domingo, 25 de octubre de 2015

BIZCOCHO DE CAQUI Y QUESO CREMA PARA EL #RETOALFABETODULCE



Como una niña con zapatos nuevos. Y que se ha zampado un plato hasta arriba de macarrones con queso en el almuerzo. Y que su madre le ha comprado un paquete de ositos de gominola al salir del cole. Y que la profe no le ha mandado  deberes. Y...
Vale, toda esta palabrería, sólo para que os hagáis una idea del estado "happy flower power" en el que me encuentro mientras escribo esta entrada. Y no, no es debido a un estado de éxtasis momentáneo provocado por la falta de sueño, o el exceso de cafeína, o quizás por haber ingerido alguna sustancia raruna de vete tu a saber que composición... Es que, de corazón, estoy muy contenta, y motivos no me faltan.
Primero, y como siempre, llega el día 25 y toca participar de nuevo en el #RetoAlfabetoDulce de este mes. Cosa extraordinariamente extraordinaria en mi, he conseguido llegar a tiempo (¡Y por segunda vez, estoy que me salgo!) o, mejor dicho, con el tiempo necesario para conseguir unas fotos decentes y "soltaros el rollo".
Este mes, la encargada de elegir ingrediente ha sido Maribel, del blog Sweet Blessings. He de confesar que no conocía demasiado a Maribel antes de que fuera elegida, pero ahora no pienso perderle la pista... ¡¡Menudos bizcochos, menudos brownies, menudos bundts, menudos cupcakes y menudos todo!! Para alguien tan apasionada del dulce como yo, su blog no tiene desperdicio, es una tentación pura. Y por si fuera poco, Maribel nos ha hecho un gran favor con la elección del ingrediente. Teniendo en cuenta que debía empezar por la letra Q, finalmente ha sido el queso el alimento con el que hemos tenido que experimentar este mes. ¡¡El queso, con lo que me gusta!! Siempre he defendido la teoría de que el mundo con queso es un mundo mejor, y es que el queso es indispensable en la mayoría de cocinas: En sándwiches mixtos, bocadillos, en tacos para las ensaladas, para darle "vidilla" a cualquier plato de pasta, o para preparar un clásico y riquísimo pastel de queso... En fin, que si hay algo a lo que sea totalmente adicta (aparte de la manzana, claro), es al queso, así que ya os podéis imaginar lo que he disfrutado este mes buscando, cocinando y catando recetas. La mayoría de platos con queso que preparo son salados, así que decidí invertir un poco más de tiempo en indagar sobre los usos del queso en la repostería.
Finalmente, me he decidido por este bizcocho de queso crema y caquis. Se trata de un bizcocho de esos bastante húmedos y jugosos, gracias al jugo que suelta el caqui mientras se hornea, y con un suave pero inconfundible sabor a queso crema que parece fundirse en la boca.
Pero lo que realmente me ha hecho decantarme por esta receta y no por otra, es el hecho de por qué, dónde, con quién y cómo lo preparé.
¿Por qué? Porque me moría de ganas de probar el bizcocho de queso crema, y porque el caqui de mi abuela ha dado este año una cantidad de caquis tan exagerada que la mujer ya me había insistido varias veces en que preparara algo rico con esta fruta.
¿Dónde? En vez de llevarme los caquis a casa y preparar la receta como de costumbre, decidí, batidor y lengüeta en el bolso, irme a casa de mi abuela a pasar una tarde repostera en familia. Ella se encargó del resto de ingredientes.
¿Con quién? Con mi abuela, por supuesto, a la que no había visto tan contenta en años. Además, por una vez, mi catador soltó la cámara y pude disfrutar de él como pinche de cocina. Ahora que he descubierto lo bien que se le da batir a mano, no va a tardar en marcársele el bíceps, os lo aseguro...
¿Cómo? Pues sin haber probado la receta antes, sin batidor eléctrico, sin horno de aire y sin molde para bizcochos. En vez de esto, decidí lanzarme a la aventura y basarme en la receta de la maravillosa Julia del blog Julia y sus recetas, batiendo a mano, usando una cazuela de barro untada en mantequilla y un hornillo eléctrico de sobremesa. Si señor, con un par.. de caquis.
Sinceramente, después de lo bien que transcurrió la tarde, terminó por importarme bastante poco que el bizcocho saliera bien o no. Finalmente, el resultado fue el esperado  y la sensación de satisfacción que todavía siento se multiplicó por cuatro. Éxito total.
Así que, con todo el cariño del mundo, os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes:
- 100 gramos de queso crema natural
- 100 gramos de mantequilla o aceite de girasol
- 150 gramos de azúcar
- 2 huevos tamaño L
- 125 gramos de harina común
- Medio sobre de levadura en polvo
- La ralladura de un limón
- Canela, al gusto
- 1 caqui muy grande y maduro (250 gramos aprox.)

- Antes de empezar, pre-calentamos el horno a 180ºC.
- En un bol amplio, batimos el queso crema con la mantequilla o el aceite, el azúcar y la ralladura de limón.
- Sin dejar de batir, añadimos los huevos uno a uno y seguimos batiendo hasta que se integren del todo.
- Seguidamente, añadimos la harina y la levadura tamizadas y seguimos batiendo hasta que se integren del todo.
- Aparte, limpiamos el caqui y colocamos la pulpa en un bol.
- Vertemos la mezcla de bizcocho en un molde engrasado con mantequilla o aceite, repartimos la pulpa del caqui por la superficie,  y horneamos a 180ºC durante unos 45 minutos aprox., o hasta que esté listo.
- Apagamos el horno, retiramos el bizcocho y dejamos enfriar antes de desmoldar y cortar.



Notas:
- Sorprendentemente, el hornillo eléctrico hizo muy bien su trabajo y pude respetar bastante los tiempos de la receta original, pero ya sabéis que cada horno es diferente y que deberéis adaptar el tiempo de horneado al vuestro.
- El caqui le aporta una jugosidad y un dulzor delicioso a este bizcocho, a la vez que permite reducir un poco la cantidad de azúcar. Si lo váis a preparar sin caqui, deberéis añadirle 30 gramos de azúcar más.
- Con melocotón, piña, manzana, mango, etc., seguro que también queda un bizcocho delicioso. Imaginación al poder.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado. Como cada mes, estoy deseando ver el resto de propuestas :)
Esta será la última receta que publique en unos días, pues mi catador y yo nos vamos de escapada a Montpellier. Este verano ahorramos lo poquito que pudimos para ir y ya casi ha llegado la fecha, por fin. Montpellier es una ciudad preciosa, con una historia y una cultura que me fascinan, así que estoy contando las horas que faltan para estar allí disfrutándola al máximo.

¡Sed felices, y nos vemos a la vuelta!

domingo, 18 de octubre de 2015

GUISO PICANTE DE PATATAS Y COSTILLAS



El aumento de las personas venidas del extranjero y la necesidad que adquirir productos que no encontraban en nuestros supermercados han hecho que, en los últimos años, aparezcan establecimientos donde si puedan hacerlo y no tener así que renunciar a la cocina, a la comida y a las costumbres de su país. Al principio, se trataba de lugares frecuentados casi exclusivamente por autóctonos del país que fuera, pero a día de hoy, con nuestro insaciable afán de probar cosas nuevas, de experimentar, de fusionar y de conocer nuevas culturas y cocinas, somos una gran cantidad de españoles los que disfrutamos acudiendo a estos establecimientos de vez en cuando.
Leche de coco, bolas dulces de arroz, pan indio, currys de todo tipo, mantequilla de cacahuete, tofu ahumado... en fin, una larga lista de ingredientes que hace apenas un par de años eran totalmente desconocidos para mi, pero que ahora me gusta adquirir y disfrutar de vez en cuando, todo gracias a la proliferación de estos santuarios de comida internacional. Soy una persona curiosa por naturaleza y disfruto muchísimo yendo a estos lugares y pudiendo conocer otras culturas a través de nuevos alimentos, aromas y sabores.
Y vosotros os preguntaréis: "¿Qué tiene de nuevo un plato de patatas con costilla?" Aparentemente, nada, pero profundamente, todo. Nada, porque se trata de uno de esos guisos tradicionales a rabiar, con su tiempo de cocción, su reposo y sus ingredientes básicos, contundentes y esenciales. Y todo, porque le he querido dar un toque distinto empleando un par de ingredientes que adquirí en un supermercado de productos internacionales hace poco y que me están dando muchísimo juego.
El primero de ellos es Sambal Oelek. El Sambal es una preparación muy típicas de las gastronomías del sur de Asia que se elabora a base de pimientos y guindillas machacadas y que (no os confiéis demasiado) es picante pero apto para no iniciados. Se puede emplear tanto en platos de carne como de pescado, verduras, sopas, etc., para darle un toque picante más o menos sutil, dependiendo de la cantidad que se emplee.
El otro ingrediente que utilicé es la Pasta de curry suave, un condimento pastoso a base de especias y hierbas típico de las cocinas Tailandesa e Indonesia y que pica más o menos en función de su composición. El curry es uno de los condimentos asiáticos más conocidos en Europa y que cada vez está más presente en nuestras cocinas, así que supongo que muchos lo conoceréis y habréis trabajado con él. De hecho, en mi cocina nunca falta.
Si usamos estos dos condimentos con mucha medida y moderación, añadidos a un sencillo y delicioso guiso como es el de patatas y costillas de cerdo, el resultado es más que satisfactorio. A ver, no nos engañemos, no se trata de un plato apto para todos los paladares y para preparar con frecuencia, pero resulta una receta ideal para emplear ambos ingredientes y disfrutar a la vez de un rico y reconfortante guiso que hará las delicias de los amantes del picante. Doy fe de ello, pues mi catador es un auténtico fanático del picante y deberíais haberlo visto mojando pan en la salsa, llena de semillas de guindilla... Cuando empezó a comer tenía frío, pero luego terminó echándose la siesta en manga corta, no os digo más.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 2 patatas grandes (400 gramos aprox.)
- 350- 400 gramos de costilla de cerdo a trozos
- 1 cebolla mediana
- 3 cucharadas soperas de tomate natural triturado
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 1 cucharadita de café de Sambal Oelek
- 1 cucharadita de café de Pasta de Curry suave
- 2 vasos de agua y 1/2 de vino blanco para cocinar
- Sal y perejil, al gusto

- Para empezar, ponemos al fuego una cazuela con el aceite y rehogamos la costilla hasta que se dore un poco. Retiramos del aceite y reservamos.
- A continuación, pelamos la cebolla y las patatas, y volvemos a poner la cazuela con el aceite al fuego. Añadimos la cebolla, sofreímos 2-3 minutos y añadimos la patata para continuar sofriendo.
- Pasados un par de minutos, añadimos el tomate, el sambal, la pasta de curry, las costillas, la sal y el perejil, y rehogamos un poco. Cubrimos entonces con el agua y el vino.
- Dejamos cocinar a fuego medio alrededor de 35-40 minutos, o hasta que se haya evaporado la mitad del caldo y las patatas estén cocidas.
- Dejamos reposar unos 10 minutos y servimos.




Notas:
- Para trocear las patatas, es recomendable hacerlo tronchándolas, es decir, casi rompiéndolas, para que así suelten su almidón al cocinarse y le den espesor al guiso.
- A este tipo de guisos también se le pueden añadir verduras tales como la zanahoria, el pimiento, el puerro... Todo depende del gusto de cada uno y de lo que se tenga a mano.
- Os recomiendo prepararlo con antelación pues, como la mayoría de guisos, este también está más rico de un día para otro.

Nada más por ahora, espero que os haya gustado y que tengáis un fantástico inicio de semana.
¡Mil gracias por seguir ahí! :)
Fotos: Marc RT Studios

martes, 13 de octubre de 2015

GALLETAS DE AVENA Y BONIATO



- "Deborilla, tienes que esperarte un rato, que si te los comes muy calientes te va a doler la barriga.."
- "Chompchompglupglup ñamñam ¿Qué dices papá? chompchompglupglup ñamñam.."

Hace unos días, inauguramos la temporada otoñal con un bizcocho especiado de calabaza que no pudo ser más adecuado para hacerlo: Su color tostado, su miga compacta, y su aroma.. Vaya, el otoño hecho bizcocho. En casa fue todo un éxito, y por aquí también tuvo muy buena acogida.
Antes de ayer, en una de nuestras clásicas caminatas de media tarde, nos dimos cuenta de que las plazas principales empiezan a llenarse de tenderos que, con tal de sacarse unas pelillas, te venden un cucurucho de periódico a rebosar de castañas calentitas o un boniato recién horneado por un precio más que razonable teniendo en cuenta todo el trabajo que te ahorran (lavar, pelar, asar...).
Cómo disfrutamos esa tarde, boniatos y castañas calientes en mano, recorriéndonos el pueblo de punta a punta, hablando largo y tendido sobre todo lo que se nos ocurría y disfrutando de nuestra compañía mutua... Ais, si, ya lo dije y lo vuelvo a decir, el otoño hace que esté más "ñoña" que de costumbre.
Cuando era pequeña, en mi casa había mucha costumbre de dedicar, al menos un par de días de la temporada, a asar castañas y boniatos en el horno. De acuerdo, se ensucia mucho más y tampoco saben igual que las que se hacen en un asador, pero pasar una tarde agradable en familia alrededor de la cocina y disfrutar juntos de lo que habíamos cocinado, compensa con creces estas salvedades, os lo puedo asegurar. Yo me iba a la cama agotada y con un empacho de boniatos de mil demonios (véase la frase con la que he empezado la entrada..), pero tan feliz que acababa durmiéndome con una sonrisa de oreja a oreja.
¿Recordáis las galletas de avena y plátano que os enseñé un par de meses atrás? Pues se me ocurrió que podía versionarlas para adaptarlas un poco más a la época en la que estamos, y también para variar un poco, la verdad, porque las he repetido ya varias veces y nos iba apeteciendo cambiar...
El boniato machacado tiene una textura y un dulzor muy similar al del plátano, por lo que fue la primera opción que contemplé (y la única prácticamente), y el resultado nos gustó a la primera.
De nuevo, se trata de unas galletas que no contienen ni harina, ni huevo, ni leche, ni azúcar, pero que, a pesar de todo, están de rechupete. Son ideales para darnos un capricho dulce a cualquier hora del día sin remordimiento alguno, ya que a sanas y naturales no las gana ninguna otra.
Hice poquitas para probar, por eso, con las cantidades que os indico salen, como mucho, 10 o 12 galletas, dependiendo del tamaño y del grosor. Pasada la prueba de cata con nota, yo os recomiendo que aumentéis las cantidades un poco, porque están tan buenas que es casi imposible comer sólo un par. Quien avisa no es traidor...




Ingredientes (para 10-12 galletas):
- 100 gramos de copos de avena
- 2 boniatos pequeños asados o cocidos
- Opcional: nueces, pasas, arándanos secos...

- Antes de empezar, pre calentamos el horno a 190º C y preparamos la bandeja del horno con papel de aluminio untado en mantequilla o con papel de horno.
- Pelamos los boniatos ya cocidos y los limpiamos bien.
- Seguidamente mezclamos en un bol los copos de avena con los boniatos y vamos machacándolos con un tenedor hasta formar una pasta. Podemos añadirle nueces, pasas, almendra picada, etc.
- Con la ayuda de una cuchara, vamos haciendo montoncitos más o menos del mismo tamaño y los colocamos en la bandeja del horno. Aplastamos un poquito, dejando suficiente espacio entre galleta y galleta.
- Horneamos durante unos 20-25 minutos, sacamos del horno y dejamos enfriar por completo antes de consumir.




Notas:
- Si queremos unas galletas más finas, podemos cubrirlas con un papel de horno y pasarles un rodillo por encima, sin apretar demasiado. Si no, nos saldrán unas galletas con más volumen.
- Estas galletas están más buenas de un día para otro, pues no son aquellas galletas crujientes y ligeras a las que estamos acostumbrados, pero se van endureciendo un poco y el sabor a boniato se intensifica.
-Yo opté por añadirles unas pasas que tenía a mano, pero os animo a probar con los ingredientes que más os gusten: chocolate, nueces, almendras, alguna baya, un poco de coco rallado... imaginación al poder.

Espero que os haya gustado y que sigáis disfrutando del otoño tanto como nosotros.
¡Feliz semana!

sábado, 10 de octubre de 2015

ARROZ MARINERO A LA CAZUELA PARA LA INICIATIVA #ARROCITODEMIVIDATS



Todavía no me puedo creer que haya llegado a tiempo a una iniciativa bloguera.. ¿Cómo puede ser que yo, la señorita "tranquila, tienes un mes por delante para pensarlo- ¡Leches, ya te ha vuelto a pillar el toro!" haya tenido tiempo de preparar, catar, fotografiar y editar una receta con cierta tranquilidad? ¿Estaré empezando, por fin, a ser un poco más previsora y organizada que de costumbre? Esto... Pues la verdad, no lo creo. Lo justifico diciéndome a mi misma que octubre ha empezado mucho más tranquilo que septiembre (¡Menudo mes de locos!), que el ingrediente escogido y, sobretodo, el plato que he preparado es un habitual de mi casa, y que ya tenía en mente publicarlo desde hace mucho, muchísimo tiempo y no he visto mejor momento que este para que vea la luz.
Si, como ya habréis podido suponer, el alimento escogido ha sido el arroz, y a la iniciativa a la que me estoy refiriendo es TS, Typical Spanish.
Aunque sólo haya podido participar una vez desde que me invitaran, estoy encantada de poder volverlo a hacer, pues me parece una manera estupenda de redescubrir nuestra cocina más auténtica y tradicional, o de darle un giro de 360º y que, aún así, conserve esa esencia que nos transmitieron nuestras madres e incluso nuestras abuelas... Qué mas da, el objetivo es cocinar, disfrutar y darlo a conocer.
Estela, de blog Mi Dornillo, ha sido la anfitriona de este mes y la encargada de escoger el ingrediente a emplear en la elaboración de las recetas. ¿Se os ocurre algún ingrediente más versátil, económico, rico y que de más juego que el arroz? A mi no, y teniendo en cuenta la cantidad de platos típicos de nuestro país que se preparan con arroz, creo que las propuestas van a ser de lo más interesantes...
La receta que hoy os presento se la debo, como no, a mi madre, quien cuenta en su recetario habitual con un escueto pero genuino repertorio de arroces: el arroz con leche (el mejor que he probado nunca), el arroz a la cubana, el arroz con pollo, los calamares en salsa con arroz.. y el arroz a la cazuela, mi favorito por goleada. ¿Y que tiene este arroz que lo haga destacar sobre el resto? Pues, entre otras cosas, un sofrito delicioso y totalmente casero que mi madre se encargaba de hacer en la misma cazuela de barro ( de ahí el nombre), el hecho de poder añadirle unos u otros ingredientes en función de la época del año (judías en primavera, setas en otoño, pescado o carne...) y que, en función de esto, pueda servirse como plato de diario o como una auténtica comida de domingo.
A pesar de ser un plato típico catalán, y teniendo en cuenta que mi madre es andaluza, ha conseguido bordar e incluso mejorar la receta original. Chapó por ella.
Como ya he dicho, al arroz a la cazuela se le pueden añadir los ingredientes que más nos gusten y que tengamos a mano. Esta vez, yo he optado por prepararlo con unos calamares que estaban de oferta en mi pescadería de confianza y unos mejillones limpios que tenía en el congelador.
El resultado ha sido un arroz muy humilde pero no por ello menos rico y completo. Un plato de este arroz te deja bien satisfecho sin necesidad de nada más, pues incluye todos los nutrientes necesarios para una comida completa y, sobretodo, muy reconfortante, de esas que nos hacen bendecir a nuestras madres a cada bocado :).
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 180 gramos de arroz, preferiblemente bomba
- 150 gramos de menestra de verduras
- 2 cucharadas soperas de tomate natural triturado
- 200 gramos de calamares a trozos
- 10-12 mejillones limpios
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva
- 500 ml de caldo de pescado de calidad (en mi caso, Fumet de pescado y marisco de Aneto)
- 250 ml de agua
- Sal, ajo y perejil, al gusto

- Una cazuela de barro de 28 cm de diámetro (opcional)

- Para empezar, ponemos el aceite en la cazuela a calentar a fuego medio y sofreímos la menestra durante 5 minutos, sin parar de remover. Pasado este tiempo, añadimos el tomate, los mejillones y los calamares y sofreímos otros 5 minutos aprox.
- Cuando veamos que el agua de los calamares se ha evaporado casi por completo, añadimos el arroz y removemos durante un par de minutos.
- Seguidamente, cubrimos bien con el caldo y la mitad del agua, subimos el fuego y dejamos cocer 8 minutos a una potencia alta, sin dejar de remover.
- Después, bajamos el fuego sin que el arroz deje de hervir y lo dejamos cocer unos 10 minutos más, añadiendo el resto del agua si fuese necesario. A la vez, probamos y rectificamos de sal y especias.
- Pasado este tiempo, comprobamos que el arroz está en su punto, apagamos el fuego, retiramos y servimos inmediatamente.




Notas:
- La cantidad de caldo que he utilizado es relativa, pues en casa nos gusta el arroz más bien seco. Si no es el caso, basta con añadirle un poco más. Eso si, merece la pena que sea un caldo o fumet de pescado de calidad, pues le aporta un sabor y un aroma delicioso al conjunto del plato.
- Para ahorrar tiempo y trabajo, podéis emplear calamares congelados ya limpios y troceados o pedirle al pescadero/a de confianza que os lo haga.
- Hay quien deja reposar este arroz un rato, cosa de la que yo no soy partidaria; las cazuelas de barro aguantan muchísimo el calor fuera del fuego, por lo que el arroz se sobrecuece. Si empleáis una paella normal ya es distinto.

Espero que os guste mi aportación y las del resto de participantes. La verdad es que da gusto poder formar parte de iniciativas tan chulas como esta.
Os dejo también el enlace al recopilatorio para que no os perdáis ninguna propuesta:

lunes, 5 de octubre de 2015

BIZCOCHO ESPECIADO DE CALABAZA CON CHOCOLATE BLANCO


¡Ya es otoño!
Pues si, y lo rápido que ha llegado... La verdad es que a muchos les (nos) da el clásico bajón cuando empezamos a notar que cada vez hace más fresco, que los días son más cortos y los amaneceres se hacen esperar un poco más, que tenemos muchas más obligaciones pero la energía física y mental va nimbando... Pero (porque siempre hay un pero) qué bonito resulta darse cuenta de que los parques empiezan a teñirse de colores cálidos, que las hojas caídas crujen bajo nuestros pies al pasear, que disfrutamos mucho más de una tarde de película o lectura, que podemos volver a taparnos con un edredón y zamparnos un enorme bol de sopa sin morir en en intento,.. El que no se consuela es porque no quiere.
En otoño también empiezan a aparecer en las fruterías las primeras castañas, mandarinas, naranjas y batatas, y los higos, qué me decís de los primeros higos de la temporada... un manjar.
Pero si hay una hortaliza que represente a la perfección el otoño, esa es la calabaza. Es verlas de nuevo en el mostrador de mi frutería y entrarme la "morriña", por decirlo así...
Es cierto que hay calabazas de otoño y calabazas de invierno, por lo que no acostumbra a faltar en casa y la uso para preparar deliciosas y reconfortantes cremas y sopas, a veces algún guisito y poco más. Pero si hay un momento idóneo para comprar, comer y disfrutar al máximo del sabor y las propiedades de la calabaza, es en otoño. Ya sabéis, las frutas y verduras de temporada son más nutritivas, más sabrosas, más sanas y más económicas. La madre naturaleza es muy sabia.
Además de los deliciosos purés y guisos que podemos preparar con calabaza, también resulta un ingrediente ideal para muchas preparaciones reposteras. Al igual que la zanahoria y el boniato, la calabaza funciona muy bien como edulcorante natural y aporta mucha jugosidad y consistencia a cualquier masa.
Con la excusa de que mis padres nos habían invitado a comer y que, como de costumbre, me tocaba a mi llevar el postre, decidí emplear una calabaza hermosa que tenía en el frutero para preparar este bizcocho especiado de calabaza o "spiced pumpkin pie". Se trata de una receta de origen inglés que cada vez se conoce más en el resto del mundo, y no es para menos, pues resulta un bizcocho contundente, jugosísisisisisimo, muy aromático y con una combinación de especias muy potente pero equilibrada.
Si os gustan más los bizcochos suaves y ligeros, de esos que cogen mucho aire y son ideales para mojar, este no es vuestro dulce. En cambio, si sois de los que disfrutáis comiéndoos un buen trozo de bizcocho con mucho cuerpo, contundente, húmedo y tan especiado que os persista el sabor de las especias en boca bastante rato, este es vuestro bizcocho.
Bah, sea como sea, merece la pena darle una oportunidad. Al menos en casa pasó la prueba de cata madre-padre-abuela-novio, y con nota, así que os animo a que lo probéis.
Os dejo los ingredientes y la preparación:



Ingredientes (para 4 personas, a 2 trozos por persona):
- 100 gramos de harina integral
- 125 gramos de puré de calabaza
- 80 gramos de azúcar moreno
- 1 huevo tamaño XL
- 50 ml de aceite de oliva suave
- 1 cucharadita de canela
- 1 cucharadita de jengibre
- 1 cucharadita de nuez moscada
- 1/2 cucharadita de bicarbonato
- 3 gramos de levadura química
- Una pizca de sal
- Virutas de chocolate blanco (opcional)

-Antes de empezar, precalentamos el horno a 180ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande tamizamos la harina, el bicarbonato, la levadura y las especias, y reservamos.
- Seguidamente, mezclamos el azúcar moreno con el puré de calabaza (calabaza asada y machacada, sin más) hasta que no tenga grumos. Añadimos también el aceite y el huevo y volvemos a mezclar.
- Seguidamente, añadimos los ingredientes secos en dos veces y mezclamos hasta que estén integrados.
- En un molde previamente engrasado, colocamos la masa y la repartimos bien dándole unos golpecitos. Si nos gusta, espolvoreamos unas virutas de chocolate blanco por encima.
- Introducimos en el horno y horneamos durante 25-30 minutos o hasta que veamos que el bizcocho ha subido y esta dorado.
- Apagamos el horno, retiramos el bizcocho y dejamos enfriar unos 20 minutos. 
- Pasado ese tiempo, desmoldamos nuestro bizcocho y lo dejamos enfriar por completo antes de cortarlo y servirlo.




Notas:
- El truco casero más sencillo para saber si un bizcocho está cocido es pinchándolo con un palillo. Si este sale limpio, el bizcocho ya estaría listo.
- Es recomendable preparar este bizcocho de un día para otro, así la miga tiene tiempo de asentarse y resulta mucho más rico.
- El acompañamiento más habitual y delicioso para este bizcocho es el frosting de queso o el helado de vainilla y/o nata. A mi, por ejemplo, me gusta añadirle algún tipo de chocolate. Para gustos, colores.

Espero que os haya gustado y que tengáis un estupendo inicio de semana.
¡Millones de gracias por seguir ahí!
Fotos: Marc RT Studios

jueves, 1 de octubre de 2015

CURSO "RECETAS DE COCINA PARA TÁPER" EN LA SIRENA BARCELONA



¡Vaya semana de locos!
¿No os pasa que hay días en los que os vais a la cama con esa sensación de "bah, un día más, un día menos" y, en cambio, hay otros en los que os ha faltado tiempo para todo lo que queríais hacer, y caéis tan agotados en la cama que en menos de cinco minutos os habéis quedado taaaaan dormidos que no os despertaría ni la alarma de incendios a toda potencia? Pues a mi, desde hace más o menos diez días, es exactamente lo que ha venido pasándome. Después de poder disfrutar de un poco más de descanso y tiempo libre, mi cuerpo empezaba a pedirme algo más de movimiento, algo de "marcha" por decirlo así, llenar mi día con algo más que paseos, lectura y películas.. un poco de rutina, en definitiva. Y si, por suerte todo ha ido llegando, pero como bien reza el refrán, a modo de "¿No querías caldo? ¡Pues toma, dos tazas!". Si es que la sabiduría popular se llama así por algo...
Sin entrar mucho en detalles (que me conozco, y si lo hago esto va a acabar pareciendo un diario en vez de un blog de cocina...), ha habido de todo: Trabajo, estudios, visita y comida con los suegros, visita y comida con los padres, médicos, veterinarios, eventos, alguna que otra quedada con las amigas para ponernos al día... En fin, una cosa detrás de otra, un no parar, sin prisa pero sin pausa.
He terminado exhausta la mayoría de los días, hasta tal punto de terminar de cenar y tener que meterme en la cama... Agotadísima, si, pero satisfecha y feliz. Apelando otra vez al refranero popular, "Sarna con gusto no pica", doy fe.
Y en cuántos más líos me meto, en más me quiero meter, y sobre todo si me gusta lo que hago, como es el caso de la cocina. Eso es exactamente lo que me está pasando con el blog y el motivo principal porque el que lo estoy disfrutando tanto y por el que no quiero dejarlo de lado, por mucho que me cueste. Así que, después de casi una semana, vuelvo con cosas nuevas que contaros (y cocinaros, claro).
Uno de esos "líos", "saraos" o como queráis llamarlo en los que me he metido esta semana ha sido en el último curso de cocina que daba la famosa cadena de alimentación congelada La Sirena.
En alguna otra ocasión ya os había comentado que yo soy clienta habitual de La Sirena, por muchísimos motivos: La variedad y calidad de productos es enorme, siempre que voy encuentro algo nuevo que probar, el la relación calidad-precio es bastante buena y los empleados, al menos los de las tiendas que suelo frecuentar, me atienden fantásticamente. Además, también ofrecen servicio de tienda online con entrega a domicilio o incluso recogida en tienda, cosa que me resulta la mar de práctica para esos días que, como en los 5 o 6 anteriores, voy muy justa de tiempo.
Ya sabéis que yo, debido a mi ritmo de vida, me veo obligada a comer de táper varias veces a la semana. Si es cierto que hay días en los que no tenemos ganas de cocinar y decidimos tirar de bocata o del menú del bar de al lado, pero por norma general, este no es mi caso e intento ingeniármelas para que llevarme la comida al trabajo no sea sinónimo de aburrido, soso, poco equilibrado y/o poco práctico. Dicho esto, y llamándose el curso de cocina "Recetas de cocina para táper", no podía perdérmelo, me estaba más que destinado, ¿No os parece?.
El curso se llevó a cabo en el Aula de Cocina de la tienda que La Sirena tiene ubicada en la Avenida Meridiana número 242, en Barcelona, durante una sesión que duró aproximadamente 2 horas, de 16h a 18h, (aunque había otro pase de 18:30h a 20:30h).
Montse Tapia, junto con su pinche Mar, fue la encargada de presentarnos, preparar y cocinar todos los platos que ella misma había creado para a ocasión. Como no se cansó de repetir Montse mientras los elaboraba, eran platos pensados para que aguantaran bien el trajín del día a día, el transporte hasta el trabajo o hasta donde nos los fuéramos a comer y, por supuesto, para que fueran muy completos, variados y distintos entre si, para evitar caer así en la monotonía y el aburrimiento tan comunes cuando uno tienen que comer fuera de casa.
Todas las recetas, como no podía ser de otro modo, estaban realizadas con productos La Sirena, cosa que aseguraba un gran ahorro de tiempo y un muy buen resultado.
Montse cocinó, en menos de 2 horas (!Vaya super mujer!) 5 platos, uno para cada día laborable de la semana. Éstos son algunos de ellos:


HABAS CON PULPO, BRÓCOLI Y CACAHUETES

PULPO A LA GALLEGA


REDONDO DE POLLO LA SIRENA CON ARROZ, ALMENDRAS Y ESCALIVADA


ENSALADA DE LENTEJAS CON SALMÓN


PASTA CON GUISANTES, ESPÁRRAGOS Y GAMBAS


QUICHE DE PUERROS LA SIRENA CON ENSALADA DE LENTEJAS

Montse también nos cocinó unas hamburguesas con salsa de setas que estaban deliciosas y que, precisamente por eso, no llegamos a tiempo de hacerles la foto.. volaron.
Aunque la sesión transcurrió sin dudas ni preguntas por parte de los que asistimos (mi chico fue el único hombre, pobrete...), Montse no dejó de involucrarnos ni un sólo momento, dándonos consejos sobre el transporte y la conservación de alimentos, las sugerencias de presentación, e incluso ideas para substituir unos ingredientes por otros... vaya, lo que se llama una buena profesora de cocina, que hizo que la clase pasará volando.
Llegado el momento de la degustación, tuvimos oportunidad de fotografiar y catar todos los platos, a cual de ellos más rico. Además, pudimos regar la comida con copita de vino turbio y ponerle el broche final y dulce a la velada con un postre cremoso de mango elaborado por dos compañeras de Thermomix, que no quisieron perdérselo.
En resumen, si la intención era que saliéramos de allí, compráramos los los ingredientes en la misma tienda y probáramos a hacer las recetas en casa, con nosotros lo consiguieron :).
Este curso y todos los que organiza La Sirena son completamente gratuitos para los titulares de la tarjeta Club. Tanto si sois clientes habituales como si sólo acudís de vez en cuando a La Sirena, os recomiendo que os la hagáis, pues es completamente gratuita y da acceso a muchísimas ventajas, (independientemente del importe de vuestras compras): descuentos, cheques regalos, concursos, sorteos de carros de compra, etc. Hacerse titular de la tarjeta Club, además, resulta la mar de sencillo, pues sólo es necesario acudir con vuestros datos a vuestra tienda La Sirena más cercana y os la harán y entregarán al momento. Vaya, merece mucho la pena.
De momento, los cursos de cocina La Sirena solamente se imparten en Madrid, Barcelona y Terrassa pero, dado el éxito de los mismos y la constante expansión de la cadena, no descartéis que pronto puedan estar en vuestra ciudad. Tened en cuenta que las fechas son muy concretas y plazas limitadas, así que os recomiendo visitar regularmente la sección de eventos dentro de la página web de La Sirena para que no se os escapen. En Barcelona, por ejemplo, ya se ha abierto el plazo de inscripción para el nuevo curso Arroces 2015 al que, por supuesto, no he dudado en apuntarme. Y, bueno, posiblemente para la fecha iré tanto o más de bólido que estos últimos días, pero ya sacaremos tiempo de donde sea.

Para más información:
Web de La Sirena
Blog de La Sirena
Facebook La Sirena
Fotos: Marc RT Studios

Nada más por hoy.
Millones de gracias por seguir ahí, en cuanto puedo dedicaré un ratito en visitaros y ver que delicias habéis estado cocinando en mi ausencia :)
¡Sed felices!

viernes, 25 de septiembre de 2015

MAGDALENAS DE JENGIBRE Y MANZANA CARAMELIZADA. ¡VUELVE EL #RETOALFABETODULCE!



Septiembre, ay septiembre... a estas alturas ya nos han repetido hasta la saciedad que los días de vacaciones se han terminado, que nos toca apechugar, e incluso nos han dado algunos consejos para sobrellevarlo de la mejor manera posible... Si, pero los hay que todavía remoloneamos un poco ante la rutina, todavía nos cuesta acostumbrarnos a los madrugones, al ir y venir del trabajo, a comer fuera, a ir a la compra a última hora de la tarde y, en definitiva, a volver a coger el ritmo del día a día. Pensándolo bien, ¿Hace falta que sea septiembre para que la pereza se apodere de hasta el último pelo de nuestro cuerpo? En fin, no lo creo...Algunos vinimos al mundo con a pereza de serie :P
Nosotros hemos vuelto, y con ello, la blogosfera vuelve a inundarse de colaboraciones, concursos, sorteos... ¡Y retos! Si, al #RetoAfabetoDulce también se le han acabado las vacaciones y vuelve pisando fuerte.
Parece mentira que, después de 5 retos y de proponiéndome una y otra vez ser más previsora que de costumbre, y después de haber tenido todo el verano para experimentar, probar y decidir qué receta terminaría presentando, esté aquí a las tantas de la noche del día de antes, redactando e intentando conseguir unas fotos medio decentes, y dejándome la vista en ello... No tengo remedio.
 Desde el minuto cero en que se dio a conocer la letra para el ingrediente de septiembre estuve cruzando los dedos para que Montse, del blog No sin mi táper, escogiera el jengibre. Es como si Montse me hubiera leído la mente y diera en el clavo... !Muchísimas gracias! :)
El jengibre es una de las plantas tradicionales con más beneficios para la salud que existen, se ha usado desde tiempos muy remotos y es apreciado en muchísimas culturas, sobretodo en las asiáticas. Además, empleado en la elaboración de galletas, bizcochos, pasteles y panes, les aporta un toque jugoso y refrescante que me vuelve loca.¿Y qué me decís del jengibre confitado? Delicioso. En fin, que estoy segura de que el jengibre va a dar mucho, mucho pero que mucho juego. Aunque, pensándolo bien, ¿Qué no da juego en este reto? Siempre alucino con las cosas tan deliciosas y originales que se presentan, son todas maravillosas.
Yo he optado por emplear jengibre en polvo para elaborar unas básicas pero deliciosas magdalenas de canela, pero con ese toque de aroma y sabor inconfundible que le aporta el jengibre. Como las preparé con intención de llevarlas a una comida familiar (con los suegros y cuñados, más presión añadida todavía jeje), quise hacerlas un poco más "festivas", especiales quizás, y que las disfrutaran de lo lindo de postre o para la sobremesa con café, algo que suelen hacer mucho. Para ello, les añadí unas simples manzanas caramelizadas en un plis plas con un poco de mantequilla y azúcar, que hicieron que las magdalenas quedaran más dulzonas y jugosas todavía.
Desde mi punto de vista, la combinación de sabores fue todo un acierto, pero desde el punto de vista de mis catadores ocasionales también. He de confesar que hacía algún tiempo que no iba de visita por casa de mis suegros, así que llevando estas magdalenas también buscaba la absolución... Que me fue concedida, o eso creo :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 14-15 magdalenas):
- 2 huevos tamaño M
-160 gramos de azúcar moreno
- 60 ml de leche semi
- 1 cucharadita de canela
- 1 cucharadita de jengibre
- 150 ml de aceite de girasol
- 200 gramos de harina leudante
- 1 pizca de sal

Para las manzanas caramelizadas:
- 2 manzanas golden pequeñas o 1 grande
- 1 cucharada sopera de azúcar moreno
- Una nuez de mantequilla

- Antes de empezar, pre-calentamos el horno a 190ºC.
- En un bol, batimos los huevos con el azúcar, el aceite y la sal. Una vez bien mezclado, añadimos el aceite, la leche, la canela y el jengibre, y mezclamos bien.
- En un bol aparte, mezclamos la harina con la levadura y la tamizamos sobre mezcla anterior. Reservamos.
- Aparte, pelamos, descorazonamos y cortamos a dados pequeños las manzanas.
- En una sartén a fuego medio bajo, derretimos la mantequilla y añadimos las manzanas y la cucharada de azúcar. Dejamos caramelizar a fuego bajo, removiendo de vez en cuando, hasta que empiecen a dorarse.
- En una bandeja para horno, colocamos los moldes de silicona y los vamos rellenando con la masa, más o menos hasta la mitad.
- Añadimos una cucharada de manzanas caramelizadas sobre cada magdalena.
- Introducimos en el horno durante unos 20-25 minutos, o hasta que empiecen a dorarse.
- Apagamos el horno, sacamos las magdalenas y dejamos enfriar por completo antes de comer.




Notas:
- Al emplear azúcar moreno, jengibre y canela, la masa queda un poco más oscura y resulta más complicado comprobar si las magdalenas, una vez han subido, se han dorado o no. Será cuestión de conocer vuestro horno.
- Como siempre os digo, la imaginación es libre y las magdalenas admiten un montón de ingredientes. Podéis caramelizar otra fruta a vuestro gusto, o añadirle frutos secos, más jengibre, etc. Para gustos colores.

Hasta aquí mi aportación al reto de este mes, espero que os haya gustado.
¡Estoy expectante por ver el resto de propuestas! 

A los que somos de Barcelona y cercanías nos espera un fin de semana intenso, pues en la ciudad condal está teniendo lugar la quinta edición del festival gastronómico popular Barcelona Degusta. Empezó ayer y lo hizo pisando fuerte, así que estad pendientes porque merece y va a merecer mucho la pena.
¡Descansad y sed felices!

lunes, 21 de septiembre de 2015

CALAMARES EN SALSA CON ARROZ



¡Qué bonita es la cocina de circunstancia!
Un buen día te levantas, de mejor o peor humor y, después de medio asearte, de recoger un poco la casa y de tomarte un café tan fuerte que te hace el mismo efecto que si te lo hubieran inyectado en vena, vas a la cocina, te pones el delantal, abres la nevera y te dispones a preparar algo decente para la comida: Un yogur por aquí, algo de embutido por allá, un pimiento solitario, media cebolla pelada, dos tomates, un culín de leche... Si, podrías preparar alguna de esas recetas de aprovechamiento que tanto te gustan y que de tantos apuros te han sacado, pero hoy tu imaginación no está para tirar cohetes y tampoco tienes ganas de complicarte demasiado. Así que, después de varios intentos fallidos, despiertas a tu catador, os vestís y os vais a la compra.
-"Pues a mi el cuerpo me pide algo de pescado...".
-"Pues venga señor, tira para la pescadería, que ya somos dos. A ver... ¡Mira, los calamares de oferta! ¿Te apetecen?"
-"No era lo que tenía en mente, pero con lo ricos que los haces, con su salsita y su arroz, no te diría que no...".
...
Y así fue como, por esas cosas del destino caprichoso, comimos calamares en salsa hace ahora tres días. Una receta muy tradicional, pero también muy sencilla de elaborar y que gusta a (casi) todos, especialmente a los más pequeños de la casa. Doy fe de ello, porque cuando era un enana me zampaba los calamares en salsa de mi madre la mar de a gusto e incluso repetía si se podía, así que ya os podéis imaginar.
Es cierto que no siempre tenemos la oportunidad de conseguir calamares frescos y de buena calidad. La mayoría de veces son, o bien descongelados o, en el peor de los casos, anillas o rabas ya cortadas y limpias. Sea cual sea el tipo de calamar que empleemos, la receta merece la pena, porque quizá el calamar no resulte tan tierno y sabroso si no es fresco, pero igualmente os quedará un plato para mojar pan. Y si además lo acompañamos de un arroz blanco bien preparado, suelto y en su punto, tendremos lista una comida deliciosa y la mar de completa en muy poco tiempo y con muy poco trabajo.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 350 gramos de calamares limpios y troceados
- Media cebolla
- 2 cabezas de ajo
- 1 pimiento italiano pequeño
- 2 cucharadas soperas de tomate triturado
- Medio vaso de vino blanco
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- Sal, pimienta negra y romero, al gusto

Para acompañar:
- 80-90 gramos (en seco) de arroz basmati cocido por persona.

- Primero, limpiamos y troceamos los calamares, aunque podemos pedirle al pescadero que nos lo haga y así ahorrarnos trabajo.
- Limpiamos y troceamos la cebolla, el ajo y el pimiento, y reservamos.
- En una sartén a fuego medio con el aceite, añadimos el ajo, damos unas vuelas y añadimos también la cebolla y el pimiento. Saltemos durante 4-5 minutos y añadimos también el tomate y los calamares.
- Cuando los calamares hayan perdido la mitad de su agua, añadimos el vino, la sal y las especias, y dejamos reducir unos 10 minutos aproximadamente.
- Ahora, podemos preparar el arroz cocido como acostumbremos a hacerlo, aunque ya podemos tenerlo listo de antemano.
- Una vez la salsa haya reducido a la mitad, apagamos el fuego, retiramos los calamares y los servimos inmediatamente sobre el arroz cocido.




Notas:
- Si tenéis oportunidad, pedidle a vuestro pescadero de confianza que os limpie los calamares y os los trocee, así os ahorraréis una parte considerable de trabajo.
- Para esta receta también se pueden utilizar chipirones e incluso sepia y resulta un plato igual de sabroso.
- El acompañamiento clásico para los calamares en salsa suele ser el arroz, porque resulta muy suave y no le quita protagonismo al calamar. Aun así, también podéis acompañarlos de patatas fritas, al horno, puré de patata, cous-cous, etc. Para gustos, colores.

Espero que os haya gustado mi propuesta de hoy y que hayáis tenido un buenísimo inicio de semana.
¡Millones de gracias por seguir ahí!

viernes, 18 de septiembre de 2015

BIZCOCHO O "CAKE" SALADO DE TOMATE Y QUESO



Mi época favorita del año es, exactamente, esos días que hay entre mediados de septiembre y la primera semana de octubre o, si el tiempo es agradecido, incluso hasta mediados de mes.
Unos días en los que, a pesar de haber dejado las vacaciones atrás, todavía remoloneamos un poco ante la rutina, todavía nos cuesta acostumbrarnos a los madrugones, al ir y venir del trabajo, a comer fuera, a ir a la compra a última hora de la tarde y, en definitiva, a volver a coger el ritmo del día a día. A unos les cuesta más que a otros (depresión pos-vacacional lo llaman, fíjate tu...), y a otros más que a unos, pero a todos nos llega y a todos nos pasa, tarde o temprano.
Pero (porque siempre hay algún pero), también es una época de reencuentros, de hacer planes para el próximo respiro, de volver a aprovechar los fines de semana al máximo, de disfrutar que el calor va mermando y salir a dar largos paseos en buena compañía, de llevarnos una chaqueta fina "por si refresca", de desempolvar las cazuelas y volver a encender el horno sin morir en el intento...
Tengo  la grandísima suerte de haber nacido, crecido, vivido y vivir en un precioso pueblo de la costa de Barcelona llamado Pineda de Mar. Pineda es un pueblo pequeño y muy tranquilo que, a pesar de atraer cada año a un buen número de turistas, conserva ese encanto marinero de los pueblos de antaño. Tenemos playa (una de las más grandes y bellas de la zona) y también tenemos montaña, gozamos de un clima privilegiado y, por si fuera poco, la riqueza y variedad de los productos gastronómicos autóctonos es considerable ¿Qué más se puede pedir?.
Pues sí, si se puede. En esta época del año, cuando el verano (y los turistas) empieza a despedirse, las temperaturas vuelven a un límite razonable y muy agradable, y los amaneceres y anocheceres se adelantan... en definitiva, cuando los días son tan genuinamente mediterráneos, Pineda está, si cabe, más bonita que de costumbre. Invita a salir a la calle, a encontrarse con los amigos y conocidos en la plaza para hablar largo y tendido, a disfrutar de los últimos rayos de sol dando un largo paseo por la playa o de excursión por la montaña... Pineda invita a disfrutarla, y a nosotros nos encanta hacerlo, por supuesto. Raro es el día libre que, armados con un buen calzado, algo de comer y cámara en mano (mi catador es un completo apasionado de la fotografía), no nos hagamos unos cuantos kilómetros redescubriendo  los rincones tan encantadores de nuestro pueblo.


Pineda de Mar, desde la Ermita de Gràcia.
Foto: Marc Ruiz


Ideas de recetas sencillas y aptas para tomar al aire libre ya os he enseñado unas cuantas: pasteles salados, cocas con distintas bases y rellenos, la clásica ensalada de pasta, alguna de legumbres, e incluso unas deliciosas tortitas de bacalao y pipas. Pero algo que todavía no me había animado a hacer y a enseñaros hasta hoy era un bizcocho o "cake" salado, a pesar de haberlo preparado varias veces antes.. un despiste.
¿Quién dijo que los bizcochos sólo pueden ser dulces? Nada más lejos de la realidad, y para muestra un botón. Con un par de tomates y una cebolla comprados días atrás en el mercado local, medio paquete de queso rallado que no daba para mucho más, el culín del brick de leche, huevos y poco más, surgió esta variación de bizcocho salado que, después de una larga caminata por la montaña, muchas paradas para hacer fotos y coger algarrobas, y pasadas las 3 de la tarde, duró un suspiro.
A medio camino entre un bizcocho y un pastel, resulta muy consistente pero suave a la vez, con un interior húmedo, esponjoso y sabroso. Un plato, como no, ideal para llevar y consumir a modo de entrante, picoteo o como más os guste. Si ya lo acompañamos de una cervecita bien fría, la jornada de senderismo habrá sido redonda.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para un bizcocho como el de la foto):
- 2 tomates pequeños (150 gramos aprox.)
- Media cebolla
- 1 huevo tamaño L
- 2 cucharadas soperas de leche
- 4 cucharadas soperas de harina leudante
- 2 cucharadas soperas de queso emmental rallado
- 1 chorro de aceite de oliva suave
- Sal, orégano y pimienta, al gusto.

- Antes de empezar, pre calentamos el horno a 190ºC, con calor arriba y abajo.
- Aparte, picamos la cebolla, trituramos el tomate con la batidora y reservamos.
- En un bol, batimos el huevo con la leche y el aceite. Seguidamente, añadimos el tomate, la sal, las especias y el queso, y mezclamos bien. 
- Por último, añadimos también la harina y mezclamos con movimientos envolventes.
- En un molde de silicona o en uno convencional engrasado con mantequilla y harina, vertemos la mezcla, espolvoreamos con un poco más de queso rallado y lo introducimos en el horno durante 25-30 minutos, o hasta que empiece a dorarse por la superficie y esté totalmente cocido.
- Apagamos el horno, retiramos el bizcocho y lo dejamos enfriar completamente antes de consumir, cortado en porciones.




Notas:
- Hay mil y una variantes de este tipo de bizcochos, y admiten multitud de ingredientes: tacos de jamón, de chorizo, de bacon, algún fruto seco, etc. Ya sabéis, imaginación al poder.
- Los bizcochos salados suelen servirse como entrante o incluso como plato único, acompañado de una ensalada completa. Os recomiendo probarlo con alguna salsa tipo mayonesa o de yogur, resulta delicioso.
- Por norma general, los bizcochos de este tipo no suben tanto como los dulces a los que estamos acostumbrados, así que no os preocupéis si es el caso. Lo importantes es que son muy socorridos y muy ricos.


Espero que os haya gustado y que paséis un maravilloso fin de semana. Un poco de descanso y relax nunca viene mal ¿Verdad? :)
¡Mil gracias por seguir ahí!

lunes, 14 de septiembre de 2015

BIZCOCHOS INTEGRALES DE ZANAHORIA, CANELA Y PASAS



Cada vez que preparo algún dulce con zanahoria me acuerdo de mi padre.
En mi familia (y según me cuenta mi abuela, ha sido siempre así), las mujeres han sido las que, generación tras generación, se han encargado de cocinar y dar de comer a todo el que se sentara en su mesa. Y digo a todo, porque a pesar de que yo sea hija única y mi madre lo haya tenido más fácil, no ha sido el caso de mis antepasados precisamente. Para que os hagáis una idea, mi madre tiene sólo un hermano más, pero en casa de mi padre eran cinco. Y si echamos la vista unos años más atrás, hablando de mis abuelos y sus respectivas familia, perdemos la cuenta... Vaya, que no se trataba sólo de partirse la sesera por cocinar platos variados, ricos y sanos día tras día, sino también de hacerlo para un regimiento. Y si, además de esto, tenemos en cuenta los tiempos difíciles que se vivieron años atrás, sólo me queda que demostrar todo mi agradecimiento, respeto y admiración por mis antepasadas, pues sin su labor, a saber donde estaríamos ahora.
Resulta curioso el hecho de que, a pesar de no demostrar mucha destreza entre fogones de manera habitual, mi padre sepa elaborar a la perfección un par de platos que le quedan sublimes. Por supuesto, tuvo una buena maestra (su madre), pero es obvio que él supo ser un buen alumno. Una de esas recetas es el pollo al horno, del que ya os comenté algo hace unos días y del que sigo emperrada en que me dé la receta. La otra es la tarta de zanahoria y galletas, la tarta de la familia Rosano Romero por excelencia. Con pocos ingredientes, sencillísima de elaborar pero con un resultado sublime: zanahoria cocida y machacada con coco rallado y azúcar, galletas, e ir haciendo capas, sin más, para terminar con una buena capa de coco rallado. Lo complicado es conseguir respetar el tiempo de reposo de la tarta, un mínimo de dos horas para que las galletas se ablanden y los sabores se integren. Cuando era una enana y mi padre me dejaba ayudarle a prepararla, era un auténtico calvario, no podía dejar de mirar el reloj, y más de una vez desapareció una esquinita de la tarta antes de tiempo... Aiis, quién pudiera ser niño otra vez. Y pensar que todo esto ha venido a raíz de unas zanahorias que me sobraron después de preparar una crema de verduras... y es que, si mientras preparas un plato te invaden los buenos recuerdos, el placer de hacerlo y el placer de comerlo se multiplican por cuatro. Prometo que algún día, en cuanto podamos reunirnos, iré a ver a mi padre y le pediré que preparemos la tarta juntos, así mataré dos pájaros de un tiro: pasar tiempo con él, que ya toca, y poder enseñaros la maravillosa tarta en cuestión, veréis como no tiene desperdicio.
Y volviendo al tema de los bizcochos... Confieso que tenía muchísimas ganas de incluir alguna masa dulce con zanahoria en el blog, por varios motivos: la zanahoria, como edulcorante natural, permite reducir ligeramente la cantidad de azúcar añadido, disimula muy bien el sabor de las harinas integrales (en mi caso, eso siempre es de agradecer), le aporta una jugosidad y una consistencia a la masa muy característica y rica, y su sabor casa muy bien con cualquier otro ingrediente que queramos añadirle (canela, pasas, nueces, almendras, piñones...).
Me he basado en la receta clásica del conocidísimo bizcocho de zanahoria o "carrot cake" inglés, y que tan de moda se ha puesto últimamente. El hecho de emplear moldes individuales no es más que por pura comodidad, pues en casa nos gusta conservarlos en un tupper e ir cogiéndolos cuando nos apetezcan, sin tener que cortar porciones, usar platos y demás. Además, se conservan mucho más tiempo tiernos y jugosos. Como añadido, las pasas le van fenomenal y permiten reducir todavía un poco más la cantidad de azúcar de la receta.
Todavía no deja de sorprenderme el hecho de que una masa dulce a base de verdura pueda dar un resultado tan delicioso. Por supuesto, a nosotros nos han encantado, pues resultan un bocado sano e ideal a cualquier hora, pero especialmente en el desayuno o en la merienda, acompañados de un buen café.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 10 magdalenas):
- 100 gramos de harina integral
- 90 gramos de azúcar moreno
- 1 cucharadita de café de levadura
- 1 huevo tamaño L
- 35 ml de aceite de oliva suave
- 30 ml de leche semidesnatada
- 130 gramos aprox, de zanahoria cocida
- 1 cucharada de postre de canela
- 30-35 pasas de uva

- Antes de empezar, pre-calentamos el horno a 190ºC.
- En el vaso de la batidora, añadimos la zanahoria, el aceite, la leche y el huevo, y batimos bien hasta que tengamos una mezcla homogénea. Pasamos a un bol, mezclamos con el azúcar y la canela y reservamos.
- En un bol aparte, mezclamos la harina con la levadura y la tamizamos sobre mezcla anterior.
- Añadimos ahora las pasas, mezclamos todo el conjunto con movimientos envolventes y lo dejamos reposar unos minutos.
- En una bandeja para horno, colocamos los moldes de silicona y los vamos rellenando con la masa, más o menos hasta la mitad. Podemos colocar unas pasas más por encima.
- Introducimos en el horno durante unos 20-25 minutos, o hasta que empiecen a dorarse.
- Apagamos el horno, sacamos los bizcochos y dejamos enfriar por completo antes de comer.




Notas:
- Normalmente, para este bizcocho se emplea zanahoria rallada que se acaba de ablandar durante el horneado. Yo prefiero usarla cocida, pues me gusta que quede totalmente integrada en la masa.
- Al emplear azúcar moreno y zanahoria, la masa queda un poco más oscura y resulta más complicado comprobar si los bizcochos se han dorado o no. Será cuestión de conocer vuestro horno.
- Opcionalmente, podemos preparar un frosting a base de queso crema, azúcar glass y mantequilla para cubrir los bizcochos. Suele ser el acompañamiento más habitual.
- Es muy frecuente añadir nueces o cualquier otro fruto seco crujiente a la masa, pues el contraste con la humedad y la densidad que tiene, resulta delicioso. Os lo recomiendo.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado la receta y que hayáis tenido un buen inicio de semana.
¡Mil gracias por seguir ahí!