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martes, 17 de mayo de 2016

MUFFINS SALADOS DE VERDURAS Y QUESO



"De táper voy, y de táper vuelvo, y por el camino yo me entretengo..."
¿Qué tal el fin de semana largo? La verdad es que empezar la semana directamente en martes hace que se vea con otra perspectiva, o al menos para aquellos que hayan podido disfrutar de un día más de fiesta y que vayan a tener un día menos de trabajo... De un modo u otro, siempre se agradece tener un poco más de tiempo libre, aunque sea poco.
Por estos lares, el fin de semana pasado vino cargadito (estudios, algo de trabajo, compromisos familiares y quehaceres varios), pero nada fuera de lo habitual... O eso creía yo.
Si me seguís en facebook ya os habréis enterado, pero por si acaso, ahí va:
El viernes por la noche, después de un par de días bastante estresantes, mi chico decidió invitarme a tomar algo antes de la cena. Yo ya iba camino de la cafetería con la mosca detrás de la oreja, pues si ya es raro tomar un café casi a las 9 de la noche, imaginaos cómo alucinaba mientras mi chico me dictaba, prácticamente prenda por prenda, qué quería que me pusiera para esa noche, cosa que, por otra parte, nunca le ha importado demasiado... En fin, sigamos.
Él tenía un par de cosas que hacer antes de nuestra cita, así que me fui para el sitio en cuestión 10 minutos antes y decidí esperarlo allí. Ya podía yo seguir esperando, ya, porque no apareció por ningún lado... Eso sí, mis amigas montadas en un coche, vestidas divinas de la muerte y con una pedazo de tarta en forma de pene sí que aparecieron... Vaya que si lo hicieron...
Total, que entre una cosa y otra, lo que iba a ser una cita en plan tranquilo con mi chico en una cafetería del barrio, terminó siendo una cena en un italiano a 60 kilómetros de mi casa, con mis amigas y despedida de soltera incluida. Cosas de esas tan habituales y tan normales que nos pasan día sí, día también, ¿Verdad?


Mi cara lo dice todo...


Pues sí, a apenas 10 días para que llegue la fecha y después de muchas y repetidas ausencias (que si visitas al restaurante, a la pastelería, a tiendas de ropa, a la floristería... ¡Uf, con lo fácil que parece desde fuera!), os doy el motivo definitivo para justificarlas, aunque sea en parte: ¡¡Me caso!!
Sí, sí, después de casi 5 años de novios y más de 3 conviviendo, Marc y yo hemos decidido casarnos.
Llevamos ya preparándolo todo más de 1 año, pero hace muy poco que se lo dijimos a nuestras familias y entorno más cercano. ¿El motivo? Muy simple: Siempre que salía el tema, Marc y yo estábamos de acuerdo en que queríamos una boda muy sencilla, original y emotiva pero, sobretodo, que fuera completamente nuestra, organizada por nosotros y para nosotros, y mejorarla después con los consejos y la ayuda de los nuestros si fuese necesario. Y así ha sido.
Todavía nos quedan algunas cosillas por terminar de organizar, pero la mayoría son de esas que sólo puedes hacer a última hora, así que sólo nos queda esperar. Y, creedme, recibiendo felicitaciones cada día, con una abuela que se está terminando el traje de chaqueta, una madre que se prueba el vestido cada día (y que encima me llama para decírmelo) y que se lo ha dicho a todo el vecindario, y un padre que quiere ponernos hasta una limusina, tener paciencia resulta, como poco, complicado.
Por supuesto, Marc también tiene lo suyo por su parte, pero él es de esas personas que llevan el estrés mucho mejor...Qué suerte tienen algunos.
En fin, lo único que podemos hacer es dejar que los días pasen, terminar de prepararlo todo y seguir haciéndolo con tanta ilusión como hasta ahora. Luego, dios dirá (y yo os vendré a dar la brasa con una crónica extensiva de la boda je je).
En fin, ya que habéis leído/soportado mi discurso hasta aquí, dejadme que os enseñe el que fue uno de mis almuerzos de táper de la semana pasada.
Que me encantan los pasteles salados es algo que no va a pillar a nadie de nuevas. Pero de entre todos ellos, los que más me gustan son los que llevan algo de verduras y queso. Son preparaciones deliciosas, sencillas y tan versátiles que nos permiten dar salida a los restos de verduras que tengamos por la nevera. La mayoría de veces, basta con echar mano de esos restos y de algunos ingredientes tan básicos como son el huevo, la harina y la leche, para preparar unos bocados salados deliciosos.
Esta vez he aprovechado unos restos de zanahoria, cebolla y queso emmental, para preparar unos muffins salados que terminé comiéndome de una vez de lo ricos que estaban.
Al añadirle un poco de salvado conseguí, además, que fueran más consistentes y ricos en fibra, cosa que mi cuerpo siempre agradece.
Con un té frío y un yogur casero de postre, almorcé la mar de rico y bastante completo.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 6 muffins):
- 50 gramos de harina leudante (harina con levadura)
- 15 gramos de salvado de avena
- 1 huevo pequeño (50 gramos aprox.)
- 50 gr de yogurt natural
- 20 gramos de salsa de tomate
- 30 gramos de zanahoria rallada
- 30 gramos de cebolla
- Queso rallado emmental, al gusto

- Antes de empezar, precalentamos el horno a 190ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande, batimos bien el huevo con el yogur y la salsa de tomate hasta que quede una mezcla homogénea.
- En otro bol aparte, mezclamos la harina con el salvado y lo añadimos a la mezcla anterior en dos tandas, batiendo bien hasta que se integre por completo.
- Limpiamos y picamos muy menudo la cebolla y la zanahoria y las integramos a la masa, mezclando suavemente. Podemos añadir también un puñado de queso rallado.
- Colocamos los moldes de magdalenas en na bandeja de horno, y los rellenamos con la masa hasta la mitad, más o menos.
- Horneamos los muffins a 190ºC durante unos 20-25 minutos aproximadamente, o hasta que veamos que han subido lo suficiente y se han dorado.
- Retiramos del horno, dejamos templar un poco y servimos nuestros muffins, templados o fríos.




Notas:
- Recién salidos del horno, estos muffins son deliciosos, sobretodo si llevan queso, pues todavía estará fundido. Aún así, fríos también os gustarán y siempre podéis darles un golpe de calor en el horno antes de servir, por lo que la antelación en su preparación no supone un problema.
- Yo utilicé unos moldes de silicona, pero también valen las típicas flaneras de siempre. Bastará con engrasarlas antes de rellenarlas con la masa.
- Además de las verduras, podéis añadirles otros ingredientes como restos de pollo al horno, salchichas, bacon, tacos de queso, atún, salmón ahumado, etc. Imaginación y gusto al poder.


En fin, nada más por ahora. Espero que os haya gustado la receta, y gracias por seguir ahí.
Como siempre os digo, hacéis que esto siga siendo posible.
¡Un abrazo, y feliz semana!
PD: Las fotos vuelven a ser mías y, como siempre, hago lo que puedo... No me lo tengáis en cuenta, por favor.

viernes, 22 de abril de 2016

GRATÉN DE PATATAS, VERDURAS Y SALCHICHAS



Bueno, pues con mi señor "fotógrafo oficial" trabajando unos días fuera y, en consecuencia, a falta de fotos del viaje (buenas fotos, que con el móvil nos apañamos todos...), buena es una receta pos vacacional y de aprovechamiento, ¿No os parece?
Tal y como os contaba hace unos días, mi pareja y yo hicimos una escapada de 3 días a Valencia que nos dio mucho de si. Menos de medio día nos bastó para decidir de mutuo acuerdo que queríamos descubrir la ciudad a pie, a nuestro aire,  sin horarios, sin agobios, y yendo en todo momento donde nos apetecía, aunque tardáramos un poco más. Nos alojamos en un apartamento que estaba a dos pasos de Catedral de Valencia (más de la mitad del tiempo que estuvimos en el apartamento me lo pasé asomada al balcón contemplándola, porque es una auténtica belleza), así que la tomamos como punto de referencia y partida de todos nuestros recorridos: Que si primero nos vemos todo el Centro Histórico, que si ahora nos vamos a comer por la zona del Mercado Central y de paso vemos La Lonja, que si ahora vamos a merendar una buena horchata con fartons al Mercado de Colón y volvemos paseando tranquilamente por el Jardín del Túria... Vaya, que andamos todo lo que no hemos andado en nuestra vida junto y caíamos agotados en la cama por las noches... Eso sí, agotados pero satisfechos por haber visto y hecho todo lo que teníamos planeado.
Y tan cansados terminamos que el viaje de vuelta nos pareció el doble de largo que el de ida. Vale, lo sé, es algo que nos pasa a todos, pero esta vez se nos hizo mucho más tedioso de lo normal. Quizás fue por el calor, o por la cantidad de gente que iba en el autobús, o porque eran las 2 de la tarde, o porque estábamos todavía un poco cansados, o quizás por de todo un poco, que llegamos a Barcelona y salimos zumbando del autobús, sin darle las gracias al conductor ni nada (pobre hombre, con lo majo que era...), para meternos en el tren y plantarnos en casa lo antes posible.
Mi señor novio se fue directo al sofá y en menos de 15 minutos ya lo estaba oyendo roncar, a pesar de haberse ofrecido en un principio a ayudarme con las maletas.... En fin, y yo, más que tumbarme y no hacer nada, necesitaba relajarme y descansar. Si a esto le sumamos que lo que más me relaja y me gusta del mundo mundial es cocinar, que la hora de la cena estaba cada vez más cerca y que había dejado la nevera medio vacía para no encontrarme con nada "mutante" a la vuelta del viaje, me metí en la cocina y esto fue lo que terminé improvisando: un gratén de patatas con verduras y salchichas.
Un par de patatas hermosas, unas verduras que estaban ya un poco arrugaditas, una buena salsa de tomate, unas salchichas de pavo a punto de caducar y una cantidad generosa de queso emmental, fue todo lo que utilicé para preparar este plato que no me dio apenas trabajo y que quedó muy rico.
Normalmente suelo preparar este tipo de platos (los gratineslas lasañas y los pasteles de verdura) con algo de bechamel y es por eso que, en un principio, no tenía mucha confianza en el resultado. Pero todas mis dudas se disiparon al probarlo, pues no resulta ni seco ni soso en absoluto.
Finalmente resultó un plato único bastante completo y sabroso que nos solucionó la cena la mar de bien, y todo "tirando" de despensa :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 raciones hermosas):
- 2 patatas mona lisa grandes (unos 350-400 gramos)
- 1/2 zanahoria
- 1/2 cebolla
- 1/2 pimiento verde italiano
- 2 salchichas de pavo grandes tipo frankfurt
- 4 cucharadas soperas de salsa de tomate (casero o de buena calidad)
- 50 ml de vino blanco de cocina
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 4 cucharadas soperas de queso rallado para gratinar
- Sal, orégano, pimienta negra y ajo en polvo, al gusto

- Antes de empezar, cocemos las patatas en abundante agua hasta que estén tiernas y las dejamos templar para poderlas manipular.
- Pelamos y laminamos las patatas no demasiado finas, y limpiamos y troceamos la verdura en trozos pequeños. Troceamos también las salchichas y reservamos.
- En una sartén a fuego medio con el aceite, salteamos las verduras hasta que empiecen a tomar un poco de color (unos 5 minutos aprox.), y añadimos el vino blanco para que se evapore.
- Cuando el vino se haya evaporado del todo, añadimos las salchichas, salteamos 2-3 minutos más y añadimos también la salsa de tomate, mezclandola bien. Añadimos entonces las especias, rectificamos de sal si fuese necesario y lo retiramos del fuego.
- Encendemos el horno y lo precalentamos a 220ºC en función gratinador.
- En una fuente apta para horno, procedemos a montar el gratén: empezamos por una capa de patatas y repartimos por encima la mitad del sofrito de verduras y salchichas. Cubrimos con otra capa de patatas, seguida del resto del sofrito, y terminamos con otra capa de patatas y una cantidad generosa de queso rallado (debe cubrir todas las patatas).
- A continuación, introducimos la fuente en el horno precalentado durante unos 10-12 minutos, o hasta que el queso se haya dorado lo suficiente.
- Para terminar, apagamos el horno, sacamos el gratén, lo dejamos templar un poco y lo servimos en porciones de tamaño ración.




Notas:
- Obviamente, si preparamos este plato con patatas fritas queda mucho más rico, pero también resulta más calórico. Si no tenéis problemas con el peso y/o con la salud adelante, os lo recomiendo.
- No es necesario añadirle sal a las patatas, pues el queso y el sofrito de verduras y salchichas ya tiene potencia suficiente.
- Este gratén también queda de maravilla preparando el sofrito con restos de pollo asado, tacos de bacon, de jamón, de chorizo, con atún, sólo con verduras, etc. Para gustos, colores.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado la receta.
¡Gracias por seguir ahí, y felicísimo fin de semana!
Fotos: Marc RT Studios

domingo, 1 de noviembre de 2015

COMIDA DE PRE-VACACIONES: PASTELITOS DE PAVO, TOMATE Y QUESO Y BABA GANOUSH

Plaza de la Comedia, en pleno centro histórico

¡¡Qué bien nos han sentado las mini-vacaciones!!
Una semana después, nos toca volver a la rutina, muy a nuestro pesar, pero con las pilas recargadas y mucho más optimismo. Es lo que tienen los viajes que esperas con tanta impaciencia, que te da pena que terminen tan pronto pero que te dejan un montón de buenos recuerdos y vivencias que van a salir a la luz siempre que hables u oigas hablar de ello y terminarán por arrancarte una sonrisa.
Como os comentaba en la entrada anterior, mi pareja y yo hemos pasado unos días a Montpellier.
Con motivo de uno de los festivales de cine más importantes del mediterráneo, el CINEMED, y teniendo en casa a un completo apasionado (friki) del tema, no nos hizo falta ninguna excusa más para animarnos a descubrir esta ciudad tan particular del mediodía francés.
Qué decir de Montpellier... que ha superado nuestras expectativas, y con creces. Montpellier es una ciudad jóven y dinámica donde, a pesar de que no abundan los turistas, siempre hay algo que hacer: festivales, exposiciones, visitas guiadas, etc. Tiene un carácter alternativo y vanguardista que lo impregna todo y que te conquista desde el primer instante. En general,es una ciudad bastante tranquila donde la gente no va estresada ni con prisas, y tiene un tamaño perfecto para descubrirla a pie, perdiéndote entre sus callecitas para descubrir rincones inesperados: Tiendecitas de artesanía, salones de té, panaderías o "boulangeries" artesanas, cafeterías con terraza y mucho, mucho encanto, etc. Eso si, so sois un poco más perezosos, otra alternativa ideal es el tranvía, seña de identidad de la ciudad y que la recorre de punta a punta con una efectividad y puntualidad ejemplar.
Al ser una de las ciudades de Francia con más horas de sol al año, pudimos disfrutar de un clima bastante agradable que nos facilitó mucho poder pasarnos el día de arriba para abajo y pisar El hotel sólo para cenar y dormir.
Nosotros viajamos a Montpellier en autobús con la compañía Megabus que, para quien no la conozca, se trata de una compañía de viajes baratos en autobús por Europa que lleva apenas 1 año operando desde Barcelona y la verdad es que está muy bien en cuanto a relación calidad-precio. En todos los autobuses hay baño (suele estar bastante limpio, la verdad), Wifi gratuito y presas de electricidad para cargar el móvil, la tablet, etc. Nosotros hemos viajado dos veces con ellos y, a pesar de llegar siempre con un poco de retraso (en la carretera sabes cuando sales y no cuando llegas, esto es así), seguiremos haciéndolo, pues hasta ahora no hemos tenido ningún problema y nos hemos ahorrado mucho dinero, cosa que se agradece en el caso de viajar, por ejemplo, a Francia, donde la vida es mucho más cara en todos los sentidos.
Para los que somos de buen comer, viajar a cualquier rincón de Francia es una oportunidad para conocer la afamada gastronomía del país. A pesar de no haber ido a Montpellier ni haber tenido mucho tiempo para ello, no quisimos volver sin probar algunos de los productos y platos más típicos de la zona: patés y quesos variados, un buen pan baguette artesano, el taboulé y, por supuesto, los crepes, los croissants y las napolitanas de chocolate. Menudas cenas y desayunos que nos hemos dado, madre mía... Vale, no nos habremos dado el lujo de ir a un restaurante francés, pero hemos disfrutado de lo lindo.


Línea 2 del tranvía


Y hablando de comida... No sé si a vosotros os pasa o será sólo a mi debido a mi falta de organización, pero cada vez que tenemos la oportunidad de pasar unos días de descanso fuera de casa, no sólo me toca pensar con qué llenar la maleta, sino en qué hacer con las cosas que tengo en la nevera y que sé de sobras que, si las dejo ahí, a la vuelta ya casi habrán salido andando solas.
Por mucho que haya intentado planificarme los días previos, no hay manera, siempre sobra algo: un brick de leche abierto, verduras empezadas, yogures con la fecha de caducidad próxima, etc.
Con unos tacos de fiambre de pavo a medio empezar, un tomate y unas tiras de berenjena asada que había preparado unos días antes para la cena, he aquí la comida de picoteo que nos marcamos el día previo a nuestro viaje.
Los pastelitos de verduras me encantan y los preparo en casa con bastante asiduidad (como el cake salado de tomate y queso, los pastelitos de berenjena y mozzarella, o el pudin de calabaza), pero todavía no me había animado con el Baba Ganoush. Como muchos sabréis, el Baba Ganoush o Mutabal es una crema de berenjena muy cremosa y suave, similar al hummus y tradicional de la cocina de Oriente Medio, Grecia, Turquía y Chipre. Después de descubrir lo sencilla que resulta de preparar y lo rica que está, pienso repetirla más veces, tenga o no excedente de berenjenas. Además, también me sirvió de excusa para aprovechar unas rebanadas de pan que se estaban poniendo un poco duras. A modo de bastoncitos de pan, resultaron el acompañamiento ideal para mojar, y mojar, y mojar...
Os dejo con ambas recetas:




Ingredientes para los pastelitos (unos 10 aprox):
- 2 huevos tamaño L
- 150 ml de leche
- 2 cucharadas soperas de pan rallado
- 1 tomate mediano
- Tiras de pavo (50 gramos aprox.)
- Cebolla picada, al gusto
- Queso rallado, al gusto
- Ajo en polvo hierbas provenzales y sal, al gusto.

Ingredientes para el Baba Ganoush (un bol mediano):
- 1 berenjena grande, asada y limpia (200-250 gramos)
- 1 cucharadita de comino molido
- 1 diente de ajo
- 1 cucharadita de pimentón, dulce o picante
- 30 ml de aceite de oliva suave
- 1 cucharada sopera de Tahini
- Sal y zumo de limón, al gusto
Para acompañar: torraditas o bastones de pan.

- Antes de empezar, encendemos el horno y lo pre-calentamos a 190ºC, con calor arriba y abajo.
- Limpiamos y troceamos muy menudo el tomate, la cebolla y el pavo. 
- En un bol aparte, batimos los huevos y vamos incorporando poco a poco la leche hasta que se integre por completo. Incorporamos también el pan rallado, las verduras, el bacon, el ajo y las especias, y mezclamos todo. Rectificamos de sal si fuese necesario.
- Colocamos sobre una bandeja de horno los moldes y los vamos rellenando hasta las 3/4 partes de su capacidad, y añadimos encima un puñadito de queso rallado.
- Introducimos en el horno y dejamos que se hagan durante unos 25 minutos. Retiramos y dejamos templar.
- Mientras se hornean los pastelitos, procederemos a preparar el Baba Ganoush: Para empezar, exprimimos medio limón, colamos el zumo y lo reservamos.
- Pelamos el diente de ajo y lo colocamos en el vaso de la batidora junto con la berenjena asada (sin piel), el aceite, el pimentón, el comino, el tahini, el zumo de limón y la sal.
- Batimos a máxima potencia hasta que nos quede una crema un poco más densa que un puré. Probamos y rectificamos de sal o limón si fuese necesario.
- Una vez retirados los pastelitos del horno, aprovechamos que está en marcha para hacer los bastones de pan: Cortamos las rebanadas de pan en forma de bastón y las introducimos en el horno a 200ºC hasta que se doren y queden crujientes.
- Servimos el Baba Ganoush espolvoreado con un poco de pimentón, un chorrito de aceite de oliva y el pan tostado. Servimos también los pastelitos templados.




Notas:
- El Tahini o Tahina es una crema tradicional árabe que se prepara emulsionando sésamo con aceite de oliva. Es fácil de encontrar tanto en tiendas especializadas como en los supermercados habituales, pero también podemos prepararlo en casa, tostando semillas de sésamo y mezclándolas en un mortero con aceite de oliva hasta que emulsione.
- Si no tenéis berenjenas ya asadas, hacerlo es muy sencillo: Las partimos por la mitad, dejamos que suden un poco, y las horneamos boca arriba a 180ºC durante 30 minutos aprox. Una vez frías y sin piel, estarán listas para utilizar.
- El Baba Ganoush también se puede acompañar de pan de pita tostado, nachos, chips de patata, crudités de verdura, etc. Para gustos, colores.


Espero que os haya gustado. Prometo sacar un poco de tiempo estos días para investigar que cosas ricas habéis preparado en mi ausencia.
¡Feliz inicio de semana!

viernes, 18 de septiembre de 2015

BIZCOCHO O "CAKE" SALADO DE TOMATE Y QUESO



Mi época favorita del año es, exactamente, esos días que hay entre mediados de septiembre y la primera semana de octubre o, si el tiempo es agradecido, incluso hasta mediados de mes.
Unos días en los que, a pesar de haber dejado las vacaciones atrás, todavía remoloneamos un poco ante la rutina, todavía nos cuesta acostumbrarnos a los madrugones, al ir y venir del trabajo, a comer fuera, a ir a la compra a última hora de la tarde y, en definitiva, a volver a coger el ritmo del día a día. A unos les cuesta más que a otros (depresión pos-vacacional lo llaman, fíjate tu...), y a otros más que a unos, pero a todos nos llega y a todos nos pasa, tarde o temprano.
Pero (porque siempre hay algún pero), también es una época de reencuentros, de hacer planes para el próximo respiro, de volver a aprovechar los fines de semana al máximo, de disfrutar que el calor va mermando y salir a dar largos paseos en buena compañía, de llevarnos una chaqueta fina "por si refresca", de desempolvar las cazuelas y volver a encender el horno sin morir en el intento...
Tengo  la grandísima suerte de haber nacido, crecido, vivido y vivir en un precioso pueblo de la costa de Barcelona llamado Pineda de Mar. Pineda es un pueblo pequeño y muy tranquilo que, a pesar de atraer cada año a un buen número de turistas, conserva ese encanto marinero de los pueblos de antaño. Tenemos playa (una de las más grandes y bellas de la zona) y también tenemos montaña, gozamos de un clima privilegiado y, por si fuera poco, la riqueza y variedad de los productos gastronómicos autóctonos es considerable ¿Qué más se puede pedir?.
Pues sí, si se puede. En esta época del año, cuando el verano (y los turistas) empieza a despedirse, las temperaturas vuelven a un límite razonable y muy agradable, y los amaneceres y anocheceres se adelantan... en definitiva, cuando los días son tan genuinamente mediterráneos, Pineda está, si cabe, más bonita que de costumbre. Invita a salir a la calle, a encontrarse con los amigos y conocidos en la plaza para hablar largo y tendido, a disfrutar de los últimos rayos de sol dando un largo paseo por la playa o de excursión por la montaña... Pineda invita a disfrutarla, y a nosotros nos encanta hacerlo, por supuesto. Raro es el día libre que, armados con un buen calzado, algo de comer y cámara en mano (mi catador es un completo apasionado de la fotografía), no nos hagamos unos cuantos kilómetros redescubriendo  los rincones tan encantadores de nuestro pueblo.


Pineda de Mar, desde la Ermita de Gràcia.
Foto: Marc Ruiz


Ideas de recetas sencillas y aptas para tomar al aire libre ya os he enseñado unas cuantas: pasteles salados, cocas con distintas bases y rellenos, la clásica ensalada de pasta, alguna de legumbres, e incluso unas deliciosas tortitas de bacalao y pipas. Pero algo que todavía no me había animado a hacer y a enseñaros hasta hoy era un bizcocho o "cake" salado, a pesar de haberlo preparado varias veces antes.. un despiste.
¿Quién dijo que los bizcochos sólo pueden ser dulces? Nada más lejos de la realidad, y para muestra un botón. Con un par de tomates y una cebolla comprados días atrás en el mercado local, medio paquete de queso rallado que no daba para mucho más, el culín del brick de leche, huevos y poco más, surgió esta variación de bizcocho salado que, después de una larga caminata por la montaña, muchas paradas para hacer fotos y coger algarrobas, y pasadas las 3 de la tarde, duró un suspiro.
A medio camino entre un bizcocho y un pastel, resulta muy consistente pero suave a la vez, con un interior húmedo, esponjoso y sabroso. Un plato, como no, ideal para llevar y consumir a modo de entrante, picoteo o como más os guste. Si ya lo acompañamos de una cervecita bien fría, la jornada de senderismo habrá sido redonda.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para un bizcocho como el de la foto):
- 2 tomates pequeños (150 gramos aprox.)
- Media cebolla
- 1 huevo tamaño L
- 2 cucharadas soperas de leche
- 4 cucharadas soperas de harina leudante
- 2 cucharadas soperas de queso emmental rallado
- 1 chorro de aceite de oliva suave
- Sal, orégano y pimienta, al gusto.

- Antes de empezar, pre calentamos el horno a 190ºC, con calor arriba y abajo.
- Aparte, picamos la cebolla, trituramos el tomate con la batidora y reservamos.
- En un bol, batimos el huevo con la leche y el aceite. Seguidamente, añadimos el tomate, la sal, las especias y el queso, y mezclamos bien. 
- Por último, añadimos también la harina y mezclamos con movimientos envolventes.
- En un molde de silicona o en uno convencional engrasado con mantequilla y harina, vertemos la mezcla, espolvoreamos con un poco más de queso rallado y lo introducimos en el horno durante 25-30 minutos, o hasta que empiece a dorarse por la superficie y esté totalmente cocido.
- Apagamos el horno, retiramos el bizcocho y lo dejamos enfriar completamente antes de consumir, cortado en porciones.




Notas:
- Hay mil y una variantes de este tipo de bizcochos, y admiten multitud de ingredientes: tacos de jamón, de chorizo, de bacon, algún fruto seco, etc. Ya sabéis, imaginación al poder.
- Los bizcochos salados suelen servirse como entrante o incluso como plato único, acompañado de una ensalada completa. Os recomiendo probarlo con alguna salsa tipo mayonesa o de yogur, resulta delicioso.
- Por norma general, los bizcochos de este tipo no suben tanto como los dulces a los que estamos acostumbrados, así que no os preocupéis si es el caso. Lo importantes es que son muy socorridos y muy ricos.


Espero que os haya gustado y que paséis un maravilloso fin de semana. Un poco de descanso y relax nunca viene mal ¿Verdad? :)
¡Mil gracias por seguir ahí!

lunes, 7 de septiembre de 2015

PATATAS GRATINADAS CON BECHAMEL Y MENESTRA



Madre mía, lunes por la mañana, y todavía me dura la resaca del #DíaDeLaPizza... ¡Menudo exitazo! La acogida ha sido increíble, la participación enorme, y las propuestas... pues ya os podéis imaginar, a cual más rica, deliciosa, original, sencilla, o todo a la vez.  Igual que las del resto de bloggers participantes, la mía ha tenido una acogida muy buena, ni de lejos me lo hubiera esperado, así que el balance de este fin de semana de intenso amasado, editado, publicado y compartido, ha sido más que bueno, buenísimo diría yo. De nuevo, dar las gracias a Noemi de TocoCooking por organizarlo y currárselo tanto y, por supuesto, al resto de participantes, pues sin ellos esto no hubiera funcionado. El resultado ha merecido mucho la pena. Y estad atentos, porque por aquí huele a recopilatorio, y pronto...
Bien, y volviendo (o empezando) a la receta de hoy...
Quizás porque me traen muchos recuerdos de cuando era una enana, me encantan los gratinados de verduras. Como en muchos otros hogares, en mi casa era habitual comer, de vez en cuando, la típica coliflor o patatas bañadas con bechamel, trocitos de bacon o jamón, y gratinadas con una crujiente y abundante capa de queso. Un plato de toda la vida que hoy en día no goza de muy buena fama (mantequilla, harina, leche... ya sabéis, no es lo más sano del mundo), pero que ha venido ayudando a que los niños coman verduras desde tiempos remotos y que a mi me encanta. Y es que, pensándolo bien, ¿No seguimos comiendo croquetas, buñuelos, bolas de patata y demás, que al fin y al cabo son pura mantequilla, y encima rebozada y frita? Equilibrio señores, no me cansaré de repetirlo, el comer de todo en su justa medida es la clave, así que no dejéis de daros el gusto de vez en cuando.
Coincidiendo con que me tocaba limpiar y ordenar el congelador, encontré una bolsa de menestra de verduras a medias que llevaba en el congelador..mm.. qué se yo, ya ni lo recuerdo, son de esas cosas que una compra pensando en hacerse un fondo básico en el congelador y que al final quedan en el olvido. Me dio mucha lástima comprobar que su fecha da caducidad estaba al caer, así que me decidí a darle salida. 
No me hizo falta mucho más para terminar de perfilar el plato: las clásicas patatas, un poco de salsa de tomate, bechamel y, imprescindible, una buena cantidad de queso.
Y ya está. Sin apenas trabajo, el resultado es más que bueno. Aunque se trate de un plato totalmente vegetal, está delicioso y funciona perfectamente como plato único, pues la ración es bastante hermosa y la mezcla de las patatas con la bechamel sacia muchísimo. El toque de menestra ayuda a aligerarlo a la vez que le aporta los beneficios de dichas verduras. 
Si, como nosotros, os apetece dejar momentáneamente de lado la carne (ya aclararé esta costumbre más adelante), y disfrutar de un plato equilibrado y rico, os recomiendo que lo probéis.
Os dejo los ingredientes y la preparación:





Ingredientes (para dos raciones hermosas):
- 2 patatas grandes
- 200 gramos de menestra de verduras
- 3 cucharadas soperas de salsa de tomate
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
- Preparado de queso para gratinar, al gusto
- Sal, ajo en polvo, orégano y pimienta, al gusto.

- Antes de empezar, cocemos las patatas y la menestra como solamos hacerlo, y dejamos enfiar por completo.
- Una vez frías las verduras, ponemos una sartén a fuego medio con el aceite y salteamos la menestra un par de minutos. Especiamos y salamos al gusto, retiramos del fuego y mezclamos con la salsa de tomate en la misma sartén.
- Ahora pasamos a pelar las patatas y las hacemos rodajas no muy finas.
- En una fuente de horno bastante ancha y alta, colocamos una capa de patatas y encima la menestra, para cubrirla por otra capa de patatas. 
- Preparamos la bechamel como solamos hacerlo en casa, y la repartimos por encima de las patatas para que las cubra bien.
- Seguidamente, lo cubrimos con una buena capa de queso rallado a nuestra elección.
- Encendemos el horno y lo ponemos a pre-calentaren modo gratinador a 210º. Una vez caliente, introducimos nuestro gratén en el horno y lo dejamos gratinar entre 10-12 minutos, o hasta que tenga el dorado deseado.
- Por último, apagamos el horno, sacamos nuestro gratén, lo dejamos templar un poco y servimos en porciones de tamaño ración.




Notas:
- Obviamente, preparando este gratén con patatas fritas queda mucho más rico, pero también más calórico. Yo suelo prepararlo con patatas cocidas, pues con la bechamel ya me parece suficientemente calórico y sabroso, pero eso va a gustos.
- Opcionalmente le podemos añadir a la menestra algunos tacos de jamón serrano, bacon, chorizo, restos de pollo asado, etc., para que resulte un plato más sabroso y con un pequeño extra de proteínas. También podemos sustituir la menestra por cualquier otra verdura de nuestra elección.
- No es necesario añadirle sal a las patatas, pues la bechamel, el queso y la menestra ya le aportan suficiente.

Nada más por ahora, espero que el inicio de semana no se os haga muy cuesta arriba.
De nuevo, y no me cansaré de repetirlo, gracias por dedicar unos minutos de vuestro tiempo a hacerme una visita, lo valoro muchísimo :)

lunes, 17 de agosto de 2015

PASTELITOS SALADOS DE BERENJENA Y MOZZARELLA



Que me encantan los pasteles de verdura no es algo que vaya a pillar a nadie de nuevas. Disfruto comprando unas u otras verduras según si están o no en su mejor época, disfruto pensando qué combinaciones podrían funcionar y qué ingredientes puedo añadir para enriquecerlos mientras voy de camino a casa, disfruto cocinándolos y, por supuesto, disfruto comiéndolos y valorando qué podría mejorar para la próxima vez y convertirse así en firmes candidatos a ocupar un lugar en mi recetario del día a día. Otras veces, por no decir la mayoría, los pasteles/pudin/flanes de verdura que preparo lo hago en base de las verduras que me han sobrado de recetas anteriores, o para dar salida a un exceso de verduras a causa de una oferta irresistible con la que, cosas inevitables del destino, me he topado días antes en el mercado o en la frutería de confianza. Lo veo, me gusta, "Ay qué bien de precio está, lo compro... vale, a ver que hago ahora con tanta cosa". La historia de mi vida... Menos mal que la impulsividad a la hora de comprar sólo me gana con la comida, porque si no mi cuenta de ahorro estaría apañada.
Y me volvió a pasar lo mismo con las berenjenas. Cómo intentar resistirse a comprar dos quilos de berenjenas de payés por un eurillo de nada, y con lo que me gustan a mi, que siempre tengo, como mínimo, un par a mano... Pues nada, toca de nuevo darle vueltas a la sesera para ver qué podemos hacer con ellas.
La berenjena es una hortaliza que siempre ha estado presente en mi casa: Mi madre las prepara rellenas de carne o atún (un escándalo de ricas) y mi yaya prefiere hacerlas rebozadas a modo de guarnición. Por supuesto, y como siempre hago, primero me decanté por estas opciones, lo que siempre se ha comido en casa y que tanto nos gusta, y finalmente le llegó el turno al pastel salado, ¡Bien, a ver qué sale, sobre la marcha!. Además, ya que me había decidido a encender el horno en agosto (lo sé, un suicidio) para calmar el fuerte antojo de rosquitos de anís que venía arrastrando hacía más de una semana, me dispuse a aprovecharlo al máximo y que así los sudores se vieran todavía más recompensados :P.
Un par de huevos, un poco de pan rallado, un poco de queso mozzarella que me había sobrado de la pizza de la cena, aceite de oliva, ajo, perejil, sal y, por supuesto, una berenjena hermosa, y en poco más de media hora tenía mis bocaditos enfriándose en la encimera de la cocina.
El sabor a berenjena es tan intenso como delicioso, y el toque de queso mozzarella le va de maravilla, pues la combinación de queso y verdura es algo que difícilmente falla y a la que recurro con frecuencia. Fríos o templados, para acompañar un plato de carne o pescado, o solos con un poco de salsa de tomate casera, mayonesa o tal cual, os aseguro que estos pastelitos no os dejarán indiferentes.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 6 moldes):
-1 berenjena pequeña (150 gramos aprox.)
- Media cebolla
- 2 huevos tamaño L
- Medio vaso de leche entera
- 2 cucharadas de café de pan rallado
- Mozzarella rallada, al gusto
- 1 copita de vino blanco
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
- Ajo en polvo, pimienta, perejil y sal, al gusto

- Antes de empezar, pre calentamos el horno a 180º, con calor arriba y abajo.
- Ponemos una sartén a fuego medio con el aceite. Limpiamos y picamos lo más pequeño posible la berenjena y la cebolla y la rehogamos unos 5 minutos.
- Pasado ese tiempo, condimentamos al gusto, añadimos el vino blanco y dejamos reducir hasta que la berenjena esté blanda.
- En un bol aparte, batimos los huevos con la leche, el pan rallado, el queso y el perejil.
- Una vez tengamos lista la berenjena, la añadimos al huevo, mezclamos todo bien y rectificamos de sal si fuese necesario.
- Rellenamos los moldes con esta mezcla y los metemos en el horno durante unos 25 minutos a 180º.
- Apagamos el horno y dejamos dentro 2-3 minutos más.
- Sacamos nuestros pastelitos del horno, dejamos templar, desmoldamos y servimos como guarnición, picoteo, con alguna salsa, etc.




Notas:
- Estos bocados están mucho más ricos fríos e incluso de un día para el otro, porque quedan mucho más compactos y los sabores más pronunciados. Eso si, si sois de los que disfrutáis con el queso fundido, comedlos templados y recién hechos.
- El queso mozzarella le da un toque muy rico, pero sin robarle protagonismo a la berenjena. Podéis prescindir de él o usar otro tipo de queso igual o más suave.
- El pan rallado hace que la mezcla tenga más consistencia y quede más densa. El resultado son unos bocaditos más compactos, pero si los preferís con textura tipo flan, se puede prescindir de él sin problema.

¡Espero que os guste, y feliz inicio de semana!

martes, 21 de julio de 2015

PUDIN SALADO DE CALABAZA



Lo dije, lo digo y lo seguiré diciendo: Los pasteles salados, en especial los de verdura, son el invento culinario del siglo. Bueno, vale, tanto como eso igual no, pero que son un recurso fantástico en la cocina no cabe la menor duda: Admiten infinidad de ingredientes, son muy fáciles de hacer, se pueden preparar con antelación utilizando solamente el horno y son deliciosos.
Yo empecé hace relativamente poco tiempo a prepararlos con más asiduidad, y después de muchos fallos y también algunos aciertos, ya tengo un par de recetas probadas y aprobadas que no dejo de repetir, porque nos encantan. Hablo, por ejemplo, del pastel de verduras y queso y del pastel de patata y berenjena, siendo este último muy similar a la Musaka griega y nuestro favorito con diferencia.
Lo que más me gusta de este tipo de pasteles es que me permiten dar salida a los restos (o excedentes, que cuando voy a la frutería se me va la pinza) de verduras que tengo rondando por la nevera o el congelador y que no se me ocurre otra manera de darles salida.
Hoy le ha llegado el turno a la calabaza, una hortaliza que por sus propiedades nutricionales resulta muy interesante de incluir en nuestra dieta. Además es muy versátil en la cocina, podemos disfrutar de ella en platos salados y en dulces, en aperitivos, en guarniciones, en salsas, en pasteles, en helados, en cremas, en bizcochos, etc. Hoy en día se puede encontrar en el mercado todo el año, pero la mejor época para consumirla y aprovechar al máximo no sólo sus propiedades nutritivas sino también su sabor, es en otoño, cuando están en temporada.
En casa siempre la hemos comido en crema, sofrita con un poco de ajo como guarnición, y alguna vez con arroz, pero poco más.
Con un excedente de casi medio kilo de calabaza en la nevera y a la búsqueda de una receta que fuera fácil de hacer, fácil de transportar, fresca, sana y rica, este ha sido el resultado.
Un pastel la mar de apañado que nos encantó y que resulta delicioso como guarnición para carnes y/o pescados, o como una preparación más para servir en una comida/cena de picoteo, acompañado de un poco de mayonesa, salsa de yogur o similar.
Con tal de seguir unas pautas y respetar un poco las cantidades por tal de no liarla (tan) parda, hice un poco de búsqueda en Internet y finalmente acabé decantándome por una receta que vi en el blog Cocina Sana y Fácil que, a pesar de haber hecho algunas modificaciones, me ha dado muy buen resultado.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 4 personas):
- 1/2 kilo de calabaza pelada y sin pepitas
- 1 cebolla pequeña
- 2 huevos
- 1 rebanada de pan de molde remojada en leche
- 1 cucharada sopera de aceite
- Sal, ajo en polvo, curry y nuez moscada, al gusto

- Antes de empezar, pre calentamos el horno a 190º.
- Pelamos y trocemos menudo la cebolla y la calabaza.
- Ponemos el aceite en una sartén a fuego medio y sofreímos la cebolla y la calabaza hasta que empiece a estar tierna. Serán unos 12-15 minutos. Retiramos y reservamos.
- En un bol aparte, cascamos los huevos, los batimos y añadimos el sofrito, bien escurrido de aceite.
- Incorporamos también el pan remojado en leche y las especias y la sal al gusto.
- Ahora batimos todo bien hasta que este a nuestro gusto, con más o menos tropezones.
- Engrasamos con mantequilla el molde donde vayamos a hornear el pudín, vertemos la mezcla y horneamos a 190º durante 35-40 minutos, o hasta que esté completamente cuajado.
- Dejamos enfriar, desmoldamos y servimos cortado en porciones.




Notas:
- Si no tenéis pan de molde podéis utilizar pan rallado. Con un par de cucharadas soperas y medio vaso de leche el resultado es muy similar.
- Este pudín se desmolda y corta mejor si lo dejamos enfriar en la nevera de un día para otro. Además, fresquito resulta delicioso.
- Si no podemos o no queremos usar el horno, podemos cuajar el pudín en el microondas. Bastará con ponerlo 10 minutos a máxima potencia.
- Podemos añadirle a la mezcla algún fruto seco que nos guste, queso crema, olivas, tacos de algún embutido... imaginación al poder.

Espero que os guste tanto como a nosotros.
¡Feliz inicio de semana!

jueves, 16 de julio de 2015

LASAÑA DE POLLO Y CALABACÍN



Menuda cosa me han hecho señores, una faena de las buenas, buenas, buenas, si, si, de esas que te preguntas "¿Por qué a mi?": Me han abierto una frutería ecológica justo al lado de casa, y encima con unos precios de risa... Vale, venga, ya estoy empezando a asumir que mi ruina no tardará en llegar, y que el tendero se acabará haciendo rico (o un poco menos pobre, para no exagerarlo tanto) a costa mía... ¡¡Bendito lugar!! Si ya me es difícil resistirme cuando voy al mercado y me hacen una buena oferta, cuando los precios son siempre igual de buenos que los productos, ya si que me es imposible, ni lo intento... Lo mío no tiene remedio, así que me toca de nuevo aprovechar la variedad y darle vueltas a la cabeza para sacarle partido a todo aquello que compre, un auténtico calvario, ¿Eh? :)
Fui a la frutería el lunes, y a parte de comprar manzanas, tomates y melocotones para un regimiento, aproveché la oferta del día que era el quilo de calabacín a 60 céntimos. Unos calabacines medianos, lisos y brillantes, que han resultado ser deliciosos y no tener apenas pipas. Es increíble poder disfrutar, aunque sea de vez en cuando, del color, aroma y sabor de las frutas y verduras "de verdad", pues no tienen nada que ver con las que compramos en el supermercado, ayudamos a impulsar el producto local y natural y nuestra salud se ve recompensada.
Desde que los guardé en el cajón de las verduras, tuve clarísimo que quería hacer con los calabacines. En casa nos encantan los pasteles hechos a base de verduras y también las tortillas que las incluyan como relleno. Son platos completos, ricos y que muchas veces nos permiten dar salida a los restos de carne, pescado o salsas que tengamos dando vueltas por la nevera.
El calabacín es una verdura rica en potasio, con una alta proporción de agua y de fibra, por lo que resulta muy recomendable para aquellas personas que beban poca agua y/o que tengan problemas de regularidad intestinal (osea ser, yo).
Al sustituir las placas de pasta por láminas de calabacín al horno y la carne picada por pechuga de pollo, esta lasaña resulta muy sana, ligera y, sobretodo, muy muy jugosa. Además, se puede consumir tanto fría como caliente, resultando ideal para el verano, y admite gran variedad de rellenos (vegetales, de carne, de pescado...). Como siempre os digo, para gustos colores y despensas.
Os dejo los ingredientes y la preparación:





Ingredientes (para 2 personas):
- 1 calabacín grande (300 gramos aprox)
- Media cebolla
- 4 cucharadas soperas de tomate natural triturado
- 200 gramos de pechuga de pollo
- 1/2 vaso de vino blanco
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva
- Salsa bechamel
- Queso para gratinar, al gusto
- Sal, ajo en polvo y hierbas provenzales, al gusto

- Empezamos pre calentando el horno  190 º. 
- Lavamos bien el calabacín y lo cortamos a láminas no demasiado finas, las colocamos sobre una bandeja de horno untada con un poco de aceite y las asamos en el horno durante unos 12-15 minutos, dejándolas al dente. Sacamos y reservamos.
- Por otro lado, picamos muy bien la cebolla junto con la pechuga de pollo y lo salteamos en una sartén con el resto del aceite a fuego medio durante 5 minutos. Pasado este tiempo, añadimos el tomate, el vino, la sal y las especias y dejamos reducir, dándole unas vueltas. Apagamos el fuego y reservamos.
- En un cazo procederemos a preparar la bechamel tal y como lo hagamos habitualmente (yo os lo enseñaba aquí).
- Ahora procederemos a montar la lasaña, empezando por una capa de calabacín, luego una de sofrito de pollo, otra de calabacín, y así hasta terminar con una de calabacín y cubriéndola con la bechamel y el queso.
- Para terminar, gratinamos la lasaña en el horno, que habremos puesto en función "gratinador" y a 220 º, durante unos 10 minutos.
- Sacamos, dejamos enfriar un poco, dividimos y servimos en raciones.


 


Notas:
- El uso de la bechamel es totalmente prescindible en este caso. Si preferís una lasaña más ligera, sólo con el gratinado os quedará también un plato delicioso y mucho más ligero.
- También podemos preparar este plato sin hacer uso del horno, haciendo a la plancha las láminas de calabacín y gratinando en el microondas.
-Yo la he preparado en una fuente ovalada especial para hornear, pero si tenéis a mano una fuente redonda desmontable es mucho mejor, a la hora de la presentación queda mucho más vistoso.
- Para gratinar, podéis optar por cualquier tipo de queso, pero os recomiendo alguno de sabor suave para que no le quite protagonismo al calabacín (Mozzarella, Emmental, un poco de Brie...).

Espero que os guste.
¡Gracias por seguir ahí!

martes, 9 de junio de 2015

PASTEL DE VERDURAS Y CREMA DE QUESO (INICIATIVA TS #COMEQUESOQUESABEABESOS)



He llegado muy justa de tiempo, pero finalmente he llegado, ¡Genial!.
Así soy yo, un culo inquieto. Cada día voy con el tiempo justo para todo, trabajo, estudios, casa, pareja... Y en cuántos más líos me meto, en más me quiero meter, y sobre todo si me gusta lo que hago, como es el caso de la cocina. Me encanta conocer y probar nuevas recetas y compartirlas con otras personas a las que les apasiona lo mismo que a mí, y eso es lo que me está pasando con este blog.
Hace ya algún tiempo que conozco el reto Typical Spanish, pero no ha sido hasta ahora, y por invitación, que me he animado a participar, ¡Y aquí estamos! Encantada que cuenten conmigo y encantada sobretodo por el ingrediente escogido para el mes de junio: El queso, y además acompañado del sorteo de un fantástico lote de quesos de la mano de Quesería Artesanal la Ermita. Por supuesto, no podía dejar pasar la oportunidad...
Eso si, complicada elección, pues me gusta tanto el queso que suelo emplearlo en multitud de recetas, y he tenido que tomar una decisión por sorteo... ains, vaya criterio el mío.
He escogido un pastel verduras enriquecido con una crema de queso camembert, de estas que suelen comprarse para picotear con unos colines o crudités verdura, que le aporta una textura muy muy cremosa y un pronunciado sabor a queso que combina a las mil maravillas con las verduras.
El resultado es un pastel salado delicioso y para nada pesado, que se puede dejar preparado con antelación y servirlo en una comida informal o prepararlo para llevar, y que puede comerse templado o totalmente frío, a elección personal. 
Para acompañar, preparé también unos trozos de pan frito, pues en casa nos encantan pero los solemos comer muy de vez en cuando. "Un día es un día", pensé, y fue todo un acierto, pues funcionaron muy bien junto al pastel.
Os dejo con los ingredientes y la preparación, ya veréis que no tienen ninguna complicación y que el resultado merece mucho la pena.


  


Ingredientes (para un pastel mediano):
200 gramos de verduras variadas al gusto (cebolla, calabacín, berenjena, tomate...)
2 huevos tamaño L
100 ml de leche semidesnatada
2 cucharadas soperas de aceite de oliva
1 tarrina de queso camembert en crema (125 gramos aprox.)
Sal, ajo en polvo, perejil y pimienta negra molida, al gusto
Un poco de mantequilla para engrasar el molde.

- Antes de empezar, pre calentamos el horno a 180º y untamos el molde donde vayamos a hornear el pastel con mantequilla.
- Seguidamente, pelamos y picamos las verduras que hayamos escogido y las sofreímos en una sartén a fuego medio con el aceite, hasta que estén bien doraditas, especiándolas al gusto. Retiramos del fuego y reservamos.
- En un bol aparte, cascamos y batimos los huevos junto con la leche. Añadimos seguidamente la crema de queso y las verduras, y mezclamos todo bien. Rectificamos también de sal si fuese necesario.
- Vertemos la mezcla del pastel en el molde engrasado y lo introducimos en el horno pre calentado a 180º durante unos 20-25 minutos, o hasta que veamos que está totalmente hecho (nos ayudamos de un palillo o similar para pinchar el pastel y ver si sale limpio o no).
- Sacamos del horno y dejamos templar o incluso enfriar del todo para poder desmoldar mejor nuestro pastel.
- Servimos cortado en porciones más o menos del mismo tamaño.




Notas:
- Este pastel permite darles salida a cualquier resto de verduras que tengáis por la nevera, así que probablemente nunca os saldrá un pastel igual al anterior, pero de sabor delicioso.
- Yo he empleado crema de camembert porque en casa nos encanta, pero habiendo tanta variedad en el mercado, se trata de experimentar según las preferencias de cada uno: Brie, azul, de cabra...
- Lo ideal, a la hora de saltear las verduras, es dejarlas un poco "al dente", pues acabarán de cocinarse con el horneado.

Espero que os guste y que también os animéis a participar, da gusto conocer a tanta gente estupenda y descubrir tantos platos deliciosos. ¡Feliz miércoles!

domingo, 31 de mayo de 2015

PASTEL DE PATATA Y BERENJENA



Cuando voy al mercado o a la frutería y me hacen una buena oferta, especialmente si lo que me dispongo a comprar me gusta, me cuesta muchísimo resistirme. No tengo remedio, lo sé, primero compro y luego, si eso, pienso en qué hacer con ello. He de decir a mi favor, eso si, que de este modo comemos cosas que quizás de otra manera no habría comprado y que me animan a darle vueltas a la cabeza para sacarle el máximo partido al producto en si.
A principios de semana fui a una de mis fruterías favoritas de mi pueblo, y supongo que al estar ya a punto de cerrar, el frutero me propuso llevarme casi dos quilos de berenjenas por 60 céntimos. Y con lo que me gustan a mi las berenjenas, cómo iba a decirle que no... El "problema" lo tuve al llevar a casa y pensar: "Bueno, a ver como me las arreglo ahora con tanta berenjena en el cajón de las verduras...". Y ya llevo casi una semana incluyendo berenjena en casi todos los platos que he cocinado, como para hacer un monográfico o algo así.. en fin.
Este pastel de patata y berenjena ha sido, sin duda alguna, el plato que más nos ha gustado de todos. Es parecido a la famosa Musaka griega, un plato que nos encanta desde que lo comimos por primera vez y que suelo preparar en casa con bastante frecuencia.
Tenía en la nevera una escalopa de ternera con la que me disponía a preparar los rollitos de ternera con queso crema y pimientos que ya os enseñe hace unos días, pero en el último momento decidí darle otro enfoque al tema y usarlo como si de carne picada se tratase para preparar este pastel, sofriéndola con un poco de tomate y cebolla.
Capa de patata, capa de carne, capa de berenjena, capa de carne... y así hasta terminar con todo, cubrir con un poco de bechamel ligera, queso y a gratinar. Como mínimo, tentador suena.
La verdad es que resulta un plato muy completo a la vez que ligero, con una combinación de sabores deliciosa y que no requiere mucho trabajo. Una buena ración de este pastel junto a una fruta o un yogur resulta una comida rica y equilibrada. Yo me llevé un tupper al trabajo al día siguiente y he de decir que hasta frío está rico.
Espero que os guste.




Ingredientes (para tres raciones hermosas):
Para el pastel:
1 berenjena grande
2 patatas grandes
1 escalopa de ternera de unos 300 gramos
Media cebolla
3 cucharadas soperas de tomate natural triturado
1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
Media cuchardita de café de azúcar
Sal, orégano y ajo en polvo, al gusto.

Para la bechamel ligera:
2 nueces de mantequilla o 2 cucharadas soperas de aceite de girasol
1 cucharada sopera de harina
1 vaso de leche desnatada
Sal, pimienta negra y nuez moscada, al gusto

-  Para empezar, pre calentamos el horno a 180º e introducimos la berenjena y las patatas bien envueltas en papel de aluminio para que se asen lentamente. La berenjena tardará una hora y las patatas una hora y cuarto más o menos. Habrá que darles la vuelta cada 10-15 minutos.
- Una vez tengamos todo asado, lo dejamos templar para poder manipularlo sin quemarnos.
- Mientras se templan las verduras, picamos la escalopa todo lo pequeña que podamos y hacemos lo mismo con la cebolla.
- En una sartén a fuego medio calentamos la cucharada de aceite y añadimos la cebolla y la carne a la vez. Cocinamos unos 5 minutos y añadimos el tomate, el azúcar, las especias y la sal al gusto. apagamos el fuego pasados otros cinco minutos y reservamos.
- Ahora pelamos las patatas y las laminamos, igual que la berenjena.
- Seguidamente, montamos el pastel: empezamos haciendo una base de patata, encima colocamos la mitad de la carne, otra capa de berenjena, el resto de la carne, el resto de berenjena y terminamos con una capa bien gordita de patata.
- Para preparar la bechamel ligera, ponemos un cazo a fuego medio con el aceite o la mantequilla y cuando esté caliente añadimos la harina y removemos hasta que se dore. Seguidamente añadimos la leche, la sal, la nuez y la pimienta al gusto, sin dejar de remover, hasta que tenga el espesor deseado y no quede una salsa grumosa.
- Bañamos el pastel con la bechamel, cubrimos de queso rallado y gratinamos en el horno a 220º durante unos 15 minutos, según el dorado que queramos.
- Sacamos del horno el pastel y lo apagamos. Dejamos templar un rato y servimos cortado en porciones del tamaño que más nos guste.




Notas:
- Muchas recetas similares que he encontrado en Internet llevan la berenjena y las patatas fritas y, aunque eso va a gustos, yo creo que en este caso es perfectamente prescindible y además nos permite ahorrarnos una buena cantidad de calorías.
- A veces también añado entre capa y capa de carne alguna de queso crema, y reduzco la cantidad de bechamel. Así este pastel queda un poco más jugoso, y la combinación de sabores es muy rica. También se puede emplear atún en vez de carne para hacer el sofrito.

¡Espero que os guste, y feliz inicio de semana!