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viernes, 10 de marzo de 2017

PASTA CON SALSA DE CALABAZA ASADA Y PIÑONES PARA #TODOPORLAPASTATS



¡Qué alegría, qué alboroto, qué emoción y qué de todo! Son ya casi las 8 de la tarde (las 9 en España) y todavía me dura el buen sabor de boca con el que hemos llegado después del almuerzo.
Y es que, señoras y señores, en casi medio mes que llevamos yendo a almorzar (o a hacer el "lunch", como lo llaman aquí) al bar del trabajo, hoy ha sido la primera primerísima vez que nos han servido una guarnición en nuestro plato principal que no eran patatas fritas... ¡Y cuantísimo lo ha agradecido nuestro paladar y nuestro estómago! Que en este país se ponen ciegos a patatas fritas es algo que no nos ha pillado por sorpresa ni mucho menos, y la verdad es que no estamos comiendo tan mal como nos esperábamos, pero de ahí a que CADA DÍA se zampen una ración tamaño plato sopero para acompañar la especialidad del día (pollo o pescado al horno, sandwich, hamburguesa, sopa...) y que encima te llamen "rarita" si pides que te lo cambien por una ensalada... En fin, no creo que lleguemos a acostumbrarnos a eso, y tampoco es que sea nuestra intención precisamente...
Menos mal que el cocinero que se encarga de "alimentarnos" es un hombre indio la mar de majo que nos ha asegurado que, aunque sea de vez en cuando, suele preparar platos similares al "creamy chicken with spiced rice" (pollo cremoso con arroz especiado) del que hemos dado buenísima cuenta hoy. Entre eso, las cenas que hagamos en casa y los trapicheos de productos "typical spanish" que pretendemos empezar en breve con nuestros señores padres, nuestro panorama alimenticio-gastronómico no pinta mal del todo, ¿verdad?
Y bueno, hablando de las cositas ricas que tenemos por nuestra tierra y lo bien que se come...
Ya casi es día 10 y, como cada mes desde que la conocí, me toca presentar (y encantada de la vida) mi propuesta para la iniciativa de La Cocina Typical Spanish. Acabada la etapa de anfitriones con una #guerradeanfitrionesTS que dió muchísimo de sí, este mes nos han brindado la oportunidad de elaborar platos de pasta, sí, sí... ¡¡de pasta!! Lo nunca visto ni "permitido", así que no podía perdérmelo por muy lejos que esté y poco tiempo que tenga. Además, pude catar y enviar mi receta dias antes de empezar a trabajar aquí, así que ha sido cuestión de "ponerla bonita" a ratos.
No puedo decir que la mía sea de esas recetas de pasta tipo canalones, macarrones "de la abuela" fideos a la cazuela y demás, que siempre se han preparado en casa y que nos encantan. Lo que sí puedo decir es que, desde que di con ella hará cosa de 3 años, suelo comprar las calabazas más grandes con tal de que me de para una buena olla de crema y esta deliciosa salsa.
Mis suegros van cada año desde que se celebra (y ya va por su 13º edición) a la Fira de la Carbassa (Feria de la Calabaza) de Sant Feliu de Codines, un pueblecito de Barcelona, y siempre vuelven encantados.
El atractivo principal de esta feria es el concurso de calabazas de más peso (¡algunas superan los 400 kilos!), pero también suele contar con espacio para las esculturas hechas con esta hortaliza, y, por supuesto, una muestra gastronómica donde degustar diferentes variedades.
Los dos años que estuve viviendo con ellos no tuve oportunidad de ir porque siempre estaba estudiando, así que mi suegra nos trajo en ambas ocasiones unas figuritas la mar de monas y varios folletos de información, entre ellos algunos con sugerencias y recetas.
Me vais a disculpar porque no recuerdo si era un folleto de una tienda, restaurante, etc., lo  único que recuerdo es dar con la receta, escribirla en una hoja de mi libreta, ir a comprar los ingredientes y ponerme manos a la obra al día siguiente... ¡Y menuda salsa rica!
Mucho tiempo después, ya viviendo mi chico y yo solos, sigo preparándola y no nos cansamos de ella, pues es tan sencilla, tan suavecita, tan diferente... Acompañada de queso rallado, por ejemplo, es ideal para pastas y apta para vegetarian@s, pero tampoco os dejará indiferente si la probais con alguna carne o pescado, os lo aseguro.
En fin, sin más dilaciones, os dejo con los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 raciones grandes):
- 180-200 gramos de espirales de pasta
- 200 gramos de calabaza (peso sin piel)
- 1 cebolla mediana
- 1 diente de ajo
- Una cucharada sopera de aceite de oliva suave
- 15-20 piñones pelados
- Sal y pimienta, al gusto
- Agua de la cocción de la pasta
- Queso crema, opcional y al gusto

- Antes de empezar, precalentamos el horno a 180ºC, calor arriba y abajo.
- Pelamos y cortamos la calabaza, la cebolla y los ajos y los colocamos en una bandeja de horno.
- Salpimentamos las verduras al gusto, regamos con el aceite y horneamos a 180 ºC unos 35-40 minutos, o hasta que la calabaza esté blanda. Retiramos y dejamos templar.
- Por otro lado, cocemos la pasta como solamos hacerlo habitualmente y reservamos medio vaso (75-100 ml aprox.) del agua de cocción.
- Ponemos las verduras asadas y el agua en el vaso de la batidora y trituramos hasta que quede suave y cremosa. Podemos añadirle también un poco de queso crema al gusto.
- Seguidamente, tostamos los piñones en una sartén sin aceite a fuego vivo, hasta que tomen color.
- Para terminar, repartimos la pasta en dos platos y la servimos con una buena cantidad de salsa por encima y terminada con un puñado de piñones tostados y/o queso rallado al gusto.




Notas:
- Hornear las verduras para preparar esta salsa hace que quede mucha más rica, con un sabor a asado muy característico. Para variar un poco o si no disponéis de tanto tiempo, podéis rehogarlas con un chorrito de aceite y vino en una sartén o incluso usar calabaza cocida de esa que venden en muchos supermercados.
- Para variar un poco, se pueden sustituir los piñones por cualquier otro fruto seco al gusto, así como variar las especias. Como siempre os digo, imaginación y gusto al poder.


Y esto es todo, por ahora. Espero que os haya gustado mi aportación de este mes.
Os recomiendo echarle un ojo al resto de aportaciones de mis compis de reto, estoy segura de que va a ser un recopilatorio estupendo, como de costumbre :)




¡Muchísimas gracias por seguir ahí, y nos vemos (leemos) en breve!
Fotos: MarcRT Studios

martes, 10 de enero de 2017

UNTABLE DE SETAS Y TOSTAS DE SETAS Y ATÚN PARA #DANDOLALATATS



Nuevo año, nuevo mes, de nuevo es día 10 y de nuevo me toca terminar mi propuesta para el reto de La Cocina Typical Spanish en el último momento, a pesar de haberla enviado hace ya unos días... Esta vez me veo en la obligación de entonar el "mea culpa" y confieso que se me ha ido pasando la fecha sin querer y queriendo, pues llevo un despiste encima que no parece ni medio normal en mí. Bueno, muchos lo llaman síndrome postvacacional... ¿Ah, pero eso existe de verdad, o es pura ñoñería nuestra? En fin, reflexiones tontas aparte, vamos a lo que vamos.
Desde que se dió a conocer la propuesta de este mes, dadas las fechas que se nos avecinaban y la firme promesa que me había hecho de no pasarlas en la cocina la mayor parte del tiempo, tuve claro que, fuese cual fuese mi receta, mataría dos pájaros de un tiro: primero y obvio, que sería apta para formar parte del recopilatorio, y segundo, que formaría parte del menú de una de esas comilonas navideñas a las que nos hemos "enfrentado" (más de uno ya no baja las escaleras andando, si no rodando, os lo aseguro)... Y así fue, y nos gustó tanto que aquí estoy para contaroslo.
Después de las navidades, a muchos todavía nos quedan dando vueltas por la cocina restos de turrón, algún que otro polvorón, un trozo de queso que amenaza con convertirse en piedra en breve, etc. Para dar salida a todos estos restos de comida, nada mejor que echar mano de un poco de imaginación y de un buen recetario de aprovechamiento.
En el caso de otros tantos, la situación será completamente distinta: os habréis hinchado a turrón, a jamón y a lubina (¡y bien hecho, que una vez al año no hace daño!) hasta el punto de quedaros con las despensas vacías y los bolsillos temblando. Pero... ¿Qué es lo que no falta nunca en ninguna despensa? Pues sí, allá en el fondo muy muy fondo de nuestras alacenas, siempre nos quedará esa latita de atún olvidada, esa macedonia de frutas en almíbar que traía la cesta de papá de este año, o ese bote de tomate frito que nos ha salvado más de un plato de pasta para los nenes... ¡Las conservas, claro!
Así que este mes de enero, nos ha tocado cocinar con conservas y elaborar platos "typical spanish" teniendo como ingrediente principal alguno de estos productos.
Ya os he comentado en alguna ocasión que, desde siempre, mi yaya ha tenido y tiene muy buena mano para preparar conservas, básicamente de tomate frito, pisto (que me encanta utilizar en platos de pasta) y alguna que otra mermelada, y nos surte bastante regularmente a mi madre y a mí de ellas (menudo trapicheo de botes nos traemos por costumbre...).
Por otro lado, una de las costumbres navideñas que más disfrutamos en casa es la de preparar una buena variedad de canapés y tostas a modo de entrante, suficientes para abrir boca y seguir después con un plato más consistente y una sobremesa dulce.
Marc y yo cenamos en casa la noche de fin de año y no vi mejor ocasión en todas las vacaciones que esa para ponerme manos a la obra: los dos solos en casa. sin más prisas que las de llegar cenados a las 12 en punto, y cámara en mano.
Nuestra cena de fin de año fue muy sencilla, pues me decanté por un buen pica pica acompañado de buen vino y una sobremesa dulce, pero nos encantó igual.
Y he aquí mi aportación: Tostas de setas y queso de cabra, tostas de atún, mayonesa y pimientos, y una crema untable de setas.
De verdad, pocas veces hemos cenado tan rico, tan barato y con tan poco trabajo. Tostar el pan, abrir y combinar latas, un golpe de batidora, y poco más.
Mi maridín tiene claro que la tosta de atún fue su favorita (de hecho, he tenido que hacersela una vez más), pero yo no me veo capaz de decantarme por ninguna de las tres elaboraciones. Que el atún y los pimientos morrones combinan de maravilla es algo que ya se sabe, pero no os digo nada de las setas con el queso de cabra o las setas con el queso crema... ¡Para no parar de dipear, vaya!
En fin, sin más, os dejo con los ingredientes y la preparación, sencilla a más no poder:




Ingredientes (para 2 personas):
- 4 panecillos individuales (de centeno, con pipas...)
- 1 bote de setas variadas en conserva (170 gramos peso neto)
- 4 lonchas gorditas de queso rulo de cabra
- 1 cucharada sopera de leche semidesnatada
- 1 lata de atún en aceite de oliva
- 1 cucharada sopera grande de mayonesa vegetal
- 1 cucharadita de aceite de oliva suave
- Sal, ajo en polvo, perejil picado y pimienta, al gusto
- Colines, regañás o torradas, para acompañar

- Escurrimos bien las setas y las salteamos en una sartén con un poco de aceite a fuego alto hasta que suelten toda su agua. Añadimos también la sal y las especias al gusto, retiramos del fuego y reservamos.
- Por otro lado, escurrimos bien el atún y los pimientos.
- En un bol, picamos 3 de los pimientos muy menudos y los mezclamos con el atún y la mayonesa vegetal. 
- Seguidamente, precalentamos el horno a 220ºC. Abrimos los bollos por la mitad y los tostamos 2 de las mitades. Reservamos.
- Sobre las 2 mitades de pan sin tostar, colocamos unas cuantas setas y un par de lonchas de queso rulo de cabra y tostamos en el horno a 220ºC durante 5-6 minutos. Sacamos, colocamos en un plato y reservamos.
- Sobre las mitades de pan tostado, repartimos la mezcla de atún, pimientos y mayonesa, y terminamos con un par de tiras de pimiento. Colocamos en el mismo plato y reservamos.
- Para hacer la crema o untable de setas, ponemos las setas que nos han sobrado, el queso crema y la leche en el vaso de la batidora. Trituramos todo durante 1 minuto y probamos para rectificar de sal y/o especias. Trituramos un poco más si fuese necesario y lo colocamos en un bol pequeño.
- Servimos las tostas y la crema tal cual, acompañado de unos colines o regañás de pan para la crema.




Notas:
- Al tratarse de elaboraciones tan sencillas, os recomiendo que les déis un toque personal e incluso "gourmet" utilizando, por ejemplo, algunas variedades de pan distintas a las habituales (de pipas, de centeno, de espelta, con semillas de amapola, etc) y, sobretodo, buenas conservas. Algo sencillo puede convertirse en algo exquisito si usamos buenos ingredientes.
- Si queréis ahorraros bastante tiempo en la cocina llegada la hora de la cena, podéis hacer como hice yo y dejar listas la mayoría de elaboraciones (las setas salteadas, la base de atún y pimientos, la crema, las rodajas de queso, etc), justo para montar las tostas y darles el toque final en el último momento.




Y me despido hasta la próxima receta, no sin antes dejaros el enlace al recopilatorio de este mes, Con la "lata" que nos han dado las chicas, seguro que no tiene desperdicio alguno je je.
De nuevo, mis mejores deseos para el 2017, y millones de gracias por seguir ahí.
Fotos: Marc RT Studios

sábado, 4 de junio de 2016

ENSALADA DE ARROZ A MI MANERA



Con lo mucho que tardo en llegar el día (o eso nos pareció a nosotros), y tantísimo tiempo y esfuerzo que le dedicamos a que todo saliera bien, y lo rápido que se ha pasado... Al habla una "mujercita" casada, y muy felizmente casada, pero también muy muy nostálgica porque todo este "sarao" haya acabado ya... ¡Quiero que vuelva a ser 28 de mayo, jolines!
Lo prometido es deuda y en cuanto tenga material suficiente pienso enseñaros en detalle cómo fue nuestro gran día (ya se sabe, una imagen vale más que mil palabras), pero os puedo adelantar que superó todas nuestras expectativas, y para bien, por supuesto :)
No faltó nadie, así como tampoco faltaron los nervios, las prisas, las risas, los llantos, las dedicatorias, los besos, los abrazos y los buenos deseos. Por supuesto, tampoco faltó una buena comida y mucha, mucha diversión en un lugar que a Marc y a mí nos enamoró desde el primer momento. Si a todo esto le sumamos que el tiempo estuvo a nuestro favor, que estábamos cumpliendo uno de nuestros sueños y que los asistentes también se fueron a casa con un buenísimo sabor de boca, la verdad es que no podemos pedir más. Fue un día agotador pero inolvidable, feliz hasta más no poder.
Después de una semana, escribo y pienso en ello sin poder evitar que se me erice la piel, e intuyo que va a ser así durante mucho tiempo... Eso sí, después de la entrada "buena" prometo no daros más la lata (al menos no mucho más) con el tema de la boda, que parece que soy la única que se ha casado por aquí, y no... Es que todavía sigo un poco en las nubes, y no sé si es normal o no, pero quiero quedarme aquí arriba un poquitín más, que se está muy a gusto :) El día a día de la vida en pareja ya se encargará, tarde o temprano, de hacerme bajar, ¿Verdad?
Y volviendo (o empezando) a la receta de hoy...
En un abrir y cerrar de ojos nos hemos plantado en junio y el calor está haciendo cada vez más acto de presencia, al menos por Barcelona y alrededores.
El día de nuestra boda, Marc y yo quisimos probarlo todo y terminamos comiendo muchísimo. Si a esto le sumamos lo cansados que estábamos y el calor húmedo que hizo al día siguiente, el cuerpo nos pedía algo ligero y fresco para el almuerzo. En estos casos, casi siempre recurro a las ensaladas, pues ya sean de legumbres, de pasta, de arroz o de hojas verdes, suelen ser platos muy sencillos de preparar y que resultan la mar de completos y sabrosos si elegimos bien los ingredientes. Para esto de las ensaladas ya se sabe, cada maestrillo tiene su librillo y se pueden combinar mil y un ingredientes distintos para obtener resultados igual de buenos.
En este caso, y como en casa siempre triunfan los contrastes dulce-salado, he optado por preparar una ensalada de arroz bastante básica, pero con el toque dulzón de las pasas y la manzana.
El resultado ha sido un plato muy completo y equilibrado, ideal para el táper como plato único, muy fresco, bastante ligero y sencillo a rabiar. 
Espero que os guste tanto como a nosotros.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 raciones grandes):
- 180 gramos de arroz (pesado en seco)
- 1 tomate grande para ensaladas
- 1/4 de cebolla
- 1 lata de atún en aceite de oliva
- 1/2 manzana golden
- 15-20 pasas sultanas
- 2 cucharadas soperas de queso emmental (rallado o a dados)
- Perejil picado, al gusto

Para aliñar:
- 1/2 del aceite del atún
- 1 cucharada de salsa de soja
- Sal, al gusto

- Empezamos cociendo el arroz como acostumbremos a hacerlo. Lo dejamos enfriar, lo lavamos para quitarle el exceso de almidón y lo colocamos en un bol grande.
- Por otro lado, limpiamos y picamos muy menudo el tomate, la cebolla y la manzana, y se lo añadimos todo al arroz. Le añadimos también las pasas y el queso.
- Sobre un plato hondo, escurrimos muy bien el atún, reservando la mitad de su aceite, y se lo añadimos también al arroz. Mezclamos todo bien hasta que los ingredientes queden bien repartidos.
- Para el aliño, mezclamos el aceite del atún con una cucharada sopera de salsa de soja y lo incorporamos a la ensalada, dándole unas vueltas de nuevo.
- Por último, probamos y rectificamos de sal y servimos nuestra ensalada con un poco de perejil picado fresco por encima.




Notas:
- Para preparar ensaladas de arroz, yo siempre opto por el arroz basmati, pues queda mucho más suelto y aguanta mejor de un día para otro. Eso va a gustos y todo el mundo tiene sus trucos para que el arroz le quede suelto y en su punto.
- Cada vez que uso atún, bonito, caballa o sardinas para preparar alguna ensalada, reservo parte de su aceite (siempre de oliva) para preparar el aliño, pues en casa nos gusta mucho el toque que de da. En el caso de la ensalada de arroz, también queda deliciosa con una vinagreta sencilla, salsa rosa, salsa de yogur, etc.
- Como siempre os digo, podéis añadir y quitar ingredientes al gusto: Olivas, frutos secos, anchoas, pimientos del piquillo, maíz, diferentes tipos de queso... Imaginación al poder.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado la receta y que tengáis un estupendo fin de semana.
¡Millones de gracias por tantísimas felicitaciones y buenos deseos!
Fotos: Marc RT Studios

martes, 17 de mayo de 2016

MUFFINS SALADOS DE VERDURAS Y QUESO



"De táper voy, y de táper vuelvo, y por el camino yo me entretengo..."
¿Qué tal el fin de semana largo? La verdad es que empezar la semana directamente en martes hace que se vea con otra perspectiva, o al menos para aquellos que hayan podido disfrutar de un día más de fiesta y que vayan a tener un día menos de trabajo... De un modo u otro, siempre se agradece tener un poco más de tiempo libre, aunque sea poco.
Por estos lares, el fin de semana pasado vino cargadito (estudios, algo de trabajo, compromisos familiares y quehaceres varios), pero nada fuera de lo habitual... O eso creía yo.
Si me seguís en facebook ya os habréis enterado, pero por si acaso, ahí va:
El viernes por la noche, después de un par de días bastante estresantes, mi chico decidió invitarme a tomar algo antes de la cena. Yo ya iba camino de la cafetería con la mosca detrás de la oreja, pues si ya es raro tomar un café casi a las 9 de la noche, imaginaos cómo alucinaba mientras mi chico me dictaba, prácticamente prenda por prenda, qué quería que me pusiera para esa noche, cosa que, por otra parte, nunca le ha importado demasiado... En fin, sigamos.
Él tenía un par de cosas que hacer antes de nuestra cita, así que me fui para el sitio en cuestión 10 minutos antes y decidí esperarlo allí. Ya podía yo seguir esperando, ya, porque no apareció por ningún lado... Eso sí, mis amigas montadas en un coche, vestidas divinas de la muerte y con una pedazo de tarta en forma de pene sí que aparecieron... Vaya que si lo hicieron...
Total, que entre una cosa y otra, lo que iba a ser una cita en plan tranquilo con mi chico en una cafetería del barrio, terminó siendo una cena en un italiano a 60 kilómetros de mi casa, con mis amigas y despedida de soltera incluida. Cosas de esas tan habituales y tan normales que nos pasan día sí, día también, ¿Verdad?


Mi cara lo dice todo...


Pues sí, a apenas 10 días para que llegue la fecha y después de muchas y repetidas ausencias (que si visitas al restaurante, a la pastelería, a tiendas de ropa, a la floristería... ¡Uf, con lo fácil que parece desde fuera!), os doy el motivo definitivo para justificarlas, aunque sea en parte: ¡¡Me caso!!
Sí, sí, después de casi 5 años de novios y más de 3 conviviendo, Marc y yo hemos decidido casarnos.
Llevamos ya preparándolo todo más de 1 año, pero hace muy poco que se lo dijimos a nuestras familias y entorno más cercano. ¿El motivo? Muy simple: Siempre que salía el tema, Marc y yo estábamos de acuerdo en que queríamos una boda muy sencilla, original y emotiva pero, sobretodo, que fuera completamente nuestra, organizada por nosotros y para nosotros, y mejorarla después con los consejos y la ayuda de los nuestros si fuese necesario. Y así ha sido.
Todavía nos quedan algunas cosillas por terminar de organizar, pero la mayoría son de esas que sólo puedes hacer a última hora, así que sólo nos queda esperar. Y, creedme, recibiendo felicitaciones cada día, con una abuela que se está terminando el traje de chaqueta, una madre que se prueba el vestido cada día (y que encima me llama para decírmelo) y que se lo ha dicho a todo el vecindario, y un padre que quiere ponernos hasta una limusina, tener paciencia resulta, como poco, complicado.
Por supuesto, Marc también tiene lo suyo por su parte, pero él es de esas personas que llevan el estrés mucho mejor...Qué suerte tienen algunos.
En fin, lo único que podemos hacer es dejar que los días pasen, terminar de prepararlo todo y seguir haciéndolo con tanta ilusión como hasta ahora. Luego, dios dirá (y yo os vendré a dar la brasa con una crónica extensiva de la boda je je).
En fin, ya que habéis leído/soportado mi discurso hasta aquí, dejadme que os enseñe el que fue uno de mis almuerzos de táper de la semana pasada.
Que me encantan los pasteles salados es algo que no va a pillar a nadie de nuevas. Pero de entre todos ellos, los que más me gustan son los que llevan algo de verduras y queso. Son preparaciones deliciosas, sencillas y tan versátiles que nos permiten dar salida a los restos de verduras que tengamos por la nevera. La mayoría de veces, basta con echar mano de esos restos y de algunos ingredientes tan básicos como son el huevo, la harina y la leche, para preparar unos bocados salados deliciosos.
Esta vez he aprovechado unos restos de zanahoria, cebolla y queso emmental, para preparar unos muffins salados que terminé comiéndome de una vez de lo ricos que estaban.
Al añadirle un poco de salvado conseguí, además, que fueran más consistentes y ricos en fibra, cosa que mi cuerpo siempre agradece.
Con un té frío y un yogur casero de postre, almorcé la mar de rico y bastante completo.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 6 muffins):
- 50 gramos de harina leudante (harina con levadura)
- 15 gramos de salvado de avena
- 1 huevo pequeño (50 gramos aprox.)
- 50 gr de yogurt natural
- 20 gramos de salsa de tomate
- 30 gramos de zanahoria rallada
- 30 gramos de cebolla
- Queso rallado emmental, al gusto

- Antes de empezar, precalentamos el horno a 190ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande, batimos bien el huevo con el yogur y la salsa de tomate hasta que quede una mezcla homogénea.
- En otro bol aparte, mezclamos la harina con el salvado y lo añadimos a la mezcla anterior en dos tandas, batiendo bien hasta que se integre por completo.
- Limpiamos y picamos muy menudo la cebolla y la zanahoria y las integramos a la masa, mezclando suavemente. Podemos añadir también un puñado de queso rallado.
- Colocamos los moldes de magdalenas en na bandeja de horno, y los rellenamos con la masa hasta la mitad, más o menos.
- Horneamos los muffins a 190ºC durante unos 20-25 minutos aproximadamente, o hasta que veamos que han subido lo suficiente y se han dorado.
- Retiramos del horno, dejamos templar un poco y servimos nuestros muffins, templados o fríos.




Notas:
- Recién salidos del horno, estos muffins son deliciosos, sobretodo si llevan queso, pues todavía estará fundido. Aún así, fríos también os gustarán y siempre podéis darles un golpe de calor en el horno antes de servir, por lo que la antelación en su preparación no supone un problema.
- Yo utilicé unos moldes de silicona, pero también valen las típicas flaneras de siempre. Bastará con engrasarlas antes de rellenarlas con la masa.
- Además de las verduras, podéis añadirles otros ingredientes como restos de pollo al horno, salchichas, bacon, tacos de queso, atún, salmón ahumado, etc. Imaginación y gusto al poder.


En fin, nada más por ahora. Espero que os haya gustado la receta, y gracias por seguir ahí.
Como siempre os digo, hacéis que esto siga siendo posible.
¡Un abrazo, y feliz semana!
PD: Las fotos vuelven a ser mías y, como siempre, hago lo que puedo... No me lo tengáis en cuenta, por favor.

domingo, 10 de abril de 2016

ARROZ CREMOSO CON ZANAHORIAS Y QUESO CURADO PARA EL RETO #ENTRELIBROSANDAELGUISOTS



¡Riiiiiing! ¡Suena en despertador! 10 de la mañana, del día 10 de abril... ¿Y eso qué significa? Pues que ya ha pasado otro mes (madre mía, el tiempo cada vez pasa más rápido...) y que toca participar en una nueva iniciativa para el reto de La Cocina Typical Spanish.
En esta ocasión, y adelantándonos a la celebración del Día del Libro del próximo día 23, las organizadoras del reto nos han animado a fusionar cocina y literatura preparando alguna receta que aparezca en algún libro que hayamos leído.
Uff, me confieso totalmente adicta a la cocina y a la (buena) literatura, son mis dos pasiones y la idea de fusionarlas me ha parecido la mejor iniciativa de todas las que he participado hasta la fecha... ¡Pero menudo trabajito me ha dado! Por un lado, sabía de sobras que no iba a tener tiempo de releer ninguna novela y que tendría que ir a lo seguro, a por alguna historia que me hubiera marcado y/o de la que me acordara al detalle; Por otro lado, casualidad o no, por más novelas que se me venían a la cabeza, menos cocina encontraba en ellas... ¿Pero qué diantres les pasa a algunos autores, con la dichosa manía de no "darles de comer" a sus protagonistas en toda la obra? Alguna cerveza, algún café y, a lo sumo, una porción de tarta en alguna cafetería de la zona, nada más... Vaya, vaya.
Como ya sabréis a estas alturas, de lo que se trata precisamente esta iniciativa es de disfrutar y difundir mes a mes la gastronomía popular de nuestro país, esas recetas tan ricas de nuestras madres y abuelas, y evitar así que caigan en el olvido. Bien, pues este ha sido precisamente otro de los grandes problemas con los que me he encontrado. Prometo no haberlo hecho aposta y soy una firme y fiel defensora de la literatura de nuestro país, porque está claro que hay mucha y muy buena, pero, sea por el motivo que sea, a lo largo de mi vida he leído muchas más novelas extranjeras que españolas.
Bueno, realmente es pura casualidad, pues nunca me he regido por un título o un género concreto. Aunque sí es verdad que siento especial predilección por la novela negra, basta que elija una obra al azar de un autor al azar (bueno, quien dice azar dice por recomendación de un/a amigo/a, un/a familiar, o del bibliotecario tan majo que tenemos en mi pueblo...), me guste y termine por devorar toda la vida y obra de ese autor en concreto. Hace 5 o 6 años me pasó con Carlos Ruíz Zafón, poco después con Stieg Larsson, seguido de Douglas Kennedy... Y el último ha sido (está siendo, de hecho) John Green.
Puede que por el nombre much@s no sepáis quién es John Green, pero si os doy el título de Bajo la misma estrella, la cosa cambia un poco, ¿Verdad? Si es que hoy en día, lo que no haga la literatura por si sola lo hace el cine poco después, sea para bien o para mal...
Pues bien, John Green es uno de los escritores y youtubers estadounidenses más populares en la actualidad. sobretodo a raíz de la publicación de su novela Bajo la misma estrella. Personalmente, lo que más me gusta de Green es que, a pesar de estar considerado un autor de literatura juvenil, siempre basa sus historias en hechos reales, cotidianos, muy duros incluso, pero reales, nada de fantasías con vampiritos, hombres lobo y demás como protagonistas. Para mi, esto lo convierte en un autor perfectamente leíble por todos.
En cuanto a Bajo la misma estrella, he de confesar que ha sido uno de los libros que más me han marcado hasta la fecha. Por desgracia, el cáncer ha sido y sigue siendo una enfermedad que me toca muy de cerca y obras como esta te ayudan a verla de un modo radicalmente distinto.
Lo que más me gustó de Bajo la misma estrella es que se trata de un libro sobre el cáncer sin ser un libro sobre cáncer. Es decir, no cae en los tópicos propios del género. Es una historia con la que se ríe más que se llora, que te hace reflexionar más sobre la vida que sobre la muerte, que no idealiza la enfermedad, que no ahonda en los malos momentos y a la vez resulta conmovedor.
John Green acierta de pleno con una narración muy ingeniosa, llena de sarcasmos y comentarios políticamente incorrectos. Green no "endulza" la realidad de los protagonistas para complacernos, y la franqueza con la que trata el cáncer es su mayor acierto. En definitiva, un claro ejemplo de que todavía existe buena literatura para jóvenes (y no tan jóvenes) y una historia que relees con mucho gusto.
En la adaptación cinematográfica, Shailene Woodley y Ansel Elgort se convierten en Hazel Grace Lancaster y Augustus Waters. Augustus es un payaso ("edad del pavo" lo llamamos aquí), y Hazel ha leído una y otra vez el mismo libro: An Imperial Affliction (Un Dolor Imperial). Ella logra interesar a Augustus en la novela en cuestión y esto los acaba por llevar a Ámsterdam para conocer al autor.
Aunque ninguno de los dos la tiene fácil, por una noche tienen derecho a una cita de ensueño: el autor en cuestión les reserva una mesa en el Oranjee, uno de los restaurantes más elegantes de la ciudad, donde piden la selección del chef: Risotto de zanahoria.
Y yo, busca que te busca y "typicaliza" que "typicaliza", he preparado mi versión de este risotto, a la que le de dado el nombre de Arroz cremoso con zanahorias y queso curado. Mucho más nuestro, dónde va a parar...
La verdad, no sé si mi arroz estaría tan bueno como para que Augustus, tal y como dijo acerca del risotto del Oranjee, "quisiera que se convirtiera en una persona para poder llevarlo a Las Vegas y casarse con él", pero a nosotros nos encantó. Quedó tan suave, tan cremoso y tan rico, que os puedo asegurar que es el mejor risotto que he preparado hasta la fecha.
Sin más, os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 130 gramos de arroz bomba
- 1 zanahoria grande (uno 80-90 gramos)
- 1/2 cebolla (unos 50 gramos)
- 400 ml de caldo de pollo (2 vasos)
- 200 ml de vino blanco de cocina (1 vaso)
- 2 cucharadas de mantequilla
- 1 cucharada de aceite de oliva suave
- 3 cucharadas soperas de queso curado rallado Gran Capitán + un poco más para servir
- Sal, pimienta negra molida y perejil picado, al gusto

- Antes de empezar, ponemos a calentar el caldo de pollo y lo conservamos al calor.
- Derretimos una de las cucharadas de mantequilla en una sartén a fuego medio y salteamos en ella el arroz para que absorba la mantequilla, pero sin que se dore.
- Seguidamente, agregamos el vino, removemos bien y, cuando suelte el hervor, le añadimos uno de los vasos de caldo de pollo. Tapamos la sartén y dejamos que se vaya cociendo.
- Limpiamos y picamos bien la cebolla y rallamos la zanahoria y el queso.
- En otra sartén a fuego medio con el aceite de oliva y el resto de la mantequilla, doramos las verduras con un poco de pimienta y perejil durante unos 4-5 minutos.
- Una vez tengamos doradas las verduras, las agregamos al arroz junto al resto de caldo de pollo. Lo dejamos cocinar a fuego bajo durante unos 10 minutos
 - Pasado este tiempo, agregamos el queso rallado, lo removemos todo bien para que funda y rectificamos de sal si fuese necesario.
 - Para terminar, retiramos del fuego y servimos muy caliente, espolvoreado con un poco de perejil picado y/o más queso rallado.




Notas:
- Sobra decir que se trata de un plato que se debe servir y comer justo después de prepararlo, pues a la misma vez que se va enfriando, va perdiendo cremosidad y queda más seco.
- La receta original propone utilizar 4 cucharadas de mantequilla y 2 de aceite, pero consideré que era una cantidad excesiva. Usando sólo las cantidades que os he indicado, queda también un arroz cremoso y muy sabroso.
- Al llevar queso curado y caldo de pollo entre sus ingredientes, os recomiendo no añadirle sal o probarlo antes de hacerlo, pues para mi gusto no la necesita.
- Por supuesto, y siendo fieles a la novela, este arroz marida a la perfección con champagne, aunque un vino blanco también le va de maravilla.


Espero que os haya gustado mi aportación de este mes.
Os dejo el enlace al recopilatorio para que también podáis disfrutar del resto de aportaciones de mis compañer@s.
Como novedad, este mes se sortearán 10 libros de cocina de diferentes temáticas entre tod@s l@s que participemos, así que deseadme suerte :)




¡Feliz domingo y feliz inicio de semana!
Fotos: Marc RT Studios

lunes, 15 de febrero de 2016

MILHOJAS DE BERENJENA Y BOLOÑESA



Muchas veces, y sobretodo mientras cocino, no puedo evitar echar la vista atrás y preguntarme una y otra vez eso que todos los que amamos la cocina nos hemos preguntado alguna vez: Y a mi, ¿Por qué me gusta tanto cocinar? ¿Por qué la cocina, y no la pintura, el baile, la lectura...?
Muchos psicólogos afirman que muchas veces elegimos nuestros hobbies sin querer. Esto significa que, si una actividad logra alejarte de tus preocupaciones y del estrés y te relaja mucho más que otra, tu mente hará que te decantes por aquella que realmente le proporciona placer. Y eso resulta, amig@s míos, muy beneficioso para nosotros pues, en función de la actividad que realicemos, estaremos más sanos física y/o emocionalmente. Alucinante, ¿Verdad? La mente humana es maravillosa...
Pues sí, la cocina me recrea, me relaja, me ayuda a evadirme y a concentrarme y, en definitiva, me satisface muchísimo. Además, al haber crecido entre fogones (primero por obligación y enseguida por devoción), la cocina consigue trasladarme a esos momentos imborrables y tan felices de mi pasado alrededor de unos fogones o alrededor de una mesa, y eso hace que lo disfrute el doble.
Hace ya algún tiempo os explicaba que, cuando era pequeña y mi abuelo aún vivía, tenía un pequeño huerto a unos escasos tres kilómetros de casa al que siempre le sacaba el máximo provecho, pues no había estación en la que no plantara algo. Qué pimientos, qué tomates, qué berenjenas, qué lechugas... Eso sí que eran verduras de verdad. Jamás he vuelto a comer unas verduras con un sabor, un color y un aroma similar, ni de lejos, y que me disculpen el resto de payeses del mundo, pero es mi humilde y sincera opinión.
Por supuesto, cada fruta/verdura acabó teniendo un recopilatorio más o menos extenso de recetas donde era la protagonista y del que todavía echamos mano cuando nos faltan ideas.
Con las berenjenas, por ejemplo, mi abuela preparaba un pisto delicioso que lo mismo nos servía para preparar un plato de pasta que para comernoslo tal cual, acompañado de un huevo frito y mucho pan.
A mi abuelo, que en paz descanse, le encantaban las berenjenas cortadas bien finas, fritas y muy crujientes. ¿Habéis probado alguna vez el bocata de berenjenas fritas? Vale, ligero precisamente no es, pero es un auténtico manjar, aunque no lo parezca.
Mi madre, en cambio, siempre ha apostado por preparaciones más elaboradas y contundentes como los libritos de berenjenas, las berenjenas rebozadas y las clásicas berenjenas rellenas.
Y yo... Pues a mi me gusta investigar, coger ideas de aquí y de allá y de vez en cuando preparar platos con esa esencia tradicional, de toda la vida, pero adaptados a los tiempos que corren.
Hace mucho tiempo que vi estas milhojas de berenjenas en la sección de cocina de una revista local y tenía muchas ganas de prepararlas. Aunque la receta original era un poco más contundente, pues la berenjena iba frita y el relleno era a base de carne picada y bacon, la he adaptado un poco a nuestros gustos y he intentado reducir un poco la cantidad de grasa de la receta. Y, oye, no sé cómo sabrían las milhojas originales, pero os aseguro que estas están para relamerse, no son nada pesadas y, por si tenéis niños poco amantes de las verduras en casa, se pondrán las botas a berenjenas sin darse ni cuenta, os lo aseguro. Tenéis que probarlas.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 1 berenjena grande (300 gramos aproximadamente, unas 18 rodajas)
- 200 gramos de tomate frito de calidad
- 1/2 cebolla
- 2 salchichas de cerdo frescas
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 75 gramos de queso rallado especial para gratinar
- Sal, ajo en polvo, pimienta y perejil picado, al gusto

- Para empezar, cortamos la berenjena en rodajas no muy finas, las disponemos sobre un escurridor, añadimos bien de sal y las dejamos sudar unos 20 minutos. Pasado este tiempo, las lavamos para eliminar la sal.
- En una sartén a fuego medio-alto y con un poco de aceite de oliva, vamos haciendo las rodajas de berenjena hasta que estén tiernas y se hayan dorado un poco. Reservamos.
- Limpiamos y picamos la cebolla, y picamos también muy menudo la carne de las salchichas.
- En otra sartén a fuego medio con la otra cucharada de aceite, doramos la cebolla junto a la carne de salchichas, sin dejar de remover para que se desmenuce bien.
- Una vez lo tengamos listo, añadimos el tomate frito, el ajo y la pimienta, damos un par de vueltas y retiramos del fuego. Rectificamos de sal si fuese necesario.
- Antes de seguir, precalentamos el horno a 210ºC, en función gratinador.
- Ahora procederemos a montar las milhojas: En una bandeja de horno untada con un poco de aceite, colocamos una rodaja de berenjena como base, añadimos una cucharada hermosa de sofrito, otra rodaja de berenjena, otra cucharada de sofrito, otra rodaja de berenjena, y terminamos con el sofrito y una buena porción de queso rallado. Hacemos lo mismo hasta terminar con toda la berenjena y el sofrito.
- Gratinamos en el horno a 210ºC durante unos 10 minutos, o hasta que tenga el dorado deseado.
- Sacamos, dejamos templar unos minutos y servimos inmediatamente, espolvoreadas con un poco de perejil picado.




Notas:
- Si véis que las rodajas de berenjenas no os quedan muy tiernas al pasarlas por la plancha, podéis ayudaros añadiendo una cucharada de agua sobre las berenjenas mientras están en la sartén y dejando que se evapore.
- Para incluir todavía más cantidad de verdura en la receta, podéis optar por usar pisto en vez de tomate frito aunque, en este caso, si que os recomiendo que sea casero.
- Con carne picada, chorizo, restos de pollo, atún... Cualquier proteína que nos guste puede servir perfectamente como relleno de estas milhojas.


Nada más por ahora. Espero que os haya gustado.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz inicio de semana!
Fotos: Marc RT Studios

jueves, 4 de febrero de 2016

BOLLOS RELLENOS DE MORCILLA Y QUESO



Que de los errores se aprende, está claro. Y que es de sabios rectificar, también.
Como os explicaba hace unos días (¿Ya ha pasado casi un mes? El tiempo vuela...), para la última propuesta del reto mensual de La Cocina Typical Spanish, para el cual se nos propuso cocinar una masa salada, cometí el error de leerme las condiciones muy muy muy por encima y, en un alarde de inspiración y con mucho mono "panarra", terminé preparando unos bollos rellenos. Mira que existen recetas de masas saladas típicas de nuestra gastronomía (cocas, empanadas, empanadillas, tartas...) y voy y preparo unos bollos, cuando la única condición que se nos exigía era que no fueran ni panes ni masas por el estilo... Lo dije y lo digo, olé yo.
En fin, después de levantarme a las 8 de la mañana, preparar y dejar levar la masa de pan, dividirla en bolas, rellenarlas de queso y morcilla y ponerme manos a la obra con las fotos y la redacción de la entrada, tuve que dejarla en la penumbra y volver a ponerme manos a la obra (o a la masa), volver a encender el horno, volver a sacar la cámara, volver a redactar... En fin, que el mes pasado tuve que trabajar por dos... Bueno, como dice mi madre, "sarna con gusto no pica" y no tengo excusa, fue culpa mía.
Juro ante las responsables del reto, todas las demás personas que dedicáis unos minutos de vuestro tiempo a leerme e incluso ante las mismísimas autoridades de blogspot (vale, se me va a pinza...) que, a partir de ahora, deberes hechos y newsletters bien leídas antes de entrar en faena, que bastante justitos me llegan los días como para apretarlos más todavía...
Y como comer hay que comer todos los días, pues terminamos dando muy buena cuenta de los bollos, pues, aunque eran la prueba definitiva de mi metedura de pata, quedaron riquísimos. Igual que los que le preparé a mi abuela hace un tiempo, la masa levó perfectamente y quedó un poco más húmeda y jugosa gracias a la grasita de la morcilla y al queso fundido.
Un par de bollos de estos y una ensalada completa fueron nuestro almuerzo de ese día, y la verdad es que comimos la mar de completo y rico.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para unos 4-5 bollos):
- 120 gramos de harina de trigo integral
- 75 ml de agua 
- 1 gramo de sal
- 5 gramos de levadura fresca de panadería
- 1/2 morcilla de arroz
- Tacos de queso emmental

- Para empezar, ponemos la harina en un bol grande con la levadura desmenuzada y añadimos la sal y el agua. Mezclamos a mano unos 5 minutos hasta que la masa empiece a formarse.
- Pasamos la masa a una superfície de trabajo y la amasamos durante unos minutos, estirándola y levantándola para que coja aire, hasta que esté firme y manejable. 
- En forma de bola, colocamos la masa en un bol untado de aceite y la dejamos reposar una hora más o menos en un lugar cálido.
- Pasado el tiempo, volvemos a amasar para desgasificar la masa.
- Antes de continuar, precalentamos el horno a 210ºC, sin aire.
- Seguidamente, cortamos la masa en 4 porciones y le damos forma de pequeñas bolas.
- Ahora cogemos 2 bolitas, la aplastamos un poco y ponemos una porción generosa de morcilla dentro, arremetiendo los bordes para formar el bollito. Hacemos lo mismo con las otras dos bolitas y los tacos de queso emmental.
- Colocamos los bollitos en una bandeja de horno con suficiente espacio entre ellos, los dejamos reposar unos 5 minutos y los introducimos en el horno durante 20 minutos más o menos.
- Apagamos el horno, retiramos los bollitos y los dejamos enfriar completamente encima de una rejilla antes de consumir.




Notas: 
- La receta original propone pintar los bollitos con leche y sal antes de hornearlos para que queden más dorados. Yo no lo hice, pero el resultado fue bueno igual.
- Tuve que aumentar un poco la cantidad de agua que utilicé porque la harina integral absorbe más líquido que la convencional.
- No conviene rellenar los bollos en exceso, especialmente en el caso del queso, pues crecen bastante durante el horneado y es fácil que termine saliéndose.
- Si queréis que los bollos os queden todavía más jugosos, podéis usar morcilla de cebolla en vez de arroz.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado la receta.
¡Feliz jueves!

sábado, 16 de enero de 2016

SALTEADO DE GIGLI Y CHAMPIÑONES



Una buena compañera mía se va un tiempo a estudiar a Alemania y, cuando nos volvemos a ver, me trae unos caramelos típicos de la zona; Otra buenísima (la mejor, diría yo) amiga hace una escapada a Berlín, y me trae una caja de bombones y un bote de chucrut artesano que quitan el sentido; Mis padres se van de viaje de aniversario a las Islas Canarias, y me traen tres botes de mojo picón (suave, picante y de cilantro) que estaban para comérselos a cucharadas; Y mis suegros, cada vez que hacen una escapada a Italia, acostumbran a traerme dos bolsones de pasta artesana, de esa que incluso viene envasada en una bolsa de papel marrón y se cuece en un suspiro, y un bote de 1 kilo de Nutella.
Sí, no lo puedo remediar, me he convertido en una "guiri" gastronómica. Tanto si soy yo la que viajo como si son los demás los que se acuerdan de mi, los souvenirs que más me gustan no son aquellos que te pasas viendo el resto de tus días en el mueble del salón, o enganchados en la puerta de la nevera, o incluso colgados en la pared del salón. Para mi, la mejor manera de prolongar y recordar un viaje y sus sabores y compartirlo con nuestros seres queridos, es a través de la gastronomía. Si un viaje ha sido inolvidable, qué mejor que continuarlo en nuestra propia cocina llenando la maleta de souvenirs gastronómicos auténticos, de esos que se escapan de la afluencia turística y que son pequeñas joyas autóctonas difíciles de encontrar fuera del destino... Un lujo. Sin duda, los souvenirs con sabor son los mejores.
Bueno, a lo que iba, que me enrollo más que una persiana.
Desde que conozco a mis suegros, han debido visitar Italia unas 6 o 7 veces, tirando por lo bajo. Es un país que les encanta y que casi siempre les coge de escala en todas las escapadas por Europa que hacen, así que lo visitan con relativa frecuencia y lo conocen bastante bien. Mi suegra, una mujer que disfruta de lo lindo comprando souvenirs para ella y para los suyos, siempre se acuerda de mi y me compra algún (o algunos, que no es ella de racanear) producto típico del lugar. La última vez visitaron Génova y Savona, y se presentó en casa con dos bolsones de pasta ecológica artesana, unos Gigli y unos Mafalde Lunghe que han sido, hasta la fecha, la mejor pasta que he comido nunca. Me han regalado pasta artesana en otras ocasiones, pero ninguna como esta. Qué aroma al abrir la bolsa, qué color, qué rapidez de cocción, qué textura tan perfecta, y qué sabor más rico... Deliciosa.
Ah, y también le regalaron a mi catador un bote enorme de Nutella, pero eso ya es de rigor, prácticamente...
Tenía tantas ganas de probar mi "souvenir" que al día siguiente preparé este plato de pasta con lo que tenía por la nevera: una bandeja de champiñones, un poco de tomate natural, una cebolla, ajo y perejil, y poco más. resultando un salteado sencillo que nos solucionó la comida y que me sirvió para quitarme el antojo y conseguir precisamente lo que quería, que ese sabor tan auténtico de la pasta no pasara a un segundo plano a causa de una mala elección del acompañante.  Acerté, y estoy encantadísima de enseñaros el resultado.
Espero que os guste.




Ingredientes (para 2 personas):
- 180 gramos de Gigli (pasta corta típica de Génova)
- 150 gramos de champiñones laminados
- 100 gramos de tomate natural triturado
- 1/2 cebolla
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave.
- 1 chorrito de vino blanco de cocina (50 ml aprox.)
- Una pizca de azúcar
- Sal, ajo y perejil picados, al gusto

- Comenzamos cociendo la pasta según las instrucciones del fabricante. En este caso, con 5 minutos es más que suficiente. Escurrimos y reservamos.
- Limpiamos y picamos la cebolla, y la salteamos un poco en una sartén con el aceite a fuego medio. Cuando empiece a transparentar, añadimos también los champis y dejamos que suelten todo su agua.
- Cuando el agua de los champis se haya evaporado casi por completo, añadimos el tomate, el azúcar y el vino. Salamos, añadimos las especias y dejamos reducir unos 6-8 minutos a fuego medio, moviéndolo cada minuto.
- Pasado este tiempo, añadimos la pasta que habíamos reservado a la sartén, retiramos del fuego, salteamos unos instantes y servimos inmediatamente, tal cual o espolvoreado con perejil picado o con queso rallado.




Notas:
- Para conseguir un plato de pasta todavía más sabroso y completo,podemos añadirle unos tacos de bacon, de jamón york, atún, salchichas... Para gustos, colores.
- Aunque de un día para otro también está rico, es mejor degustar este plato de pasta recién hecho, pues la pasta artesana pierde sabor y textura con relativa rapidez.


¡Millones de gracias por seguir ahí, y feliz fin de semana!

domingo, 10 de enero de 2016

COCA DE VERDURAS Y QUESO CURADO PARA EL RETO #ELSECRETOESTAENLAMASATS



¡Por los pelos de un calvo, madre mía!
Otra vez me las he visto y me las he deseado para llegar a tiempo a la cita con La Cocina Typical Spanish de este mes. ¿Reto rebuscado y complicado? ¿Receta fallida? ¿Falta de tiempo? Nada de eso, y asumo toda la culpa de lo que me ha pasado.
Chica confiada, que se fue a la Universidad de Santander a estudiar inglés una semana, durante la cual recibió la newsletter mensual con todos los detalles sobre la nueva propuesta, le echó un vistazo rápido y decidió leerla con más calma cuando volviera a casa. Evidentemente, no volví a abrir la newsletter, convenciéndome a mi misma de que lo tenía todo claro... Craso error. Este mes le ha tocado a Juanan, del blog Cuuking, ser el anfitrión del reto. La propuesta de Juanan ha sido cocinar una masa salada, y hemos tenido total libertad para escoger una receta entre todas aquellas que sean típicas de nuestro país... ¡Y mira que hay! Cocas, tartas, empanadas, empanadillas, y un largo etcétera. La única condición que se nos exigía era que no preparásemos panes ni masas similares... ¿Y que hace Debora, en un arranque de inspiración y ganas de demostrar que cada vez se siente más suelta entre harinas y levaduras? Pues levantarse a las 8 de la mañana, preparar y dejar levar masa de pan, dividirla en bolas, rellenarlas de queso, morcilla y chorizo, preparar otra versión de los archiconocidos y tradicionales bollos preñaos, y ponerse manos a la obra con las fotos y la redacción de la entrada. ¡Olé yo, si señor! Menos mal que Verónica, una de las responsables del reto y autora del blog Cocinando para mis cachorritos, fue muy oportuna y nos volvió a recordar las bases de este mes a través de facebook, porque si no me hubiera sido completamente imposible preparar otra cosa.
Y aquí estamos, vuelta a amasar, dejar levar, rellenar, hornear, fotografiar y redactar, a las tantas y dejándome la vista en ello... En fin, como dice mi madre, "sarna con gusto no pica" y esta vez no tengo excusa, mea culpa.
Puesto que es una elaboración típica de mi región, que a mi chico le encanta y que termina siendo nuestra cena, como mínimo, un par de veces por semana, he decidido preparar una coca.
Las cocas son masas similares a las de pan, pero enriquecidas con aceite de oliva, y que pueden llevar rellenos tanto dulces como salados. Las cocas son muy típicas de Cataluña y también de la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares, y las hay de muchísimos tipos y muy conocidas: Coca de recapte (con escalivada y sardinas o anchoas), Coca de trempó (de verduras), Coca de chicharrones, Coca de anís, y un largo etcétera.
Esta vez yo la he preparado con verduras y unos dados de queso curado que tenía en la nevera, y el resultado nos ha gustado mucho. Merece la pena ir probando rellenos distintos una vez se le tenga el punto cogido a la masa, pues las cocas pueden ser un plato muy equilibrado que, acompañado de una buena ensalada, unas verduras a la plancha o incluso una crema de verduras, te solucionan el almuerzo muy rica y dignamente, sea a mesa puesta o para llevar el en táper del trabajo.
Sin más, os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
Para la masa:
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
-100 gramos de harina de trigo común + un poco más para amasar
- 3 gramos de levadura fresca de panadería
- Un vaso de agua templada (200 ml aprox.)
- Sal, al gusto

Para el relleno:
- 1 pimiento italiano mediano
- 1/2 cebolla
- 2 cucharadas soperas de tomate natural triturado o tomate a rodajas
- 60 gramos de queso curado a dados
- Un chorrito de aceite de oliva suave
- Perejil y orégano picado, al gusto

- Antes de empezar propiamente con la elaboración de la coca, prepararemos la masa para dejarla levar. En un bol, ponemos la harina, el aceite, la sal, la levadura y 3/4 partes del agua. Amasamos hasta obtener una masa homogénea, añadiendo más agua si fuese necesario. La dejaremos reposar en un sitio cálido una hora más o menos.
- Pasada la hora, volcamos la masa sobre la superficie donde vayamos a trabajarla y amasamos bien durante 5 minutos. Podemos añadir un poco más de harina si fuese necesario.
- En una bandeja de horno, colocamos un papel de aluminio engrasado con aceite o un papel de horno y vamos estirando la masa encima, dándole forma ovalada y sin dejarla demasiado fina.
- Limpiamos y cortamos el pimiento y la cebolla en juliana fina.
- Ahora añadimos las verduras y el queso al gusto, repartidos más o menos por igual. Primero extendemos el tomate por la masa, y seguimos con el resto de ingredientes.
- Pre calentamos el horno a una temperatura más bien baja, unos 160-170º.
- Dejamos reposar la coca unos 20-25 minutos antes de introducirla en el horno.
- Pasado ese tiempo, metemos la coca en el horno a media altura y la dejamos cocer unos 20 minutos a 170º para que termine de subir un poco, pero no demasiado.
- Subimos el horno a 220º y dejamos cocer unos 10-12 minutos más, o hasta que esté doradita.
- Ahora solo nos queda sacar la coca del horno, espolvorearla con orégano o perejil, rociarla con un poco de aceite de oliva y dejarla enfriar unos minutos antes de servir, cortada en porciones.




Notas:
- Como ya he dicho, las cocas admiten rellenos de todo tipo. En casa la comemos con verduras y queso de cabra, con atún y pimientos, de queso y jamón, etc. Una delicia.
- Si no tenéis tiempo de preparar la masa y dejarla levar, siempre podéis optar por emplear masa de pizza e incluso de hojaldre refrigerada. Sale rica igual, pero no termina de ser lo mismo.


Nada más por ahora. Espero que os haya gustado mi aportación de este mes y que os animéis a echarles un vistazo a las del resto de mis compis, son todas fantásticas y se lo merecen, pues much@s han ido incluso más apurad@s que yo. Las tenéis todas en este enlace.

¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz inicio de semana!

domingo, 6 de diciembre de 2015

CREMA DE ZANAHORIA Y REPOLLO



Si, lo sé, vaya despiste... A estas alturas del blog, habiendo bajado suficientemente las temperaturas para que apetezcan, y preparándolas en casa con bastante asiduidad, todavía no tengo publicada ninguna receta de crema de verduras. Quizás por pereza (quizás no, casi seguro), o por pensar que se trata de elaboraciones demasiado sencillas, o por falta de tiempo, o por...
Dejando de lado las excusas, y viendo que la mayoría de vosotros también disfrutáis cocinándolas y enseñándoselas al mundo, me he dicho a mi misma "¡de hoy no pasa!", y aquí estamos echando la mañana del domingo.
Al tener mi abuelo un pequeño huerto que nos daba unas verduras y hortalizas exquisitas, las cremas y sopas a base de verduras siempre han estado presentes en la cocina de mi familia. Mi madre solía prepararnos una crema de calabacín y queso tan tan tan suave y tan tan tan rica que, a día de hoy, sigue siendo mi favorita por goleada. Mi abuela, en cambio, siempre ha sido más de sopas y, como os podéis imaginar, una sopa hecha a base de verduras recién cogidas, ecológicas y 100% naturales, tiene un sabor bastante distinto y mucho más rico que el de cualquiera que podamos comprar o preparar usando otro tipo de verduras. Y si ya hablamos de salud, obviamente, de nuevo sale ganando la sopa de mi yaya. Ais, cómo lo echo de menos...
Sea como sea y con lo que sea que las preparéis, generalmente las cremas de verduras son un gran alimento y una opción segura cuando queremos servir un primer plato nutritivo y delicioso, especialmente si se preparan con verduras que estén de temporada.
Las cremas de verduras son muy sencillas de hacer y nos permiten combinar multitud de verduras según nuestros gustos o necesidades dietéticas. Además, para los niños son también una manera estupenda de comer esas verduras que a veces se niegan a comer de otro modo.
Las cremas, a diferencia de los purés de verduras, suelen llevar algún tipo de lácteo incorporado (nata, queso, leche, yogur, etc.) que las hace más cremosas y sabrosas.
En esta ocasión, para darle un toque distinto a la crema de zanahoria que preparo habitualmente en casa (que, por cierto, nos encanta), le he añadido un buen trozo de col o repollo, un poco de queso crema natural y una cucharadita de condimento a base de ajo y perejil. El resultado ha sido una crema muy suave, ligera, equilibrada en sabores y deliciosa, sobretodo tomada calentita como primer plato.
Y de segundo un poco de pollo a la plancha, que ya se van acercando las fechas navideñas y nos nos puede pillar en baja forma...
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 platos generosos):
- 3 zanahorias medianas (200-250 gramos aprox.)
- Media col o repollo (150-200 gramos aprox.)
- Agua para cocer las verduras
- 2 cucharadas soperas rasas de queso crema natural
- Media pastilla de condimento concentrado de ajo y perejil
- Sal, al gusto

- Limpiamos y cortamos a trozos medianos las zanahorias y la col, y la colocamos en una olla grande cubiertas de agua. Cocemos las verduras a fuego medio-alto durante unos 15 minutos aproximadamente y las dejamos enfriar un poco.
- Retiramos la mitad del agua de la cocción de las verduras y la reservamos.
- Seguidamente, añadimos a la olla el queso crema y el condimento de ajo y perejil, y batimos con la batidora hasta que la crema quede completamente homogénea y sin grumos (podemos añadir un poco del agua de la cocción que habíamos reservado si nos queda demasiado espesa).
- Probamos y rectificamos de sal, y servimos la crema bien caliente en platos hondos o cuencos, acompañada de unos picatostes o un poco más de queso crema.




Notas:
- Si rehogamos las verduras previamente a fuego medio y con un poco de aceite en una sartén, el sabor de esta crema se acentúa mucho más y el toque del salteado es delicioso. Merece la pena probarlo si se tiene un poco más de tiempo.
- Con picatostes caseros, con regañás, con bastoncitos de pan, con algún crujiente de queso, con un poco más de queso que funda bien, etc. Sea como sea, esta crema es deliciosa.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado.
¡Mil gracias por seguir ahí!