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martes, 6 de diciembre de 2016

TARTA DE MANZANA CLÁSICA

 


Si pudierais verme por un agujerito ahora mismo (suerte que no...), me faltaría comedor para correr a esconderme... Tirada en sofá, con pijama polar, doble calcetín, moño alto, manta a modo de capa, una manzanilla calentita, y escribe que te escribe... ¡Esto es vida señor@s! Y es que, cuando tu día a día te obliga a prescindir con frecuencia de estos momentos de "bicho bola" (así los llamamos en casa), poder dedicarte una tarde (casi) entera a ello es como... En fin, mi gozo en un pozo, supongo que me entendéis perfectamente.
Y sí, lo sé, soy un caso. Otro mes de ausencia que dan como resultado muchísimas cosas que contar, demasiadas para una, dos, tres y hasta diez entradas, así por redondear a lo bajo. Y es que no me canso de decirlo: a culo inquieto no me gana nadie. Levantarse por la mañana y tener algo que hacer, y si ya ese algo te hace sentir útil, satisfecho, realizado, feliz al fin y a cabo, es lo que le da sentido a nuestras vidas y hace que nos vayamos a la cama agotados pero que apenas necesitemos un poco de ganas para dejar la pereza entre las sábanas y enfrentarnos al día.
Noviembre ha sido, con sus altos y sus bajos, un mes de bastante jaleo en casa: sigo con mis nenes "bilingües" y sus travesuras a la vez que estudiando por mi cuenta y sacando tiempo para ir a alguna que otra quedada con amigos, hacer una escapada rápida con Marc y plantarme en todos aquellas presentaciones, talleres, cursillos y demás a los que se me presenta la oportunidad. Por suerte, la temporada de verano hace mucho que quedó atrás y vuelvo a tener a mi señor maridín en casa, al que ya he liado varias veces (siempre a cambio de un plato de lentejas para almorzar, tampoco es que pida demasiado el pobre) para que me acompañe o le dedique media hora de su día a una sesión de fotos de alguno de los platos que preparo en casa. Y el pobre siempre ahí, al pie del cañón... Tanto que ahora tengo un montón de entradas empezadas, con unas buenas fotos pero en las que, sea por falta de tiempo o por pereza, no he escrito nada todavía. No ya por el hecho de que se me esté acumulando en trabajo (que también), sino porque realmente me apetece seguir contandoos, enseñándoos y compartiendo mi cocina y mis andaduras con vosotros, voy a tener que hacer un análisis de moral profundo y ponerme seriamente a ello. Eso o clonarme, cosa que pinta imposible dada la situación actual de mi cuenta de ahorros... En fin, vamos a lo que vamos.
Parece que el frío ha llegado para quedarse: días más cortos, noches más frías y largas, tardes en las que sólo apetece taparse hasta la nariz y no moverse del sofá, y ensaladas, salteados y sopas templadas que empiezan a desaparecer para dar paso a sopas calentitas, guisos, estofados y horneados a tutiplén. En definitiva, cocina de temporada rica, calentita, de esa que reconforta y nutre el cuerpo y el alma. Y si ya se hace y se comparte con cariño, ni os cuento... Y en esta receta otra cosa no habrá, pero cariño lo hay a raudales. Venga, va, sí, os cuento un poco:
Una de las ventajas de trabajar en un colegio es que casi siempre puedo tomarme el día libre cuando los nenes también lo tienen. Eso se traduce en algún que otro sábado (si he podido preparar la siguiente clase por adelantado, claro) y muchos domingos... ¡Domingos! Se me hace hasta raro poder levantarme un poco más tarde, ir al mercado semanal e incluso visitar a mis padres o a mis tíos sin tener que pensar si habrán vuelto ya del trabajo.
Sin ir más lejos, el domingo pasado, después de haber aprovechado la mañana a más no poder y haber comido a las tantas por ello, el tiempo empezó a torcerse un poco y nuestros planes de salir a merendar fuera empezaron a darnos una pereza enorme, tanta que decidimos dejarlo para otro día.
¿Y qué íbamos a merendar entonces? Vale, todos tenemos en la despensa un paquete de galletas básicas, alguna que otra tableta y/o crema de chocolate e incluso algo de bollería industrial para estos casos, pero nosotros ya nos habíamos hecho a la idea de ir a merendar a alguna cafetería/pastelería de esas tan cuquis que tanto abundan hoy en día y en las que lo más ligero que puedes tomarte son unas galletas gigantes con extra de pepitas de chocolate. Por eso, no me costó mucho convencer a Marc para que me ayudara a preparar esta tarta, pues ya se la había hecho con anterioridad en varias ocasiones y sabía que le encantaba. De hecho, tuve que estar pendiente de que no le diera un pellizco antes de que se enfriara del todo para poder desmoldarla y pintarla, no os digo más.
La tarta o bizcocho de manzana es un clásico de la repostería que siempre se ha preparado en casa y que nunca me canso de repetir, ya sea para disfrutarla nosotros o para llevarla a alguna reunión familiar, con amigos, etc.
La receta que os doy hoy es una mezcla entre la de Eva Arguiñano y la de mi madre, es decir, mi versión particular de ambas.  Os aseguro que, respetando las cantidades, los tiempos y optando por ingredientes de calidad, siempre queda perfecta, con una textura consistente pero suave y cremosa a la vez, y un sabor a manzana tan rico que... Vaya, para comerse media tarta de una sentada.
Y, si tenéis la oportunidad, dejad que os ayuden a prepararla, ya sea vuestra pareja, vuestros nenes, vuestra madre, vuestro padre o el vecino de al lado, qué más da. Cocinar en compañía añade variedad y diversión a algo que muchos ya hemos cogido como rutina y nos permite, entre otras muchas cosas, pasar tiempo de calidad con nuestros seres queridos, aprender a trabajar en equipo, probar cosas nuevas juntos, divertirnos y, en definitiva, disfrutar mucho más de lo que se está comiendo por el simple hecho de haber pasado un buen rato preparándolo. Creedme, merece la pena.
Sin más,os dejo con los ingredientes y el paso a paso:




Ingredientes (para 4 personas):
- 1 manzana golden grande (250 gramos aprox.)
- 100 gramos de harina de trigo común
- 1 cucharadita de café de levadura química
- 1 huevo tamaño XL
- 50-60 gramos de azúcar blanquilla
- 75 ml de leche
- 1 cucharada sopera de aceite de girasol
- Canela en polvo, al gusto
- Mermelada de melocotón, para pintar la tarta

- Antes de empezar, encendemos el horno y lo precalentamos a 190ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande, batimos el huevo con el azúcar y el aceite hasta que la mezcla blanquee un poco. Añadimos entonces la leche y la canela y seguimos batiendo.
- Seguidamente, añadimos la harina y la levadura por tandas y con un tamiz, y mezclamos bien.
- Vertemos la mezcla sobre un molde de silicona o un molde convencional untado con mantequilla y harina.
- Aparte, limpiamos, pelamos y despepitamos la manzana. La cortamos en rodajas no muy finas y en forma de medialuna.
- Cubrimos la superficie de la tarta con las rodajas de manzana de la forma que más nos guste, hasta terminar con todas.
- Introducimos la tarta en el horno durante 25-30 minutos a 190ºC, o hasta que se dore la superficie y haya subido lo suficiente.
- Para terminar, dejamos enfriar, desmoldamos y pintamos la tarta con un poco de mermelada de melocotón ayudándonos de un pincel, antes de llevarla a la mesa.




Notas:
- La mejor variedad de manzana para preparar este tipo de tartas es, sin duda, la Golden Delicious, pues resulta muy tierna, dulce y suave, y queda deliciosa cuando se hornea. En su defecto, recomiendo utilizar la variedad Braeburn, que también resulta muy jugosa, dulce y poco ácida.
- El toque de canela es totalmente opcional y al gusto, pero yo siempre se lo añado porque, en mi opinión, realza bastante el sabor de la manzana y del bizcocho en si.
- La mermelada de melocotón se puede sustituir perfectamente por mermelada de albaricoque, de ciruela, de naranja, o incluso por un poco de mantequilla derretida que le dará todavía más brillo.


Y esto es todo, por ahora.
Esta vez la despedida no va a ser tan larga, pues este sábado es día 10 y, como casa mes, toca reto de la mano de La Cocina Typical Spanish. Como siempre, os aconsejo que no os lo perdáis, pues le hemos puesto mucho cariño y esfuerzo y pinta, como poco, delicioso.
¡Muchas gracias por seguir ahí, y feliz megapuente!
Fotos: Marc RT Studios

sábado, 4 de junio de 2016

ENSALADA DE ARROZ A MI MANERA



Con lo mucho que tardo en llegar el día (o eso nos pareció a nosotros), y tantísimo tiempo y esfuerzo que le dedicamos a que todo saliera bien, y lo rápido que se ha pasado... Al habla una "mujercita" casada, y muy felizmente casada, pero también muy muy nostálgica porque todo este "sarao" haya acabado ya... ¡Quiero que vuelva a ser 28 de mayo, jolines!
Lo prometido es deuda y en cuanto tenga material suficiente pienso enseñaros en detalle cómo fue nuestro gran día (ya se sabe, una imagen vale más que mil palabras), pero os puedo adelantar que superó todas nuestras expectativas, y para bien, por supuesto :)
No faltó nadie, así como tampoco faltaron los nervios, las prisas, las risas, los llantos, las dedicatorias, los besos, los abrazos y los buenos deseos. Por supuesto, tampoco faltó una buena comida y mucha, mucha diversión en un lugar que a Marc y a mí nos enamoró desde el primer momento. Si a todo esto le sumamos que el tiempo estuvo a nuestro favor, que estábamos cumpliendo uno de nuestros sueños y que los asistentes también se fueron a casa con un buenísimo sabor de boca, la verdad es que no podemos pedir más. Fue un día agotador pero inolvidable, feliz hasta más no poder.
Después de una semana, escribo y pienso en ello sin poder evitar que se me erice la piel, e intuyo que va a ser así durante mucho tiempo... Eso sí, después de la entrada "buena" prometo no daros más la lata (al menos no mucho más) con el tema de la boda, que parece que soy la única que se ha casado por aquí, y no... Es que todavía sigo un poco en las nubes, y no sé si es normal o no, pero quiero quedarme aquí arriba un poquitín más, que se está muy a gusto :) El día a día de la vida en pareja ya se encargará, tarde o temprano, de hacerme bajar, ¿Verdad?
Y volviendo (o empezando) a la receta de hoy...
En un abrir y cerrar de ojos nos hemos plantado en junio y el calor está haciendo cada vez más acto de presencia, al menos por Barcelona y alrededores.
El día de nuestra boda, Marc y yo quisimos probarlo todo y terminamos comiendo muchísimo. Si a esto le sumamos lo cansados que estábamos y el calor húmedo que hizo al día siguiente, el cuerpo nos pedía algo ligero y fresco para el almuerzo. En estos casos, casi siempre recurro a las ensaladas, pues ya sean de legumbres, de pasta, de arroz o de hojas verdes, suelen ser platos muy sencillos de preparar y que resultan la mar de completos y sabrosos si elegimos bien los ingredientes. Para esto de las ensaladas ya se sabe, cada maestrillo tiene su librillo y se pueden combinar mil y un ingredientes distintos para obtener resultados igual de buenos.
En este caso, y como en casa siempre triunfan los contrastes dulce-salado, he optado por preparar una ensalada de arroz bastante básica, pero con el toque dulzón de las pasas y la manzana.
El resultado ha sido un plato muy completo y equilibrado, ideal para el táper como plato único, muy fresco, bastante ligero y sencillo a rabiar. 
Espero que os guste tanto como a nosotros.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 raciones grandes):
- 180 gramos de arroz (pesado en seco)
- 1 tomate grande para ensaladas
- 1/4 de cebolla
- 1 lata de atún en aceite de oliva
- 1/2 manzana golden
- 15-20 pasas sultanas
- 2 cucharadas soperas de queso emmental (rallado o a dados)
- Perejil picado, al gusto

Para aliñar:
- 1/2 del aceite del atún
- 1 cucharada de salsa de soja
- Sal, al gusto

- Empezamos cociendo el arroz como acostumbremos a hacerlo. Lo dejamos enfriar, lo lavamos para quitarle el exceso de almidón y lo colocamos en un bol grande.
- Por otro lado, limpiamos y picamos muy menudo el tomate, la cebolla y la manzana, y se lo añadimos todo al arroz. Le añadimos también las pasas y el queso.
- Sobre un plato hondo, escurrimos muy bien el atún, reservando la mitad de su aceite, y se lo añadimos también al arroz. Mezclamos todo bien hasta que los ingredientes queden bien repartidos.
- Para el aliño, mezclamos el aceite del atún con una cucharada sopera de salsa de soja y lo incorporamos a la ensalada, dándole unas vueltas de nuevo.
- Por último, probamos y rectificamos de sal y servimos nuestra ensalada con un poco de perejil picado fresco por encima.




Notas:
- Para preparar ensaladas de arroz, yo siempre opto por el arroz basmati, pues queda mucho más suelto y aguanta mejor de un día para otro. Eso va a gustos y todo el mundo tiene sus trucos para que el arroz le quede suelto y en su punto.
- Cada vez que uso atún, bonito, caballa o sardinas para preparar alguna ensalada, reservo parte de su aceite (siempre de oliva) para preparar el aliño, pues en casa nos gusta mucho el toque que de da. En el caso de la ensalada de arroz, también queda deliciosa con una vinagreta sencilla, salsa rosa, salsa de yogur, etc.
- Como siempre os digo, podéis añadir y quitar ingredientes al gusto: Olivas, frutos secos, anchoas, pimientos del piquillo, maíz, diferentes tipos de queso... Imaginación al poder.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado la receta y que tengáis un estupendo fin de semana.
¡Millones de gracias por tantísimas felicitaciones y buenos deseos!
Fotos: Marc RT Studios

sábado, 27 de febrero de 2016

MAGDALENAS DE COCO Y PIÑA



Bueno, pues aquí estamos, disfrutando de nuevo del fin de semana... ¡Y lo que se ha hecho de rogar, el muy puñetero!
Muy a mi disgusto y a mi pesar, no he podido dejarme caer por aquí ni un sólo día para publicar esa segunda receta semanal que tanto me gusta compartir con vosotros, y mucho menos para pasarme por vuestros blogs y disfrutar con todas las cosas ricas que habéis estado cocinando en mi ausencia pues, tal y como os explicaba el sábado pasado, he estado trabajando en la Feria MWC por segundo año consecutivo. De estos días, aparte de quedarme con unas ojeras y unas agujetas de mil demonios, me quedo con lo mucho que he aprendido, con los buenos ratos con mis compañeros y, en definitiva, con la buenísima experiencia y la satisfacción del trabajo bien hecho. Porque para mi, llegar a casa a las tantas y agotada no tiene demasiada importancia si me voy a dormir con una sonrisa de oreja a oreja por haber hecho las cosas bien y haber rendido en mi día de trabajo. Así de tonta soy, y a día de hoy todavía no he vivido ninguna situación que me haga cambiar mi forma de ser y de ver la vida.
De todos los días que duró la feria, el último fue quizás el más complicado de todos: Metros, trenes y autobuses de huelga parcial y llenos de gente con equipaje que volvían a sus casas ese mismo día, un frío que te dejaba las orejas y la nariz como el Reno Rudolf en apenas 10 minutos de paseo, muchos menos visitantes y expositores que hicieron que hubiera mucho menos trabajo, y todo el cansancio acumulado de la semana, consiguieron que no parase de mirar el reloj cada 10 minutos y que me pasara el día desesperada por lo lento que pasaba el tiempo. Ya se sabe, mientras estamos entretenidos parece que el tiempo pasa más rápido y nos cunde mucho más que si no lo estamos, cosa que a mi personalmente termina por desesperarme, y no sólo por no hacer nada, si no por lo poco útil que te sientes...
En fin, como nada es eterno y no todo iba a ser negativo, mi hora de plegar terminó llegando y gracias a ese día he podido preparar y enseñaros la receta de hoy.
A última hora de la tarde, aunque no fuera mi trabajo y por dejar de sentirme un rato como una planta, me puse a ayudar a mis compañeros del restaurante de al lado a limpiar las neveras donde habían estado vendiendo las ensaladas, los sándwiches, los zumos y demás. Ya lo sabía de otras ocasiones, pero no por ello ha dejado de enrabietarme: Toda esa comida envasada, aunque no esté ni caducada ni mucho menos en mal estado (por favor, que los zumos caducaban en abril...), termina en la basura, y así evento tras evento, feria tras feria. Será por Bancos de Alimentos y Asociaciones Benéficas en Barcelona donde donarlos, ¿Verdad?. En fin, sin comentarios... Me dio tanta pena que incluso le pedí una ensalada de fruta a mi compañera para el viaje de vuelta a casa (1 hora larga de viaje da mucha hambre, os lo aseguro) y ella, ni corta ni perezosa, terminó dándome 3 y hasta varios yogures y también se preparó otra bolsa para ella. Vale, así no evitamos ni de lejos el gran despilfarro de comida y dinero de siempre, pero nos quitamos un poco esa espinita de haber cumplido las órdenes de los jefes y haber sido partícipes de ello.
Y con uno de esos envases de fruta cortada y uno de esos yogures que había en la bolsa, y un par de cosillas más que tenía por casa, preparé estas magdalenas para el desayuno del fin de semana.
Como ya sabréis, la mayoría de bizcochos y magdalenas que comemos en casa los hago yo, y mientras pueda, así seguirá siendo.  Además, a mediados de semana, algunos de mis compañeros bloggers se volvieron a dar cita un mes más con motivo del Reto Alfabeto Dulce al que, ni de lejos y con todo el dolor de mi corazón, llegué a participar, pero que me dejó un antojo de dulce tremendismo. Así que tirando no sólo de despensa, si no también de recetario del blog, y apostando por una combinación de sabores de esas tan clásicas pero que tanto gustan (ya sabéis, como la de plátano y chocolate, o chocolate y naranja, o...), salieron estas magdalenas tan ricas. Mucho más jugosas y esponjosas que las magdalenas de toda la vida gracias a la humedad que le aporta la piña natural, y con un sabor a coco muy intenso y delicioso, tenía previsto que duraran hasta el desayuno de mañana y justo ahora me estoy merendando la última con una buena taza de té caliente, con eso os lo digo todo. Una de las mejores magdalenas que he hecho en mucho tiempo, os lo aseguro.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para unas 12-14 magdalenas):
- 2 huevos tamaño M
- 4 cucharadas soperas de azúcar blanquilla
- 2 cucharadas soperas de aceite de girasol
- 1 yogur de coco grande (150 gramos)
- 6 cucharadas soperas rasas de harina leudante (harina con levadura)
- 2 cucharadas soperas de coco rallado
- 100 gramos de tacos de piña limpios

- Antes de empezar, encendemos el horno y lo precalentamos a 190ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande, batimos los huevos con el azúcar, el aceite y el coco rallado hasta que la mezcla blanquee un poco. Añadimos entonces el yogur y seguimos batiendo.
- Seguidamente, añadimos la harina leudante por tandas y con un tamiz, y mezclamos bien.
- Colocamos los moldes de las magdalenas en la bandeja del horno y las rellenamos de masa hasta la mitad, más o menos.
- Aparte, limpiamos y cortamos la piña a dados pequeños y ponemos 3-4 dados encima de cada magdalena.
- Introducimos las magdalenas en el horno durante 25-30 minutos a 190ºC, o hasta que las veamos doradas.
- Las sacamos del horno, las dejamos enfriar y ya las podremos degustar.




Notas:
- Recordad: En el momento de hornear las magdalenas, el horno debe estar bien caliente para que cojan aire y suban mejor y nunca debemos abrir la puerta antes de los primeros 15 minutos.
- La piña le aporta jugosidad y dulzor a las magdalenas, por eso también permite reducir un poco la cantidad de azúcar. Si sois muy dulceros, os recomiendo añadirle una cucharada más.
- Con unos dados de melocotón, manzana, plátano, pera, etc., seguro que también quedan unas magdalenas de rechupete.


Nada más por ahora.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz fin de semana!

miércoles, 10 de febrero de 2016

LA CENA DE "A TRES METROS SOBRE EL CIELO" PARA EL RETO #COCINADECINETS



Como quien no quiere la cosa, se nos ha ido otro mes de las manos y ya estamos metidos de lleno en febrero, ni más ni menos... Recuerdo que, cuando era pequeña e incluso siendo ya adolescente, y venía del parque, del cole o del instituto habiendo aprendido un montón de cosas y/o habiendo pasado un rato divertido, mi madre siempre me decía: "Ay, cariño, aprovecha al máximo esta etapa, diviértete, haz amigos y, sobretodo, aprende mucho porque, a medida que vayas cumpliendo años y sumando cifras, especialmente delante, te parecerá que el tiempo vuela...". ¿Por qué será que las madres tienen siempre razón? En este caso me hubiera gustado especialmente que no fuera así pero, investigando un poco con la ayuda del señor Google, he descubierto que incluso hay teorías científicas que intentan explicar este fenómeno. Cuando somos niños, nuestro cerebro está constantemente aprendiendo y descubriendo cosas nuevas, y eso nos crea la sensación de que el tiempo pasa más lento. Pero a medida que nos hacemos mayores nos da la impresión de que los días vuelan, y eso se debe a que nada de lo que vivimos o aprendemos es "nuevo". Casa-familia-estudios-trabajo, fin de semana, y vuelta a empezar... Nuestro cerebro necesita aprender constantemente, y la mayoría de veces, nuestra rutina no nos ayuda a "enseñarle". Así que, no nos queda otra: Si empezamos a sentir que el tiempo pasa muy deprisa, deberíamos revisar nuestro modo de vida. No necesitamos cambiar de trabajo, de amistades o de residencia, simplemente necesitamos APRENDER, y eso lo podemos hacer dónde, cuándo, cómo y con quién queramos.
En fin, vamos a lo que vamos, que siempre acabo yéndome por los cerros de Úbeda, para variar...
Cuando recibí la propuesta de este mes para el reto de La Cocina Typical Spanish, he de reconocer que no terminó de convencerme del todo. Se trataba de elegir nuestra película favorita y cocinar algo que apareciera en ella. Hasta aquí todo bien. Ahora, las condiciones que terminaban de definir la propuesta han sido, por decirlo de alguna manera, mi talón de Aquiles: Película romántica o de amor, receta pensada para enamorar a esa persona especial, y adaptada, en la medida de lo posible, a la cocina típica de nuestro país.
¿¡Película romántica!? Madre mía, madre mía... Soy bastante cinéfila, y mucho más desde que comparto mi vida con una persona que está metida en el mundillo. Disfruto pasando tardes enteras en casa o en el cine viendo una buena película con mi pareja o mis amig@s y charlando luego sobre los aspectos técnicos, el argumento, el trabajo de los actores, etc., Pero las películas de amor no son lo mío precisamente. Disfruto mil millones de veces más con las películas de terror, sobretodo las de terror psicológico, y con los thrillers. Me encanta pasar miedo y hacer pasar miedo, o pasarme la película entera con el suspense metido en el cuerpo(sí, lo sé, soy un poco masoca y me encanta). Por el contrario, no me despierta demasiado interés ver una película y acabar "ñoña" perdida porque una historia de amor (casi) imposible ha terminado en boda, o porque ambos protagonistas han perdido la vida por amor... No, no es lo mío, qué le vamos a hacer... Para gustos, colores.
Aún así, y muy a mi pesar, yo también he sido una adolescente y he tenido muchos, pero que muchos, pajaritos en la cabeza. Yo también he vivido esas "tardes de chicas" con mis amigas, en las que quedábamos básicamente para hacer algunos deberes, hablar sobre chicos y, de vez en cuando, ver alguna peli romántica, por supuesto. La edad del pavo no perdona a nadie.
Una de esas películas que vimos fue "A tres metros sobre el cielo", en su versión española y protagonizada por Mario Casas y María Valverde. En pocas palabras, se trata de un dramazo romántico-adolescente que narra la historia de Hugo, un chico rebelde, impulsivo y aficionado al peligro, y de Babi, la típica niña rica educada en la inocencia y bajo un montón de normas, es decir, dos jóvenes que pertenecen a mundos opuestos y que terminan viviendo lo que, en un principio, parecía una historia de amor imposible (topicazos van, topicazos vienen). 
Por aquel entonces, Federico Moccia se había convertido en el escritor de moda gracias a esta y a sus otras dos novelas de la saga ("Tengo ganas de ti" y "Perdona si te llamo amor"), y Mario Casas... Bueno, Mario Casas nos traía locas a todas, y no precisamente por sus dotes interpretativas (que las tiene, ojo, no pretendo juzgar su trabajo).
En fin, por A o por B, quise ver la película (¡Tenía 17 años, madre mía! Definitivamente, el tiempo vuela) y he de reconocer, muy a mi pesar, que la maldita me llegó a la "patata". Pensándolo bien, ¿Qué chica de 17 años no ha fantaseado alguna vez con una historia de amor similar? Pues eso...
En un momento determinado de la película, Hugo le prepara a Babi una cenita romántica en su casa para pedirle disculpas por un lío en el que ambos se ven metidos días atrás, pero el asunto no termina nada bien y Hugo se queda compuesto, a mesa puesta (y comida fría) y sin novia.
Investigando un poco y viendo la dificultad de las recetas (el chico no se estruja la sesera precisamente, pero el detalle es lo que cuenta al fin y al cabo, ¿No?), al final decidí preparar todos los platos que aparecían en la escena, pero adaptándolas un poco a nuestros gustos y contrastando los platos que aparecen en la película española que. obviamente, son ligeramente distintos a los del libro y la película italiana. Ni carpaccios caros y difíciles de encontrar, ni tampoco una simple carne a la plancha con unas fresas de postre. 
Al final, el resultado ha sido una cena muy del día a día, completa, sencilla y rica, sin más. A ver qué os parece.





Ingredientes (para 2 personas):

Ensalada mixta con aguacate y frutos secos:
- 1/2 lechuga iceberg
- 1/2 cebolla pequeña
- 1 zanahoria pequeña
- 1 tomate mediano
- 1 aguacate pequeño
- Un bote pequeño de olivas rellenas de anchoas
- Un puñado de cóctel de frutos secos

Para el aliño:
- 1 cucharada sopera de zumo de limón
- 1 cucharada sopera de salsa de soja
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave

- Limpiamos y troceamos a nuestro gusto la lechuga, la cebolla, la zanahoria y el tomate, y los ponemos en una ensaladera.
- Pelamos y cortamos en láminas el aguacate, y lo colocamos encima del resto de verduras. Añadimos también un puñado de frutos secos y unas olivas para completar la ensalada.
- Para el aliño, mezclamos en un bol una cucharada sopera de zumo de limón, otra de salsa de soja y otra de aceite.
- Llevamos a la mesa la ensalada y el aliño por separado, y aliñamos justo en el momento de servir.




Solomillos de pollo a la plancha con finas hierbas, miel y limón:
- 350 gramos de solomillos de pollo limpios (4 trozos)
- 1 cucharada sopera de aceite de oliva suave
- 1 cucharada sopera de zumo de limón
- 1 cucharada de postre de miel de flores
- 1 sobre individual de preparado de finas hierbas para pollo
- Ajo en polvo, perejil picado y sal, al gusto

- En un bol grande, mezclamos el zumo de limón con la miel, el aceite, las finas hierbas, el ajo en polvo y la sal.
- Seguidamente, introducimos los solomillos de pollo en el bol, los impregnamos bien de la mezcla.
- En una sartén a fuego medio, hacemos los solomillos a la plancha con todo el jugo del bol, unos 2-3 minutos por cada lado.
- Servimos calientes, espolvoreados con un poco de perejil picado.




Macedonia de frutas con crema:
- 1 plátano mediano
- 1 manzana reineta mediana
- 1 naranja mediana

Para la crema:
- 250 ml de leche
- 1/2 sobre de preparado de crema catalana (o natillas en su defecto)
- 2 cucharadas soperas de azúcar
- Canela, al gusto

- Para empezar, preparamos la crema tal y como os explicaba en esta entrada
- Una vez la crema se haya enfriado, pelamos y troceamos las frutas, y las repartimos en dos recipientes de postre.
- Cubrimos bien las frutas con la crema y servimos al momento, espolvoreado con un poco de canela.




Y con esto y un bizcocho, me despido por hoy.
Espero que os haya gustado mi aportación de este mes, ha sido todo un reto para mi pero al final he terminado disfrutándolo mucho.
Aprovecho el tirón para invitaros a que le echéis un ojo al resto de aportaciones de mis compis. Como siempre, son todas estupendas y os vendrá de maravilla tener ideas de este tipo si sois de celebrar San Valentín también en la mesa :)
¡Mil gracias por seguir ahí!

lunes, 25 de enero de 2016

BIZCOCHO DE YOGUR CON UVAS PARA EL #RETOALFABETODULCE



Vuelve a ser 25 y, como cada mes, llega el momento de participar en el #RetoAlfabetoDulce. Aprovechando el tiempo y con un poco más de organización, he conseguido llegar con bastante antelación y he disfrutado dedicándole un poco más de tiempo a crear y publicar algo que realmente me guste, sin excusas, pegas ni peros, que muchos me he puesto ya meses atrás.
Últimamente, por motivos personales, estoy un poco más agitada e irritable de lo normal, y cocinar es mi vía de escape favorita, pues me relaja y ayuda a equilibrarme más que cualquier otra cosa con la que lo intente. Eso sí, se avecina una subidita de peso general en mi familia (y aún no hemos terminado de soltar la de Navidad, madre mía...), que en casa solamente vivimos dos y no damos a basto con tanto... En fin, congelar, agasajar a mis padres y a mi abuela y salir a correr, no nos queda otra, al menos hasta que el estrés disminuya...
Una de mis últimas creaciones ha sido este bizcocho con uvas. Una base de bizcocho de yogur, de ese tan básico, tan rico, tan fácil de hacer, que (casi) nunca sale mal y que gusta a todo el mundo, y coronado por una cantidad generosa de uvas moradas. Y vosotros os preguntaréis: ¿Y por qué uvas? Pues porque ha sido el ingrediente escogido por Miriam, del blog SugarTam (absteneos de visitarlo si sois amantes de lo dulce, porque es pura tentación) para que lo incluyamos este mes en nuestras recetas, fueran del tipo que fueran.
Las uvas son un ingrediente la mar de agradecido. Es más, en España se cultivan un montón de variedades de uvas de mesa (unas 200) e incluso una de ellas, la Moscatel de Málaga, está amparada por la Denominación de Origen Pasas de Málaga, garantizando que se trata de un producto único y de calidad. ¿Y quien no ha oído eso de "uvas, pan y queso saben a beso", o se ha zampado un buen plato de migas con chorizo rematado con unas cuantas uvas? Creo que no hacen falta más motivos para incluirlas en nuestras elaboraciones de vez en cuando, y si empezamos por algo dulce, mejor que mejor, ¿No os parece? :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 4 porciones generosas):
- 80 gramos de harina (de castañas en este caso)
- 50 gramos de azúcar
- 50 gramos de aceite de girasol
- 60 gramos de yogur natural
- 1 huevo tamaño XL
- 1/2 sobre de levadura en polvo
- Uvas moradas, al gusto (para cubrir la superficie del bizcocho)
- Canela en polvo, al gusto

- Antes de empezar, precalentamos el horno a 190ªC, calor arriba y abajo, y despepitamos las uvas, partiéndolas por la mitad. Reservamos.
- En un bol grande, batimos el huevo con el azúcar hasta que blanquee. Seguidamente, añadimos el yogur y el aceite y seguimos batiendo un par de minutos.
- Añadimos ahora la canela, la harina y la levadura tamizadas, y batimos unos minutos más.
- Untamos las paredes del molde donde vayamos a hornear el bizcocho con mantequilla o aceite y un poco de harina, y vertemos toda la masa.
- Repartimos las mitades de uva por toda la superficie del bizcocho, cubriéndola casi por completo y colocando la parte interior hacia abajo.
- Introducimos el bizcocho en el horno durante unos 25-30 minutos a 190ºC, o hasta que veamos que se ha dorado y ha subido por completo.
- Dejamos enfriar por completo antes de desmoldar y servimos cortado en porciones.




Notas:
- Las uvas hacen que el bizcocho suba un poco menos, pero le aportan una jugosidad y un dulzor riquísimos. 
- Una de las reglas básicas e imprescindibles para que un bizcocho salga bien es no abrir la puerta del horno mientras se está horneando. De lo contrario, no subirá bien e incluso puede llegar a no hacerlo.
- Al emplear harina de castañas, se trata de un bizcocho apto para celíacos. Con harina de trigo común sale rico igual.
- Podemos espolvorear nuestro bizcocho con azúcar glass antes de servirlo, e incluso acompañarlo con un poco de yogur natural o un chocolate caliente bien espeso.  Además, es ideal como base para tartas.

Espero que os guste mi aportación.
¡Mil gracias por seguir ahí, y feliz semana!

miércoles, 20 de enero de 2016

MAGDALENAS DE PLÁTANO Y TURRÓN DE CHOCOLATE



Hoy hace justo una semana que me tocó soplar una vela más del pastel. Sí, fue mi cumpleaños. Y lo de la vela y el pastel es una forma de hablar, porque no hubo ninguna de las dos cosas. Yo no soy de ese estilo, qué le vamos a hacer...
Fue un día entre semana como otro cualquiera, nada de celebraciones ni superfiestas, pero lleno de esos pequeños detalles que marcan la diferencia. A juzgar por las felicitaciones y los regalos que recibí (precisamente los que quería y de quien yo realmente quería, cosa que me hizo sentir el doble de especial), debí portarme muy bien durante todo el año pasado: Dinero de mis padres, unas manoletinas (que necesitaba con urgencia, la verdad) de parte de mis suegros, un bolso y un vestido precioso de parte de mi cuñada y, la gran sorpresa del día, una pedazo de yogurtera de la marca Clatronic a la que ya le tenía echado el ojo hace mucho y que ansiaba tener en mi cocina. Por un problema con la empresa de mensajería, llegó a casa antes de tiempo, pero saco de regalo y dedicación incluida, todo de parte de mi chico. No os podéis imaginar hasta qué grado me puse eufórica cuando la vi... Una euforia que creció todavía más al comprobar que que funciona de maravilla y que hace unos yogures brutales, riquísimos. Ais, como no voy a estar enamorada de una persona como Marc, si es un hombre de los que no quedan... De nuevo y de corazón, gracias amor, por este y por todos los días que llevas a mi lado. Haces que todos y cada uno de ellos sea especial.
Esa misma tarde, con la excusa de aprovechar que mi padre tenía el día libre y que yo me hago cada vez más vieja, decidí invitar a mi familia a merendar. No os imaginéis a una familia entera de 20 personas alrededor de una mesa tomando café, porque ni de lejos. En casa somos pocos, muy pocos, pero bien avenidos. Y entre que mi yaya no puede apenas salir de casa y mis tíos tampoco es que sean muy dados a este tipo de reuniones familiares, terminamos merendando con mis padres, y la mar de a gusto. Una merienda que, por supuesto, me encargué yo de preparar.
Tirando de recetario del blog y, como no, de despensa, termine "inventándome" estas magdalenas de plátano y chocolate en formato individual que, a juzgar por lo que duraron en la mesa, gustaron mucho a todos. Modestia aparte, salieron muy ricas. Unos bocados muy esponjosos, densos, húmedos y con ese sabor tan característico del plátano que casa de maravilla con el chocolate. Y, además, me sirvió para deshacerme de unos restos de turrón de chocolate que tenía dando vueltas en la despensa y que ya ninguno de los dos nos queríamos comer (imaginaos el empacho pos-navideño que teníamos...), así que estupendo.
Unas tazas de café recién hecho, estas magdalenas en el centro de la mesa y buena compañía, hicieron que fuera una tarde de cumpleaños estupenda :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 10 moldes):
- 2 huevos tamaño M
- 5 cucharadas soperas de azúcar blanquilla
- 5 cucharadas soperas de harina (de castañas en este caso)
- 2 cucharadas soperas de aceite de girasol
- 1/2 sobre de levadura en polvo
- 1 plátano maduro
- 1 buen trozo de turrón de chocolate crujiente
- Canela en polvo, al gusto

- Antes de comenzar, encendemos el horno y lo dejamos precalentar a 190ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande, batimos los huevos con el azúcar, el aceite y la canela hasta que blanqueen un poco.
- Seguidamente, añadimos la harina y la levadura en polvo por tandas y con un tamiz, y mezclamos bien hasta que esté todo integrado y no tenga grumos.
- Colocamos los moldes de las magdalenas en la bandeja del horno y las rellenamos de masa hasta la mitad, más o menos.
- Aparte, limpiamos y cortamos el plátano a dados, y picamos el turrón en trozos pequeños.
- Ponemos unos dados de plátano y unos trozos de turrón encima de cada magdalena y presionamos un poco para que se hundan en la masa.
- Introducimos las magdalenas en el horno durante 25-30 minutos a 190ºC, o hasta que las veamos doradas.
- Las sacamos del horno, las dejamos enfriar y ya las podremos degustar.



Notas: 
- Yo he usado harina de castañas que tenía de una receta de galletas anterior, pero estas magdalenas salen también bien con harina de trigo común.
- El plátano y el chocolate le aportan bastante dulzor a la receta, así que, si no sois muy de dulce, podéis reducir la cantidad de azúcar.
- Es importante que, a la hora de hornear las magdalenas, el horno esté bien caliente, pues esto hará que cojan aire y que suban mejor.

Nada más por ahora, espero que os haya gustado la receta.
¡Gracias por seguir ahí, y feliz miércoles!
Fotos: Marc RT Studios

jueves, 10 de diciembre de 2015

GALLETAS DE CASTAÑAS Y NARANJA PARA EL RETO #CAMPANASOBRECAMPANATS



¡¡Menudo atracón de castañas nos hemos dado este año!!
Se habrán alineado los planetas, o nuestro destino es más caprichoso que Paris Hilton en un Corte Inglés, yo que sé, pero desde que empezaron a aparecer las primeras castañas en las fruterías de mi pueblo, por una cosa o por otra, no he parado de comprarlas y de preparar recetas con ellas.
Empezamos dándole la bienvenida a noviembre a lo grande y celebrando una de las festividades tradicionales que más nos gustan: La Castañada. Nos pasamos la última tarde de octubre asando y pelando castañas y boniatos, y la última noche con un empacho de mil demonios... pero es que están taaaaan ricas... Y aún así, aunque parezca mentira por como lo estoy contando, de ese atracón monumental nos sobraron un puñado hermoso de castañas que aproveche para experimentar un poco y preparar las magdalenas de chocolate y castañas que os enseñaba días después.
Bien, hasta aquí, nada que pueda considerarse exagerado o fuera de lo normal.
El mismo día en que me puse a preparar, fotografiar y redactar la entrada de las magdalenas, Ana, para el segundo aniversario del Reto Alfabeto Dulce, decidió decantarse por las castañas para que las utilizáramos en nuestras propuestas del mes de noviembre. Pues bueno, otro viaje a la frutería y manos a la obra...
A pesar de no haber tenido ni todo el tiempo ni todos los ingredientes que me hubiera gustado, finalmente llegué a tiempo de participar en el reto y lo hice con estas bolitas de zanahoria, coco y castañas. Un acierto, la verdad, porque las preparé en un momento, entraron en el concurso y nos gustaron mucho a todos.
Otro reto en el que intento participar siempre que puedo es en la iniciativa #TS, a través de la cual el pedazo equipo de La Cocina Typical Spanish nos invita, mes a mes, a preparar alguna receta que sea típica de nuestro país.
Este mes, para animar un poco el asunto, nos ha tocado cocinar por equipos, todos ellos con nombres muy navideños: mazapán, polvorón y turrón.
Ante mi indecisión por formar parte de un equipo u otro, lo hice a suertes y finalmente entré a formar parte del equipo turrón. No os podéis imaginar la cara que se me quedó cuando Mari, una de las responsables de la iniciativa, respondía a mi e-mail y me comunicaba que el ingrediente secreto de mi equipo era...¡Las castañas! No me lo podía creer... Demasiada casualidad junta, ¿no os parece?
Veeeenga, vale, pues aquí estamos, otra vez más... Me encantan las castañas, de verdad, y me lo he pasado como una enana investigando, probando combinaciones e ingredientes poco e incluso nada habituales en mi cocina, pero después de semejante atracón, creo que voy a dejar de comerlas un tiempo, por aquello de la desintoxicación y eso, vaya tela...
Las castañas son un ingrediente muy rico y versátil que se puede emplear en multitud de preparaciones dulces y saladas, pero que a mi me gusta particularmente para el dulce, sobretodo por la textura, el aroma y el sabor tan característico que le aporta a cualquier crema, puré, masa, etc.
Un mañana mientras hacía la compra, me topé por casualidad con un envase de harina de castañas de la marca Santa Rita que ha resultado ser mi particular descubrimiento culinario del año: Me ha ahorrado tener que volver a cocer y pelar castañas (y mis dedos la mar de contentos), su sabor es idéntico al del fruto seco entero y se comporta exactamente igual que el resto de harinas que utilizo en repostería habitualmente, al menos en las preparaciones en las que la he empleado.
He aquí una de ellas: Galletas de castañas y naranja.
¿Os ha pasado alguna vez eso de ver una receta en un blog amigo, que se os meta en la cabeza, y no poder quitárosla hasta que la preparáis en casa? Pues eso es exactamente lo que me paso con estas Galletas de castañas y naranja confitada qué Raúl García, del blog Contigo en la playa publicó hace ahora un mes. Igual que Raúl, me dediqué una tarde entera de lluvia a prepararlas, con paciencia y mucho mimo, y disfrutando del dulce y delicioso aroma que desprendía el horno mientras se horneaban. La única modificación que me he permitido hacer de la receta original ha sido sustituir la naranja confitada, que no me gusta en absoluto, por naranja natural, que me apasiona. El resultado ha sido unas galletas originales, muy aromáticas, increíblemente crujientes y totalmente adictivas que no llegaron ni siquiera a la hora de la cena... Una delicia que os recomiendo probar si o si.
Sin más preámbulos, os deja la receta y la preparación:




Ingredientes (para unas 12 galletas aprox.):
- 100 gramos de harina de castaña
- 30 gramos de azúcar glass o normal + un poco más para decorar
- 50 gramos de mantequilla
- Una pizca de sal
- Ralladura de naranja, al gusto
- 2 cucharadas soperas de zumo de naranja natural (o agua en su defecto)

- Para empezar, batimos la mantequilla hasta hacerla pomada. 
- En un bol aparte, mezclamos bien la harina de castaña con la sal y el azúcar, y le añadimos la mantequilla y la ralladura de naranja. Mezclamos suavemente y añadimos también el zumo o el agua para ayudarnos a homogeneizar la mezcla.
- Una vez tengamos la masa lista, formamos una bola con ella, la envolvemos en papel film y la metemos en el frigorífico 1 hora como mínimo.
- Pasado este tiempo, ponemos a precalentar el horno a 180ºC.
- Sacamos la masa de la nevera, espolvoreamos la superficie de trabajo con un poco de harina y la estiramos con la ayuda de un rodillo, dándole un grosor de unos 4 mm.
- Cortamos la masa con un cortador de galletas y las vamos colocando en una bandeja de horno cubierta con papel de horno antiadherente.
- Introducimos las galletas unos 10-15 minutos en la nevera, las sacamos y las horneamos a 180ºC durante 10-15 minutos, o hasta que estén doradas a nuestro gusto.
- Sacamos las galletas del horno, las dejamos enfriar del todo sobre una rejilla y las servimos, tal cual o espolvoreadas con un poco de azúcar glass. 




Notas:
- Si os gusta mucho el sabor de la castaña, evitad usar el zumo de naranja y excederos con la ralladura, pues tienda a enmascarar mucho su sabor.
- Para que las galletas se horneen bien y queden crujientes, es importante que la masa esté fría, de ahí la importancia de introducirlas en el frigorífico antes de llevarlas al horno.
- Si no tenéis cortador de galletas no pasa nada, también podéis ir cogiendo porciones de masa, hacerlas bola y chafarlas con cuidado sobre el papel de hornear.
- Con crocanti de almendra, unas nueces picadas, chips de chocolate, cualquier fruta confitada, etc., también quedan unas galletas la mar de ricas. Imaginación al poder.




Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado mi propuesta para la iniciativa #CampanasobrecampanaTS.
Os dejo también el enlace al recopilatorio para que no os perdáis ninguna de las maravillosas propuestas de mis compañer@s.

¡Sed felices!

domingo, 25 de octubre de 2015

BIZCOCHO DE CAQUI Y QUESO CREMA PARA EL #RETOALFABETODULCE



Como una niña con zapatos nuevos. Y que se ha zampado un plato hasta arriba de macarrones con queso en el almuerzo. Y que su madre le ha comprado un paquete de ositos de gominola al salir del cole. Y que la profe no le ha mandado  deberes. Y...
Vale, toda esta palabrería, sólo para que os hagáis una idea del estado "happy flower power" en el que me encuentro mientras escribo esta entrada. Y no, no es debido a un estado de éxtasis momentáneo provocado por la falta de sueño, o el exceso de cafeína, o quizás por haber ingerido alguna sustancia raruna de vete tu a saber que composición... Es que, de corazón, estoy muy contenta, y motivos no me faltan.
Primero, y como siempre, llega el día 25 y toca participar de nuevo en el #RetoAlfabetoDulce de este mes. Cosa extraordinariamente extraordinaria en mi, he conseguido llegar a tiempo (¡Y por segunda vez, estoy que me salgo!) o, mejor dicho, con el tiempo necesario para conseguir unas fotos decentes y "soltaros el rollo".
Este mes, la encargada de elegir ingrediente ha sido Maribel, del blog Sweet Blessings. He de confesar que no conocía demasiado a Maribel antes de que fuera elegida, pero ahora no pienso perderle la pista... ¡¡Menudos bizcochos, menudos brownies, menudos bundts, menudos cupcakes y menudos todo!! Para alguien tan apasionada del dulce como yo, su blog no tiene desperdicio, es una tentación pura. Y por si fuera poco, Maribel nos ha hecho un gran favor con la elección del ingrediente. Teniendo en cuenta que debía empezar por la letra Q, finalmente ha sido el queso el alimento con el que hemos tenido que experimentar este mes. ¡¡El queso, con lo que me gusta!! Siempre he defendido la teoría de que el mundo con queso es un mundo mejor, y es que el queso es indispensable en la mayoría de cocinas: En sándwiches mixtos, bocadillos, en tacos para las ensaladas, para darle "vidilla" a cualquier plato de pasta, o para preparar un clásico y riquísimo pastel de queso... En fin, que si hay algo a lo que sea totalmente adicta (aparte de la manzana, claro), es al queso, así que ya os podéis imaginar lo que he disfrutado este mes buscando, cocinando y catando recetas. La mayoría de platos con queso que preparo son salados, así que decidí invertir un poco más de tiempo en indagar sobre los usos del queso en la repostería.
Finalmente, me he decidido por este bizcocho de queso crema y caquis. Se trata de un bizcocho de esos bastante húmedos y jugosos, gracias al jugo que suelta el caqui mientras se hornea, y con un suave pero inconfundible sabor a queso crema que parece fundirse en la boca.
Pero lo que realmente me ha hecho decantarme por esta receta y no por otra, es el hecho de por qué, dónde, con quién y cómo lo preparé.
¿Por qué? Porque me moría de ganas de probar el bizcocho de queso crema, y porque el caqui de mi abuela ha dado este año una cantidad de caquis tan exagerada que la mujer ya me había insistido varias veces en que preparara algo rico con esta fruta.
¿Dónde? En vez de llevarme los caquis a casa y preparar la receta como de costumbre, decidí, batidor y lengüeta en el bolso, irme a casa de mi abuela a pasar una tarde repostera en familia. Ella se encargó del resto de ingredientes.
¿Con quién? Con mi abuela, por supuesto, a la que no había visto tan contenta en años. Además, por una vez, mi catador soltó la cámara y pude disfrutar de él como pinche de cocina. Ahora que he descubierto lo bien que se le da batir a mano, no va a tardar en marcársele el bíceps, os lo aseguro...
¿Cómo? Pues sin haber probado la receta antes, sin batidor eléctrico, sin horno de aire y sin molde para bizcochos. En vez de esto, decidí lanzarme a la aventura y basarme en la receta de la maravillosa Julia del blog Julia y sus recetas, batiendo a mano, usando una cazuela de barro untada en mantequilla y un hornillo eléctrico de sobremesa. Si señor, con un par.. de caquis.
Sinceramente, después de lo bien que transcurrió la tarde, terminó por importarme bastante poco que el bizcocho saliera bien o no. Finalmente, el resultado fue el esperado  y la sensación de satisfacción que todavía siento se multiplicó por cuatro. Éxito total.
Así que, con todo el cariño del mundo, os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes:
- 100 gramos de queso crema natural
- 100 gramos de mantequilla o aceite de girasol
- 150 gramos de azúcar
- 2 huevos tamaño L
- 125 gramos de harina común
- Medio sobre de levadura en polvo
- La ralladura de un limón
- Canela, al gusto
- 1 caqui muy grande y maduro (250 gramos aprox.)

- Antes de empezar, pre-calentamos el horno a 180ºC.
- En un bol amplio, batimos el queso crema con la mantequilla o el aceite, el azúcar y la ralladura de limón.
- Sin dejar de batir, añadimos los huevos uno a uno y seguimos batiendo hasta que se integren del todo.
- Seguidamente, añadimos la harina y la levadura tamizadas y seguimos batiendo hasta que se integren del todo.
- Aparte, limpiamos el caqui y colocamos la pulpa en un bol.
- Vertemos la mezcla de bizcocho en un molde engrasado con mantequilla o aceite, repartimos la pulpa del caqui por la superficie,  y horneamos a 180ºC durante unos 45 minutos aprox., o hasta que esté listo.
- Apagamos el horno, retiramos el bizcocho y dejamos enfriar antes de desmoldar y cortar.



Notas:
- Sorprendentemente, el hornillo eléctrico hizo muy bien su trabajo y pude respetar bastante los tiempos de la receta original, pero ya sabéis que cada horno es diferente y que deberéis adaptar el tiempo de horneado al vuestro.
- El caqui le aporta una jugosidad y un dulzor delicioso a este bizcocho, a la vez que permite reducir un poco la cantidad de azúcar. Si lo váis a preparar sin caqui, deberéis añadirle 30 gramos de azúcar más.
- Con melocotón, piña, manzana, mango, etc., seguro que también queda un bizcocho delicioso. Imaginación al poder.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado. Como cada mes, estoy deseando ver el resto de propuestas :)
Esta será la última receta que publique en unos días, pues mi catador y yo nos vamos de escapada a Montpellier. Este verano ahorramos lo poquito que pudimos para ir y ya casi ha llegado la fecha, por fin. Montpellier es una ciudad preciosa, con una historia y una cultura que me fascinan, así que estoy contando las horas que faltan para estar allí disfrutándola al máximo.

¡Sed felices, y nos vemos a la vuelta!

viernes, 25 de septiembre de 2015

MAGDALENAS DE JENGIBRE Y MANZANA CARAMELIZADA. ¡VUELVE EL #RETOALFABETODULCE!



Septiembre, ay septiembre... a estas alturas ya nos han repetido hasta la saciedad que los días de vacaciones se han terminado, que nos toca apechugar, e incluso nos han dado algunos consejos para sobrellevarlo de la mejor manera posible... Si, pero los hay que todavía remoloneamos un poco ante la rutina, todavía nos cuesta acostumbrarnos a los madrugones, al ir y venir del trabajo, a comer fuera, a ir a la compra a última hora de la tarde y, en definitiva, a volver a coger el ritmo del día a día. Pensándolo bien, ¿Hace falta que sea septiembre para que la pereza se apodere de hasta el último pelo de nuestro cuerpo? En fin, no lo creo...Algunos vinimos al mundo con a pereza de serie :P
Nosotros hemos vuelto, y con ello, la blogosfera vuelve a inundarse de colaboraciones, concursos, sorteos... ¡Y retos! Si, al #RetoAfabetoDulce también se le han acabado las vacaciones y vuelve pisando fuerte.
Parece mentira que, después de 5 retos y de proponiéndome una y otra vez ser más previsora que de costumbre, y después de haber tenido todo el verano para experimentar, probar y decidir qué receta terminaría presentando, esté aquí a las tantas de la noche del día de antes, redactando e intentando conseguir unas fotos medio decentes, y dejándome la vista en ello... No tengo remedio.
 Desde el minuto cero en que se dio a conocer la letra para el ingrediente de septiembre estuve cruzando los dedos para que Montse, del blog No sin mi táper, escogiera el jengibre. Es como si Montse me hubiera leído la mente y diera en el clavo... !Muchísimas gracias! :)
El jengibre es una de las plantas tradicionales con más beneficios para la salud que existen, se ha usado desde tiempos muy remotos y es apreciado en muchísimas culturas, sobretodo en las asiáticas. Además, empleado en la elaboración de galletas, bizcochos, pasteles y panes, les aporta un toque jugoso y refrescante que me vuelve loca.¿Y qué me decís del jengibre confitado? Delicioso. En fin, que estoy segura de que el jengibre va a dar mucho, mucho pero que mucho juego. Aunque, pensándolo bien, ¿Qué no da juego en este reto? Siempre alucino con las cosas tan deliciosas y originales que se presentan, son todas maravillosas.
Yo he optado por emplear jengibre en polvo para elaborar unas básicas pero deliciosas magdalenas de canela, pero con ese toque de aroma y sabor inconfundible que le aporta el jengibre. Como las preparé con intención de llevarlas a una comida familiar (con los suegros y cuñados, más presión añadida todavía jeje), quise hacerlas un poco más "festivas", especiales quizás, y que las disfrutaran de lo lindo de postre o para la sobremesa con café, algo que suelen hacer mucho. Para ello, les añadí unas simples manzanas caramelizadas en un plis plas con un poco de mantequilla y azúcar, que hicieron que las magdalenas quedaran más dulzonas y jugosas todavía.
Desde mi punto de vista, la combinación de sabores fue todo un acierto, pero desde el punto de vista de mis catadores ocasionales también. He de confesar que hacía algún tiempo que no iba de visita por casa de mis suegros, así que llevando estas magdalenas también buscaba la absolución... Que me fue concedida, o eso creo :)
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 14-15 magdalenas):
- 2 huevos tamaño M
-160 gramos de azúcar moreno
- 60 ml de leche semi
- 1 cucharadita de canela
- 1 cucharadita de jengibre
- 150 ml de aceite de girasol
- 200 gramos de harina leudante
- 1 pizca de sal

Para las manzanas caramelizadas:
- 2 manzanas golden pequeñas o 1 grande
- 1 cucharada sopera de azúcar moreno
- Una nuez de mantequilla

- Antes de empezar, pre-calentamos el horno a 190ºC.
- En un bol, batimos los huevos con el azúcar, el aceite y la sal. Una vez bien mezclado, añadimos el aceite, la leche, la canela y el jengibre, y mezclamos bien.
- En un bol aparte, mezclamos la harina con la levadura y la tamizamos sobre mezcla anterior. Reservamos.
- Aparte, pelamos, descorazonamos y cortamos a dados pequeños las manzanas.
- En una sartén a fuego medio bajo, derretimos la mantequilla y añadimos las manzanas y la cucharada de azúcar. Dejamos caramelizar a fuego bajo, removiendo de vez en cuando, hasta que empiecen a dorarse.
- En una bandeja para horno, colocamos los moldes de silicona y los vamos rellenando con la masa, más o menos hasta la mitad.
- Añadimos una cucharada de manzanas caramelizadas sobre cada magdalena.
- Introducimos en el horno durante unos 20-25 minutos, o hasta que empiecen a dorarse.
- Apagamos el horno, sacamos las magdalenas y dejamos enfriar por completo antes de comer.




Notas:
- Al emplear azúcar moreno, jengibre y canela, la masa queda un poco más oscura y resulta más complicado comprobar si las magdalenas, una vez han subido, se han dorado o no. Será cuestión de conocer vuestro horno.
- Como siempre os digo, la imaginación es libre y las magdalenas admiten un montón de ingredientes. Podéis caramelizar otra fruta a vuestro gusto, o añadirle frutos secos, más jengibre, etc. Para gustos colores.

Hasta aquí mi aportación al reto de este mes, espero que os haya gustado.
¡Estoy expectante por ver el resto de propuestas! 

A los que somos de Barcelona y cercanías nos espera un fin de semana intenso, pues en la ciudad condal está teniendo lugar la quinta edición del festival gastronómico popular Barcelona Degusta. Empezó ayer y lo hizo pisando fuerte, así que estad pendientes porque merece y va a merecer mucho la pena.
¡Descansad y sed felices!

lunes, 3 de agosto de 2015

ENSALADA DE GARBANZOS CON FRUTAS Y PAVO



Qué poquit@s vamos quedando ya por estos mundos, y qué envidia nos dais a los que, por un motivo o por otro, seguimos aquí, al pie del cañón, porque eso significa que las vacaciones, de momento, tendrán que esperar un poco más... snif, snif.
En mi caso, sigo teniendo que dejar la comida preparada el día anterior, levantarme a las claras de la mañana para ir a trabajar y, como no, llevarme un tupper para comer.
Hace ya unas semanas, os enseñaba una receta de ensalada de garbanzos que suele ser mi comida fija por lo menos una vez a la semana, tanto por lo rica que está, como por lo completa, versátil y sencilla de preparar que resulta. Por si fuera poco, también se trata de un plato muy rico en fibra, rápido, sano, completo. ¿Alguien da más? :)
Yo recurro a las ensaladas de legumbres para dar salida a todos esos restos de carnes cocinadas, verduras, embutidos, etc., que van sobrando y que voy guardando en la nevera, pues si sois habituales de mi blog sabréis de sobras que detesto desperdiciar comida.
Mi consejo es que, dado lo fácil y rápido que resulta de preparar, le deis un toque mucho más personal a este plato preparando algún aliño a vuestro gusto, así lo disfrutaréis el doble.
En este caso, yo opté por una vinagreta clásica de mostaza, y el contraste de la mostaza con las frutas me encantó.
Os dejo la preparación y los ingredientes:




Ingredientes (para 2 personas):
- 400 gramos de garbanzos cocidos (1 bote)
- 1 tomate mediano
- 1 zanahoria mediana
- Piña y kiwi, a dados, al gusto
- Restos de pavo al horno, limpios y sin piel, al gusto
- Restos de frutos secos (pipas, cacahuetes, almendras...), al gusto

- Para el aliño: 1 cucharada de mostaza, 1/2 de cucharada de vinagre, 2 cucharadas de aceite de oliva, sal y pimienta al gusto.

- Cocemos los garbanzos como solemos hacerlo habitualmente y los dejamos enfriar por completo o, si vamos a usar garbanzos en bote, los lavamos y escurrimos bien.
- Troceamos el tomate, la fruta, el pavo, rallamos la zanahoria y lo ponemos todo en una fuente grande. Añadimos también los garbanzos y los frutos secos.
- Dejamos enfriar en la nevera un rato antes de consumir. 
- Para la vinagreta, batimos en un bol la mostaza, el vinagre, el aceite, la sal y la pimienta hasta que quede una mezcla homogénea.
- Servimos la ensalada y la aliñamos con la vinagreta.




Notas:
- La ensalada de garbanzos también combina muy bien con cebolleta, calabacín u otras verduras crudas, así como con atún, salmón ahumado, huevo cocido... imaginación al poder, sobretodo en el caso de los aliños.
- Si nos llevamos la ensalada en un tupper, no debemos aliñarla hasta el momento en que nos la vayamos a comer, así que os recomiendo llevar la vinagreta aparte. 
- Si os sobra ensalada, en un bol tapada con papel film y en la nevera, se conserva perfecta durante 3-4 días.

Espero que os guste mi propuesta.
¡Feliz inicio de semana y felices vacaciones!