viernes, 13 de noviembre de 2015

BOLLOS PREÑAOS INTEGRALES



"Pues eso que después de más de dos horas allí metidas (que si ahora te tomo la tensión, que si ahora te miro la vista, que si ahora te peso, que si ahora...) le dije a tu madre de ir un momento al "Correfú" (Carrefour para el resto del mundo) a comprar un par de cosicas que me hacían falta y luego invitarla a tomar un cafelito.
Cuando ya teníamos toda la compra en el carro y nos pusimos a la cola, veo que la chica de la panadería empieza a sacar unos bollitos de pan la mar de "cuscurritos" (cocidos, crujientes, dorados...) y, sin pensarlo dos veces, me quedo haciendo cola y mando a tu madre a por tres bollos.
Ese día me había preparado para comer unas lentejitas viudas (sin nada de carne, sólo verduras) y llegué a casa con tanta hambre que le pedí a tu  madre que me las dejara en la mesa calentitas antes de irse. Total, que empiezo a comerme las lentejas y eso que me apetece un poco de pan entre cucharada y cucharada. Imagínate como me quedé cuando le doy un mordisco a mi bollo y está duro por dentro... y cuesta de masticar, y mancha las manos de grasa, y lleva pimentón, y... ¡Te puedes creer que llevaba un chorizo dentro! ¡Oye, una que intenta moderarse en todo lo que come, se prepara las lentejas sin "chicha" ninguna, y le meten un chorizo en el pan! Pues nada, por tal de no dejarlo ahí y que se pusiera duro, me lo tuve que comer, qué remedio... Oye Deborilla, ¿tu sabrías prepararme unos bollos como los del "Correfú"? Es que hoy he vuelto a encargárselos a tu madre y no quedaba ni uno. Además, seguro que hechos en casa están mucho más ricos...".

Vas a visitar a la yaya después de una revisión médica, con la intención de saber si todo ha salido bien y si ella está bien, y te suelta esta historieta de carrerilla... Imaginaos, un no parar de reír. Y así, como quien no quiere la cosa, va la mujer y me encarga esos bollos que, "porque no tenía más remedio", se comió ese día... Si es que me dejo liar muy fácilmente...
Los bollos rellenos de chorizo o bollos "preñaos" no son más que unos bollitos rellenos de chorizo típicos de Asturias que, tanto si habéis visitado estas preciosas tierras como si no, es muy probable que conozcáis. Yo los conocía pero, hasta la fecha, no los había preparado nunca y he tenido que investigar un poco más a fondo sobre el tema. Aparte de los ingredientes, tiempos de reposo, tiempos de cocción, etc., he descubierto que los bollos "preñaos" se preparan tanto en formato bocado como en tamaño bocadillo, y que también se rellenan con queso Cabrales y con otros ingredientes, pero que sin duda los que se llevan el protagonismo son siempre los preparados con chorizo, asturiano a ser posible.
Teniendo un chorizo artesano en la nevera (catalán, no asturiano, pero no vamos a ponernos tiquismiquis) y quilo y medio de preparado integral para masas en la despensa, me levanté al día siguiente dispuesta a pasarme la mañana con las manos "en la masa", literalmente.
Siguiendo las directrices de la receta que me pareció más asequible y que Ester Clemente había publicado hacía muy poquito en Directo al Paladar, me puse manos a la obra sin mucha fe en  el resultado final (las primeras veces siempre son difíciles). Pero poco a poco me fui animando al ver que salía todo según lo previsto y que, al final, los bollitos quedaron bastante bien.
Al cocer el chorizo en el horno dentro de la masa, ésta quedó impregnada de la grasita del chorizo e hizo que fuera mucho más húmeda, jugosa y, por supuesto, sabrosa, algo que siempre es de agradecer cuando se trabaja con masas integrales. Vaya, un bocado delicioso que os recomiendo probar, sobretodo si sois muy "choriceros".
Al final, abuela contenta, novio contento y servidora contenta :).
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para unos 7-8 bollos):
- 200 gramos de harina de trigo integral
- 150 ml de agua 
- 3 gramos de sal
- 10 gramos de levadura fresca de panadería
- 1 chorizo fresco

- Para empezar, ponemos la harina en un bol grande con la levadura desmenuzada y añadimos la sal y el agua. Mezclamos a mano unos 5 minutos hasta que la masa empiece a formarse.
- Pasamos la masa a una superfície de trabajo y la amasamos durante unos minutos, estirándola y levantándola para que coja aire, hasta que esté firme y manejable. 
- En forma de bola, colocamos la masa en un bol untado de aceite y la dejamos reposar una hora más o menos en un lugar cálido.
- Pasado el tiempo, volvemos a amasar para desgasificar la masa.
- Antes de continuar, precalentamos el horno a 210ºC, sin aire.
- Seguidamente, cortamos la masa en 7-8 porciones y le damos forma de pequeñas bolas.
- Ahora cogemos cada bolita, la aplastamos un poco y ponemos una porción generosa de chorizo dentro, arremetiendo los bordes para formar el bollito.
- Colocamos los bollitos en una bandeja de horno con suficiente espacio entre ellos, los dejamos reposar unos 5 minutos y los introducimos en el horno durante 20 minutos más o menos.
- Apagamos el horno, retiramos los bollitos y los dejamos enfriar completamente encima de una rejilla antes de consumir.




Notas: 
- La receta original propone pintar los bollitos con leche y sal antes de hornearlos para que queden más dorados. Yo no lo hice porque se me olvidó, pero el resultado fue bueno igual.
- Tuve que aumentar un poco la cantidad de agua que utilicé porque la harina integral absorbe más líquido que la refinada.
- Estos bollos son ideales para un picoteo, una merienda o una cena informal, acompañados de una buena ensalada y, a poder ser, un vaso de sidra asturiana.


Nada más por ahora.
Espero que os haya gustado la receta y que disfrutéis muchísimos del fin de semana.
¡Mil gracias por seguir ahí!

lunes, 9 de noviembre de 2015

MAGDALENAS DE CHOCOLATE Y CASTAÑAS




Domingo, ay domingo...
Domingo, un día de esos para reflexionar, para prepararse y afrontar mejor la semana que comienza en unas horas; Un día para descansar de la rutina, disfrutar de la tranquilidad y del ambiente familiar: Un día para quitarse todo el estrés posible dando un largo paseo, sea por donde sea, o pasar la jornada en el campo, con los amigos, con la familia, o con ambos; Un día de esos que no queremos que terminen nunca, el mejor día de la semana para vivir y darnos un respiro...
No soy católica ni nada por el estilo, pero más de una vez he oído eso de "Dios hizo el mundo en seis días y el séptimo descansó", así que nosotros, insignificantes humanos, no somos quien para ir en contra de este hecho, tanto si creemos en ello como si no, ¿No os parece?. A veces es interesante y conveniente conocer cuál fue el origen y significado de los días de la semana y darle la importancia y el valor que realmente se merecen... o que nos sirva como excusa, qué más da, porque dedicar un día entero a pasarlo en familia, a sentarnos alrededor de una mesa y compartir desayuno, comida,merienda o cena, a CONVERSAR (si, irónicamente en la era de las tecnologías y de la información, nos hace más falta que nunca), a recordar buenos momentos y hasta a hacer planes de futuro... Si se tiene la oportunidad, los domingos son para disfrutarlos.
Desde que empecé a trabajar más establemente, mis fines de semana han brillado por su ausencia. Literalmente, no he podido considerar el día de la semana que era para tener que prepararme el táper la noche anterior, levantarme a las claras de la mañana con el tiempo justo y pasarme la mitad del día corriendo de arriba para abajo. Por eso, ahora valoro y aprovecho mucho más mis días libres, especialmente si caen en fin de semana, pues eso significa que puedo compartirlos con algunas de las personas que más quiero y que siguen teniendo horarios "normales" con sus días libres "normales" y sus planes de domingo "normales": Dormir hasta tarde, desayunar tarde pero contundente, salir a pasear, comer en algún restaurante quizás, tarde de peli y sofá, o de consola...
Este domingo he tenido el día libre y he podido disfrutar de él. Si, limpié el polvo, puse una lavadora, hice la cama, barrí.. Pero también dormí un rato más, me dí un baño relajante, me pasé la tarde tirada en el sofá a base de tele y libro... y cociné. Me encanta meterme en la cocina sin prisas, sin preocuparme por si comemos un poco más tarde o no, sin una idea fija y muchas otras en mente sobre lo que voy a preparar, y disfrutando de los aromas y sabores mientras lo hago.




Empecé por el desayuno, que me apetecía hacerle honores al término "desayuno de domingo"... Tirando de recetario básico (nada de experimentos y nada de sustos, que teníamos mucha hambre), y de despensa (ya sabéis lo que me gusta a mi el otoño y su cesta de la compra), salieron estas magdalenas de chocolate y castañas. Son unas magdalenas igual de dulces, jugosas y esponjosas que las originales, pero con un aroma y sabor a chocolate muy potente y un regusto a castañas que nos gustó mucho, tanto que para la próxima aumentaré la cantidad de castañas que le añadí a la masa.
Con dos tazas de café con leche recién hecho, disfrutamos de un desayuno en pareja, sin prisas y muy muy rico.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 6-8 magdalenas):
- 1 huevo tamaño XL
- 60 gramos de harina integral
- 60 gramos de castañas cocidas y limpias + 3-4 unidades más
- 60 gramos de azúcar común
- 20 gramos de cacao puro el polvo
- 50 ml de leche semidesnatada
- 20 ml de aceite de girasol
- Medio sobre de levadura química

- Antes de empezar, precalentamos el horno a 190ºC, con calor arriba y abajo.
- Para empezar, le hacemos una muesca con un cuchillo a las castañas y las cocemos en una olla con agua unos 10 minutos. Las dejamos enfriar y las pelamos bien. 
- Ponemos las castañas (menos 3 unidades) en el vaso de la picadora y las picamos hasta que tenga una textura semejante a la harina.
- En un bol aparte, batimos el huevo con el azúcar, el aceite y la leche. Añadimos seguidamente el cacao y las castañas molidas y mezclamos bien.
- Sobre la misma mezcla del bol, tamizamos la harina con la levadura y mezclamos bien hasta que hayan desaparecido todos los grumos. 
- Picamos las castañas que habíamos reservado con la ayuda de un cuchillo y se las añadimos a la masa, mezclándolo todo bien.
- Colocamos los moldes para magdalenas sobre una bandeja de horno, los rellenamos con la masa hasta un poco más de la mitad, y metemos en el horno a 190ºC durante 25-30 minutos más o menos.
- Una vez hechas las magdalenas, apagamos el horno, las sacamos y las dejamos enfriar por completo antes de comernoslas.




Notas:
- Le he añadido a la mezcla unas cuantas castañas picadas a modo de "tropezones" e intensificar así su sabor, pero es algo totalmente opcional.
- Es importante que, a la hora de hornear las magdalenas, el horno esté bien caliente, pues esto hará que cojan aire y que suban mejor.
- Evitad abrir la puerta del horno al menos durante los primeros 15 minutos, pues esto puede hacer que las magdalenas bajen o que suban menos.


Espero que os haya gustado.
Aprovecho esta receta para participar en el concurso "Recetas de otoño" organizado por Corner GP a través de su comunidad de Google+. Desde aquí, muchas gracias por invitarme a participar, y felicidades a todo el equipo por una comunidad que gana adeptos día a día y por una tienda online la mar de completa y a muy buen precio.


http://www.cornergp.com/


¡Feliz inicio de semana!
Fotos: Marc RT Studios

miércoles, 4 de noviembre de 2015

EL ARROZ CON LECHE DE MI MADRE PARA EL III #DÍADELDULCETS



¡Por los pelos!
Jolines, con lo bien que iba últimamente, sin pausa pero sin prisa, y llegando a todo... En fin, vuelta a escribir e intentar conseguir unas fotos medio decentes a última hora... Como dice mi madre, "La cabra siempre tira al monte, tarde o temprano".
En un abrir y cerrar de ojos nos hemos plantado en noviembre y, como cada mes, llegan propuestas de lo más interesantes y variadas para los diferentes retos, iniciativas y demás de la blogosfera culinaria. Son muchas y muy chulas, y ojalá pudiera llegar a todas las que me gustan, pero el tema de la clonación humana todavía hace aguas y es muy cara y, lo más importante, los días no han pasado a tener 30 horas (todavía), así que mi doble no editará las recetas por mi mientras yo duermo plácidamente ni me veo capaz de sacar tiempo de ningún otro lado.
De hecho, para la iniciativa de La Cocina Typical Spanish de este mes, en la que se nos pedía preparar una receta dulce típica de nuestro país, no la he preparado yo, pero aquí está. Os cuento: Sea por sabor, sea por salud, sea por economía, o sea por lo que sea, en casa siempre nos han tirado mucho más los postres y dulces caseros que los industriales. De hecho, junto a los macarrones boloñesa, las recetas dulces fueron las que primero aprendí de mi abuela y de mi madre y las que, hoy en día, sigo poniendo en práctica en casa: roscas de limón, yogures de sabores, bizcocho de yogur... y el arroz con leche. Qué cosa más rica, por favor... Raro era la semana que mi madre no preparaba una olla hasta arriba de arroz con leche con la intención de que durara hasta el fin de semana y no llegaba ni al miércoles. Claro que, teniendo en cuenta que la comíamos de postre, para merendar e incluso para cenar (yo era de las que cenaba solamente un bol enorme de arroz con leche y me quedaba tan a gusto), no era de extrañar... Al final, siempre terminaban por caer un par de ollas por semana.
A mi madre le sale un arroz con leche de esos cremosos, de grano suelto, que no empalaga en absoluto, con muchísimo sabor a canela y limón y que está incluso más rico de un día para otro. ¿El secreto? Mucha paciencia y buenos ingredientes, sin más.
Aprovechando que hace un par de días bajé a casa de mi madre, que había preparado arroz con leche y que, para variar, me ofreció un bol, no he visto mejor momento para que vea la luz. 
Un postre muy nuestro y que no falta en (casi) ninguna casa y al que cada madre, abuela, tía o quien sea, le da su toque particular y delicioso. Porque, de acuerdo, en los últimos años se habrá extendido por todo el mundo y habrán surgido mil y una formas de hacerlo (con yemas, con panela, con leche condensada, con vainilla, con chocolate...), pero los clásicos son siempre los que perduran y los que nunca, nunca, nunca fallan.
Espero que os guste:






Ingredientes (para 4-6 personas):
- 150 gramos de arroz redondo
- 1 litro de leche entera de vaca (si es fresca, mejor)
- 200 ml de agua
- La piel de 1 limón
- 1 palo de canela
- 150 gramos de azúcar blanquilla
- Una pizca de sal
- Canela en polvo, opcional

- Para empezar, ponemos el agua en una cacerola a fuego medio y cuando empiece a hervir añadimos el arroz. Lo dejamos hervir unos 10 minutos.
- Cuando el arroz empiece a secarse, añadimos la piel del limón, la canela partida en dos, la pizca de sal, la leche y el azúcar. Bajamos el fuego casi al mínimo y dejamos cocinar de 45 minutos a 1 hora, removiendo cada 5 minutos.
- Una vez el arroz esté tierno y la leche cremosa, retiramos del fuego, le quitamos la piel de limón y el palo de canela, y lo colocamos en recipientes individuales. 
- Dejamos enfriar antes de servir. Podemos espolvorearlo con un poco de canela molida.




Notas:
- En vez de con canela molida, también podemos servir el arroz espolvoreándolo con un poco de azúcar y quemándola en el último momento para conseguir ese toque crujiente y delicioso.
- La cantidad de azúcar siempre será relativa, pues hay quien prefiere el arroz con leche más dulce o menos dulce. Bastará con probarlo. 
- Merece la pena usar una buena leche, a ser posible fresca y de vaca, o entera y de calidad en su defecto. El resultado es mucho más bueno.


Espero que os guste mi propuesta, y os invito a no perderos las del resto de participantes para el #díadeldulceTS. Os dejo el enlace al recopilatorio:
http://lacocinats.blogspot.com/2015/11/recopilatorio-diadeldulcets.html

¡Mil gracias por seguir ahí!


domingo, 1 de noviembre de 2015

COMIDA DE PRE-VACACIONES: PASTELITOS DE PAVO, TOMATE Y QUESO Y BABA GANOUSH

Plaza de la Comedia, en pleno centro histórico

¡¡Qué bien nos han sentado las mini-vacaciones!!
Una semana después, nos toca volver a la rutina, muy a nuestro pesar, pero con las pilas recargadas y mucho más optimismo. Es lo que tienen los viajes que esperas con tanta impaciencia, que te da pena que terminen tan pronto pero que te dejan un montón de buenos recuerdos y vivencias que van a salir a la luz siempre que hables u oigas hablar de ello y terminarán por arrancarte una sonrisa.
Como os comentaba en la entrada anterior, mi pareja y yo hemos pasado unos días a Montpellier.
Con motivo de uno de los festivales de cine más importantes del mediterráneo, el CINEMED, y teniendo en casa a un completo apasionado (friki) del tema, no nos hizo falta ninguna excusa más para animarnos a descubrir esta ciudad tan particular del mediodía francés.
Qué decir de Montpellier... que ha superado nuestras expectativas, y con creces. Montpellier es una ciudad jóven y dinámica donde, a pesar de que no abundan los turistas, siempre hay algo que hacer: festivales, exposiciones, visitas guiadas, etc. Tiene un carácter alternativo y vanguardista que lo impregna todo y que te conquista desde el primer instante. En general,es una ciudad bastante tranquila donde la gente no va estresada ni con prisas, y tiene un tamaño perfecto para descubrirla a pie, perdiéndote entre sus callecitas para descubrir rincones inesperados: Tiendecitas de artesanía, salones de té, panaderías o "boulangeries" artesanas, cafeterías con terraza y mucho, mucho encanto, etc. Eso si, so sois un poco más perezosos, otra alternativa ideal es el tranvía, seña de identidad de la ciudad y que la recorre de punta a punta con una efectividad y puntualidad ejemplar.
Al ser una de las ciudades de Francia con más horas de sol al año, pudimos disfrutar de un clima bastante agradable que nos facilitó mucho poder pasarnos el día de arriba para abajo y pisar El hotel sólo para cenar y dormir.
Nosotros viajamos a Montpellier en autobús con la compañía Megabus que, para quien no la conozca, se trata de una compañía de viajes baratos en autobús por Europa que lleva apenas 1 año operando desde Barcelona y la verdad es que está muy bien en cuanto a relación calidad-precio. En todos los autobuses hay baño (suele estar bastante limpio, la verdad), Wifi gratuito y presas de electricidad para cargar el móvil, la tablet, etc. Nosotros hemos viajado dos veces con ellos y, a pesar de llegar siempre con un poco de retraso (en la carretera sabes cuando sales y no cuando llegas, esto es así), seguiremos haciéndolo, pues hasta ahora no hemos tenido ningún problema y nos hemos ahorrado mucho dinero, cosa que se agradece en el caso de viajar, por ejemplo, a Francia, donde la vida es mucho más cara en todos los sentidos.
Para los que somos de buen comer, viajar a cualquier rincón de Francia es una oportunidad para conocer la afamada gastronomía del país. A pesar de no haber ido a Montpellier ni haber tenido mucho tiempo para ello, no quisimos volver sin probar algunos de los productos y platos más típicos de la zona: patés y quesos variados, un buen pan baguette artesano, el taboulé y, por supuesto, los crepes, los croissants y las napolitanas de chocolate. Menudas cenas y desayunos que nos hemos dado, madre mía... Vale, no nos habremos dado el lujo de ir a un restaurante francés, pero hemos disfrutado de lo lindo.


Línea 2 del tranvía


Y hablando de comida... No sé si a vosotros os pasa o será sólo a mi debido a mi falta de organización, pero cada vez que tenemos la oportunidad de pasar unos días de descanso fuera de casa, no sólo me toca pensar con qué llenar la maleta, sino en qué hacer con las cosas que tengo en la nevera y que sé de sobras que, si las dejo ahí, a la vuelta ya casi habrán salido andando solas.
Por mucho que haya intentado planificarme los días previos, no hay manera, siempre sobra algo: un brick de leche abierto, verduras empezadas, yogures con la fecha de caducidad próxima, etc.
Con unos tacos de fiambre de pavo a medio empezar, un tomate y unas tiras de berenjena asada que había preparado unos días antes para la cena, he aquí la comida de picoteo que nos marcamos el día previo a nuestro viaje.
Los pastelitos de verduras me encantan y los preparo en casa con bastante asiduidad (como el cake salado de tomate y queso, los pastelitos de berenjena y mozzarella, o el pudin de calabaza), pero todavía no me había animado con el Baba Ganoush. Como muchos sabréis, el Baba Ganoush o Mutabal es una crema de berenjena muy cremosa y suave, similar al hummus y tradicional de la cocina de Oriente Medio, Grecia, Turquía y Chipre. Después de descubrir lo sencilla que resulta de preparar y lo rica que está, pienso repetirla más veces, tenga o no excedente de berenjenas. Además, también me sirvió de excusa para aprovechar unas rebanadas de pan que se estaban poniendo un poco duras. A modo de bastoncitos de pan, resultaron el acompañamiento ideal para mojar, y mojar, y mojar...
Os dejo con ambas recetas:




Ingredientes para los pastelitos (unos 10 aprox):
- 2 huevos tamaño L
- 150 ml de leche
- 2 cucharadas soperas de pan rallado
- 1 tomate mediano
- Tiras de pavo (50 gramos aprox.)
- Cebolla picada, al gusto
- Queso rallado, al gusto
- Ajo en polvo hierbas provenzales y sal, al gusto.

Ingredientes para el Baba Ganoush (un bol mediano):
- 1 berenjena grande, asada y limpia (200-250 gramos)
- 1 cucharadita de comino molido
- 1 diente de ajo
- 1 cucharadita de pimentón, dulce o picante
- 30 ml de aceite de oliva suave
- 1 cucharada sopera de Tahini
- Sal y zumo de limón, al gusto
Para acompañar: torraditas o bastones de pan.

- Antes de empezar, encendemos el horno y lo pre-calentamos a 190ºC, con calor arriba y abajo.
- Limpiamos y troceamos muy menudo el tomate, la cebolla y el pavo. 
- En un bol aparte, batimos los huevos y vamos incorporando poco a poco la leche hasta que se integre por completo. Incorporamos también el pan rallado, las verduras, el bacon, el ajo y las especias, y mezclamos todo. Rectificamos de sal si fuese necesario.
- Colocamos sobre una bandeja de horno los moldes y los vamos rellenando hasta las 3/4 partes de su capacidad, y añadimos encima un puñadito de queso rallado.
- Introducimos en el horno y dejamos que se hagan durante unos 25 minutos. Retiramos y dejamos templar.
- Mientras se hornean los pastelitos, procederemos a preparar el Baba Ganoush: Para empezar, exprimimos medio limón, colamos el zumo y lo reservamos.
- Pelamos el diente de ajo y lo colocamos en el vaso de la batidora junto con la berenjena asada (sin piel), el aceite, el pimentón, el comino, el tahini, el zumo de limón y la sal.
- Batimos a máxima potencia hasta que nos quede una crema un poco más densa que un puré. Probamos y rectificamos de sal o limón si fuese necesario.
- Una vez retirados los pastelitos del horno, aprovechamos que está en marcha para hacer los bastones de pan: Cortamos las rebanadas de pan en forma de bastón y las introducimos en el horno a 200ºC hasta que se doren y queden crujientes.
- Servimos el Baba Ganoush espolvoreado con un poco de pimentón, un chorrito de aceite de oliva y el pan tostado. Servimos también los pastelitos templados.




Notas:
- El Tahini o Tahina es una crema tradicional árabe que se prepara emulsionando sésamo con aceite de oliva. Es fácil de encontrar tanto en tiendas especializadas como en los supermercados habituales, pero también podemos prepararlo en casa, tostando semillas de sésamo y mezclándolas en un mortero con aceite de oliva hasta que emulsione.
- Si no tenéis berenjenas ya asadas, hacerlo es muy sencillo: Las partimos por la mitad, dejamos que suden un poco, y las horneamos boca arriba a 180ºC durante 30 minutos aprox. Una vez frías y sin piel, estarán listas para utilizar.
- El Baba Ganoush también se puede acompañar de pan de pita tostado, nachos, chips de patata, crudités de verdura, etc. Para gustos, colores.


Espero que os haya gustado. Prometo sacar un poco de tiempo estos días para investigar que cosas ricas habéis preparado en mi ausencia.
¡Feliz inicio de semana!

domingo, 25 de octubre de 2015

BIZCOCHO DE CAQUI Y QUESO CREMA PARA EL #RETOALFABETODULCE



Como una niña con zapatos nuevos. Y que se ha zampado un plato hasta arriba de macarrones con queso en el almuerzo. Y que su madre le ha comprado un paquete de ositos de gominola al salir del cole. Y que la profe no le ha mandado  deberes. Y...
Vale, toda esta palabrería, sólo para que os hagáis una idea del estado "happy flower power" en el que me encuentro mientras escribo esta entrada. Y no, no es debido a un estado de éxtasis momentáneo provocado por la falta de sueño, o el exceso de cafeína, o quizás por haber ingerido alguna sustancia raruna de vete tu a saber que composición... Es que, de corazón, estoy muy contenta, y motivos no me faltan.
Primero, y como siempre, llega el día 25 y toca participar de nuevo en el #RetoAlfabetoDulce de este mes. Cosa extraordinariamente extraordinaria en mi, he conseguido llegar a tiempo (¡Y por segunda vez, estoy que me salgo!) o, mejor dicho, con el tiempo necesario para conseguir unas fotos decentes y "soltaros el rollo".
Este mes, la encargada de elegir ingrediente ha sido Maribel, del blog Sweet Blessings. He de confesar que no conocía demasiado a Maribel antes de que fuera elegida, pero ahora no pienso perderle la pista... ¡¡Menudos bizcochos, menudos brownies, menudos bundts, menudos cupcakes y menudos todo!! Para alguien tan apasionada del dulce como yo, su blog no tiene desperdicio, es una tentación pura. Y por si fuera poco, Maribel nos ha hecho un gran favor con la elección del ingrediente. Teniendo en cuenta que debía empezar por la letra Q, finalmente ha sido el queso el alimento con el que hemos tenido que experimentar este mes. ¡¡El queso, con lo que me gusta!! Siempre he defendido la teoría de que el mundo con queso es un mundo mejor, y es que el queso es indispensable en la mayoría de cocinas: En sándwiches mixtos, bocadillos, en tacos para las ensaladas, para darle "vidilla" a cualquier plato de pasta, o para preparar un clásico y riquísimo pastel de queso... En fin, que si hay algo a lo que sea totalmente adicta (aparte de la manzana, claro), es al queso, así que ya os podéis imaginar lo que he disfrutado este mes buscando, cocinando y catando recetas. La mayoría de platos con queso que preparo son salados, así que decidí invertir un poco más de tiempo en indagar sobre los usos del queso en la repostería.
Finalmente, me he decidido por este bizcocho de queso crema y caquis. Se trata de un bizcocho de esos bastante húmedos y jugosos, gracias al jugo que suelta el caqui mientras se hornea, y con un suave pero inconfundible sabor a queso crema que parece fundirse en la boca.
Pero lo que realmente me ha hecho decantarme por esta receta y no por otra, es el hecho de por qué, dónde, con quién y cómo lo preparé.
¿Por qué? Porque me moría de ganas de probar el bizcocho de queso crema, y porque el caqui de mi abuela ha dado este año una cantidad de caquis tan exagerada que la mujer ya me había insistido varias veces en que preparara algo rico con esta fruta.
¿Dónde? En vez de llevarme los caquis a casa y preparar la receta como de costumbre, decidí, batidor y lengüeta en el bolso, irme a casa de mi abuela a pasar una tarde repostera en familia. Ella se encargó del resto de ingredientes.
¿Con quién? Con mi abuela, por supuesto, a la que no había visto tan contenta en años. Además, por una vez, mi catador soltó la cámara y pude disfrutar de él como pinche de cocina. Ahora que he descubierto lo bien que se le da batir a mano, no va a tardar en marcársele el bíceps, os lo aseguro...
¿Cómo? Pues sin haber probado la receta antes, sin batidor eléctrico, sin horno de aire y sin molde para bizcochos. En vez de esto, decidí lanzarme a la aventura y basarme en la receta de la maravillosa Julia del blog Julia y sus recetas, batiendo a mano, usando una cazuela de barro untada en mantequilla y un hornillo eléctrico de sobremesa. Si señor, con un par.. de caquis.
Sinceramente, después de lo bien que transcurrió la tarde, terminó por importarme bastante poco que el bizcocho saliera bien o no. Finalmente, el resultado fue el esperado  y la sensación de satisfacción que todavía siento se multiplicó por cuatro. Éxito total.
Así que, con todo el cariño del mundo, os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes:
- 100 gramos de queso crema natural
- 100 gramos de mantequilla o aceite de girasol
- 150 gramos de azúcar
- 2 huevos tamaño L
- 125 gramos de harina común
- Medio sobre de levadura en polvo
- La ralladura de un limón
- Canela, al gusto
- 1 caqui muy grande y maduro (250 gramos aprox.)

- Antes de empezar, pre-calentamos el horno a 180ºC.
- En un bol amplio, batimos el queso crema con la mantequilla o el aceite, el azúcar y la ralladura de limón.
- Sin dejar de batir, añadimos los huevos uno a uno y seguimos batiendo hasta que se integren del todo.
- Seguidamente, añadimos la harina y la levadura tamizadas y seguimos batiendo hasta que se integren del todo.
- Aparte, limpiamos el caqui y colocamos la pulpa en un bol.
- Vertemos la mezcla de bizcocho en un molde engrasado con mantequilla o aceite, repartimos la pulpa del caqui por la superficie,  y horneamos a 180ºC durante unos 45 minutos aprox., o hasta que esté listo.
- Apagamos el horno, retiramos el bizcocho y dejamos enfriar antes de desmoldar y cortar.



Notas:
- Sorprendentemente, el hornillo eléctrico hizo muy bien su trabajo y pude respetar bastante los tiempos de la receta original, pero ya sabéis que cada horno es diferente y que deberéis adaptar el tiempo de horneado al vuestro.
- El caqui le aporta una jugosidad y un dulzor delicioso a este bizcocho, a la vez que permite reducir un poco la cantidad de azúcar. Si lo váis a preparar sin caqui, deberéis añadirle 30 gramos de azúcar más.
- Con melocotón, piña, manzana, mango, etc., seguro que también queda un bizcocho delicioso. Imaginación al poder.


Nada más por ahora, espero que os haya gustado. Como cada mes, estoy deseando ver el resto de propuestas :)
Esta será la última receta que publique en unos días, pues mi catador y yo nos vamos de escapada a Montpellier. Este verano ahorramos lo poquito que pudimos para ir y ya casi ha llegado la fecha, por fin. Montpellier es una ciudad preciosa, con una historia y una cultura que me fascinan, así que estoy contando las horas que faltan para estar allí disfrutándola al máximo.

¡Sed felices, y nos vemos a la vuelta!

domingo, 18 de octubre de 2015

GUISO PICANTE DE PATATAS Y COSTILLAS



El aumento de las personas venidas del extranjero y la necesidad que adquirir productos que no encontraban en nuestros supermercados han hecho que, en los últimos años, aparezcan establecimientos donde si puedan hacerlo y no tener así que renunciar a la cocina, a la comida y a las costumbres de su país. Al principio, se trataba de lugares frecuentados casi exclusivamente por autóctonos del país que fuera, pero a día de hoy, con nuestro insaciable afán de probar cosas nuevas, de experimentar, de fusionar y de conocer nuevas culturas y cocinas, somos una gran cantidad de españoles los que disfrutamos acudiendo a estos establecimientos de vez en cuando.
Leche de coco, bolas dulces de arroz, pan indio, currys de todo tipo, mantequilla de cacahuete, tofu ahumado... en fin, una larga lista de ingredientes que hace apenas un par de años eran totalmente desconocidos para mi, pero que ahora me gusta adquirir y disfrutar de vez en cuando, todo gracias a la proliferación de estos santuarios de comida internacional. Soy una persona curiosa por naturaleza y disfruto muchísimo yendo a estos lugares y pudiendo conocer otras culturas a través de nuevos alimentos, aromas y sabores.
Y vosotros os preguntaréis: "¿Qué tiene de nuevo un plato de patatas con costilla?" Aparentemente, nada, pero profundamente, todo. Nada, porque se trata de uno de esos guisos tradicionales a rabiar, con su tiempo de cocción, su reposo y sus ingredientes básicos, contundentes y esenciales. Y todo, porque le he querido dar un toque distinto empleando un par de ingredientes que adquirí en un supermercado de productos internacionales hace poco y que me están dando muchísimo juego.
El primero de ellos es Sambal Oelek. El Sambal es una preparación muy típicas de las gastronomías del sur de Asia que se elabora a base de pimientos y guindillas machacadas y que (no os confiéis demasiado) es picante pero apto para no iniciados. Se puede emplear tanto en platos de carne como de pescado, verduras, sopas, etc., para darle un toque picante más o menos sutil, dependiendo de la cantidad que se emplee.
El otro ingrediente que utilicé es la Pasta de curry suave, un condimento pastoso a base de especias y hierbas típico de las cocinas Tailandesa e Indonesia y que pica más o menos en función de su composición. El curry es uno de los condimentos asiáticos más conocidos en Europa y que cada vez está más presente en nuestras cocinas, así que supongo que muchos lo conoceréis y habréis trabajado con él. De hecho, en mi cocina nunca falta.
Si usamos estos dos condimentos con mucha medida y moderación, añadidos a un sencillo y delicioso guiso como es el de patatas y costillas de cerdo, el resultado es más que satisfactorio. A ver, no nos engañemos, no se trata de un plato apto para todos los paladares y para preparar con frecuencia, pero resulta una receta ideal para emplear ambos ingredientes y disfrutar a la vez de un rico y reconfortante guiso que hará las delicias de los amantes del picante. Doy fe de ello, pues mi catador es un auténtico fanático del picante y deberíais haberlo visto mojando pan en la salsa, llena de semillas de guindilla... Cuando empezó a comer tenía frío, pero luego terminó echándose la siesta en manga corta, no os digo más.
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 2 patatas grandes (400 gramos aprox.)
- 350- 400 gramos de costilla de cerdo a trozos
- 1 cebolla mediana
- 3 cucharadas soperas de tomate natural triturado
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva suave
- 1 cucharadita de café de Sambal Oelek
- 1 cucharadita de café de Pasta de Curry suave
- 2 vasos de agua y 1/2 de vino blanco para cocinar
- Sal y perejil, al gusto

- Para empezar, ponemos al fuego una cazuela con el aceite y rehogamos la costilla hasta que se dore un poco. Retiramos del aceite y reservamos.
- A continuación, pelamos la cebolla y las patatas, y volvemos a poner la cazuela con el aceite al fuego. Añadimos la cebolla, sofreímos 2-3 minutos y añadimos la patata para continuar sofriendo.
- Pasados un par de minutos, añadimos el tomate, el sambal, la pasta de curry, las costillas, la sal y el perejil, y rehogamos un poco. Cubrimos entonces con el agua y el vino.
- Dejamos cocinar a fuego medio alrededor de 35-40 minutos, o hasta que se haya evaporado la mitad del caldo y las patatas estén cocidas.
- Dejamos reposar unos 10 minutos y servimos.




Notas:
- Para trocear las patatas, es recomendable hacerlo tronchándolas, es decir, casi rompiéndolas, para que así suelten su almidón al cocinarse y le den espesor al guiso.
- A este tipo de guisos también se le pueden añadir verduras tales como la zanahoria, el pimiento, el puerro... Todo depende del gusto de cada uno y de lo que se tenga a mano.
- Os recomiendo prepararlo con antelación pues, como la mayoría de guisos, este también está más rico de un día para otro.

Nada más por ahora, espero que os haya gustado y que tengáis un fantástico inicio de semana.
¡Mil gracias por seguir ahí! :)
Fotos: Marc RT Studios

martes, 13 de octubre de 2015

GALLETAS DE AVENA Y BONIATO



- "Deborilla, tienes que esperarte un rato, que si te los comes muy calientes te va a doler la barriga.."
- "Chompchompglupglup ñamñam ¿Qué dices papá? chompchompglupglup ñamñam.."

Hace unos días, inauguramos la temporada otoñal con un bizcocho especiado de calabaza que no pudo ser más adecuado para hacerlo: Su color tostado, su miga compacta, y su aroma.. Vaya, el otoño hecho bizcocho. En casa fue todo un éxito, y por aquí también tuvo muy buena acogida.
Antes de ayer, en una de nuestras clásicas caminatas de media tarde, nos dimos cuenta de que las plazas principales empiezan a llenarse de tenderos que, con tal de sacarse unas pelillas, te venden un cucurucho de periódico a rebosar de castañas calentitas o un boniato recién horneado por un precio más que razonable teniendo en cuenta todo el trabajo que te ahorran (lavar, pelar, asar...).
Cómo disfrutamos esa tarde, boniatos y castañas calientes en mano, recorriéndonos el pueblo de punta a punta, hablando largo y tendido sobre todo lo que se nos ocurría y disfrutando de nuestra compañía mutua... Ais, si, ya lo dije y lo vuelvo a decir, el otoño hace que esté más "ñoña" que de costumbre.
Cuando era pequeña, en mi casa había mucha costumbre de dedicar, al menos un par de días de la temporada, a asar castañas y boniatos en el horno. De acuerdo, se ensucia mucho más y tampoco saben igual que las que se hacen en un asador, pero pasar una tarde agradable en familia alrededor de la cocina y disfrutar juntos de lo que habíamos cocinado, compensa con creces estas salvedades, os lo puedo asegurar. Yo me iba a la cama agotada y con un empacho de boniatos de mil demonios (véase la frase con la que he empezado la entrada..), pero tan feliz que acababa durmiéndome con una sonrisa de oreja a oreja.
¿Recordáis las galletas de avena y plátano que os enseñé un par de meses atrás? Pues se me ocurrió que podía versionarlas para adaptarlas un poco más a la época en la que estamos, y también para variar un poco, la verdad, porque las he repetido ya varias veces y nos iba apeteciendo cambiar...
El boniato machacado tiene una textura y un dulzor muy similar al del plátano, por lo que fue la primera opción que contemplé (y la única prácticamente), y el resultado nos gustó a la primera.
De nuevo, se trata de unas galletas que no contienen ni harina, ni huevo, ni leche, ni azúcar, pero que, a pesar de todo, están de rechupete. Son ideales para darnos un capricho dulce a cualquier hora del día sin remordimiento alguno, ya que a sanas y naturales no las gana ninguna otra.
Hice poquitas para probar, por eso, con las cantidades que os indico salen, como mucho, 10 o 12 galletas, dependiendo del tamaño y del grosor. Pasada la prueba de cata con nota, yo os recomiendo que aumentéis las cantidades un poco, porque están tan buenas que es casi imposible comer sólo un par. Quien avisa no es traidor...




Ingredientes (para 10-12 galletas):
- 100 gramos de copos de avena
- 2 boniatos pequeños asados o cocidos
- Opcional: nueces, pasas, arándanos secos...

- Antes de empezar, pre calentamos el horno a 190º C y preparamos la bandeja del horno con papel de aluminio untado en mantequilla o con papel de horno.
- Pelamos los boniatos ya cocidos y los limpiamos bien.
- Seguidamente mezclamos en un bol los copos de avena con los boniatos y vamos machacándolos con un tenedor hasta formar una pasta. Podemos añadirle nueces, pasas, almendra picada, etc.
- Con la ayuda de una cuchara, vamos haciendo montoncitos más o menos del mismo tamaño y los colocamos en la bandeja del horno. Aplastamos un poquito, dejando suficiente espacio entre galleta y galleta.
- Horneamos durante unos 20-25 minutos, sacamos del horno y dejamos enfriar por completo antes de consumir.




Notas:
- Si queremos unas galletas más finas, podemos cubrirlas con un papel de horno y pasarles un rodillo por encima, sin apretar demasiado. Si no, nos saldrán unas galletas con más volumen.
- Estas galletas están más buenas de un día para otro, pues no son aquellas galletas crujientes y ligeras a las que estamos acostumbrados, pero se van endureciendo un poco y el sabor a boniato se intensifica.
-Yo opté por añadirles unas pasas que tenía a mano, pero os animo a probar con los ingredientes que más os gusten: chocolate, nueces, almendras, alguna baya, un poco de coco rallado... imaginación al poder.

Espero que os haya gustado y que sigáis disfrutando del otoño tanto como nosotros.
¡Feliz semana!

sábado, 10 de octubre de 2015

ARROZ MARINERO A LA CAZUELA PARA LA INICIATIVA #ARROCITODEMIVIDATS



Todavía no me puedo creer que haya llegado a tiempo a una iniciativa bloguera.. ¿Cómo puede ser que yo, la señorita "tranquila, tienes un mes por delante para pensarlo- ¡Leches, ya te ha vuelto a pillar el toro!" haya tenido tiempo de preparar, catar, fotografiar y editar una receta con cierta tranquilidad? ¿Estaré empezando, por fin, a ser un poco más previsora y organizada que de costumbre? Esto... Pues la verdad, no lo creo. Lo justifico diciéndome a mi misma que octubre ha empezado mucho más tranquilo que septiembre (¡Menudo mes de locos!), que el ingrediente escogido y, sobretodo, el plato que he preparado es un habitual de mi casa, y que ya tenía en mente publicarlo desde hace mucho, muchísimo tiempo y no he visto mejor momento que este para que vea la luz.
Si, como ya habréis podido suponer, el alimento escogido ha sido el arroz, y a la iniciativa a la que me estoy refiriendo es TS, Typical Spanish.
Aunque sólo haya podido participar una vez desde que me invitaran, estoy encantada de poder volverlo a hacer, pues me parece una manera estupenda de redescubrir nuestra cocina más auténtica y tradicional, o de darle un giro de 360º y que, aún así, conserve esa esencia que nos transmitieron nuestras madres e incluso nuestras abuelas... Qué mas da, el objetivo es cocinar, disfrutar y darlo a conocer.
Estela, de blog Mi Dornillo, ha sido la anfitriona de este mes y la encargada de escoger el ingrediente a emplear en la elaboración de las recetas. ¿Se os ocurre algún ingrediente más versátil, económico, rico y que de más juego que el arroz? A mi no, y teniendo en cuenta la cantidad de platos típicos de nuestro país que se preparan con arroz, creo que las propuestas van a ser de lo más interesantes...
La receta que hoy os presento se la debo, como no, a mi madre, quien cuenta en su recetario habitual con un escueto pero genuino repertorio de arroces: el arroz con leche (el mejor que he probado nunca), el arroz a la cubana, el arroz con pollo, los calamares en salsa con arroz.. y el arroz a la cazuela, mi favorito por goleada. ¿Y que tiene este arroz que lo haga destacar sobre el resto? Pues, entre otras cosas, un sofrito delicioso y totalmente casero que mi madre se encargaba de hacer en la misma cazuela de barro ( de ahí el nombre), el hecho de poder añadirle unos u otros ingredientes en función de la época del año (judías en primavera, setas en otoño, pescado o carne...) y que, en función de esto, pueda servirse como plato de diario o como una auténtica comida de domingo.
A pesar de ser un plato típico catalán, y teniendo en cuenta que mi madre es andaluza, ha conseguido bordar e incluso mejorar la receta original. Chapó por ella.
Como ya he dicho, al arroz a la cazuela se le pueden añadir los ingredientes que más nos gusten y que tengamos a mano. Esta vez, yo he optado por prepararlo con unos calamares que estaban de oferta en mi pescadería de confianza y unos mejillones limpios que tenía en el congelador.
El resultado ha sido un arroz muy humilde pero no por ello menos rico y completo. Un plato de este arroz te deja bien satisfecho sin necesidad de nada más, pues incluye todos los nutrientes necesarios para una comida completa y, sobretodo, muy reconfortante, de esas que nos hacen bendecir a nuestras madres a cada bocado :).
Os dejo los ingredientes y la preparación:




Ingredientes (para 2 personas):
- 180 gramos de arroz, preferiblemente bomba
- 150 gramos de menestra de verduras
- 2 cucharadas soperas de tomate natural triturado
- 200 gramos de calamares a trozos
- 10-12 mejillones limpios
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva
- 500 ml de caldo de pescado de calidad (en mi caso, Fumet de pescado y marisco de Aneto)
- 250 ml de agua
- Sal, ajo y perejil, al gusto

- Una cazuela de barro de 28 cm de diámetro (opcional)

- Para empezar, ponemos el aceite en la cazuela a calentar a fuego medio y sofreímos la menestra durante 5 minutos, sin parar de remover. Pasado este tiempo, añadimos el tomate, los mejillones y los calamares y sofreímos otros 5 minutos aprox.
- Cuando veamos que el agua de los calamares se ha evaporado casi por completo, añadimos el arroz y removemos durante un par de minutos.
- Seguidamente, cubrimos bien con el caldo y la mitad del agua, subimos el fuego y dejamos cocer 8 minutos a una potencia alta, sin dejar de remover.
- Después, bajamos el fuego sin que el arroz deje de hervir y lo dejamos cocer unos 10 minutos más, añadiendo el resto del agua si fuese necesario. A la vez, probamos y rectificamos de sal y especias.
- Pasado este tiempo, comprobamos que el arroz está en su punto, apagamos el fuego, retiramos y servimos inmediatamente.




Notas:
- La cantidad de caldo que he utilizado es relativa, pues en casa nos gusta el arroz más bien seco. Si no es el caso, basta con añadirle un poco más. Eso si, merece la pena que sea un caldo o fumet de pescado de calidad, pues le aporta un sabor y un aroma delicioso al conjunto del plato.
- Para ahorrar tiempo y trabajo, podéis emplear calamares congelados ya limpios y troceados o pedirle al pescadero/a de confianza que os lo haga.
- Hay quien deja reposar este arroz un rato, cosa de la que yo no soy partidaria; las cazuelas de barro aguantan muchísimo el calor fuera del fuego, por lo que el arroz se sobrecuece. Si empleáis una paella normal ya es distinto.

Espero que os guste mi aportación y las del resto de participantes. La verdad es que da gusto poder formar parte de iniciativas tan chulas como esta.
Os dejo también el enlace al recopilatorio para que no os perdáis ninguna propuesta:

lunes, 5 de octubre de 2015

BIZCOCHO ESPECIADO DE CALABAZA CON CHOCOLATE BLANCO


¡Ya es otoño!
Pues si, y lo rápido que ha llegado... La verdad es que a muchos les (nos) da el clásico bajón cuando empezamos a notar que cada vez hace más fresco, que los días son más cortos y los amaneceres se hacen esperar un poco más, que tenemos muchas más obligaciones pero la energía física y mental va nimbando... Pero (porque siempre hay un pero) qué bonito resulta darse cuenta de que los parques empiezan a teñirse de colores cálidos, que las hojas caídas crujen bajo nuestros pies al pasear, que disfrutamos mucho más de una tarde de película o lectura, que podemos volver a taparnos con un edredón y zamparnos un enorme bol de sopa sin morir en en intento,.. El que no se consuela es porque no quiere.
En otoño también empiezan a aparecer en las fruterías las primeras castañas, mandarinas, naranjas y batatas, y los higos, qué me decís de los primeros higos de la temporada... un manjar.
Pero si hay una hortaliza que represente a la perfección el otoño, esa es la calabaza. Es verlas de nuevo en el mostrador de mi frutería y entrarme la "morriña", por decirlo así...
Es cierto que hay calabazas de otoño y calabazas de invierno, por lo que no acostumbra a faltar en casa y la uso para preparar deliciosas y reconfortantes cremas y sopas, a veces algún guisito y poco más. Pero si hay un momento idóneo para comprar, comer y disfrutar al máximo del sabor y las propiedades de la calabaza, es en otoño. Ya sabéis, las frutas y verduras de temporada son más nutritivas, más sabrosas, más sanas y más económicas. La madre naturaleza es muy sabia.
Además de los deliciosos purés y guisos que podemos preparar con calabaza, también resulta un ingrediente ideal para muchas preparaciones reposteras. Al igual que la zanahoria y el boniato, la calabaza funciona muy bien como edulcorante natural y aporta mucha jugosidad y consistencia a cualquier masa.
Con la excusa de que mis padres nos habían invitado a comer y que, como de costumbre, me tocaba a mi llevar el postre, decidí emplear una calabaza hermosa que tenía en el frutero para preparar este bizcocho especiado de calabaza o "spiced pumpkin pie". Se trata de una receta de origen inglés que cada vez se conoce más en el resto del mundo, y no es para menos, pues resulta un bizcocho contundente, jugosísisisisisimo, muy aromático y con una combinación de especias muy potente pero equilibrada.
Si os gustan más los bizcochos suaves y ligeros, de esos que cogen mucho aire y son ideales para mojar, este no es vuestro dulce. En cambio, si sois de los que disfrutáis comiéndoos un buen trozo de bizcocho con mucho cuerpo, contundente, húmedo y tan especiado que os persista el sabor de las especias en boca bastante rato, este es vuestro bizcocho.
Bah, sea como sea, merece la pena darle una oportunidad. Al menos en casa pasó la prueba de cata madre-padre-abuela-novio, y con nota, así que os animo a que lo probéis.
Os dejo los ingredientes y la preparación:



Ingredientes (para 4 personas, a 2 trozos por persona):
- 100 gramos de harina integral
- 125 gramos de puré de calabaza
- 80 gramos de azúcar moreno
- 1 huevo tamaño XL
- 50 ml de aceite de oliva suave
- 1 cucharadita de canela
- 1 cucharadita de jengibre
- 1 cucharadita de nuez moscada
- 1/2 cucharadita de bicarbonato
- 3 gramos de levadura química
- Una pizca de sal
- Virutas de chocolate blanco (opcional)

-Antes de empezar, precalentamos el horno a 180ºC, calor arriba y abajo.
- En un bol grande tamizamos la harina, el bicarbonato, la levadura y las especias, y reservamos.
- Seguidamente, mezclamos el azúcar moreno con el puré de calabaza (calabaza asada y machacada, sin más) hasta que no tenga grumos. Añadimos también el aceite y el huevo y volvemos a mezclar.
- Seguidamente, añadimos los ingredientes secos en dos veces y mezclamos hasta que estén integrados.
- En un molde previamente engrasado, colocamos la masa y la repartimos bien dándole unos golpecitos. Si nos gusta, espolvoreamos unas virutas de chocolate blanco por encima.
- Introducimos en el horno y horneamos durante 25-30 minutos o hasta que veamos que el bizcocho ha subido y esta dorado.
- Apagamos el horno, retiramos el bizcocho y dejamos enfriar unos 20 minutos. 
- Pasado ese tiempo, desmoldamos nuestro bizcocho y lo dejamos enfriar por completo antes de cortarlo y servirlo.




Notas:
- El truco casero más sencillo para saber si un bizcocho está cocido es pinchándolo con un palillo. Si este sale limpio, el bizcocho ya estaría listo.
- Es recomendable preparar este bizcocho de un día para otro, así la miga tiene tiempo de asentarse y resulta mucho más rico.
- El acompañamiento más habitual y delicioso para este bizcocho es el frosting de queso o el helado de vainilla y/o nata. A mi, por ejemplo, me gusta añadirle algún tipo de chocolate. Para gustos, colores.

Espero que os haya gustado y que tengáis un estupendo inicio de semana.
¡Millones de gracias por seguir ahí!
Fotos: Marc RT Studios

jueves, 1 de octubre de 2015

CURSO "RECETAS DE COCINA PARA TÁPER" EN LA SIRENA BARCELONA



¡Vaya semana de locos!
¿No os pasa que hay días en los que os vais a la cama con esa sensación de "bah, un día más, un día menos" y, en cambio, hay otros en los que os ha faltado tiempo para todo lo que queríais hacer, y caéis tan agotados en la cama que en menos de cinco minutos os habéis quedado taaaaan dormidos que no os despertaría ni la alarma de incendios a toda potencia? Pues a mi, desde hace más o menos diez días, es exactamente lo que ha venido pasándome. Después de poder disfrutar de un poco más de descanso y tiempo libre, mi cuerpo empezaba a pedirme algo más de movimiento, algo de "marcha" por decirlo así, llenar mi día con algo más que paseos, lectura y películas.. un poco de rutina, en definitiva. Y si, por suerte todo ha ido llegando, pero como bien reza el refrán, a modo de "¿No querías caldo? ¡Pues toma, dos tazas!". Si es que la sabiduría popular se llama así por algo...
Sin entrar mucho en detalles (que me conozco, y si lo hago esto va a acabar pareciendo un diario en vez de un blog de cocina...), ha habido de todo: Trabajo, estudios, visita y comida con los suegros, visita y comida con los padres, médicos, veterinarios, eventos, alguna que otra quedada con las amigas para ponernos al día... En fin, una cosa detrás de otra, un no parar, sin prisa pero sin pausa.
He terminado exhausta la mayoría de los días, hasta tal punto de terminar de cenar y tener que meterme en la cama... Agotadísima, si, pero satisfecha y feliz. Apelando otra vez al refranero popular, "Sarna con gusto no pica", doy fe.
Y en cuántos más líos me meto, en más me quiero meter, y sobre todo si me gusta lo que hago, como es el caso de la cocina. Eso es exactamente lo que me está pasando con el blog y el motivo principal porque el que lo estoy disfrutando tanto y por el que no quiero dejarlo de lado, por mucho que me cueste. Así que, después de casi una semana, vuelvo con cosas nuevas que contaros (y cocinaros, claro).
Uno de esos "líos", "saraos" o como queráis llamarlo en los que me he metido esta semana ha sido en el último curso de cocina que daba la famosa cadena de alimentación congelada La Sirena.
En alguna otra ocasión ya os había comentado que yo soy clienta habitual de La Sirena, por muchísimos motivos: La variedad y calidad de productos es enorme, siempre que voy encuentro algo nuevo que probar, el la relación calidad-precio es bastante buena y los empleados, al menos los de las tiendas que suelo frecuentar, me atienden fantásticamente. Además, también ofrecen servicio de tienda online con entrega a domicilio o incluso recogida en tienda, cosa que me resulta la mar de práctica para esos días que, como en los 5 o 6 anteriores, voy muy justa de tiempo.
Ya sabéis que yo, debido a mi ritmo de vida, me veo obligada a comer de táper varias veces a la semana. Si es cierto que hay días en los que no tenemos ganas de cocinar y decidimos tirar de bocata o del menú del bar de al lado, pero por norma general, este no es mi caso e intento ingeniármelas para que llevarme la comida al trabajo no sea sinónimo de aburrido, soso, poco equilibrado y/o poco práctico. Dicho esto, y llamándose el curso de cocina "Recetas de cocina para táper", no podía perdérmelo, me estaba más que destinado, ¿No os parece?.
El curso se llevó a cabo en el Aula de Cocina de la tienda que La Sirena tiene ubicada en la Avenida Meridiana número 242, en Barcelona, durante una sesión que duró aproximadamente 2 horas, de 16h a 18h, (aunque había otro pase de 18:30h a 20:30h).
Montse Tapia, junto con su pinche Mar, fue la encargada de presentarnos, preparar y cocinar todos los platos que ella misma había creado para a ocasión. Como no se cansó de repetir Montse mientras los elaboraba, eran platos pensados para que aguantaran bien el trajín del día a día, el transporte hasta el trabajo o hasta donde nos los fuéramos a comer y, por supuesto, para que fueran muy completos, variados y distintos entre si, para evitar caer así en la monotonía y el aburrimiento tan comunes cuando uno tienen que comer fuera de casa.
Todas las recetas, como no podía ser de otro modo, estaban realizadas con productos La Sirena, cosa que aseguraba un gran ahorro de tiempo y un muy buen resultado.
Montse cocinó, en menos de 2 horas (!Vaya super mujer!) 5 platos, uno para cada día laborable de la semana. Éstos son algunos de ellos:


HABAS CON PULPO, BRÓCOLI Y CACAHUETES

PULPO A LA GALLEGA


REDONDO DE POLLO LA SIRENA CON ARROZ, ALMENDRAS Y ESCALIVADA


ENSALADA DE LENTEJAS CON SALMÓN


PASTA CON GUISANTES, ESPÁRRAGOS Y GAMBAS


QUICHE DE PUERROS LA SIRENA CON ENSALADA DE LENTEJAS

Montse también nos cocinó unas hamburguesas con salsa de setas que estaban deliciosas y que, precisamente por eso, no llegamos a tiempo de hacerles la foto.. volaron.
Aunque la sesión transcurrió sin dudas ni preguntas por parte de los que asistimos (mi chico fue el único hombre, pobrete...), Montse no dejó de involucrarnos ni un sólo momento, dándonos consejos sobre el transporte y la conservación de alimentos, las sugerencias de presentación, e incluso ideas para substituir unos ingredientes por otros... vaya, lo que se llama una buena profesora de cocina, que hizo que la clase pasará volando.
Llegado el momento de la degustación, tuvimos oportunidad de fotografiar y catar todos los platos, a cual de ellos más rico. Además, pudimos regar la comida con copita de vino turbio y ponerle el broche final y dulce a la velada con un postre cremoso de mango elaborado por dos compañeras de Thermomix, que no quisieron perdérselo.
En resumen, si la intención era que saliéramos de allí, compráramos los los ingredientes en la misma tienda y probáramos a hacer las recetas en casa, con nosotros lo consiguieron :).
Este curso y todos los que organiza La Sirena son completamente gratuitos para los titulares de la tarjeta Club. Tanto si sois clientes habituales como si sólo acudís de vez en cuando a La Sirena, os recomiendo que os la hagáis, pues es completamente gratuita y da acceso a muchísimas ventajas, (independientemente del importe de vuestras compras): descuentos, cheques regalos, concursos, sorteos de carros de compra, etc. Hacerse titular de la tarjeta Club, además, resulta la mar de sencillo, pues sólo es necesario acudir con vuestros datos a vuestra tienda La Sirena más cercana y os la harán y entregarán al momento. Vaya, merece mucho la pena.
De momento, los cursos de cocina La Sirena solamente se imparten en Madrid, Barcelona y Terrassa pero, dado el éxito de los mismos y la constante expansión de la cadena, no descartéis que pronto puedan estar en vuestra ciudad. Tened en cuenta que las fechas son muy concretas y plazas limitadas, así que os recomiendo visitar regularmente la sección de eventos dentro de la página web de La Sirena para que no se os escapen. En Barcelona, por ejemplo, ya se ha abierto el plazo de inscripción para el nuevo curso Arroces 2015 al que, por supuesto, no he dudado en apuntarme. Y, bueno, posiblemente para la fecha iré tanto o más de bólido que estos últimos días, pero ya sacaremos tiempo de donde sea.

Para más información:
Web de La Sirena
Blog de La Sirena
Facebook La Sirena
Fotos: Marc RT Studios

Nada más por hoy.
Millones de gracias por seguir ahí, en cuanto puedo dedicaré un ratito en visitaros y ver que delicias habéis estado cocinando en mi ausencia :)
¡Sed felices!