos de vida en general a lo largo de los años para ir tirando, la propuesta de este mes para el reto de La Cocina Typical Spanish no puede llegar en mejor momento ni con un mejor ingrediente protagonista.
Mar, la fantástica cocinera y mejor persona que hay detrás del blog Mar entre fogones y quien fue una de las capitanas del reto por equipos #CampanaSobreCampanaTS (el mejor equipo, por supuesto jeje) en el que participé en Navidad, ha sido la encargada de escoger el ingrediente de este mes, y todavía much@s seguimos dándole las gracias por su elección, pues motivos no nos faltan. Se trata de un ingrediente (o ingredientes, depende de como se mire) básico e indispensable en cualquier dieta sana y equilibrada, pues aporta cantidades importantes de vitaminas, minerales, almidones, proteínas y, sobretodo, mucha, mucha fibra. Es, además, un ingrediente pobre en grasas, muy versátil, que está muy presente en la gastronomía mediterránea en general y en la española en particular y que, qué leches, no puede estar más rico.
¡Qué haría yo sin mis amadas legumbres! (Supongo que a estas alturas ya habíais adivinado de qué se trataba... ¿No?). Para mí, son una de las mejores cosas que podemos llevarnos a la boca y un auténtico regalo para nuestro organismo, por todas las razones que os he dado y por muchas más.
En casa siempre se han comido legumbres, sobretodo en forma de potajes, así que se podría decir que la cultura del "cuchareo" es algo que prácticamente llevo en la sangre. Pero llega el momento en el que una se hace mayor, se independiza, empieza a trabajar y empieza a tener que romperse la sesera para no llenar siempre el tupper de arroz o pasta o, todavía peor, acabar tirando de bocadillos, sándwiches, hamburguesas y demás. Y, sí, aunque no lo parezca, legumbres y tuppers pueden hacer muy, pero que muy buenas migas: Ensaladas, patés a base de legumbres, salteados... Un montón de opciones ricas, sanas, equilibradas y, lo más importante, ideales para llevar.
Pues bien, la receta que yo he escogido para este mes cumple con todos estos requisitos y es, además, una de esas recetas a las que le tengo un cariño especial, pues desde que mi suegra volvió a preparármela y a recordarme lo mucho que me gusta, se ha vuelto un imprescindible de mis almuerzos semanales. Os hablo del "Empedrat" o ensalada de alubias con bacalao.
El Empedrat es un plato típico y muy popular de mi tierra, Cataluña, que suele llevar como ingredientes principales alubias blancas, tiras de bacalao desalado y huevo duro. Como acompañantes, suele llevar tomate, pimiento, aceitunas, cebolla, etc., todo ello aliñado con un buen aceite de oliva y un chorrito de vinagre. Eso si, dependiendo de la zona donde se prepare, se puede prescindir de los pimientos o añadírselos en forma de escalibada, cambiar las judías por otras legumbres como los garbanzos o las lentejas, e incluso se prepara substituyendo el bacalao por atún, caballa o bonito. Sea como sea que se prepare, el éxito de una receta tan simple reside, sin duda alguna, en la calidad de los ingredientes que elijamos para prepararla. Por ello, yo siempre uso y recomiendo usar unas buenas legumbres al peso, una buena conserva de pescado o bacalao desalado y, sobretodo, unas verduras frescas. Sólo así disfrutaremos al 100% de toda la esencia de este plato catalán tan sencillo, económico, rico, nutritivo y delicioso.
Sé que en muchas zonas de España el invierno está golpeando con fuerza y que much@s de mis compis de reto se han decantado y/o se van a decantar por preparar las legumbres a modo de "cuchareo", pues en esa situación, lógicamente apetece más un plato calentito y contundente que una ensalada templada y ligera.
Pero, de verdad, os recomiendo que guardéis la receta de "Empedrat" en vuestra lista de pendientes y le deis salida en cuanto tengáis oportunidad, pues estoy segura de que os va a encantar. Y si no, ya lo habéis visto, a hacer todos los cambios que consideréis oportunos y a prepararla a vuestro gusto. Imaginación al poder.
Así es como la hago yo en casa y como más me gusta:




Ingredientes (para 2 personas):
- 400 gramos de alubias blancas cocidas (1 bote)
- 1 pimiento italiano mediano
- 1 tomate grande de ensaladas
- 1/2 cebolla
- 1 huevo cocido tamaño L
- 1 lata de atún grande (90-100 gramos escurrido)
- Unas aceitunas y unos frutos secos, al gusto
- Sal, vinagre, y perejil picado, al gusto

- Empezamos escurriendo y lavando bien las judías. Las colocamos en una fuente grande y reservamos.
- Aparte, limpiamos, pelamos y picamos muy menudo el pimiento, el tomate, la cebolla, las olivas y el huevo (previamente cocido), y lo añadimos todo a la fuente de judías.
- Escurrimos bien el atún, reservando un par de cucharadas soperas de su aceite, y lo desmenuzamos muy bien sobre las judías y la verdura.
- Para hacer el aliño, mezclamos bien el aceite del atún con un poco de vinagre (de vino en este caso) y lo mezclamos bien con la ensalada.
- Para terminar, añadimos sal al gusto, unos frutos secos picados y un poco de perejil picado. Servimos inmediatamente.




Notas:
- Para sacar las judías cocidas del bote fácilmente y sin romperlas, os recomiendo sumergir el bote en agua caliente durante unos minutos. Mano de santo.
- Si os gustan tanto loa frutos secos en las ensaladas como a mi, y vais a optar por añadírselos al "Empedrat", siempre es mejor hacerlo en el último momento, a la vez que el aliño, para que conserven toda su textura y sabor. 
- Otras recetas de ensaladas con legumbres que ya os he enseñado son, por ejemplo, esta ensalada variada de garbanzos o esta otra ensalada de garbanzos, fruta y pavo, ambas muy ricas.




Nada más por ahora. Espero que os haya gustado mi aportación al reto de este mes.
Aprovecho para animaros a visitar las demás aportaciones de mis compañer@s de reto. Como cada mes, se lo han currado muchísimo y el resultado merece mucho la pena.
¡Feliz jueves!

jueves, 3 de marzo de 2016

LOMO CON SALSA DE ZANAHORIA Y CEBOLLA AL VINO BLANCO



No soy vegetariana ni nada por el estilo, pero si es verdad que en los últimos 4-5 años he venido reduciendo mi consumo de carne de una manera bastante significativa. ¿Motivo? Ninguno en concreto y muchos en particular.
Cuando te gusta tanto cocinar y empiezas a indagar un poco más en cuanto a culturas gastronómicas, tendencias alimenticias, tipos de dieta y demás, empiezas casi sin querer a forjarte una opinión u opiniones al respecto y quedarte con ventajas de esto, desventajas de lo otro, evidencias de ambas cosas... En fin, en mi caso, tengo muy claro lo que me ha llevado a ello...
Comer carne en exceso (cosa que venimos haciendo sin control desde hace muchos años) es perjudicial tanto para nuestra salud como para la del planeta en general. Las granjas contaminan de manera exagerada y los animales que se crían en ellas necesitan cantidades desproporcionadas de agua y comida, cosa que sabemos que, a la larga, no es sostenible. Además, el consumo de carne resulta la excusa perfecta para justificar el sufrimiento de miles y millones de animales que son criados única y exclusivamente con antibióticos, conservantes, hormonas, y una larga lista de sustancias que, por supuesto, terminamos ingiriendo los humanos y que no nos hacen ningún bien.
A corte más personal, reducir la cantidad de carne que como me ha servido como excusa para descubrir nuevas y deliciosas recetas y blogs (por ejemplo, al gran Carlos y a mis queridísimas Pilar y Silvina, entre otros) que me han ayudado a que mi dieta sea lo más equilibrada y variada posible, es decir, disfrutando de lo que como y sin carencias de nutrientes.
Además, he de reconocer que siempre he sido más de pescado que de carne y que, cuando no como carne o como muy poca, me siento mucho más ligera y con más energía. ¿Coincidencia? No lo creo.
Si hablamos de carne ecológica (sin que ello sirva como excusa, claro está) el asunto cambia un poco. La carne de procedencia ecológica es bastante más cara que la industrial, ya que los procesos artesanales que conlleva aumentan los costes de producción, pero sus ventajas son incomparables: Animales criados de forma natural, una carne mucho más rica en nutrientes, un sabor mucho más auténtico y rico, y un consumo consciente de aquello que realmente somos capaces de producir y sustentar. Dicho así, consuela un poco, pero no del todo, al menos a mí...
Pero, como cambiar las costumbres de las personas de un día para otro es casi misión imposible (los míos siguen siendo muy carnívoros) y que de vez en cuando no es un pecado mortal caer en "las tentaciones de la carne", en casa siempre intento cocinarla de manera sencilla y ligera, y opto por acompañarla con otros alimentos que nos ayuden a la hora de digerirla y que conviertan el conjunto en un plato lo más sano y completo posible.
Tenía muchas ganas de probar la salsa de zanahoria y cebolla tan popular en la red para acompañar carnes y pescados, así que, teniendo unos filetes hermosos de cabeza de lomo y el resto de los ingredientes a mano, me lancé hará cosa de una semana con la receta, y este ha sido el resultado.
Una salsa muy sencilla y que está para chuparse los dedos y mojar mucho pan, y que pienso repetir en breve para acompañar un montón de cosas que tengo en mente. Sin duda, os la recomiendo.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 4 filetes de cabeza de lomo de cerdo medianos (unos 150 gramos cada uno)
- 1 cucharada sopera rasa de aceite de oliva
- Sal y pimienta, al gusto

Para la salsa:
- 2 zanahorias medianas (150 gramos aproximadamente)
- 1 cebolla mediana (100 gramos aproximadamente)
- 2 dientes de ajo
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
- 1/2 vaso de vino blanco de cocina (125 ml aproximadamente)
- 1/2 pastilla de caldo de carne
- Sal, perejil picado y pimienta, al gusto

- Antes de empezar, limpiamos bien la carne y le quitamos el exceso de grasa que pueda tener, salpimentamos y reservamos.
- En una plancha o sartén a fuego medio-alto con una cucharada de aceite, doramos la carne por ambos lados (3-4 minutos por lado) y la reservamos.
- Seguidamente, limpiamos y picamos muy menudo la zanahoria, la cebolla y el ajo.
- En una sartén a fuego medio y con una cucharada de aceite, doramos el ajo y añadimos también la cebolla y la zanahoria. Salteamos todo unos 5 minutos.
- Pasados los 5 minutos, añadimos el caldo de carne, el vino y las especias, bajamos el fuego y dejamos reducir hasta que el líquido se haya evaporado casi por completo (unos 10 minutos aproximadamente). Retiramos.
- Una vez las verduras estén templadas, las pasamos al vaso de la batidora y las batimos hasta que queden como un puré fino.
- Por último, colocamos la carne en una sartén a fuego muy bajo, añadimos inmediatamente la salsa y calentamos el conjunto unos instantes antes de servir. 




Notas:
- Si os gusta la salsa más fina, siempre podéis colarla y eliminar del todo los grumos, aunque apenas se notan.
- Ojo con añadir demasiada sal, pues el caldo de carne ya lleva bastante cantidad. Os recomiendo probar la salsa antes de hacerlo.
- En este caso, acompañamos el lomo con unas patatas baby enteras hechas en el horno y mojadas en la misma salsa de la carne, pero con una guarnición de arroz blanco o salteado con ingredientes vegetales, una pasta del mismo estilo o las mismas patatas especiadas al horno también resulta un plato equilibrado y riquísimo. Para gustos, colores.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado tanto como a nosotros.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz resto de semana!
Fotos: Marc RT Studios